tagLibros y Novelas8:00 Los buenos días a tía Mimí

8:00 Los buenos días a tía Mimí

byegorguetdriims©

Cubierto con su batín negro de seda, que deja abierto para lucir pechera y dotación, Ramón acompaña por el pasillo a Fátima, la criada, hacia la habitación de la señora. Tras desayunar, Ramón acude a cumplir con el polvo matinal a su tía Mimí, lo que piensa hacer en presencia de su agradecida amiga la marquesa de Merdiú. Lleva a la doméstica afectuosamente de la cintura y la va embromando sobándole y dándole cachetes en el magnífico trasero.

Por delante lleva el miembro enhiesto, escandaloso, más buscando la vertical que la horizontal.

A mitad del pasillo la Fátima no se resiste las ganas y echa mano a la dura polla en erección. Sigue por el pasillo agarrada al miembro como a una baranda, para no caerse del vértigo y de la flojera de piernas que le da la voluptuosidad que la domina, mirando al joven con mirada enamorada. Se muere porque el amo la monte. Se reclina sobre un aparador, se levanta la falda y le muestra el culo. Le mira lasciva e incitante por encima del hombro.

"Ande siniorito, dése gustito en iste agujerito de atrás. Rico, bueno, para gusto siniorito" -- le dice ahogada de deseo.

Ramón la abraza, la soba las tetas, levantándole la falda le mete un dedo por agujero del culo, le besa el cuello y le susurra: - "Ese culito te lo parto en cuanto cumpla con la señora. Ahora esto ya va que arde, y no se si me contengo. Tengo los huevos a rebosar, con esa mamada que me has hecho, bonita, pero esta leche matinal es toda para mi querida tía, entiendes? Pero luego bajo a la cocina"

"En la cosina? Difísil. Tinemos visita" -- La Fátima pone morritos de desilusión.

"Quién?"

"Pues Glenys, la impliada del chalet de la isquina, con una nueva, visina suya"

"Glenys? La pequeñita? Ja, ja, la mama bien!"

"Ve cómo es, seniorito? Siguro que baja y se enrolla con ella!"

"Ya habría sustancia para las dos, so tonta. Y la otra?"

"Puf, pues está también mucho buena. Como le gustan al sinior, mucho grandi titas"

"Vaya, pues tendré que bajar!"

Cuando llegan a la parte del pasillo que dá a las escaleras y que se abre con una balconada al salón, pueden ver, abajo, a la pareja de Inmaculada Consolación y Adolfito José juntos en el sofá. Discuten. Inmaculada Consolación, fuera de sí, está echando una buena bronca a Adolfito, poniéndole de vuelta y media, y es fácil ver el motivo, pues ella le muestra la manta donde el chico ha dormido y que luce una extensa mancha de lefa. No hace un minuto que bajó doña Virtudes a saludarle, y al descubrir la pastelada le ha soltado un sopapo, le ha llamado pichafloja y calzonazos, y se ha marchado con cajas destempladas. El chico, que tras cornudo apaleado, apenas se atreve a levantar la vista, mientras le afean por segunda vez la conducta.

"Cómo has podido hacerme esto! Y en la misma casa donde yo dormía! A saber con quién soñabas!" - le grita Inmaculada Consolación, y estalla en sollozos.

Ramón, divertido por el derrotero de la historia, se acerca a la baranda, y con el mayor descaro el mango le asoma como a un sátiro por entre los barrotes, tieso como va.

"Hola tortolitos, buenos días! Que tal pasaron la noche?" - les dice.

Adolfo José, que levanta la vista y ve el pedazo de desverguenza asomando y presidiendo el salón, la verga que, ni se atreve a sospechar, ha estado alegrando el cuerpo de su novia toda la noche, se queda de piedra al ver que Inmaculada Consolación, lejos de enfadarse al mirar hacia arriba, se le vuele la cara todo mieles, sonrisas, y pestañeos.

"Bueeeenos días, Ramón. Yo he pasado una noche delicioooosssa ... muchas gracias por todas las atenciones!" - dice la muy zorra, y el doble sentido de la frase se empieza a abrir paso en la espesa cabeza de Adolfo José, en toda su acritud. Y cuando mira a Ramón ahí arriba acompañado de la culona en cuyo honor se ha hecho la manola, aún tiene un ataque añadido de cuernos, al pensar que aquel cabronazo se la lleva para pasársela por la piedra, si no habrá tenido bastante con doña Lourdes y la que fuera, que no quiere ni pensarlo.

"A mandar chiquilla, es deber de caballero! Adolfito, es una pena que no nos podamos haber conocido más. Tienes mucha suerte, chico, con una muchacha tan linda. Cuídala y trátala bien!" - y moviendo las caderas para exhibir teatralmente la herramienta - "Si algún día se os ofrece, y necesitas un amigo, con mucho gusto te echaré una mano a atender a tu damita!"

"Grrr ... cias. Gracias señor!" - apenas puede tartamudear el chaval.

Ramón les lanza un beso y sigue camino, muerto de la risa con Fátima. Por fin entran al dormitorio de doña Mimí, la tía de Ramón.

"Pirdón, con permiso yo retira il disayuno!" -- se presenta la Fátima

La tía, en su salto de cama, y la marquesa de Merdiú, en su picardías, están vagueando en la cama platicando animadamente sus confidencias. Dos cuerpos trasparentados por las telas que se ciñen a las carnes. Doña Mimí, que es el nombre comercial de "Mimí, lencería. Tu ropa interior más sensual para tu momento más íntimo. Díselo todo con una primorosa nadería", en realidad se llama Gertrudis.

La Tía Mimí

La tía Mimí era una señora morena, rondando los 50, ancha de cuerpo y generosa de carnes, y aspecto maternal, aunque ágil y pizpireta. Carirredonda, con bastante papada, denotando su afición al buen comer y buen vivir, conservaba la gracia de la que fue y se supo bella. Tenía unos ojitos muy vivos, de mirada cariñosa, una nariz aguileña, y la boca estrecha y apretada de la que acostumbra a mandar, pero con una permanente sonrisa amable y afectuosa. De puro descomunales, no le cabían las pascualas en ninguna parte, y se le amontonaban una encima de la otra en cualquier postura y con cualquier ropa. Sin embargo no era ni muy barrigona ni culona en demasía, y los vestidos aún le quedaban bien, aunque toda su piel se plegaba en rollizos michelines. Un cuerpo sólido, mullido y acogedor que le invitaba solícito a uno a tirarse encima a plomo y bregar sin miedo. Tenía una potente voz de soprano con la que solfeaba toda la escala cuando me la follaba, lo que hacía sistemáticamente cada día, por amor filial y agradecimiento a su hospitalidad. Tenía una cachufleta pequeña y estrecha casi lampiña, que a uno ya le daba gusto nada mas enchufar la puntita del cabezón. - Ramón Amador. MEMORIAS -

Lleva un camisón en tul lila con finos bordados violetas en la pechera, y transparente el faldón. Un coqueto lacito de seda remata el escote, al final del profundo surco que marca la apretura de sus copiosos pechos.

Doña Virtudes lleva un picardías azul también transparente que apenas le llega a las nalgas.

Tienen su vicio, este par de viejas, piensa Ramón. Recostadas abandonadamente de costado, una pierna entrelazada con la de la otra mujer, el culo hacia fuera, al que entra le ofrecen obscenamente la vista de su sexo. Se puede ver, entre las telas del salto de cama a doña Mimí, y al natural a doña Virtudes, pues no le cubre la combinación, como los labios regordetes y peludos de la almeja les asoman impúdicos entre los muslos.

"Buenos días tía. Hola doña Virtudes" -- saluda Ramón -- "Unos coños muy provocadores, mis queridas señoras!"

"Buenos díaaaas corazón! Estos coños están para tu disfrute, verdad, Virtudes?" -- dice doña Mimí y toma las gafas de la mesilla, para mejor admirar el cuerpo de su sobrino. -- "Dios santo como vienes! Esa hermosura de empalme es cosa tuya, Fátima?" -- dice refiriéndose a la enorme verga que se levanta tiesa entre las piernas de Ramón.

"Si señora" -- dice orgullosa Fátima.

"Buen trabajo! Ven aquí, querido, que te dé un beso y un abrazo" - la señora besa y abraza amorosamente a su sobrino. -- "Pero ven aquí y te echas un ratito junto a nosotras. No está guapo, Virtudes?"

"Ay, yo me marcho. Aquí sobro. No quiero interrumpir estos momentos íntimos de vuestra vida familiar!" -- dice Virtudes.

"No seas tonta, mujer quédate. Somos amigas no? Después de lo vuestro esta noche eres como de casa"

"Ay gracias Mimí. Está guapísimo, y es encantador. Por no decirte lo buen amante que es!" -- dice Virtudes

"Dirás cómo folla!! Ja, ja"

El sobrino se tumba en la cama, plantando su reino entre ambas hembras, el cetro en el centro, y se recuesta con la cabeza sobre el hombro de la tía, que le abraza y se lo come a besos.

"Hueles a tigre! Hmmm, si, hueles a sudor y a semen, me vuelve loca!" -- dice la tía, haciendo un gesto con la nariz -- "Se ve que te han hecho sudar esta noche"

"Hmmm, a mí también me encanta este olor a macho" -- dice Virtudes acercando la nariz al sobaco.

"Pero la cara te huele a puro chocho rico!" -- dice Mimí, que le van las tías -- "Ay, Virtudes, debes dejarme a catar a tu niña que esto huele delicioso. O tú, encanto, si este perfume es de tu almejita, también me la debes dejar probar"

"Entonces es cierto lo que dicen que te gustan las mujeres? No sé mi amor, aún no me lo monté con una mujer" -- se azora doña Virtudes.

"Pues no sabes lo que te pierdes, tontita. Mira, yo tengo éxito con la lencería porque me encantan las mujeres. Me ponen a cien con esas ropitas."

La verga se levanta entre ellas como una monumental torre. Ambas mujeres comienzan a acariciarla con mimo y delicadeza. Apenas un cosquilleo con la yema de los dedos.

"Mi amor, ya me ha contado doña Virtudes cómo habéis intimado y lo que ha disfrutado de tu compañía y de esta polla tan rica. Pero dime Virtudes, y lo de tu hija?"

"Pues sabes, vino a buscarme para llevarme a casa, con su novio. Es que está muy orgullosa porque se ha sacado el carné y me lleva a todas partes con el deportivo que le regalé. Llegó cuando yo tenía a Ramón casi seducido, verdad amor?"

"Me la estabas mamando, querida" -- dice Ramón, irónico

"Bueno pues sí, cariño. Así de engolosinada, cómo me podía ir sin dar culminación a esos amores sin copular con él y poseerlo? De forma que mandé a mi hija a dormir a la otra habitación de invitados que tienes, para que nos diera tiempo a solazarnos y fornicar a gusto. Al niño, lo dejé en el sofá, porque sabes, le hago que cumpla de vez en cuando conmigo, y que no me apetecía que se enrollara con la niña en mi presencia. Al poco, subimos a la habitación.

Yo pensaba que la niña ya estaba dormida. Ay cariño, pues como las habitaciones de invitados se comunican por una puerta, en esto que estaba yo gozando lo mejorcito de los favores de este garañón, que estábamos en el primer polvo y ya me había venido tres veces, y que me doy cuenta que la niña nos anda espiando con la puerta entreabierta. No me extraña que se espabilara, la verdad, porque cada vez que tu sobrino me llevaba al clímax no podía retener mis expansiones de placer, y seguro la desperté con mis alaridos, que yo soy muy gritona. Qué le voy a hacer, perdía el control. Y al ver a la niña asomada, me decía si no aprovechaba para que se llevara la lección de lo que es un hombre de verdad, y no esos niñatos que se busca. Mira, ya ves, el novio esta mañana se había hecho una paja, en vez de subir a follarnos, como habría hecho un hombre, que me ha puesto así y le he soltado un sopapo. Además veía que Ramón miraba a la chica y le ponía, que yo notaba dentro cómo se endurecía, y porque no darle ese gusto, al chico, no?"

"Muchos gustos como ese le he concedido yo desde que vive conmigo, verdad Ramón? Es un caprichoso. Y que tal la chica, Ramón, amor?"

"Una monada. Con un primoroso culo nuevo, bien angosto de ojete. Exquisito" -- comenta sonriendo Ramón.

"Yo también le daría todos los gustos. Cuanto me alegro por ti Mimí, que se haya venido a vivir contigo. Estabas muy sola. Y ahora se te ve radiante!" -- dice la señora Virtudes -- "Un hombre tan gallardo y cariñoso en casa es lo que te hacía falta" -- llenándole de besos.

"Me hace feliz, es cierto. Cada día al menos una vez, ja, ja! No le perdono su polvo diario. Todos los días debe yacer conmigo al menos una vez, que lo hecho mucho a faltar si me falla. Y él es muy atento con su querida tía, y siempre cumple, verdad amor?" -- continua Mimí, comiéndole a besos también. - "Y no sabes cómo me ayuda en el negocio. Lo de las reuniones de amigas en casa para ver el muestrario de ropa interior juntas, desde que las lleva él, son un éxito. "Pases privados y exclusivos de lencería Mimí, entre ellas, para él", las llamo. Les da morbo probarse delante de las amigas y de un hombre. Se ponen cachondas de verse miradas, y que el chico las diga lindezas. Y si se la notan dura entre los pantalones, oye no hay mejor piropo que una buena polla dura, no es cierto?, compra segura!"

"Hmmm!, es que esta cosa rica es irresistible" -- opina la marquesa de Merdiú, acariciando el capullo - "Pero dudo que se conformen con eso. No te piden más, cariño?"

"Bueno, ja, ja, a veces hay que ... ofrecer alguna bonificación extra" -- ironiza Ramón.

"Pero sabes, yo le digo, amor, nunca orgía, que luego temen que las otras lo cuenten por ahí y esparzan su fama de depravadas y se espantan. Sus favores siempre en privado. En todo caso, que busque la ocasión de gozarse con ellas en un aparte, en el baño, el dormitorio."

"Ya se tía. Pero pierden el seso y son difíciles de controlar. Lo putas que son esas señoras tan elegantes! Y cuantas más se junten, más pierden la cabeza. Y si beben, no te cuento. Pero es cierto que si les dejas con la miel en los labios suelen comprar más. Para agradar y, ya sabes, presumir y competir entre ellas. Mientras que si les das el gusto completo se van con lo justo"

"La miel en los labios, jaja, ya se yo lo que les das a chupar! Es un vendedor muy agudo este chico. Sería perfecto si dedicara un poco menos tiempo a mis empleadas y más a las clientas" -- dice Mimí.

"Loquitas las debe tener a todas tus empleadas, con este cuerpo" -- la Virtudes le acaricia los pectorales, el estómago, los muslos.

La Fátima terminó de recoger el desayuno hace tiempo, pero remolonea al fondo del cuarto sentada en un taburete, cruzada de piernas, luciendo cacha más arriba de las medias -- "Ay sioniora, las de casa loquitas también. Yo pone mala cuando li ve isos brasos"

"Fátima, maciza, ja, ja, recuérdame que te dé unos rabonazos entre esos muslos, tía buena!" -- la devuelve el piropo Ramón.

La Fátima queda encantada con la galantería, y doña Virtudes se parte de la risa, pero a doña Mimí no le hace tanta gracia.

"Será golfo!" -- dice la señora Mimí -- "Estando aquí atendido por dos damas como nosotras y se tiene que andar fijando en esa guarra. Y tú, bonita, bájate esa falda, y abróchate el escote que se te van a salir las tetas. Parece una furcia luciendo la mercancía. Anda, ya te estás largando para la cocina"

La Fátima recoge la bandeja y se marcha. A la puerta menea ostensiblemente el culo, como diciendo tú te lo pierdes, o más bien, ven por lo tuyo cuando quieras.

Mimí sigue con la historia.

"Ya te digo, cómo lobas a por él. Al final he decidido dejar que todas disfruten un poco de mi bomboncito, y de esta golosina que lleva entre las piernas ..." -- y doña Mimí se entretiene con las pelotas -- "... con estas bolas siempre llenas de obsequios para las muchachas."

Ramón se deja acariciar como un gato. Con tanta caricia, el miembro suelta ya una baba que escurre polla abajo.

"Pues tienes un buen gallinero para atender!" -- opina la de Merdiú.

"Bah, cuatro dependientas, la secretaria y una chica del almacén. Una al día, y a la semana ya me he repasado a todas"

"Pero bien guapas todas. Un equipo de monadas que yo escogí personalmente para mi gusto y como corresponde a un negocio de ropa íntima. Aunque algo flacas, a la moda, excepto una que muestra las tallas grandes. Por eso Ramón y yo a veces buscamos algo más sustancioso, verdad corazón? Pero volviendo a mis empleadas, te diré que todas son bisexuales. Les entran por los ojos con su belleza a los maridos y a las clientas con su sensibilidad especial para la sensualidad femenina!! Todas bien sumisas y dispuestas a satisfacer mis pequeños deseos. Muy bien enseñaditas personalmente por mí para dar placeres refinados. Tengo en mi despacho una colección de aparatitos que no sabes lo bien que saben manejar. Vente un día y le digo a una que te atienda!" -- dice Mimí.

"Ay querida, me estás tentando" -- dice Virtudes.

"Pues anímate tonta. Bueno, pues como te decía, cuando vino mi sobrino, ahí estaba esa cajita de pastelitos para mi chico." -- explica Mimí

"Unos pastelitos que yo lleno de crema, por cierto" -- dice Ramón

"Al principio, cuando se daba el capricho de solazarse con una, luego todo eran llantos y crisis de celos de las demás" -- cuenta Mimí -- "Así que le dije, Ramón, amor, debes repartir tus favores entre las empleadas por igual. Y ahora aquello es una balsa. Mi secretaria Conchita lo adora, que si flores en el despacho, que si cafecito, que si le arreglo la corbata, verdad corazón? Y está bien buena, verdad cariño?"

La secretaria tiene efectivamente algo de rosca con Ramón, para envidia de las otras, porque es muy servicial. Perpetuamente pendiente de sus más mínimos deseos, nunca le reclama nada, mirando siempre de alcahuetarle en cada momento el culo exquisito que más le pueda placer. Aunque si se trata de mantenerle las tuberías despejadas y el cuajo fresco, cuando escasea otro relajo, como por ejemplo en viajes, ahí está su cuerpo gentil, que su jefe vaya siempre muy relimpio y aliviado.

"Y no tiene novia este muchachote?" -- pregunta curiosa doña Merdiú.

"Pues claro! Ya me he ocupado yo de eso" -- contesta madame Mimí -- "Todo el día coleando por ahí con tanta guarra suelta, a este chico había que ayudarle a sentar la cabeza en el futuro. Te acuerdas del famoso Robustiano, el chatarrero de los arrabales?"

"Ese que se descubrió que era no solo propietario de los terrenos de la chatarrería sino que era legítimo heredero de no se cuantísimas hectáreas alrededor, y se hizo multimillonario de la noche a la mañana cuando le compraron todo para urbanizar?"

"El mismo!" -- dice Mimí -- "Pues la mujer, Facundia, le encanta la lencería, y es gran cliente mía, y me contaba la preocupación que tenía por su niña, que es muy mona pero algo bobita. La mujer no dormía pensando en los caza fortunas que vendrían ahora por su hija, para llenarse la saca de un braguetazo y hacerla desgraciada después. Así que quedé con mi amiga Lourdes, que vive aquí al lado y que tiene una peluquería, para que hiciera publicidad de Ramón ..."

"Y que no folla mal" -- puntualiza Ramón.

"Es otra afortunada de las que disfrutan de esta pollón tan rico?" -- se ríe la Merdiú, agachándose a darle unas chupadas y unas carantoñas.

"Pues sí, ya ves, a veces pasamos alguna velada agradable los tres juntos" -- prosigue Mimí -- "Pues quedamos en que doña Lourdes hiciera la labor de venderle las virtudes del muchacho a la Facundia. Y cada vez que doña Facundia iba a la peluquería ella encontraba la forma de darle al pico sobre las muchas cualidades del chico, por encima de su evidente apostura, que ya conocía por haberle visto conmigo, y muy especialmente sobre lo servicial y atento que el chico es para con las mujeres de edad y de la familia, sin olvidar mencionarle, muy en secreto, pero con todo lujo de detalles, la majestuosa herramienta de dar gusto a las señoras que gasta. Cuando la Facundia venía a la tienda, yo hacía que Ramón la atendiera, y se desviviera en atenciones, "señora, si no es indiscreción, me permite que entre al probador a ayudarle con la cremallera de ese corpiño" -- imita Mimí a su sobrino - , y te puedes imaginar que enseguida se quedó totalmente prendada del chico. Me decía que qué suerte tendría la yerna de un chico tan apuesto y servicial teniéndole siempre en casa!"

"Valiente alcahueta estás tú hecha!" -- se ríe la Merdiú -- "Oye Mimí, no corría el rumor que doña Facundia era una beata, pero en realidad más puta que las gallinas?"

"La misma. Dicen que fue la que le costó la expulsión al cura de la iglesia del río, y que se lo montaba muy santamente con el cura y con uno de los monaguillos"

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