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Arribo A Comporellon

bylurrea©

"Un planeta poco amistoso, para un inesperado trio "

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Capitulo 1

Tamara miro al androide AQ5000, que después de 5 años en la jefatura Centro de Vigía Espacial, se le había permitido adquirir, aunque más bien debía decir recibir en comodato, ya que estos seguían siendo propiedad del estado, ya que sólo podía tenerlo una vez a la semana.

A estos androides, construidos con la última tecnología de IA, sólo tenían acceso los altos funcionarios del gobierno de Comporellon y, por supuesto, todo el que tuviera el dinero suficiente para adquirirlo. La Inteligencia Artificial con que estaban premunidos, los convertía en la pareja ideal para las mujeres que por diversas razones, necesitaban compañía masculina, la que en el planeta se había convertido cada vez más escasa, desde que en los laboratorios de incubación in vitro, un virus estaba matando los bebes varones recién nacidos a una tasa de un 5 de cada 10. Esto, que tenía a los científicos de cabeza buscando su eliminación hacía ya más de una generación, los había obligado a desarrollar una tecnología más sofisticada de IA, con el fin de poder tener una alternativa y resolver un problema sociológico que visualizaban: un planeta con escasos hombres.

Ya habían tenido noticias lo que había pasado en otros planetas que enfrentaban esta situación. Los hombres habían empezado a ser acosados de manera no muy amistosa. O se habían convertido en material de gran valor para los que habían visualizado esto como un gran negocio: prostitución masculina. De allí que habían trabajado arduamente para construir esta nueva generación de androides, ya que los modelos anteriores, sin bien presentaban una textura de piel bastante humana, su comportamiento en actividades íntimas, dejaba mucho que desear, ya que su inteligencia artificial era de pocos recursos al momento de interactuar. Eran torpes, muy predecibles, poco finos, no importando cuánto tiempo pudieran durar en su proceso de generar placer a su pareja; en esto, no eran más inteligentes que un adolescente recién despertando ante el sexo. Y lo que era peor, se mostraban distantes al momento de hacer el amor, si se pudiera llamar así al movimiento mecánico que ejecutaban al momento de penetrar a una mujer. Para ellas eso era muy decepcionante que alguien les hiciera el amor mostrando una cara de póker. Todo esto había sido analizado por un grupo interdisciplinario de científicos y tecnólogos, los que finalmente habían logrado desarrollar este androide que al menos era capaz de interactuar de forma inteligente ante una mujer; aunque uno de los científicos, después de rascarse la cabeza dijo, ¿por qué no? Y hágase la luz, y este modelo no tenía problemas si era adquirido por un gay que había nacido con hormonas femeninas...

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Tamara, subió su cuerpo voluptuoso sobre el androide que lucía una apropiada erección para sus propósitos, y tomando su verga la pasó repetidamente entre sus labios húmedos, después dirigió la cabeza a su hendidura y lentamente bajos sus caderas para deslizarse profundamente, sintiendo la resiliencia del androide a medida que entraba en su vagina. Apoyando sus manos sobre el pecho del androide, con su cabello cayendo a los costados de su rostro, comenzó a moverse de arriba abajo. Lentamente al comienzo, para acostumbrarse al tamaño de ese pene que se hundía en ella. A medida de que subía, podía sentirlo muy firme, se acomodaba bien y al bajar: ¡Uff, muy bien, estas muy bueno! Lo sintió gemir, lo que la hizo detener su movimiento. ¿Qué mierda fue eso? Pensó por un momento, ya que era la primera vez que lo probaba. Echó esos pensamientos a un lado y continuó moviéndose, empeñada en gozar todo lo que pudiera de este instante. Después de unos veinte golpes de cadera, recién pudo tomar la concentración y empezó a sentir el agrado del pene del androide. Continuó sin detenerse, tenía el estado físico necesaria para ello. Su cuerpo subía y bajaba, gozando de la dureza de eso pene que se deslizaba a lo largo de su vagina. Sus muslos se apretaban a los costados del androide, mientras su trasero se movía arriba abajo o variaba hacia adelante y atrás para rozar mejor su clítoris contra su pelvis. El androide había alzado sus manos; había comenzado a acariciarle los pechos. Tamara sentía como si sus labios vaginales se adhirieran al ancho pene cuando se alzaba y se daba cuenta lo delicioso que era cuando bajaba lentamente absorbiéndolo con su vagina. Se agachó y tomándose de los hombros del androide, comenzó a golpear con furia sus caderas haciendo que la inserción adquiriera un ritmo casi descontrolado.

Se sentía cada vez más mojada, lo mismo que su frente. Sin dejar de moverse, con una mano descubrió su cara y miró al androide, que la miró a su vez sonriente con sus ojos azules. ¡Qué mierda! Pensó nuevamente y apretando los dientes continuó golpeando con toda la potencia de sus caderas, casi con furia. Hacía tanto tiempo que no culeaba así, que buscaba con ansias su clímax.

De pronto observó un resplandor que iluminaba la habitación detrás de ella, se detuvo un segundo para girar su rostro y vio al fondo el holograma de comunicación de uno de los puestos de vigilancia espacial.

¡Mierda, mierda! Pensó enojada. '¡justo cuando sentía que después de 20 minutos de tirarme a este maldito androide, estaba por tener mi primer orgasmo!'

Continuó girada, con su trasero apoyado sobre los muslos del androide, con su pene inserto totalmente en ella, sintiendo palpitar cada musculo de su vagina, miró los rostros de dos muchachas que parecían decir algo. Decepcionada, sin dejar su agradable posición, se agachó sobre el cuerpo del androide y estirando su brazo hacia la mesita de noche, tomó un control remoto y accionó el botón de comunicación de voz solamente. No sería apropiado que su jefa les apareciera en imagen, desnuda en su cama y tirándose un androide.

"¿Qué pasa? Preguntó.

"¡Aquí Gena, de la estación espacial tres. Hemos detectado una nave aproximándose a una velocidad de ½ año luz!"

"¿Quéeee!!!" Con molestia se dio cuenta que hoy, seguir tirándose un androide, no importando la serie a la que pertenecía, tendría que dejarse para más tarde. Le dio una serie de golpes decididos con sus caderas al androide, deleitándose unos segundos más de tener 'eso' enterrado en su vagina y al levantarse, el pene erecto salió con un plop golpeando la cabeza como un resorte contra el vientre del androide.

Le miró el pene erguido y después por un segundo la cara sonriente del androide, pensando: 'estos científicos idiotas creen que con darle una sonrisa, justifican lo que pagué por este juguete'.

Se dirigió al baño y después de darse una ducha volvió al dormitorio y se colocó su uniforme que se adhirió a su cuerpo como una segunda piel. Los duros pechos de Tamara, dejaban clara marca en el frente de la tela de la blusa, en la que se destacaban los pezones, erectos por su excitación, la que aún no abandonaba su cuerpo. Se sentía muy caliente.

Miró al androide que seguía acostado y le dijo "Me esperas. No sé cuánto tardaré". Sin esperar respuesta, salió del departamento y tomó el ascensor para dirigirse hacia los estacionamientos en busca de su vehículo.

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Ya en las oficinas del CVE, Tamara se comunicó con cada una de las estaciones de vigilancia, quienes le informaron que la nave estaba por entrar a la zona protegida del planeta, a unos quinientos mil kilómetros de distancia la que, considerando la velocidad a la que se desplazaba la nave, debería al alcanzar en unas cinco horas más.

'Mierda, tenía tiempo suficiente para haber terminado de probar ese juguetito; pero, 'primero el deber y después el placer', dijo citando no sabía a quién.

A continuación se comunicó con su superior, el Director de la CVE.

En la pantalla apareció un rostro adusto.

"Sr. Director, creo que tenemos una nave antigravitoria del Imperio por llegar a nuestro planeta".

"Sigue los protocolos de acceso de naves a nuestro planeta, y encárgate de que ingrese a nuestros hangares del CVE. Deberemos retener la nave allí, el tiempo que sea necesario, mientras buscamos la manera para que sea definitivo. Me pondré en contacto con los abogados de la cancillería para ver si aplicamos normas de violación de espacio aéreo. Esta es una nave del Imperio, de la que no dependemos, pero tenemos que cuidar las reglas interestelares. Sus tripulantes no deben sospechar de nuestras pretensiones de apoderarnos de la nave. Llévalos a tu oficina y trátalos con toda la deferencia posible ¿Entendido?"

"Entendido, Sr. Director", su respuesta quedó reverberando, ya que la imagen había desaparecido antes.

'¡Maldito, quien se cree que es!' Masculló mentalmente Tamara.

De inmediato llamo a la estación satelital tres y reiteró las instrucciones de cómo actuar cuando la nave estuviera en la zona de reconocimiento. Después miró su reloj pulsera y dudo por unos instantes si quedarse en la oficina o volver con su juguete sexual por las horas que restaban.

Miró hacia el ventanal, que en realidad era una pantalla enorme que le reflejaba una imagen del exterior y sólo vio un cielo gris y amenazante de lluvia. El edificio del CVE, por razones de seguridad, estaba construido hacia abajo y su oficina estaba en el segundo nivel. No se sentía ningún ruido en la habitación. Suspiró y decidió descansar en el sofá de tres cuerpos, instalado en su enorme oficina, que contaba con todas las comodidades de su departamento en el centro de la ciudad.

******

Capítulo 2

Mientras tanto, Trevize había tomado el control de la nave, desconectando el sistema de traslado antigravitacional, y se había detenido a unos cuantos miles de kilómetros de una estación satelital que aparecía en pantalla.

Sentado en el sillón de la cabina de comando de la nave, Trevize había abierto el canal de comunicación, tras recibir una señal desde esa estación que así lo hiciera, y en la pantalla frente a él, habían aparecido los rostros agradables de dos mujeres jóvenes, que trataban de parecer muy inexpresivas.

Cuando Gena se conectó con la nave desconocida para ella, su acompañante Vera se sentó en el sillón adjunto y lo deslizó por los rieles que corrían paralelos al mesón de comando, quedando muy junto a Gena. Ambas estaban muy asustadas por no saber con qué tipo de seres se encontrarían cuando la pantalla las conectara. Considerando la tecnología que mostraba la nave a la que habían ordenado detenerse en la zona de control de acceso, como era el protocolo de acercamiento que imperaba en todos los planetas, era la de una nave alienígena que podrían tener tripulantes de un aspecto impredecible. Probablemente horribles.

Cuando la pantalla se ilumino finalmente y comenzó a definirse la imagen enviada por la nave alienígena, ambas muchachas ahogaron un grito. Gena se controló lo suficiente como para pellizcar en el muslo a Vera de manera disimulada, ya que estaban también siendo vistas por un tipo de facciones regulares, de un aspecto muy agradable, que les sonreía y que llenaba nítida la pantalla.

Gena carraspeó para controlar su voz. No podía creer lo hermoso que era para ella el tipo que tenía delante. De abundante cabello negro, más bien largo que tapaba en parte sus orejas, de ojos azules, boca de labios gruesos. La túnica que vestía, mostraba la redondez de sus hombros, denotando un físico impresionante. Observó las manos grandes apoyadas sobre el panel, y por un instante sintió un estremecimiento que bajó hasta su entrepierna.

Tenía órdenes y debía cumplirlas.

"Su nombre, por favor"

" Golan Trevize. En mi calidad de conse..."

La muchacha lo interrumpió. "Limítese a contestar sólo lo que le pregunto Sr. Trevize" le dijo Gena lo más fríamente que pudo, mientras Vera miraba con estupor a su compañera. Nunca había conocido ese lado de ella.

"Prepárese a ser abordado", continuó Gena. "Tenga toda la documentación de la nave preparada para su revisión, lo mismo que la de sus acompañantes. Mientras tanto, dígales que se presenten en pantalla". Terminó diciendo, con el tono más frío que pudo.

Trevize hizo un gesto hacia una zona oculta de la pantalla y aparecieron Pelorat y Bliss, ambos muy serenos, que se sentaron en los sillones a ambos lados de él.

Ese instante fue otro shock para Gena cuando los vio. '¡Maldición, si es una mujer y con dos hombres! ¡Pero qué diablos pasa en esa nave! ¡No se los puede estar tirando a ambos! ¡Y la suertuda tiene a dos para ella sola, nada menos!' Apenas pudo mantener la compostura. Vera por su lado, miraba como embobada al trio, sin entender ni poder expresar su confusión; pero, principalmente dirigía su mirada a ese tipo de tez morena, de labios gruesos, que las miraba con gran serenidad. La enervaba esa postura arrogante que mostraba. Nunca había tenido la oportunidad de conocer alguien con esa apostura. ¡Había conocido tan pocos hombres en Comporellon, y este se salía de todo marco de referencia!

"Está bien. La esperamos" contestó Trevize en el mismo tono.

Una media hora más tarde una pequeña nave de enlace salió de la estación satélite y cursó la distancia a gran velocidad hasta posicionarse en el acceso de la nave antigravítica. Trevize accionó las compuertas y la pequeña nave ingresó, cerrándose automáticamente detrás, para producir la atmósfera necesaria para dar paso a su tripulante.

Trevize, frente al portalón de entrada, dio la bienvenida a una muchacha que no tendría más de 25 años, de baja estatura, vistiendo un uniforme azul, con una chaquetilla entallada, que lucía unas líneas blancas que cruzaban diagonalmente todo su torso, las que hacían resaltar unos pequeños pechos que, a juzgar por lo que veía, mostraban la dureza típica de la juventud que ostentaba. Hacia abajo, un pantalón ceñía sus caderas, muslos y piernas que mostraban una gran musculatura, y que remataban en unos botines blancos, del mismo color que el cinturón que ceñía su estrecha cintura.

Gena traía en su mano un pequeño dispositivo en su mano izquierda. Alargó su mano derecha y saludó a Trevize. La muchacha tuvo que hacer uso de todo el control que le habían enseñado en el ejército, cuando sintió la calidez de esa mano que prácticamente envolvió la suya. Sintió que sus rodillas flaqueaban cuando enfocó su mirada en los ojos azules que la miraban divertidos y su mano apretaba la suya. El apretón para ella, duro siglos y ni siquiera se fijó en las personas que habían aparecido detrás de él.

"Gena Bart, inspectora de acceso de aduana"

"Trevize. Encantado"

Carraspeó y dijo: "Señor Trevize, le agradecería me mostrara los papeles de la nave que identifiquen su procedencia, fecha de fabricación, modelo, etc. ¿Supongo que todo eso lo puede obtener desde su ordenador, no es cierto?" Dijo, mientras miraba a un hombre mayor y la muchacha que habían aparecido.

Gena endureció su mirada y su tono al preguntar: "¿Solo van tres a bordo?

"Sí". Dijo Trevize.

"¿Algún animal vivo, plantas? ¿Estado de salud de los tres?"

"No, no. Y el estado de todos nosotros es excelente" Dijo Trevize con sequedad. "Por favor, sígame a nuestra sala de reuniones"

Hizo un gesto hacia un pasillo lateral a la derecha de donde estaban. Los cuatro ingresaron a una sala muy iluminada.

Gena observó todo con detención. Una sala así sólo la había encontrado en las oficinas centrales del CVE y no con la exquisitez que mostraba la mesa central. Se sentó donde le indicó Trevize.

"Necesito sus papeles y los de sus acompañantes" Dijo Gena sin abandonar su tono profesional, aunque sentía que su estómago le temblaba cada vez que miraba a Trevize.

Trevize le pasó los suyos y los que Pelorat extrajo de su túnica.

Gena los tomó y sin levantar la vista dijo: "Los de la mujer, si es tan amable"

Trevize dijo secamente: "La mujer se llama Bliss y es la acompañante del Señor Pelorat"

Gena, sin contestarle, movió la pequeña maquina hacia Trevize diciendo: "Le ruego colocar su mano sobre este lector"

Trevize hizo lo que pedía la muchacha, y bajo su mano vio una luz azul recorrer su palma de lado a lado. Gena retiró la máquina e hizo unas anotaciones al dorso de ella que parecía tener características de un pequeño ordenador. Le paso la máquina a Pelorat quien una vez hecha la medición, se la devolvió. Nuevamente Gena hizo anotaciones al dorso y mirando a Bliss le dijo secamente: "Ahora usted".

Bliss tomó la máquina y preguntó: "¿Qué es esto?"

Gena la miró y respondió: "Es una máquina que analiza el estado de su cuerpo y verifica que no exista ningún microorganismo que pueda estar en contra de nuestras normas sanitarias de ingreso"

Bliss hizo la rutina y devolvió la maquina a Gena, quien al mirar el visor con las cifras, arrugo el entrecejo diciendo: "Tiene cifras negativas y las de ellos muestran rangos normales"

"¿Eso es malo?", preguntó Bliss

"No, todo lo contrario y la envidio" Dijo secamente Gena.

A continuación tomando los papeles de Trevize dijo: "¿Consejero del Imperio?

"Así es"

"¿Alto funcionario de gobierno?"

"Exacto" Dijo fríamente Trevize. "Por consiguiente, ¿podremos abreviar los trámites de entrada?"

"¿Es usted capitán de la nave?

"Sí. Lo soy"

"¿Objeto de su visita?"

"Seguridad del Imperio y, por lo tanto, es todo lo que puedo decirle. ¿Lo comprende?"

"Sí señor. ¿Y cuánto tiempo piensa permanecer aquí?"

"No lo sé. Una semana tal vez"

"¿Y cuál es el objeto que cumple este otro caballero?"

"Es el doctor Janov Pelorat. Él es profesor en historiografía y ayudante mío en esta misión. Yo respondo por él"

"Muy bien. Ahora los papeles de la señorita" Dijo dirigiéndose a Bliss.

"No es necesario molestar a la dama, acompaña al Sr. Pelorat y está bajo mi responsabilidad en esta nave" Dijo pausadamente Trevize.

Gena siguió mirando a Bliss y respondió: "Comprendo eso, señor, pero necesito los papeles de identificación"

"No los traigo conmigo" Contestó Bliss.

"¿Cómo dice?" Preguntó Gena, frunciendo el ceño, siempre manteniendo su mirada en ella.

"La señorita no trae documentación consigo, un olvido que tuvo cuando zarpamos. Pero eso no importa, ya que yo asumo toda la responsabilidad.

Gena esta vez lo miró y contestó: "Ojalá pudiera, señor. Pero aquí la responsable soy yo. Sus documentos de identificación deberán ser solicitados usando los canales de comunicación de que disponemos para estos eventos. No les tomará más de un par de días, se los aseguro".

Trevize dijo: "¿Por qué no me dejan con la señorita?" Pelorat y Bliss se levantaron y retiraron de la sala. Ésta última al hacerlo, presionó con su mano el hombro de Trevize, mirándolo intensamente a los ojos. Parecía haber un mensaje en su rostro cuando le sonrió.

Cuando salieron, Trevize accionó un control remoto sobre la mesa y dos puertas emergieron de ambos costados de la sala, cerrándose silenciosamente. Acercó su sillón hacia Gena diciéndole: "Gena, ¿Me permite que la trate de Gena?" apoyando su mano sobre la de la muchacha.

Ésta, que hasta ese instante había mantenido un gran aplomo, dijo quedamente "Sí.", al sentir nuevamente la cálida mano de Trevize.

"Gena, quiero contarte algo que no pude expresarte antes con el señor Pelorat y la señorita Bliss presentes. El señor Pelorat es casado y decidió traer a su pareja del momento, la señorita Bliss." Todo esto se lo dijo sin soltar la mano de Gena.

Fue en ese instante cuando todo el condicionamiento social que había recibido y que era parte intrínseca de todas las mujeres en Comporellon, se hizo presente. Gena pensó: "Aquí estoy, frente a un tipo que me tiene mojada hace rato, que si lo hubiese encontrado en la ciudad, tendría que haber aceptado mis requerimientos sin chistar. Tendré que informarle cuáles son las condiciones que deberá aceptar de ahora en adelante."

"Golan, porque te llamas Golan, ¿no es cierto?" Trevize asintió y la miró con un gesto de pregunta, ya que observó que la muchacha había cambiado su gesto corporal y parecía más dueña de sí. Y eso no le gustaba nada considerando sus propósitos de salir luego de esta situación.

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