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Doble Infernal

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Todo empezó un uno de abril. El tiempo había sido inusualmente caluroso la semana anterior y me había ido a la playa, al apartamento de mis padres, si decírselo a nadie. Quería descansar y reflexionar después de mi última ruptura sentimental.

Llegué a Madrid el primero de mes y encontré absurdos mensajes en mi contestador.

Una tal Laura me recriminaba haberla dejado tirada después de la fantástica noche del sábado.

"Se ha equivocado de número", pensé, "y ha dado la casualidad de que también se llamaba Julio el tipo con el que estuvo.

Pero el siguiente mensaje era de Marta. Su voz de pito era inconfundible. Era mi antepenúltima novia y decía que teníamos que hablar después de la "hermosa recaída" del domingo. Yo no había estado en la ciudad esos días, pero cuando llagué al dormitorio, me encontré las señales inequívocas: cama revuelta y condones usados y atados con un nudo en la papelera. Me puse guantes para limpiar, porque sabía que yo no había estado allí. Algunos amigos tenían llave pero no permiso para usar mi cama. Estaba dándole vueltas a cual sería el impresentable que..., cuando vi en el suelo unas braguitas de encaje que me resultaban familiares.

Las cogí con las puntas de los dedos y me las aproximé a la nariz. Eran indudablemente de Marta. Lo mejor que tenía era el olor y el sabor de su entrepierna.

"La muy zorra ha tenido la desfachatez de hacérselo con Carlos en mi casa, en mi cama", fue lo primero que pensé. Era la única conclusión lógica.

En casa de Carlos, cogió el teléfono su madre y me dijo que estaba en Algeciras desde hacía diez días. La cosa empezaba a mosquearme.

No quería hablar con Marta, así que rebobiné el contestador y apunté el teléfono que había dejado la tal Laura. Marqué.

"Hola. Creo que me has dejado un mensaje equivocado", le dije tras confirmar que era ella. El caso es que me sonaba la voz.

"¿Cómo puedes decir eso?", me dijo con tono compungido, "después de darme hasta por detrás".

"Te estás equivocando de persona. Yo he estado toda la semana en Salou".

"Eres un cerdo", dijo. Y colgó.

Volví a llamar. Le propuse que quedáramos para aclarar el asunto y aceptó.

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No la había visto en mi vida y sin embargo yo parecía ser muy familiar para ella. La dije lo que creía que era una verdad inmutable. Yo no la conocía. No había estado en Madrid el sábado y sin duda se trataba de un error.

"Te aseguro que si hubiera estado contigo, me acordaría. Eres muy guapa". Ella me miró con desconfianza.

"Así que no me conoces. Dime entonces como sé que cuando eras niño te gustaba una chica de tu escuela que se llamaba como yo y que le escribiste un poema". Me quedé boquiabierto mientras ella se levantaba y se marchaba. Eso no se lo había contado a nadie, ni siquiera a otras chicas. La única explicación posible era que ... ¡fuese la Laura original!.

Me levanté precipitadamente pero tuve que detenerme a pagar y cuando salí a la calle no la vi. Corrí en un sentido pero al doblar la esquina no había rastro de ella. Corrí en sentido contrario, hacia el metro, pero nada. Entonces recordé que tenía su teléfono en casa y me fui para allí

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No contestaba nadie y no había contestador. Decidí llamar a Marta.

Fui con más cuidado para intentar averiguar los detalles antes de desbaratar el engaño. Lo malo es que en la playa no había estado con nadie conocido. Una noche había estado a punto de enrollarme con una alemana preciosa pero se me había escapado.

Estaba por supuesto Lucas, el del bar Avenida, que me conocía desde niño, pero me servía de muy poco. No era cosa de llamar y pedirle que confirmara que me había visto. Podía servir como coartada si alguien hubiera cometido un crimen en mi nombre, pero no para negar un polvo.

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La llamada de mi amigo Andrés parecía empezar a aclarar un poco el embrollo. Tenía llave de mi piso y me preguntó si ya había encontrado la mía. Al parecer, le había pedido su copia el viernes.

"Recuérdame como me la diste".

"¿Estás tonto?. Me dijiste que la dejara en la cafetería de debajo de tu casa".

"Si alguien que se me parece mucho se ha hecho pasar por mí", pensé, "la tal Laura puede haber picado, pero no Marta, con quien he pasado muchas noches.

Cuando llegó, se me tiró al cuello. Para colmo, me echó mano al paquete. Me resultó difícil pararla un poco.

"Dime una cosa. El domingo, ¿no te parecía algo cambiado?, ¿como que no era yo?".

"Claro que eras tú, ¿se puede saber qué te pasa?. Estuviste más caballeroso que de costumbre hasta que te empeñaste en ... ya sabes. Aunque tengo que reconocer que me gustó. Dolía algo al principio pero luego fue fantástico, ¡se siente tan grande ahí detrás!".

Eso ya era el colmo. El cabrón que me había estado suplantando, se dedicaba a sodomizarlas a todas en mi cama.

En ese momento sonó el timbre. Al abrir, Laura entró sin esperar que le franqueara el paso. Se encontró en el salón con Marta en ropa interior. Las dos se estudiaron y Laura me miró con ira, se acercó a mí y me dio un bofetón. Sin pronunciar una sola palabra, se marchó.

"¿Me quieres explicar a qué viene esto?, ¿quien era esa chica?".

"No lo sé, me estoy volviendo loco. No la había visto en la vida hasta hoy, pero dice que se acostó conmigo el sábado, lo mismo que tú el domingo. Esos dos días yo estaba en Salou. Alguien está tratando de usurpar mi personalidad".

"¡Qué!, ¿me estás llamando idiota?, ¿te crees que no me entero de con quien me acuesto?". Yo me encogí de hombros. Marta se vistió rapidamente y al pasar a mi lado me dio el segundo bofetón en menos de cinco minutos. También ella se marchó sin decir palabra.

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Pasé varios días con la mosca detrás de la oreja, intentando averiguar lo que había pasado. Esperaba encontrarme a la vuelta de alguna esquina a mi "sosias", lo cual me hacía estar siempre alerta y nervioso.

Pero al no surgir ningún otro suceso extraño ni ver a Laura o a Marta, empecé a olvidarme del tema. Llegué a pensar que quizás me había realmente "desdoblado" y que había vivido dos vidas diferentes por unos días. Si eso era así, me habría tirado a Laura y a Marta, solo que no lo recordaba.

En agosto decidí volver a Salou. Estarían mis padres, lo que no me permitía llevar al apartamento posibles ligues, pero saldría de noche y me relajaría.

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Ligué el segundo día, pero en la playa. Lily era una morena francesita preciosa de apenas veinte años. Tras un largo paseo, nos bañamos y en el agua comenzaron los besos. Ella estaba con dos amigas en un hotel. En una hora, las otras bajarían a la playa y podríamos subir a su habitación. Le propuse tomar el aperitivo en el Avenida.

"¡Otraa!", me dijo Lucas al verme, "no sé si eres un fuera de serie o tan malo que no te duran más que un par de días". Lily entendió a medias. Yo me quedé petrificado.

"Pero yo de ti tendría cuidado. La rubia de estos días podría venir aquí a buscarte".

"Llegué ayer a Salou".

"Ja, ja", dijo Lucas, "como que no te he visto veces en estas dos semanas".

Estaba tratando de darle una explicación plausible a Lily sobre lo que había oído. Ella me dijo que no era necesario y me estaba pegando un morreo cuando vi a la rubia. Se daba un aire a la alemana de primavera. Sus ojos me estaban asesinando.

Esta vez no fue un bofetón sino un directo que impactó en mi ojo y con tal fuerza que me hizo caer hacia atrás, tropezando con una silla.

"You son of a bitch!. You said you thought I was the one and only and I even gave you my ass!". De pronto empezó a llorar.

Miré a Lily. Obviamente había comprendido las frases en inglés, al igual que algunos de los presentes, que me miraban desaprobadores.

"Just time for me to leave", dijo. Y se fue. La rubia también parecía dispuesta a marcharse.

"Wait!, wait!. This must be a confussion. I dont even know her. I came here from Madrid only yesterday". Me estaba levantando cuando la rubia estuvo a punto de golpearme de nuevo. Esta vez con la pierna. Pero se lo pensó y dándose la vuelta, salió corriendo. Aturdido, me puse en pie y me llevé la mano al ojo. Lo tenía ya practicamente cerrado.

Me fui de allí ante la mirada de todos. Lucas apenas podía ocultar la risa.

Una idea pasó de repente por mi cabeza. Saqué el móvil y marqué el fijo de mi piso en Madrid. Un hombre me contestó al tercer tono.

"¿Sí?".

"¿Quien hay ahí?".

"Usted me ha llamado".

"Sí, pero he llamado a mi casa".

"Habrá marcado mal".

"He marcado bien. Estoy seguro".

"Vamos a ver, ¿por quién pregunta?".

"Por Julio".

"Al aparato".

"¿Julio Medina?".

"Así es. ¿me puede decir de una vez quien llama?".

"Es imposible. Julio Medina soy yo".

"Se trata de una broma, ¿no?".

"Me llamo Julio Medina. Vivo en Madrid y mi nùmero de teléfono es..., trabajo en...".

"Vale ya de cachondeo", dijo. Y me colgó.

Ya no había ninguna duda. Estaba sufriendo una auténtica suplantación, ¿o quizás me había vuelto loco?.

"Si hubiera algún testigo al menos", pensé. Se me ocurrió que mis padres me podrían servir.

Les conté solo que creía que alguien me estaba gastando una broma pesada. Les pedí que llamaran a mi casa y preguntaran por mí.

"No contestan", dijo mi madre, "lo cual no me sorprende puesto que estás aquí". La verdad es que hacía tiempo que no confiaban en mí y tenían motivos. Desde los quince años les había estado contando mentiras.

"Si no estoy loco", me dije, "esto solo se explica con un trabajo en equipo. Alguien me tiene que estar vigilando e informando a quien intenta suplantarme de todos mis pasos. Tiene que ser una caracterización muy buena ...". No me acababa de convencer mi razonamiento, "¿qué clase de disfraz confundiría a una mujer en la cama?". En realidad solo se trataba de Marta. Con las otras no me había acostado.

Cogí el coche y me fui prácticamente del tirón a Madrid. Llegué a mi casa y entré con precaución por si me encontraba al impostor. Llevaba en la mano un palo que había cogido del coche. Nada, no había nadie.

Lamé a mis padres. Les dije que me había ido a Madrid.

"Julio", le oí decir a mi padre, "llama uno que dice que eres tú y que estás en Madrid. Debe ser el bromista que dijiste". Aquello ya pasaba de castaño oscuro.

Entonces sonó el timbre. Al otro lado de la mirilla estaban Marta y Laura. Abrí pensando en nuevos bofetones, pero las dos a la vez me abrazaron y me besaron lujuriosamente.

Enseguida desaparecieron las ropas de los tres. Primero me la chuparon por turnos y luego, ya en la cama, Laura me cabalgó mientras Marta me hacía recordar el delicioso sabor de sus fluidos.

Fue un trío impresionante. Tras el primer acto, se pusieron a hacer un 69 entre ellas. Marta, que estaba encima, levantó la cara un momento para decirme que su culito me estaba esperando...

Después sonó el teléfono. Antes de descolgar, sabía quien era.

"Estarás contento, ¿no?. Había quedado con ellas antes de tener que venir a Salou. Por cierto, te he reconciliado con Lily y es fantástica en la cama. Esta noche espero convencerlas a ella y a Lorna para hacerlo con las dos a la vez".

"¿Quién eres?". Antes de que contestara, no sé porqué, sabía la respuesta.

"Soy tú. Es decir, casi. Somos gemelos univitelinos, aunque nuestros padres nunca lo supieron. A mí me eligieron para no tener una vida propia sino para vivir la tuya. Desde que nací, me enseñaron a desarrollar la telekinesia contigo".

"¿Quién?".

"No estoy seguro. He pasado toda la vida vigilado. Mis experiencias eran mentales a través de ti. Es posible que sea algo parecido al libro que leiste en marzo".

"Dos gemelos separados por un experimento de los servicios secretos yankis".

"En este caso, españoles. Conseguí escaparme cuando te fuiste a la playa sin decir nada a nadie. Me hice pasar por ti y les engañé incluso a ellos. Cuando volviste, me capturaron, pero ya era demasiado tarde. He aprendido a bloquear el contacto y, como sabes, he tenido experiencias propias. Ya no les sirvo. Creo que estuvieron dilucidando si suprimirme, pero les convencí de que la historia era tan fantástica que nadie la creería. Me han dejado salir a condición de que tengamos cuidado. Nos observarán de lejos mientras te enseño a hacer bidireccional la telekinesia".

"Todo esto es muy raro".

"Comprendo que te lo parezca, pero es real. Tan real como antes Laura cabalgándote, tan real como el delicioso coñito y el acogedor culito de Marta. Ahora vuelve con ellas. Creo que tienen más ganas. El viernes, procura estar solo antes del mediodía, que es cuando llegaré".

Estaba confundido pero no había otra explicación que la que acababa de oir. Esa noche tuve un extraño sueño, "o tal vez no exactamente un sueño", me dije al despertar.

Estaba en Salou, en el Avenida, casi a la hora de cerrar. Primero llegaba Lily, vestida muy sexy. Me besaba y me decía al oído que era un pervertido pero que sí, que pensaba llegar hasta el final.

Entonces aparecía la rubia (Lorna). En lugar de puñetazo, se inclinaba para besarme en los labios y luego se saludaban ellas y se piropeaban sobre su aspecto. Me marchaba de allí con una a cada lado ante el asombrado Lucas.

Dábamos una vuelta por el paseo, siendo la envidia de todos los tíos que nos cruzábamos. Luego cogíamos un taxi hasta la playa de Vilafortuny. Allí nos íbamos al agua y comenzaba la fiesta. Después, ya en la arena, sexo sin cortapisas. Mi polla siempre con un húmedo agujero en el que esconderse. Caricias, lenguas, pechos, culos, el olor de piel húmeda de mar y sudor, ...". Otra vez el teléfono.

"Esto va a ser más fácil de lo que pensaba. Me he despertado soñando que soñabas lo que pasó con Lorna y Lily en la playa. Estuvieron fantásticas, ¿verdad?".

"Pero era un sueño. El que estuvo con ellas fuiste tú".

"Espera", me dijo, "¿notas eso?". La lengua de pronto me sabía a sal y a mar.

"¿te has chupado el ... brazo?".

"Muy bien. No me duché al venir. Durante el sueño, el vínculo es más directo porque no interfieren las cosas que estás viendo y oyendo, pero ahora estás despierto y has podido adivinar lo que acabo de hacer. Supongo que ayuda estar hablando por teléfono. Tendremos que trabajarlo para que lo controles en cualquier situación".

"Y para que podamos bloquearlo", le dije yo, "sigo prefiriendo vivir mi vida y no la tuya".

"Exacto. Te aseguro que quien más desea eso soy yo. Sé que la mayor parte de mis recuerdos no los he vivido. Me enseñaron a nadar y a andar en bicicleta solo porque tú habías aprendido. Hasta que cogí tu coche, solo había conducido en simuladores, pero me sentí cómodo desde el primer momento. Sabía que a la marcha atrás le cuesta entrar. Lo conozco como la palma de mi mano".

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Tenía muchas preguntas que hacerle. En cuanto llegó el viernes, empecé a bombardearle. Estas fueron sus respuestas.

"No tengo nombre. Solo hubo una inscripción en el Registro Civil. Fue una de las primeras cosas que combrobé".

"El médico que atendió a mamá debía estar en el ajo, pero murió poco tiempo después".

"Sé que no somos los únicos. Había una niña a la que a veces veía en el laboratorio. Pero no tengo ni idea de cuantos".

"Sí. Ya sé que has estado indagando en el hospital y estoy de acuerdo. Es importante llegar hasta el final, conseguir pruebas y buscarnos una especie de seguro. Como esas cosas de las películas de: ABRIR EN CASO DE QUE MUERTE O DESAPARICIÓN. No sabemos lo que podrían hacer si ven peligrar su secreto".

"No intentaba torturarte o volverte loco. Solo quería vivir un poco de verdad. Decidí compartirlo contigo cuando tuve que ir precipitadamente a Salou. Quería conocer a mamá. Se extrañó mucho cuando la abracé. A partir de ahora somos dos y podemos llegar tan lejos como queramos. Podríamos robar con una coartada perfecta. Podríamos...".

"¿matar a alguien impunemente?", dije yo.

"Sabes que no me refiero a eso. Si tú eres incapaz de algo así, yo también. Lo del gemelo malo y el gemelo bueno no funciona en nuestro caso. Pero, ¿recuerdas a Mónica, la chica del ganster ese?".

Claro que la recordaba. Se me había insinuado claramente y sabía a lo que se refería. Uno de nosotros podía estar con él mientras otro se la beneficiaba y no sospecharía de nosotros ni aunque ella misma se lo confesara, cosa que probablemente haría. Parecía ese tipo de mujer.

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Yo fui quien se enrolló con Clara, la chica del archivo de la clínica en que nacimos. Fue sencillo entrar en su casa los dos una noche. Ella no lo supo pero nos la tiramos dos veces cada uno. Estando tan cerca, era cierto que podía casi sentirla tan real cuando mi hermano estaba con ella como cuando era yo. Nos costó bastante pero al final encontramos la agenda donde tenía escritas sus claves de acceso.

La clínica era universitaria y compartía red con la facultad. Desde su biblioteca, entramos en las historias clínicas. Todos los documentos habían sido recientemente escaneados y clasificados.

Encontramos la ficha del parto. Efectivamente, dos bebés habían nacido y uno había muerto a las pocas horas, pero no había ese día ninguna entrada en la morgue como otros días. El rasto del bebé, como mi hermano había supuesto, desaparecía.

"Pero, ¿por qué?", me preguntaba yo, "¿cuál es el propósito de semejante experimento a tan largo plazo?".

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Varios meses después, mi percepción telekinésica no había avanzado mucho. Estando cerca sí la notaba, pero quizás tenía un gran componente de sugestión. Además, empezaba a aburrirme llevar practicamente una vida entre dos.

Para evitar que nos descubrieran, uno de los dos tenía que permanecer oculto. Un día, cuando me tocaba salir, me encontré con Mónica, que me propuso tener una aventura con ella. Mi hermano se dejó ver en el club que regentaba su novio mientras yo hacía de todo con ella. Me gustó tanto, que acepté su proposición de fugarnos los dos muy lejos.

Habíamos conseguido un segundo pasaporte con el mismo nombre y mientras mi hermano ocupaba mi lugar en Madrid, yo me fui con Mónica a Estados Unidos. Pagaba ella con el dinero que le había estado robando a su novio. Oficialmente estaba en un sanatorio recuperándose de su adicción al alcohol. Ella llevaba mucho tiempo haciéndole creer que era una borracha empedernida y él tenía siempre carne fresca de sobra. En el sanatorio aceptaron un generoso pago por fingir que estaba allí ingresada y dar informes periódicos sobre su estado. Mientras tanto, Mónica y yo vivíamos a lo grande, primero en Florida y luego en Hawaii.

Solo mantenía contacto con mi hermano, que cuando le dije que se nos estaba acabando el dinero, me envió suficiente para varios meses más. La telekinesis no me permitía desde luego saber de donde lo había sacado, así que me creí su versión de que le había tocado la lotería.

Pero me cansé de Mónica, a la que dejé colocada con un millonario yanki que me la cambió por una preciosa filipina, María, con la que me dispuse a volver a Madrid.

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Pero en Madrid no había nadie. La llave de mi piso no abría y cuando llamé al timbre me abrió un hombre al que no había visto y que me Saludó con extrañeza. Al preguntarle qué hacía en mi piso, me miró como si estuviera loco.

"¿Te encuentras bien?. ¿Es posible que no te acuerdes de que me lo vendiste hace dos meses?".

Tal como esperaba, también se había despedido de mi trabajo, llevándose la indemnización, pero ese no era el mayor de mis problemas.

Había dejado deudas y no solo en los bancos. El. Ganster, el exnovio de Mónica, le estaba buscando. Conseguí escapar de puro milagro y me dirigí con María a Francia. Casi sin dinero, llegamos a casa de Lily, pero no fui bien recibido.

"¿Te atreves a venir aquí sin el dinero que me robaste?". Nos fuimos a Inglaterra pero no fuimos a ver a Lorna. Comprobé por teléfono que había hecho algo parecido. La rubia estaba hecha una fiera.

Pero lo peor fue cuando, tras salir un rato del modesto hotel en el que nos alojábamos, me encontré con que se había llevado a María. El anciano de la puerta me miró extrañado de que preguntara por ella, cuando acababa de salir conmigo un cuarto de hora antes.

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