tagLibros y Novelas8:30 Masaje rememorando a dona Puri

8:30 Masaje rememorando a dona Puri

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Ramón remolonea en la cama de su tía descansando de los últimos lances amatorios. Tiene los ojos cerrados y puede oír a su tía Mimí chapoteando en el baño, que canturrea alegre una canción. Ramón abre un ojo y puede ver a través de la puerta entreabierta del baño a la criada Svetlana ayudando a frotarse el jabón a su tía. Le sonríe y le saluda con la mano. Ella le devuelve la sonrisa.

Svetlana se ha desprendido del batín de uniforme para bañar al ama, y anda sobre sus tacones solo en bragas, sus medias negras, y un cortito top de malla rosa, que ya mojada trasluce sus pechos espléndidos que se mueven con su tarea. Cada dos por tres se vuelve para comerse con la vista cada detalle del cuerpo desnudo de Ramón sobre la cama, y sobre todo el miembro viril que reposa flácido sobre su vientre. Ramón la deja estar y vuelve a cerrar los ojos. Pensando en tetas grandes, se acuerda de su cita con la señora del Rameral. Ramón esas tetas le traen al recuerdo cuando se folló la primera vez a la tetona señora del Rameral en un restaurante.

Una sonrisa se dibuja en su cara...

... La conoció en el restaurante de un hotel. Ella iba con su marido y él con su tía. Cena de negocios.

Ciñe sus carnes con un vestido rojo de amplio escote, del que pujan por salir sus dos grandes senos, apretujados por el sostén que trata de mantenerlos altos, y va muy enjoyada. Un sostén negro, que asoma las puntillas, y que justo cubre por encima de los pezones. Las tetas le oscilan, y retiemblan mientras taconea altiva hacia la mesa, atrayendo las miradas de todos los comensales masculinos. Va levantando a su paso una polvareda de fantasías, deseos y alguna erección. Ramón se fija en su boca chica, de dientes de conejo, una angostura deliciosa para meterle el mango, piensa.

Purificación del Rameral

Purificación del Rameral era una maruja venida a más, con una melena ensortijada teñida de pelirrojo, siempre muy pintada. Tenía una boca pequeña, dentona, una estrechez exquisita cuando uno le encajaba el nabo. Exhibía unas domingas enormes, grandiosas, dos globos redondos de gran corpulencia, unas moles copiosas en demasía que caerían hasta el ombligo de no ser por el armazón del sujetador, y que se veían adornadas por unos pitones rosa, casi bermellón, muy recios. Esas tetas le oscilaban como la marea el mar, temblaban y meneaban sus volúmenes mientras taconeaba al caminar, se reía o hacía cualquier movimiento. Cuando me follaba sentada encima, saltaban de manera espectacular, que le llegaban al rostro. - Ramón Amador. MEMORIAS -

Desde las presentaciones, la doña se queda inmediatamente subyugada de Ramón. Le mira embobada y cómo hipnotizada de abajo arriba y no disimula cuando le echa una ojeada a la bragueta.

Durante la cena, la señora del Rameral, doña Purificación, doña Puri para los amigos, no para de coquetear e insinuarse de forma descarada. Ojitos, morros, gestos obscenos con la lengua, y hasta le alarga el pie entre las piernas por debajo de la mesa. El marido no se da por enterado. No para de hablar, chismorrea como una víbora de los amoríos de sus conocidas, empleando un lenguaje obsceno, y se interesa especialmente porque Ramón le cuente de sus novias. Se ríe fuera de sí con gran convulsión de las tetas. Ramón no hace mucho que llegó a la ciudad y anda poco maliciado. La sangre le responde y la verga se le crece sin remedio. En cierto momento la señora llega con el pié bajo la mesa al muslo de Ramón donde carga el miembro. Se queda con la boca abierta, los ojos como platos, sofocada, y sonríe atónita.

A los postres, algo bebida, le da por contar chistes verdes con voz chillona. Le divierte muchísimo imitar los orgasmos con gemidos y suspiros muy realistas. Al punto que los vecinos se vuelven.

"Esta histérica hace años que no se come un buen rabo" -- le susurra divertida la tía de Ramón, doña Mimí, a su sobrino -- "Tiene pasta, amigas, le gusta la lencería y va necesitada. A por ella, no?" - Comprueba con la mano por debajo de la mesa el empalme de Ramón -- "Y ya veo que te pone!!! Cómo vas! Ja, ja" -- y se pone a masturbarlo con movimientos que son inequívocos para los vea la señora del Rameral desde el otro lado de la mesa, y que se muera de celos.

... Ha dejado de sonar el agua hace rato. Ramón abre un ojo. Svetlana está masajeado enérgicamente con crema a doña Mimí, tumbada sobre el tablero de masaje, con gran agitación de los hermosos pechos de la masajista y también de la masajeada, que ya se está poniendo cachonda con el fregoteo cada vez más erótico de la excitada Svetlana. Al verse mirada Svetlana hace ojitos a Ramón, y menea como en convite las caderas y el culete. Las bragas casi transparentes traslucen los pelos pegados al regordete potorro. Una incitación de la que Ramón pasa. Todavía puede quedarse unos minutos más en la cama. Se rasca los genitales, una pequeña función en honor de Svetlana, y vuelve a cerrar los ojos para reanudar sus recuerdos, mientras se arrulla con los gemidos de gustazo de su tía Mimí, a la que ya le están masajeando muy ricamente la entrepierna...

La señora del Rameral se levanta de la mesa con la excusa de ir al servicio. Cuando pasa detrás de su marido le guiña un ojo a Ramón.

"No la dejes escapar" -- le dice a Ramón su tía, dándole un codazo. -- "Yo entretengo al marido"

Ramón se levanta alegando por su parte como excusa una llamada muy urgente. No tarda en encontrar a la dama en un apartado pasillo pintándose los labios y repasando el maquillaje frente a un gran espejo. Conforme la ve, Ramón se enciende como un potro ante visión de la hembra tan exuberante con la que se las promete bien fácil. La verga se le pone a reventar, formando un gran bulto en el pantalón. Se la acerca por detrás, la abraza y le aprieta el bulto entre las nalgas para hacerla sentir lo inflamado que viene. Sus manos van derechas a catar esos pechos que le han estado excitando toda la cena. Le declara al oído su deseo incontenible de hacerle el amor, su pasión por follarla.

Ella parece dudar un instante, pero luego, para sorpresa de Ramón, se desembaraza y estalla en protestas. Empieza con la retahíla de: - "Por quien me has tomado, sinvergüenza!" -- y luego sigue con una monserga con que si su virtud, si su fidelidad al marido, su inocencia y qué se yo.

La primera reacción de Ramón es dejarla y pedir disculpas, todo corrido, pero ella se alarga con la tabarra y Ramón, que va caliente, se harta, y la llama calienta braguetas. A lo cual, la señora estalla en un llanto desconsolado montando un escándalo en el pasillo. Le escurren las lágrimas con churretes del rímel por las mejillas.

Ramón no sabe qué hacer. Hay una puerta detrás. La abre y tira de la señora para adentro. Es un pequeño almacén de ropa sucia. Ella se resiste, pero Ramón jala de ella con violencia. De un empujón la sienta en una silla. Ella obedece pero sigue llorando a moco partido. De pie delante de ella, Ramón se encuentra con una panorámica privilegiada sobre los senos magníficos que se estremecen como flanes con los sollozos. Se sale una teta por el escote.

A Ramón le viene de nuevo una intensa erección que le duele dentro del pantalón. Se saca el miembro.

Doña Puri se queda atónita. Ante semejante columna de carne que apunta al cielo delante de su cara, a la señora le entra el hipo. El miembro termina de desarrollar sus últimos centímetros, descapullando un rollizo glande con una corona extremadamente inflada. La señora se queda absorta con la visión, con los ojos como platos, y siente como le suben todos los calores.

De pronto Ramón descubre que de detrás de una estantería ha salido una empleada del hotel, que andaba colocando sábanas. Quizás no la vio antes porque viste un batín blanco. Los mira petrificada desde un rincón del cuartucho sin saber qué hacer, pillada de mirona involuntaria.

Demasiado tarde para pararse. Sin pensarlo dos veces Ramón embute con fuerza su verga en la boca de la señora del Rameral como la mejor forma que se le ocurre de hacerla callar. Se la mete hasta la garganta Y es efectivo.

... Le tocan un hombro. Abre los ojos. Es Svetlana que quiere saber si el amo desea sus servicios para el baño. Mimí está en el tocador, casi terminada de vestir. Sonríe. Después del polvo mañanero ha disfrutado de otro orgasmo lésbico de la mano delicadamente femenina de la criada Svetlana, mientras Ramón dormitaba. Vamos allá, dice Ramón. Se levanta, se echa una bata encima y caminan hacia la habitación de Ramón.

Svetlana le precede con cierto apremio. Va radiante y risueña. Lleva un movimiento de nalgas que es expresión del hervor que ya siente entre las piernas, sólo de pensar en la media hora que va a disfrutar del cuerpo del varón de la casa para ella sola, aunque sea para asearlo, que ya viene caliente del masaje a la señora y ahora añora otro tipo de pujanzas. Camina con las ingles apretadas, estimulándose sus partes íntimas. Se vuelve cada poco para observar arrebatada el miembro que Ramón trae campaneando hasta medio muslo. A Ramón, ese culito en esas bragas trasparentes y con ese meneo le provocan un cierto cosquilleo en los huevos, y se despacha con un sonoro sopapo al culo de la doncella a modo de requiebro. Ella da un respingo y explota en risitas excitadas. Cuando llegan al baño, Ramón se deja caer sobre la butaca, y Svetlana empieza su tarea enjabonándole la cara y afeitándole, mientras se llena la bañera. Se sienta entre las piernas del amo, bien arrimada para sentir el paquete. Cuando siente el bulto contra el muslo, se pone colorada hasta las orejas, y los pezones se le ponen duros como piedras. Ramón se recrea por un momento en el panorama de los senos que se menean delante de su cara, y luego se relaja, cierra los ojos y vuelve a recordar ...

La del Rameral, con la polla en la garganta, le mira sumisa desde abajo, y no llora más. La pintura de labios se ha corrido también, embadurnándole la cara mezclándose con el rimel.

"Ay, ay, la va a ahogar!" -- se alarma la empleada que los observa desde el rincón.

La señora del Rameral, empalada por la boca, se las apaña para negar con la cabeza. No vaya a ser que pare! Es más, se inflama toda ella, y al poco pone ojos en blanco, se abre de piernas todo lo que le permite la estrecha falda, y se puede ver cómo le tiemblan los muslos del orgasmo que la invade. Abriendo la boca suelta la polla para poder exhalar unos gemidos sofocados.

Ramón guiña un ojo de complicidad a la empleada, con una sonrisa. Esto basta para que a ella también le estalle toda la calentura acumulada.

"Vaya rabo! Madre mía vaya rabo!" -- dice la chica, y en un arrebato se abre la bata, se aparta las bragas descubriendo una almeja peluda y se la empieza a friccionar y frotar con ímpetu.

Ramón vuelve a enfundar, y vuelve a follar brutalmente a Puri por la boca empujándole la cabeza desde la nuca.

Como va muy caliente, y esa boca chica y dentona le anda dando mucho gusto, Ramón nota que la leche le va a llegar rápido, y teme poner perdido el vestido de la señora, de forma que va a ser imposible volver al comedor. Hay que buscar otro hueco donde verter.

La pone de pie y la da la vuelta. La inclina para que levante las nalgas. La señora trastabilla, pierde un zapato de tacón y va dando traspiés yendo a caer sobre la empleada en el rincón, que la acoge en sus brazos para sujetarla y que no se caiga. Ramón la levanta la falda, y mierda, lleva pantis hasta la cintura. Los rasga. Busca el coño con la polla, pero cuando la mete lo nota encharcado de flujo vaginal y muy ancho y flácido. Con lo rica que estaba esa boquita! La saca y busca el ano, que estrechito, le ofrece la resistencia que busca. Sin contemplaciones le embute los tres palmos de carne hasta el fondo, desgajando, abriendo y dando de sí. Un gustazo darle por el culo a doña Puri la del Rameral. La señora aúlla de dolor, pero cuando Ramón comienza con las emboladas, los gritos se van convirtiendo en voces de ansia, de lujuria, de placer de hembra. Inmenso placer a juzgar por la intensidad de los gritos. En ese mango parece que la señora ha encontrado por fin su verdad, y cuando se corre quizás está exhalando los primeros gemidos de un orgasmo real y completo de su vida. Por fin, Ramón se derrama a placer dentro de ese culo.

... Svetlana ha terminado el afeitado. Sea por los recuerdos, sea por la proximidad del cuerpo de Svetlana, sea por el efluvio que desprende el coño de la hembra, que anda llamando a macho y segregando jugos, el miembro de Ramón ha tomado cierta consistencia y está ya levantisco. Ya trepa por encima del muslo de Svetlana. Ramón se levanta empalmado, ofreciendo a Svetlana la visión de la verga descomunal en todo su señorío y luego se mete en el agua caliente del baño. Tumbado en el baño, media polla sobresale del agua. Svetlana le restriega con jabón todo el cuerpo, entreteniéndose con deleite en cada músculo. Más tarde llega a los bajos y los genitales. Por fin echa mano codiciosamente de la polla, a la que toma como un tesoro, temblando de emoción. Se le escapa una exhalación de gozo cuando llega ese momento tan anhelado de tenerla en su mano. Su mano abarca apenas medio diámetro, y si la coge con las dos manos seguidas aún sobra un tercio de longitud, más el glande formidable. A la chica le irrumpe sin remedio un orgasmo íntimo que acompaña de gemidos con mucho sentimiento.

Luego, sumida en éxtasis, repasa con las yemas de los dedos cada pliegue, cada rugosidad de la piel, la curva de cada abultada vena, y luego le dedica un tratamiento jabonoso especial. Ramón la deja disfrutar y mientras Svetlana le masturba se sume de nuevo en las remembranzas...

La empleada ha estado recibiendo todos los empujones por intermedio de la señora a la que sujeta en sus brazos, tiene la cara de Ramón a un palmo y la sensación es tan intensa, que cuando Ramón brama ronco su gozada, se imagina vívidamente que es ella la follada y se corre también a grandes jadeos.

Cuando Ramón desenfunda, quedan ambas mujeres abrazadas y temblorosas. Aún les recorren el cuerpo varios espasmos de gozo.

"Chica, anda ven y me limpias esto. Luego traes jabón y una toalla para la señora" -- dice Ramón mientras empieza a arreglarse. Y la empleada se postra de rodillas a chuparle la polla hasta dejarla bien limpia. Lo hace con diligencia y glotonería.

Cuando termina, Ramón se mete sus partes en el pantalón, cierra la cremallera. Sale del cuartucho ajustándose el nudo de la corbata. A la puerta hay algunos empleados del hotel, alarmados por el alboroto.

"No es nada, no es nada. La señora tuvo unos retortijones. Pero ya pasó."

La empleada sale detrás.

"Si, si, no os preocupéis. Ya me estoy ocupando de ella" -- y se va a buscar algo con que adecentar a la señora y ponerla visible.

Ramón vuelve a la mesa como si nada, donde su tía sigue conversando con el marido.

"Ya me estaba hartando de este cornudo, es muy pesado. Que tal?" -- le pregunta a su sobrino por lo bajito.

"No la chupa mal, la muy puta"

Doña Mimí se parte de la risa.

Al rato llega doña Puri, compuesta y repintada de nuevo. Viene como en una nube y el resto de la cena solo calla, mira al chico y sonríe para sus adentros.

Desde entonces doña Puri del Rameral se convierte en la clienta más fiel del chico, y la que más se desvive por organizarle reuniones de amigas para ver los muestrarios de lencería.

... Es hora de ir al masaje. El trabajo manual de Svetlana ha tenido su efecto y el miembro de Ramón ya está duro y colosal. La chica anda entusiasmada dándole y dándole pajote esperando ansiosa el chorro de semen. Pero Ramón la interrumpe. Se levanta para que la chica le seque, y se va a la cama a que le de su masaje, sus cremas y sus lociones. Primero se tumba boca abajo, acomodando su miembro como puede bajo su cuerpo, y recibe un masaje en la espalda. Svetlana se sienta a horcajadas sobre su culo y mientras le unta de crema brazos y espalda se da placer restregándose el coño contra las nalgas del joven. Se quita la camisola, se unta de crema los pechos, con los pezones ya muy duros, y los usa para masajear la espalda.

A su espalda, Ramón oye que se abre la puerta y el intenso perfume que invade la habitación y el ruido del taconeo le dicen de forma inconfundible que se trata de su tía.

"Mi amor, me voy para la oficina, dame un beso" -- le dice Mimí

Ramón se vuelve boca arriba y el palo, liberado, latiguea, escupiendo una rociada de pre semen, hasta situarse tieso y vertical.

"Hmmm, vaya sabrosura, veo que te sigue poniendo el ganado casero! Qué pena que me estén esperando, porque está para comérsela cariño" -- dice Mimí limpiándose con el dedo unas gotas que le han caído en la cara y llevándose el néctar a los labios. - "Y tu golfa, cómo te estas poniendo eh?" -- largando un cachete al culo a Svetlana.

"Un beso tía, no me tardo" -- contesta el sobrino.

"No pierdas mucho tiempo con esta zorra, que tienes otros culitos por atender hoy, jaja! Y tú, zorra, a la tarea con el masaje, cuídalo bien y polvos si acaso solo uno para que descargue la calentura contigo, so guarra, y ya basta" -- se despide la tía, ignorante de que en la cocina hay otros tres carnosos y húmedos coños ansiando ser agasajados, y se acerca a la puerta.

Ramón insiste meloso agitando la verga con la mano y acariciándose los testículos.

"Tía, querida, seguro que no quieres irte con el gusto de este cargamento en la boca? Sabroso y abundante!!!"

"Que no niño, no me tientes, malvado, que sabes que soy débil contigo y te aprovechas, pero es que voy con prisa. Ale, hasta luego amor" -- se despide definitivamente la tía.

Cuando la tía desaparece Svetlana se arrodilla entre las piernas de Ramón y le masajea las piernas, en la parte interior de los muslos, en las ingles. Mientras tanto mira embriagada, como en adoración, la tranca descomunal de Ramón.

Suena el teléfono. Lo coge Ramón.

"Hola cariño! Que tal dormiste hoy?" -- suena la voz de , su novia.

"Bien corazón, pensando en ti. Y tú que tal mi amor?"

"Soñando contigo mi pichoncito. En la cama con un camisón muy sexy que me gustaría que ya estuviéramos casados para que me lo pudieras ver. Es muy picante!"

"No sabes cómo espero que llegue ese día!" -- dice Ramón, y tapando el auricular le dice a Svetlana que se la vaya chupando.

"No seas impaciente, que pronto llegará nuestra boda, mi príncipe azul, y entonces seré toda tuya!"

"A mi sabes que me basta saber que estaré a tu lado, mi palomita!"

"Pues un besito, cariño, que quedé en la peluquería"

"Un besito, cielo"

Terminada la llamada, Svetlana se sienta sobre sus piernas. La verga le da en el abdomen. Así le masajea el vientre y el musculoso pecho. Finalmente sube algo más e intenta calzarse la verga. Pero el amo no se lo permite. Quiere verla encenderse un poco más, hacerla sufrir de deseo. De forma que ella se monta sobre el miembro, como sobre una barandilla, y se pone a mover rítmicamente las caderas para restregarse el coño contra esa tranca tan dura. Así le masajea los hombros y la cara. La asalta un nuevo orgasmo con alaridos desenfrenados en su idioma. Ramón la permite disfrutarlo hasta que finaliza su arrebato, y luego, la echa a un lado, pues es el momento de averiguar que buenas sorpresas le aguardan en la cocina.

"Vete a la cocina y di a tus colegas que en cuanto termine una llamada a la oficina me paso a daros un repasito" -- le dice Ramón a la criada. Y ella sale disparada con la comanda.

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