Dog!

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Vamos!

La señora Mariela me sorprendió restregándome los ojos con mis manoplas de cuero desgastados. Un bostezo, un gemido, y me levanté sobre mis patas saliendo del cesto de cojines. Había dormido de forma fetal en el reducido espacio que me permitió mi cesta y claro, mis hombros y espalda dolían a medida que gateaba hasta mi dueña. Como siempre debía besar sus empeines, pero ella andaba muy rápido. No había forma. Veía borroso entre lagañas los finos tobillos de Mariela saliendo de la solana hasta la amplia cocina con mucha prisa. Me arrastré hasta ella rozando mi hocico en la ceda de su bata estampada que caen sobre sus gemelos. El olor del perfume y el brillo de su piel en los talones me prolongaba mi erección mañanera. Pero su andar decidido por la cocina me privaba de la atención de sus pies calzados en esas acolchadas y peludas zapatillas blancas que solo cubrían sus dedos y medio empeine.

Ella tocó los cuencos de mi desayuno del suelo con su pie, a lo cual entendí con agradecimiento mi cometido sin que ella tuviera que decir nada. Quería besar su empeine pero ella se fue a su asiento a unos metros de mi y me ignoró como casi siempre. Triste me dejé caer con los antebrazos al suelo a cada lado de mis dos cuencos de agua y pienso.

Comía tranquilo, paciente, y a la espera de la rutina de la mañana. Martes, un día mas en que para mi todo se repetía hasta llegar el fin de semana.

Cuando se oían los pasos de sus hijas Nagore y Edurne bajando las escaleras hasta nuestro nivel, dejé un rato mi desayuno y gateé hasta la entrada de la cocina meneando mi cola introducida en mi ano. La goma flexible con el arco hacia arriba se movían de una lado a otro. Mi culo en pompa estaba muy cerca de mi dueña que, sentada en su lugar se irritó por mi comportamiento tan expresivo y lascivo con mi sexualidad desesperada de atención.

Puede que bajo mis pelotas anilladas pudiera ver mi erección, no estaba seguro. De repente sentí un golpe en mis nalgas con su mano abierta y.... ¨Vuelva a su sitio". Regañó y yo rectifiqué.

Su orden me privó de la adoración de buenos días para sus hijas y me fui apenado hasta mis cuencos. Mi dueña Mariela ese día estaba algo molesta o disgustada. Me suponía que por lo ocurrido ayer. Y es que Nagore faltó a la confianza de mi dueña al dejar entrar en su casa a su novio en su ausencia. El enfado aún le duraba y por lo tanto se mostraba seria ante ambas hijas que apenas decían nada. Edurne por encubridora se llevó parte del regaño ayer por la noche.

Nadie estaba de humor para burlarse de mi y obstinar mis deseos con contradicciones de mandos. Las podía oír sentadas tomando sus largo vasos de sumos y sus tortitas en una mesa bien servida por su madre en una hora previa. Los olores de las tortas recién hechas me hacían sufrir ya que el pienso carecía de sabor. Masas de verduras y harina cada vez mas difícil de masticar era lo que tenía todas las mañanas. Se podía oír mi masticar en cada silencio de mis amas hasta que Ama Mariela habló...

" Veo que no puedo confiar en ustedes..."

Edurne la interrumpió defendiendo a su hermana menor... " Mama, pero solo vino a recoger unos apuntes..."

"¿ Y para eso tuvo que entrar hasta la habitación?. No, no vuelvas con lo mismo. Ustedes conocen las normas ".

Nagore, año y medio mas joven que su hermana, mantenía su silencio mientras absorbía el sumo de una pajita. Podía oír el chacoleo de sus zapatillas tipo chanclas de goma golpeando su planta. Al girarme de vez en cuando la podía ver sentada con las piernas cruzadas. Una piel bronceada y brillante que finalizaban en la tela de su camiseta gris un poco por debajo de su cintura. De frente su hermana me daba una visión mas atrevida con las piernas abierta. Su camisón recogido sobre sus muslos me dejó ver un poco sus braguitas blancas. Las sombras no dejaban mejor visión a la distancia, pero fue suficiente para volver a mi cuenco y comer el resto lo mas rápido posible. Quería terminar antes que ellas y así volver a mis costumbres de meterme debajo de la mesa.

" No puedo quedarme por las tardes en la oficina tranquila después de los visto "

" Ma, ya esta!, déjalo ya, No volverá ocurrir. Joder, cualquiera que te oye se piensa que hacíamos el amor. ¿Que te crees que soy? " Respondió por fin Nagore.

" No me responda!, en esta casa hay unas normas. No quiero chicos cuando no estoy en casa. Así que asuman sus castigo para este fin de semana y no vas a salir. "

Edurne pagó su precio por permitirlo. Y ambas resoplaron de enfado en un amargo desayuno a pesar de las delicias de frutas y tortas en la mesa.

Terminé!, una vez lamido y relamido mis cuencos, gateé hasta quedarme bajo la mesa. Como siempre buscaba mi momento de gozo bajo la mesa mientras mis amas desayunaban. Me coloqué de frente a las piernas entre abiertas de Edurne para olisquear su sexo a medio metro de distancia. A mi derecha sentía las patadas accidentales de Nagore con su pierna sobre la otra. La goma de su zapatilla daba golpecitos en mi cintura mientras aspiraba los aromas.

Opté por hacer las cosas por el orden de un beso sobre el empeine de Edurne esperando una rara posibilidad que abriera sus piernas con su madre delante. Pero no lo hizo como era de esperar. Al final dejé un rato mis labios semi cerrados sobre su empeine derecho de su pie libre de las zapatillas al estilo de su madre, aunque la tela mas fina. Aspiraba su olor natural y disfrutaba de un pie que descansaba sobre sus zapatillas quitadas. Su izquierdo igual, me atreví a mas lamiendo sus empeines hasta sus tobillos. Un pie y otro y vuelta. Esto la relajaba del disgusto ya que discutía con su madre. Aunque al final se fue suavizando los regaños de Mariela y decidí ir a por sus pies...

Las piernas cruzadas de Mariela dejaba visible su muslo derecho que salía de la suave bata. Me encantaba su bata rozando mi espalda mientras besaba las acolchadas y peludas zapatillas de su pie izquierdo sobre el suelo. Me giré hacia arriba y vi las plantas de las zapatillas del pie derecho sobre mi. Las besé, las lamí, y luego mi lengua tocaba su talón hasta que opté por meter mi nariz entre la planta y la suela y me quedé un buen rato aspirando su olor...

Mientras sobre mi Nagore habla... " ¿Te importa sacar a Dog hoy ya que sales una hora mas tarde? "

Edurne respondió afirmativamente y supe por fin quien me iba sacar ese día como todas las mañanas para mis necesidades fisiológicas.

Las chicas se van a sus centros de estudios dentro de una hora. Edurne mas tarde a la facultad y Nagore a su instituto en su último año allí. Pronto iba quedarme solo, ya que su madre y me dueña también se irá a su trabajo. Así que aprovechaba el momento bajo la mesa y busqué los pies de Nagore pero se levantó tan rápido como solo apenas pude besar la planta de su zapatilla en alto. La joven se fue a su dormitorio volviendo a subir al nivel mas alto de la casa, casi que iba seguirla pero Mariela llamó mi atención... "Dog! " Rectifiqué.

Volví a los pies de mi dueña y lamí su talón mientras ella meneaba las zapatillas. Entonces Edurne terminó su desayuno... Se levantó de la silla y me llamó... " Vamos Dog!"

Gateé hasta ella y la seguí con mucho entusiasmo hacia la puerta trasera de la cocina. Allí ella cogió la correa que colgaba en una esquina de la puerta y con un clic me la enganchó a mi collar... " Vamos chucho!" Me invitó a salir tirando de la correa y una vez abierta la puerta, salimos al exterior de la casa hacia sus jardines traseros.

Ella con solo su camisón turquesa y sus zapatillas de andar por casa me paseaba sacando mi desnudez al exterior. De todos modos la trasera gozaba de la intimidad brindada por sus muros altos. Sus vecino no podría vernos a pesar de que algunos me han conocido ya en este estado por alguna visitas o sobre todo su amiga y compañera de facultad Nuria que venía con frecuencia.

Vestido con tan solo mi collar color ocre con cocidos negros, mis manoplas ocres de cuero hasta mis muñecas con sus argollas plateadas en ellas, y la cola de goma color ocre para no hacer mucho contraste con mi piel penetrado en mi ano hasta que un relieve se ajustaba dentro de mi, dificultando su salida por los movimientos. A esto añadimos un broche de cuero negro rodeando la base de mis pelotas que enlazadas por pequeños aros de plata, se fijan con la cola y a un anillo de plata en la base de mi pene.

Para mis necesidades en jardín Edurne destrabó la fijación del broche con la cola, y sacó con cuidado el material introducido de mi ano. Dejó la cola sobre una banqueta de plástico para luego tirar de mi correa. De pies y manos copié su ritmo por borde de la pequeña piscina hasta llegar a otra puerta.

Edurne suspiró y asomó su rostro con cautela. Su pie me empujaba tras ella con el único objetivo de esconderme de posibles extraños tras esa puerta entre los muros de su patio. Al no ver a nadie tiró de mi correa y me sacó tan rápido como pudo por un sendero de cemento que daba hasta un estanque. Normalmente nadie va por allí salvo el portero de la vecindad para revisar los hidros de una caseta o cuarto de bombas cercana a nosotros. En esa caseta, tras ella, había una cuneta oculta de vegetación desordenada.

Mi lugar...

"Termina rápido Dog!"

De cuclillas defequé como siempre bolas secas por culpa de mi alimentación. Oriné de forma desordenada manteniendo una semi erección mientras miraba al ama Edurne de espaldas a mi con los brazos recogidos de frío. En realidad no hacía mucho frío a pesar de lo temprano que era, pero su camisón era muy fino y casi podría ver su braguitas, o mejor dicho su linea blanca metida entre sus glúteos. Nada mas terminar de orinar sobre los matos mi erección apuntaba de nuevo a mi ombligo. Casi que el anillo de plata en la base tiraba del broche de mis pelotas hacia adelante.

Ladré dos veces para llamar su atención. Ella se dio la vuelta y me vio aún de cuclillas con mis patas delanteras recogidas a la altura de mi pecho y mi pene erecto apuntando con las últimas gotas de orina. La estampa era odiosa para mi ama y sus cejas se recogieron de asco. De un tirón de la correa de mi cuello me devolvió a cuatro patas hasta que andamos de nuevo hasta su casa. Una vez dentro me quitó la cadena del collar y... " Espera aquí ". Dijo mientras se fue sola hasta llegar a una manguera enrollada. Tomó la punta y volvió a mi, abriendo y apuntando el chorro frío de agua sobre mis nalgas y genitales. Estaba sobre la plataforma de las duchas de la piscina y el agua corría hasta desaparecer por el sumidero. Pude sentir mas frío y tiritaba en pena. Mi erección destruida se convirtió en una masa endeble sobre mis bolas. Apenas cerró el agua, ya tenía en sus manos mi cola. Me lo puso cerca de mi boca, y repetimos el proceso antes de vestir mi culo. Chupé el cono circular del enchufe de mi cola para lubricarlo a pesar del mal sabor y repugnante olor a mi ano. Tenía que hacerlo y entre mas babas dejaba sería mejor para mi. Pronto lo quita de mi boca y desde que siento que se apoya con una mano en mi espalda, no tardo luego en sentir como con la otra mano empuja el cono por mi ano. El empuje decidido completa mi ano hasta que el relieve donde ya empieza la curva de la cola de goma queda bien ajustada en mi culo. Al final tomó el mango de la correa y nos fuimos hasta la entrada trasera de su casa. Luego destraba mi cadena y me deja libre para vagar por la casa.

Gateé hasta el salón principal con la esperanza de encontrarme a alguien pero no había nadie. Deseaba subir los escalones e ir a la habitaciones pero no podía hacerlo sin permiso. Así que esperé a la entrada de Edurne con la esperanza de que me invitara a subir con ella. Pero su entrada fue fugas y me ignoró. La hija mayor de mi ama subió las escaleras tan rápido como pudo.

Escuché a mi ama Mariela andar en tacones por la planta alta. Comencé a dar vueltas por el salón algo nervioso. Miraba la escalera y al ver que no bajaba seguía dando vueltas por la mesita. Deseoso meneaba la cola agradecido por el masaje en mi próstata del enchufe de goma. Una erección cada vez furiosa aguanta mientras cada vez escuchaba los pasos mas de cerca. Viene, viene pensaba.... Y si, sus piernas en medias finas y transparentes bajaban por los escalones con el taconeo de sus zapatos mas usuales para su trabajo.

Mi ama no tardó en llegar y sentare en los sillones diciendo... " Date prisa Nagore si quieres que te acerque al instituto". Una voz del baño de arriba respondió... " Espera, son solo cinco minutos.". Mariela suspiró mientras me veía gateando alrededor de ella olisqueando sus zapatos hasta que me dejó un pie mas elevado para que se los lamiera.

No hizo falta ninguna orden verbal. Normalmente la señora se deja lamer sus zapatos antes de salir todas las mañanas. Le encantaba ver como mi saliva le daba mas brillo al cuero. Mi lengua daba rápidas lamidas alrededor del calzado y la planta. Ella solo hacía tiempo esperando a su hija mientras yo la atendía orgulloso por mi valides del momento. Me encantaba ser tan útil e inteligente. Mis anticipaciones era la virtud que mas preciaba mi ama Mariela. Ella podría salir todos los días con sus zapatos brillantes gracias a mis servicios. La miraba de vez en cuando y pude comprobar que su humor cambió con una sonrisa. Su mirada era todo ternura hacia mi... " Mi Dog!, eres el único en esta casa que me haces caso " Se rió para si misma. Yo me subí de mis patas delanteras y le mostré mi erección jadeando con la lengua hacia un lado de mi boca. Moví mis caderas y la cola de goma y mi erección se balanceó con mas energía para divertir aún mas a mi dueña. " No Dog, ahora no". Bajé mis patas delanteras al suelo muy triste. Mi dueña no quería que montara sus piernas hoy. " Bobo, pensaba que eras mas inteligente. ¿no ves que voy a salir y llevo medias? ". Apenado asenté la cabeza a su respuesta y volví a lamer sus zapatos con mas pasión y entrega. Mostrando que, a pesar de la negativa, yo la sigo adorando. Mariela podría haber querido tener mi polla sobre sus piernas rozándose por sus pantorrillas. Esto la relajaba mucho, pero las medias fueron el inconveniente para mi descarga diaria de semen sobres sus pies. Al final tuve que hacer un gran esfuerzo para reprimir mi naturaleza animal y mi frustración brindó por la derrota.

"Voy ma!" Oímos a su hija Nagore bajando las escaleras. Desde que podría sentirla cerca mirándonos me viré a por sus pies...

Ella esperó mi repetido y esperado comportamiento mientras dejaba sus manos atrás y se apoyaba sobre la barras de madera del posa manos de las escaleras. Sus deliciosos pies estaban desnudos sobre la suela y las tiras de unas sandalias marrones. Las largas piernas bien tonificadas terminaban en un pantalón corto azul marino bien ajustados a sus muslos. Acorde al calor del día llevaba una camiseta sin mangas con estampados de colores pasteles hasta su ombligo joven. Nagore era físicamente la mas fina de sus hijas, pero sin embargo era la mas rebelde. Todo lo contrario que Edurne que con su apariencia mas fuerte y viva era la mas responsable. Ambas hijas rubias, pero Nagore era la única que dejaba su melena lisa caer casi a su cintura.

" Vámonos"

Su madre ya levantada del sillón invitaba a su hija seguirla.

Apenas pude besar y lamber sobre un empeine de Nagore y esta andaba hasta la puerta principal. Yo gateaba tras ellas besando los talones de ambas como podía hasta que...

" Dog!, sube que mi hermana te da permiso!"

Las palabras de Nagore me volvieron loco de emociones y no rodé un segundo en gatear hacia las escaleras con el sonido tras mía de la puerta cerrarse. Mariela y Nagore ya salieron de la casa mientras subía de pies y manos por las escaleras. El sonido mas cercano de la ducha en el baño principal me dio una pista divina de donde podría encontrar a mi ama Edurne. Y si, efectivamente...

"Dog!, que haces aquí?!

Sorprendida con las puertas de las ducha abiertas preguntó con vacilación. Ladré varias veces y dejé mi barbilla sobre el piso mirándola con desconsuelo.

" Anda, ve a mi habitación y quédate allí!" Ordenó.

Me temía que la invitación para subir a la planta alta era una broma de su hermana Nagore en vista de la sorpresa de Edurne. O puede que solo sea mi interrupción al baño el motivo de su respuesta al verme. El caso es que una vez dentro de su habitación me quedé fascinado del entorno desordenado, y nada mas ver sus zapatillas tiradas en el suelo, lamí las suelas desgastadas con devoción y buscando olores me embriagué de ellas.

"Que haces Dog?!"

Tras mía estaba ama Edurne sosteniendo la toalla en sus senos.

Admirado por la imagen gemí gateando hasta sus pies descalzos. Un beso de perdón interrumpido por su vacile me dejó besando el suelo y la ama se fue hasta su cama a sentarse.

" Que voy hacer contigo... Babeas mis zapatillas y yo solo le doy permiso a las plantas.

Me quedé mirándola fascinado al descubrir que su toalla cayó de sus pechos hasta su regazo. Sus pechos firmes y sus bonitos pezones eran una divina visión. Mi pene casi de forma automática endureció hasta su límite. No vacilé en mostrarme de rodillas ante ella y recoger mis manos bajo mi barbilla jadeando en suplicas que me dejara lamerla por todo cuerpo. Quería mas sabores de su cuerpo húmedo a parte de los que he conocido como sus pies, pantorrillas, muslos y su sexo. Pero ella ignorando mi deseo tomó la toalla de sus muslos y se lo enrolló a su pelo mojado diciendo...

"Tienes que estar enseñándome ese pitito tieso siempre que me vez?... Echate al suelo... Bueno, si quieres seguir jugando con mis zapatillas, ve... Pero no lamas mas las suelas donde pongo el pie baboso. Darle la vuelta y limpia las exteriores."

Obedecí antes de que terminara la frase y con la dificultad de mis manoplas conseguí darle la vuelta mientras ella andaba por su habitación buscando su ropa interior y ropas para salir a la facultad.

Aunque yo me esforzaba en limpiar la suciedad de las suelas no le quitaba ojo y meneaba la cola para su atención. Algo de liquido seminal salía de mi glande cuando la goma anal se movía en mi próstata. Era inevitable a pesar de que no quería manchar sus suelos. Por ello de vez en cuando rozaba mis muslos por el glande para derramar esa humedad caliente por mis patas traseras.

Edurne ya con unas bragas finas me quitó las zapatillas de mi boca y las puso bajo su cama. Luego fue a por su sujetador sobre la cama y se lo colocó firmes a su pecho diciendo...

"Dog, ve abajo!"

Como un rayo sobre mi cayó su rechazo y tuve que salir gimiendo lloros.

Atormentado de excitación frustrada me arrastré por el salón sin quitar la vista de las escaleras. El deseo de ver pronto a Edurne bajando por ellas era desesperante y sentí unas ganas enorme de tocarme con las manoplas. Podía oírla andar y golpear las puertas de su armario con prisas. Casi que corría descalza del baño a su habitación y viceversa colocando y vistiéndose como si se le hiciera tarde.

Pronto bajó las escaleras vestida y calzada con unas bailarinas flats planas y se fue a la cocina. Como sabía que la seguiría me dijo desinteresada...

"Te quedas en la solana...Nooo Dog, no... Deja mi calzado baboso."

Intenté lamer el cuero de sus flats pero apartó su pie de mi boca. Casi que rogaba que me dejara en el patio y mi ama Edurne me quiso encerrar en la solana. Hubiera preferido el patio ya que sabía que me iba a quedar solo pero ella señaló mi cama de perro y no tuve mas remedio que ver como cerraba la puerta ante mi tristeza.

Tan pronto se fue me quedé solo ante el aburrido blanco de las paredes de la solana con mis manos y rodillas sobre el cojín de la cesta de perro. Pude oír como cerraba con llaves su casa y mi mente vagó en la pena por mi nueva ubicación cuando quedé solo en casa. Y es que antes me dejaban en la trasera, en el patio y piscina, donde sobrado de espacio, gateaba sus alrededores y miraba por los huecos de las verjas laterales y entrada a los vecinos mas cercanos. Lo hacia discreto y ocultando mi condición de mascota humana. Pero mi ama Mariela desconfiaba de mi ya que siempre me decía que mi humanidad se perdió junto con la vergüenza.

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