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Arribo A Comporellon, 2da Parte

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ARRIBO A COMPORELLON, 2da parte

"Nuevas aventuras esperan al trio de viajeros espaciales "

Para los que no han seguido esta historia, les haré un recuento de lo pasado en el capítulo 1 y 2 de esta historia que tal como lo referí inicialmente, está inspirada en una novela de Issac Azimov que tiene sus años.

****

Capítulo 3

Después de contactarse con la nave en que viajaban Trevize, Pelorat y Bliss, la que se había detenido a unos 50 mil kilómetros del planeta, distancia a la que les fue ordenado detenerse, las dos oficiales del satélite que realizaban la tarea de controlar los accesos de cualquier nave que se aproximara a Comporellon, apagaron la pantalla de comunicación a través de la cual se habían comunicado por primera vez con Trevize y se miraron por largos segundos sin poder emitir palabra alguna. Fue Gena la que reaccionó primero: "¡Te fijaste en ese pedazo de hombre!"

"Si. ¿Y te fijaste en esa muchacha tan joven que según dijo Trevize es pareja del otro tipo?" dijo Vera.

"Si, esa mujer es demasiado joven; el tal Pelorat se ve bastante mayor. ¡Lo que yo creo es que la tipa se los tira a los dos!"

"¿Pero cómo, Trevize aseguró que Pelorat es la pareja de la tipa?"

"Vamos, Vera, no seas ingenua. Tienen que tener algún tipo de acuerdo. Y si no, se lo tira cuando el tal Pelorat está durmiendo, o cuando va a la ducha. ¡Qué sé yo! Ahora prepara el scooter de abordaje ya que tendré que proceder con la inspección."

Después de los preparativos Vera acompañó a Gena hasta la plataforma de salida, en la que esperaba un pequeño navío unipersonal. Al despedirse, apoyó su mano en el hombro deseándole suerte en su tarea de inspección.

Lo que no supo Gena fue que Vera, habiendo recibido instrucciones desde el cuartel general de así proceder, cuando apoyó su mano en su hombro derecho, adhirió en su traje un pequeño dispositivo de comunicación que le permitiría monitorearla en todo momento tanto en imagen como en voz.

La inspectora general de Aduanas espaciales le había instruído hacerlo así ya que Gena, al no estar consciente de la existencia de dicho dispositivo, podría actuar con más tranquilidad y aplomo frente a la delicada misión que le esperaba.

Vera, después que vio la pequeña nave despegar desde la rampa de salida de la estación satélite, se dirigió a la sala de monitoreo espacial y se sentó frente al mesón y activó nerviosa el dispositivo de comunicación que portaba Gena. En la enorme pantalla se desplegó la diminuta cabina de mando de la nave y pudo ver a Gena apoyando su mano en el joystick que permitía dirigirla. También pudo ver lo que veía Gena frente a ella: la enorme nave interestelar detenida a la distancia, como un punto luminoso rodeada por las estrellas. La imagen que proyectaba el dispositivo, parecía hacerlo directamente en sus ojos. Era una extraña sensación; era como estar allí sin estarlo realmente.

La pequeña nave de enlace cursó la distancia a gran velocidad y en un poco más de una hora y media más tarde estaba posicionada a un costado del acceso de la nave antigravítica.

Vera observó todo el proceso del arribo de Gena cuando la nave abrió su compuerta de acceso y cuando ésta salto de ella y fue saludada por Trevize. La nitidez de la imagen era increíble y tembló, tal como lo hizo Gena, cuando apareció frente a ella ese enorme tipo quién, con una sonrisa amable, alargó su mano saludando a Gena.

Ambas muchachas se pusieron rígidas ante el gesto. Nerviosa, Vera hizo un acercamiento de la imagen. Así le fue posible examinar con detención cada detalle de las facciones del hombre apellidado Trevize. Sus ojos eran inquietantes de color azul, parecían sondear el cerebro de Gena. Detuvo el zoom allí unos instantes.

'Me hubiera caído desmayada allí mismo si yo hubiera enfrentado a ese tipo' pensó Vera.

Hizo un zoom para ampliar la imagen y vio a las otras personas que estaban con él. Esta vez hizo un acercamiento hacia el otro hombre y pudo apreciar mejor la figura de Pelorat. Era un tipo canoso, pero su rostro reflejaba mucha serenidad y pudo observar que también tenía un físico que no denotaba la edad que ambas, Gena y ella, le habían atribuido. Se veía bastante robusto y era casi de la estatura de Trevize. Por su parte la muchacha, con un rostro de líneas suaves, pómulos altos, grandes ojos negros, sonrisa amable, la impresionó con su físico; sus pechos se marcaban claramente en la blusa que lucía y con una cintura estrecha hacía que sobresalieran aún más. Usaba unas calzas ajustadas que hacían lucir sus largas piernas y muslos que le recordaron las de Gena, sintiendo cierta inquietud al recordar ese detalle.

Vera siguió con atención cómo su compañera y amiga controlaba totalmente la situación. Sin embargo, la sorpresa comenzó cuando Trevize dirigiéndose al tipo canoso y la hermosa muchacha que se habían mantenido sin participar al lado de ellos, les dijo: "¿Por qué no me dejan con la señorita inspectora?" Ambos se levantaron y retiraron de la sala, sin que antes la muchacha se detuviera y presionara con su mano el hombro de Trevize, mirándolo intensamente a los ojos. Parecía haber un mensaje en su rostro cuando le sonrió.

Vera no podía observar el rostro de Gena en ese momento, pero sí el del hombre. Hizo un acercamiento y observó sus labios contraerse en una sonrisa socarrona la que también se reflejó en el brillo de sus ojos, el mismo que había apreciado antes. Apretó sus manos al mesón y sintió que algo se derretía entre sus piernas cuando Trevize después de accionar un control remoto sobre la mesa hizo que dos puertas emergieran de ambos costados de la sala cerrándose silenciosamente, y acercando su sillón hacia Gena le dijo con una voz profunda, al mismo tiempo que apoyaba su enorme mano sobre la pequeña mano de la muchacha: "Gena, ¿Me permite que la trate de Gena?".

La intimidad de la pregunta, como si se la hubiesen hecho a ella, hizo que Vera sintiera que un calor comenzaba a inundarla entera, recorriéndola desde sus caderas y dirigiéndose directamente a su entrepierna, como si la mano de ese hombre se hubiera apoyado, no sobre la mano de Gena, sino directamente en el bulto que formaban los apretados labios de su propia vulva en su traje.

Gena por su parte, que hasta ese instante había mantenido un gran aplomo, dijo quedamente "Sí", al sentir el calor de la mano de él.

Después de que Trevize le explicó que tratar de conseguir la documentación de Bliss, la pareja de Pelorat, implicaría enfrentarlo a serios problemas ya que éste era casado, Gena se dio cuenta que se le abría un espacio para retomar el control de toda la situación, por lo que le dijo a Trevize:

"Golan, por lo que me estás diciendo intuyo que quieres que tome decisiones sobre el tema de los documentos que me colocarían en una situación bastante incómoda de resolver, ¿tú me comprendes, no es cierto? Esta vez Gena lo miró sonriente. Ya no era la chica inestable de antes. Tenía elementos para negociar. Y se los había expresado con mucha claridad.

El apretón de la mano y la sonrisa de Bliss antes de retirarse de la sala, aparecieron por un segundo en la mente de Trevize. ¿Habría logrado o no meterse en la mente de esta muchacha? ¿Estaba ejerciendo algún tipo de control mental en este instante como el que había ejercido en su amigo Janov la noche anterior haciéndolo dormir mientras ellos culeaban sin impedimento alguno? Aparentemente por la forma en que se estaba comportando la muchacha, no era así.

Trevize la siguió mirando fijamente sin soltar su mano; pero se daba cuenta que el control de la negociación se había volcado hacia la muchacha.

Gena si dio cuenta también. Todo lo que tenía que argumentar Trevize había sido expresado y ahora ese hombre le pertenecía. Había que hacer uso de sus frutos. Se levantó del sillón y sin soltarse de su mano, rodeando la mesa se acercó y plantándose frente a él le dijo sonriente:

"Señor Trevize, creo que tendré que seguir con el protocolo" Ante la pregunta no verbal de él, continuó.

"Debo cachearlo para verificar que no traiga consigo armas prohibidas. Le ruego que se levante"

Trevize se levantó siguiéndole el juego. Gena había comenzado a palpar los costados del torso, y al acercarse más a él lo punzó con sus pechos duros al llevar sus brazos a la espalda de él, palmeándolo y bajando sus manos hasta su trasero, en donde procedió a apretarle sus nalgas. "Hasta aquí no encuentro nada peligroso, y tiene un trasero agradable, señor Trevize" "Hey, ¿pero que siento aquí al frente mío, su túnica se movió?" Gena se apartó y miró que la túnica mostraba una carpa.

Vera que seguía con atención cada detalle de las maniobras de Gena, ahogó un gemido cuando la muchacha se puso en cuclillas y colocando sus manos en las caderas de Trevize las deslizó hasta juntarlas al frente donde arropó con la tela de la túnica su evidente erección. Gena dirigió su mirada hacia arriba diciéndole: "Humm, creo que hemos encontrado un arma" y empujándolo vivamente hacia atrás sobre el sillón se levantó y apoyando una rodilla a un costado del sillón, le subió la túnica dejando al descubierto el bóxer que lucía un bulto impresionante. Gena siempre de rodillas, se acomodó sobre los muslos de él y tomando la pretina de sus boxers comenzó a bajarlos; Trevize elevando sus caderas, le permitió que se los bajara totalmente.

Nuevamente ambas muchachas tuvieron su tercer shock del día. Gena no podía creer lo que tenía frente a sus ojos. Con cuidado, como si se tratara de una verdadera arma que pudiera dispararse en cualquier momento, tomó la enorme erección con ambas manos y contempló arrobada la hinchada cabeza del pene que tenía frente a ella. Miró a Trevize con una sonrisa y agachándose acercó lentamente el rostro hacia su pene apreció con su mejilla su suavidad. Trevize la miraba complacido, sonriente, siguiendo atento sus movimientos. La muchacha recorrió con sus dedos a lo largo su dura erección, rozando su glande con las yemas de sus dedos de cuya punta había comenzado a escurrir un líquido transparente que ella esparció cuidadosamente con su pulgar.

En ese instante Vera que seguía anhelante la escena, había llevado su mano izquierda al interior de su pantalón elástico y sus dedos jugaban entre los pliegues de su vulva mojada mientras la pantalla que era sus ojos, reflejaba lo que veía Gena.

Ésta, estaba fascinada con la dureza que tenía entre sus manos. Y penó que cuando le contara a su compañera, estaba segura de que no lo iba a creer. Alargó la punta de su lengua y con ella recorrió el borde del glande, consiguiendo un temblor en el cuerpo de Trevize. Sonrió complacida, y esta vez su lengua recorrió sus bolas, subiendo plana a lo largo de todo el pene hasta arribar de nuevo al glande, el que rodeó como si su lengua fuera una serpiente.

Vera contrajo sus caderas en el asiento mientras veía eso, y rápidamente tomó los bordes de su pantalón y sus bragas y sin dejar de mirar, los bajó dejando sus muslos y su sexo al descubierto. Metió su mano izquierda en su entrepierna y sus dedos se crisparon entre los labios de su vagina mientras veía que Gena retiraba su boca del pene erguido de Trevize y aparecía la cabeza toda cubierta por su saliva, formando pequeños globos que brillaban como pequeñas luces. Vio excitada como repetía el movimiento una y otra vez, abriendo ampliamente su boca para deslizarla profunda tratando de meter en ella el máximo de la enorme erección de ese hombre. El cuerpo de Gena ahora se había apretado más hacia él, por lo que sólo podía ver la cabeza de su compañera subiendo y bajando.

Gena lo sintió gemir nuevamente esta vez, mientras su lengua jugueteó alrededor de la cabeza durante unos instantes para después bajar su boca a lo largo del pico para succionarlo profundo, apretando con ambas manos el tronco del pene. Una y otra vez su boca succionó y se retiró haciéndola chasquear en cada ocasión que lo hacía. O bien la bajaba para tratar de absorberla todo lo que podía, al punto que llegaba a hacer arcadas cuando la punta tocaba el fondo de su garganta. Cuando la sacaba en esas ocasiones, su boca dejaba un reguero de saliva que se confundía con los jugos que brotaban de su pene inflamado. Las pequeñas manos de Gena se deslizaban desde la cabeza hacia abajo, y se estremecía cuando apretándolas alrededor, bajaban a lo largo del duro y resbaladizo tronco, tarea que era facilitada por la gran cantidad de saliva que dejaba cuando retiraba su boca. Era en esas oportunidades cuando Gena se acercaba a Trevize para besarlo, metiéndole su lengua llena de saliva en la boca de él. Trevize tomaba el rostro a la muchacha y absorbía su boca con fruición para después guiarla hacia su pico para que retomara su mamada. Las pequeñas manos de Gena rodeaban su erección las que colocadas una encima de la otra apenas lograban asirla, dejando más de un tercio de la verga de Trevize a la vista-

Con la boca abierta anhelante, Vera no perdía detalle de la escena mientras sus dedos seguían moviéndose entre los labios de su mojada vulva.

***

Lo que no sabía Vera que esa misma visión había sido captada por la Inspectora General de Aduanas, ya que todos los sistemas de comunicación de las estaciones espaciales, estaban interconectados y eran replicados instantáneamente en el comando central de la sala en que estaba Tamara, su jefa.

Ésta, que cansada aún por haberse tirado toda la mañana al androide antes de que la interrumpieran por la llegada de la nave del Imperio, había decidido tomar una siesta después del almuerzo, para hacer tiempo mientras sus vigías hacían el trabajo de abordarla. Sin embargo, se había despertado sobresaltada. Tal vez su propio sentido de responsabilidad frente a lo que tenía entre manos, era la causa. No lo sabía; se frotó la cara y se levantó de la cama, vestida sólo con una blusa y unas bragas que apenas cubrían sus nalgas, y se dirigió hacia la sala de control que tenía en su departamento; de inmediato le llamó la atención unas imágenes que se movían en la gran pantalla al fondo de la habitación y una en particular. Caminó un tanto vacilante, media adormecida aún, se sentó a medias en el sillón y apoyando sus manos sobre el mesón vio en uno de los recuadros en que estaba dividida la pantalla, la misma imagen que tenía Vera en su propia sala de comando.

'¡Cresta, pero que es eso!' Exclamó desde el momento mismo en que Gena se apoderaba del miembro viril de enormes proporciones y lo apretaba entre sus labios. Lo mismo que Vera, no podía creer lo que estaba viendo. Primero, porque lo costó varios segundos en entender en dónde estaban ocurriendo estos hechos, y segundo reaccionar a la visión que entregaba ese hombre, muy bien parecido, con un físico impresionante, muy semejante a su androide; pero había una diferencia, la sonrisa que cubría el rostro de ese hombre tenía una calidez que no tenía su androide; efectivamente reflejaba todo el placer que le estaba entregando una muchacha que arrodillada lo mamaba con ansias, como si su vida dependiera de esa ación.

Confundida aún, se acomodó bien en el sillón y miró la pantalla para saber quién y en dónde se estaba generando esta transmisión. Miró las pantallas anexas que señalaban el nombre de las estaciones. Pronto se dio cuenta. "¡Mierda, mierda! ¡Pero si es la estación tres que está controlando la llegada de esa nave imperial!" Dijo esta vez en voz alta. Quiso conectarse directamente para comunicarse y saber qué estaba pasando, y quiénes eran los que aparecían en pantalla, pero se detuvo. La escena era demasiado caliente. Movió algunos botones y la imagen que enviaba esa estación ocupó ahora toda la pantalla gigante y el resto quedó ocupando un espacio mínimo. Observó cómo las manos de la chica acariciaban de arriba abajo ese pene impresionante y después se acercaba y prácticamente lo engullía.

En ese momento, toda la calentura que había sentido durante la mañana con su androide, retorno como un disparo que diera directamente en su ingle. La invadió un profundo calor que no había sentido, ni siquiera esa mañana, y que se apoderaba lentamente de ella, que recorría sus caderas y bajaba por sus muslos, para subir y asentarse profundamente en su concha. Miró como hipnotizada, mientras la muchacha subía y bajaba con furia su boca a lo largo de ese grueso y erecto falo y lo llenaba de saliva. Esta era una experiencia única. Había oído hablar de voyerismo, de ese extraño placer que se apodera de las personas que son testigos de un acto sexual y se dio cuenta de lo excitada que estaba en ese momento mirando la escena. Llevó sus manos abajo y corriendo a un lado el borde de sus bragas, introdujo dos dedos en su concha mientras miraba fascinada la espectacular mamada que esa muchacha le estaba realizando a ese hermoso hombre. De inmediato sintió cómo sus dedos se deslizaban suaves en su interior, ¡y claro, su concha estaba reaccionando a su violenta excitación llenándola de jugos! Movió el control de acercamiento con su mano izquierda para observar el rostro del hombre y vio cómo su boca se abría y brillaban sus ojos, reflejando todo el placer que le proporcionaba la muchacha arrodillada frente a él. Casi el mismo placer que ella se estaba proporcionándose a sí misma con sus dedos que acariciaban los labios de su concha estremecida.

La escena que entregaba Gena en pantalla era tremendamente excitante, algo nunca antes visto por Tamara: verla cómo retiraba sus labios y lentamente la gruesa verga del hombre comenzaba a emerger hasta dejar sólo aprisionado su glande, la dejaba prácticamente con la boca abierta y después cuando la muchacha volvía a succionar mientras apretaba con su puño la base de su erección y lo deslizaba suavemente hacia arriba apreciando su textura y dureza mientras el hombre acariciaba tiernamente su cabello corto, la hacía retorcerse en el sillón.

Por su parte a esta altura del juego, Gena comenzó a sentir un profundo calor en su entrepierna y la humedad que ya había comenzado a escurrir desde su concha tenía empapado su calzón y parte del pantalón. Llevó una mano a la pretina de su pantalón elástico y metió profundo su mano, hasta que su mano rozó su clítoris. Bajó más y metió un dedo en su hendidura y se dio cuenta que chorreaba. 'Creo que ha llegado el momento de hacer trabajar a nuestro amigo', se dijo.

Sin soltarle la erección le dijo: "Señor Trevize, hasta el momento no he podido desactivar esta peligrosa arma que trajo consigo. El protocolo de seguridad de mi jefatura, exige que utilicemos medidas más drásticas, por lo que le ruego cooperar" sonriendo, se levantó y se metió entre sus piernas y levantaba los brazos le señaló su pantalón elástico. Rápidamente Trevize desabrochó su cinturón de cuero lo dejó caer al piso y metió sus dedos a los costados de la pretina y comenzó a bajar el pantalón, junto a sus cortos calzoncitos rojos. Trevize le indicó con la mirada sus pequeños botines blancos. Ella, apoyándose en los hombros de él, levantó el pie y lo colocó sobre el muslo para que pudiera desabrocharlo. Una vez reetirado la muchacha subió el otro pie para que lo quitara también; seguidamente él llevó su mano hacia su trasero y comenzó a bajar su pantalón elástico y lo llevó hasta su muslo, consiguiendo desnudarla de la cintura hacia abajo. Ahora Gena quedó frente a Tevize entregándole un espectáculo excitante: el cuerpo menudo, apretado arriba por la chaquetilla que hacía resaltar sus duros pechos, que se ampliaba hacia unas caderas redondas, enmarcadas por unos muslos y piernas muy bien trabajadas, eran de un erotismo que en su vida imaginó presenciar y menos en las actuales circunstancias.

Mientras la muchacha lo miraba sonriente, Trevize terminó de bajar sus propios bóxers hasta sus tobillos, donde los descartó, para proceder a llevar sus manos a esas deliciosas caderas de la muchacha y llevándolas hacia atrás, poder recorrer sus firmes y redondas nalgas. Jugó largamente allí, apreciando su duro culo, deslizando sus grandes manos entre sus nalgas, metiendo sus dedos entre sus pliegues, para finalmente terminar introduciéndolos en su raja por detrás. Con sus manos apoyadas en los hombros de él, le tocó el turno a Gena de estremecerse, cuando sintió esos dedos enormes jugando con su pequeña concha mojada. Metió una rodilla primero al costado del sillón y después la otra, para quedar a horcajadas sobre los muslos de Trevize. Tomando su erección presionó la hinchada cabeza de su pico contra la hendidura de su concha. Quería sentir la punta contra su ahora babeante raja; con una mano comenzó a moverla lentamente de arriba abajo, mientras su otra mano se apretaba al antebrazo musculoso de él. Por momentos su vista seguía el juego de su mano, fascinada de poder recorrer esa dureza por los bordes de su concha, sentirla a lo largo de su raja, presionar su clítoris. Gena deseaba alargar lo más posible este momento. Su imaginación estaba desatada, le encantaba realizar estos juegos previos. Con su compañera, cuando terminaban su vigilancia diurna, solían acariciarse a tal punto, que cuando llegaba el momento de o lamerse o introducir sus dedos para satisfacerse, explotaban casi en ese instante. Eso quería hacer con este tremendo hombre que tenía entre sus muslos, no le importaba el tiempo que le tomara. Su jefa le había pedido que la inspección fuera exhaustiva no importando cuánto tiempo necesitara, ya que debía interiorizarse de todos los detalles acerca de la nave y sus tripulantes.

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