Dos Chicas

byVudu Blanco©

Shirll separó sus piernas y reclinó la cabeza contra la cama. La música tenía un sonido profundo que penetraba hasta lo más profundo de su ser, haciendo que sintiese de una forma mucho más excitante el erotismo del ambiente. Sus dedos trazaron el contorno de las suaves líneas de su cuerpo. Usar un cuchillo para rasgarse las bragas le pareció mucho más erótico y estimulante que el simple hecho de quitárselas o de masturbarse por encima de la empapada tela. Arqueó la espalda e intentó romper el sujetador haciendo fuerza hacia adelante con sus enormes pechos. A través del tejido del sostén se veían aquellas gigantescas tetas y el oscuro círculo que las coronaba. Estaban húmedas a causa de sus secreciones. Entonces empezó a masajeárselas con la mano izquierda, mientras la derecha yacía suavemente y sin moverse sobre su muslo. Bajo las suaves caricias, sus elegantes pechos se dilataban al tiempo que ella gemía y sonreía. Estaba empezando a correrse. Su pecho era tan impresionante visto a través del sujetador que no soportaba la idea de verlo desnudo.

De repente, la puerta se abrió y su compañera de cuarto entró en la habitación... y se quedó mirando. Shirll no hizo en absoluto ningún intento por taparse. Separó aún más sus piernas y se tocó suavemente los genitales con los dedos, llevándose un poco de los jugos que allí fluían a su lengua.

- Hola, Tanis -dijo, y arqueó la espalda con un grito de dolor rompiendo el cierre del sujetador al hacerlo.

Sus tetas salieron disparadas pero se quedaron casi tiesas, cosa extraña en alguien que las tenía tan grandes. Y en la punta de aquellos inmensos pezones había un líquido transparente fluyendo que se parecía de alguna forma al semen. Tanis estaba mirándola boquiabierta por el asombro, en parte porque nunca antes la había visto desnuda. La otra razón era el extraño fuego que sentía recorrer todo su cuerpo. Inconscientemente se tocó por encima de los vaqueros, como hacía siempre que se sentía así. Lo cierto es que lo había hecho muchas veces delante de Shirll, e incluso se había excitado cuando esta la observaba hacerlo, aunque nunca había pasado nada más allá de observarse la una a la otra masturbándose por encima de su ropa. Ahora, sin embargo, parecía que eso podía cambiar.

Tanis cerró la puerta y se acercó a Shirll, quedándose de pie al lado de ella. Se miraron la una a la otra largo rato y por fin, Tanis se quitó la camiseta dejando a la vista sus propias tetas. Nunca llevaba nada para sujetárselas aunque las tenía de un tamaño más que aceptable. Se sentó en el borde de la cama y se inclinó hacia Shirll. Pudo sentir el calor que emanaba de ella y oler el seductor aroma de su cuerpo.

Shirll empezó a masturbarse de nuevo, esta vez de una forma más directa, con la parte de atrás de su dedo índice contra su raja, apuntando hacia arriba mientras dentro de su vagina actuaba un segundo dedo, buscando quizás el famoso Punto Graffenburg o Punto G, al tiempo que el resto de los dedos acariciaban sus labios y la parte interna de sus muslos. Estiró las manos y rozó con ellas los pezones de Tanis, provocando un frenético gemido. Tanis se puso en pie y se quitó los vaqueros, luciendo unas empapadas bragas rojas de seda. Al tiempo que dejaba a la vista el resto de las partes de su cuerpo, demostró que no era nueva en el mundo de los placeres orgásmicos.

La carne de alrededor de su coño estaba muy hinchada y distendida, fruto sin duda de miles de horas dándose placer en soledad. Se subió a la cama, arrodillándose al lado de Shirll y separó sus muslos. Entonces, con ambas manos separó los labios de su vagina, mostrando hasta el más recóndito rincón de su interior... Al instante siguiente, las dos estaban una en brazos de la otra, riendo y llorando al mismo tiempo. Sus tetas estaban al mismo nivel, pezón contra pezón, y se apretaban y frotaban una contra la otra gracias a la lubricación natural que la propia Shirll proporcionaba. El tamaño de sus coños era de gran ayuda a la hora de sentir el contacto entre ambas, y muy pronto alcanzaron un orgasmo juntas.

Una vez liberada la tensión inicial se calmaron un poco y se pusieron a hablar y a masturbarse mutuamente. Se reían mientras hablaban, pero cuando una de ellas, excitada por la mano de la otra, alcanzaba un orgasmo, se detenían durante un minuto para descansar. A medida que sus "operaciones" se iban haciendo cada vez más atrevidas, Tanis contó que se había estado acostando con su hermana mayor durante muchos años. Contó que se iban a dormir, desnudas las dos, y abrazadas, a menudo con sus dedos dentro de la raja de la otra. Tanis y Shirll dejaron por fin que la pasión las llevase y se comieron el coño mutuamente, saboreando ese sabor agridulce que solo es perceptible cuando una chica le está comiendo el coño como una posesa a otra. Y es que, como casi todo el mundo sabe, sólo una mujer sabe cómo darle placer a otra mujer en el sitio justo...

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