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El Chico Portugués

byMaduro_bcn©

Al llegar al hotel vimos que en el porche de entrada había un grupo de cinco jóvenes sentados en las escaleras que accedían a la entrada, hablaban animadamente entre ellos y bebían cerveza a morro.

Al pasar junto ha ellos nos dimos cuenta que eran portugueses, seguramente habían venido con sus padres en un viaje organizado. Uno de ellos, seguramente el mayor y al parecer la voz cantante del grupo, se dirigió a nosotros pidiéndonos un cigarrillo. A pesar de de lo extraño de la petición le ofrecí uno y también al resto de la pandilla no sin antes preguntarles si todos tenían edad para fumar, no me acaba de creer que todos fueran mayores de 18 años. Acabe por dar fuego a todos ellos.

Estábamos en el hall del hotel esperando al vigilante nocturno, cuando el muchacho se dirigió de nuevo a nosotros invitándonos a una cerveza. Me hizo gracia su atrevimiento y no dejé de advertir que no quitaba los ojos a mi mujer. Le respondí que la cafetería estaba cerrada pero él respondió que el vigilante tenía una nevera llena de cervezas entre otras cosas. Mientras esperábamos que nos dieran las llaves de la habitación el muchacho nos estuvo explicando que era de Porto, que era estudiante, que tenía muchas amigas pero no novia, se defendía más que bien en español. Cuando regreso el vigilante y antes que nos diera las llaves el chico se dirigió a él pidiéndole tres cervezas y poniendo el dinero encima el mostrador. Se dirigió a mi esposa y le dijo – Vamos señora bebámoslas sentados en la cafetería.- Nos hizo gracia su desparpajo, nos miramos y aceptamos su invitación sin intercambiar palabra entre nosotros.

La cafetería estaba cerrada, por lo que las luces estaban apagadas, nos sentamos cerca del hall, de ese modo la luz del mismo iluminaba tenuemente el sofá donde nos sentamos. Mi mujer se sentó a mi lado y él lo hizo en una butaca enfrente nuestro. De nuevo retomó la palabra hablando sobre si mismo y sin parar de observar a mi mujer, sobre todo sus piernas. Al rato se presentaron dos de sus amigos, no entendí lo que decían pero apercibí que nuestro joven amigo se sintió incomodo por su presencia.

Al preguntarle Mabel que es lo que querían sus amigos él respondió que eran unos críos que solo pensaban en jugar.

No le dejé reiniciar su soliloquio y le pregunté que tal iba de amoríos, respondió que no tenía ni había tenido novia, pero si muchas amigas, que no quería atarse con nadie, termino confesándonos que no podía quejarse en ese asunto. A pesar de su aparente desenvoltura no dejé de apercibir en él cierta turbación. No obstante pareció envalentonarse y dirigiéndose a mi me dijo – ¿No se sentirá molesto si le digo que tiene una esposa muy atractiva? – Sonreí y le respondí que más bien se lo tenía que decir a ella.

Terminamos con las cervezas, él se ofreció para ir a buscar más. Cuando nos quedamos solos le pregunté a mi esposa que opinión le merecía aquel muchacho, respondió que lo encontraba demasiado joven y prosiguió diciéndome que lo encontraba simpático, agradable y muy guapo.

Tardaba bastante en regresar por lo que decidimos dirigirnos al hall. Lo encontramos enzarzado en una discusión con sus amigos, al parecer estos pretendían tomar también una cerveza con nosotros. Pedimos nuestra llave y nos dirigimos hacia los ascensores. Vimos que la discusión terminaba tan pronto comprobaron que nuestra intención no era la de tomar una cerveza con ellos. Al entrar en la cabina el joven portugués lo hizo detrás nuestro. Mientras el ascensor subía dijo de sopetón

– Si no fuese por mi hermano pequeño os invitaría a tomar la última en mi habitación. – Mi esposa y yo sonreímos y acto seguido yo me quede estupefacto cuando le oí decir a ella

– – Pues ven tu a la nuestra a tomarla – A pesar de que era lo que más deseaba en el mundo el chico no se lo esperaba, de todos modos respondió afirmativamente balbuceando y asistiendo más bien con la cabeza.

Una vez dentro de la habitación mi mujer hizo el ademán de quitarse los zapatos de tacón alto, pero antes que lo hiciese le sugerí que probablemente nuestro joven amigo preferiría que los llevase puestos, dicho este le pregunté a él que prefería. Por supuesto él prefería que siguiese con los zapatos puestos. Yo ya estaba decidido a encender aún más al muchacho por esa razón le pregunté

- ¿la encuentras más sexy, verdad?.

Mi esposa se sentó en el borde de la cama, al hacerlo fue generosa respecto a mostrar sus muslos dejando que la falda se le subiese mucho más de lo normal. El permaneció sentado en una butaca sin quitar los ojos de encima de mi esposa, estaba callado oyendo mi discurso sobre la belleza femenina en general y sobre lo atractivas que resultaban algunas mujeres maduras

- ¡atractivas y atrayentes! – sentencié cerca de él y proseguí

- por cierto ¿Te atrae mi esposa, la encuentras atractiva? – Al oir estas palabras mi mujer se levantó y dijo que iba al lavabo.

Al quedarnos solos en la habitación me dirigí al muchacho hablándole del siguiente modo,

- hablemos de hombre a hombre, ¿te parece bien? El respondió con un escueto O.K., entonces le pregunté directamente

- ¿quieres estar con ella? – Parecía como si no le saliesen las palabras, le insistí

- ¿qué si quieres jugar con ella? – balbuceando me pregunto

– ¿se refiere usted a que yo y su señora podemos llegar a estar... - no le deje proseguir

– ¡¿Qué si quieres follártela?!

- No seas bruto y no hables tan alto – oí que mi mujer decía detrás mío.

Era evidente que el muchacho estaba nervioso, se le habían ido las palabras y aunque desease estar con mi mujer en aquel momento no sabía como comportarse. Ella buscó en el dial un canal de música bailable, se acercó al sillón donde él permanecía sentado, lo beso en la boca y cogiéndolo por una mano le propuso bailar.

En la nevera habían un par de Benjamines pero ninguna botella de Champagne, llené un par de copas y se las ofrecí diciéndoles

– ¡Nada mejor que una copa de Champagne para iniciar una relación!

Dejé la habitación en penumbra gracias al temporizador, acto seguido me preparé un trago muy largo de whisky con mucho hielo.

Me senté en la butaca dispuesto a observar como mi esposa seducía a aquel muchacho. Ellos seguían bailando, lo hacían muy juntos como pegados uno al otro, sus bocas unidas en un interminable beso. Ella le acariciaba la nuca, él mantenía ambos manos sobre sus nalgas arrimándola hacía su sexo. Al rato observé que él le decía algo al oído, dejaron de bailar, hablaban bajo pero reparé que empezaron a desnudarse mutuamente, al bajarle los calzoncillos el miembro del joven salió disparado como por un resorte. Algo le dijo ella en voz baja mientras con una mano le acariciaba el miembro. Reanudaron el baile ella conservaba puestos los zapatos pero él iba completamente desnudo. De vez en cuando él miraba en dirección donde yo estaba sentado. Me di cuenta que el muchacho se sentía cohibido por mi presencia. Convencido como yo estaba que el chico se estrenaba decidí no fastidiarle su debut, cogí mi bebida y salí a la terraza. Al cabo de un rato giré la cabeza al oír como mi mujer me preguntaba donde había guardado los preservativos, caí en la cuenta que nos habíamos quedado sin ninguno, y le respondí

– No creo que sea necesario que utilices condón, me parece que lo hace por primera vez – a lo que ella respondió

-¡yo estoy segura! Dicho esto su cabeza desapareció tras los visillos.

Me adormecí sentado en la terraza, al despertarme aún era de noche pero no sabía el tiempo que había transcurrido. Me había quedado sin bebida, además quería ir al retrete por lo que entré de nuevo en la habitación. En aquel preciso momento lo estaban haciendo al estilo perro, musité – perdón – pero seguro que ni me oyeron. Dejé lo de servirme la bebida para más tarde y me dirigí directamente al cuarto de baño. Casi de inmediato oí llamar a la puerta, era mi esposa que necesitaba lavarse.

Al entrar advertí su rostro radiante, el que tiene cuando la han follado satisfactoriamente

– vaya ¡veo que te ha pegado un buen polvo! – ella me rectificó comunicando que era el segundo. Se lavo en el bidet y me dijo que iba a tomar una ducha.

Regresé a la habitación, el chico estaba tumbado en la cama con las piernas y brazos completamente extendidos.

- ¿Qué tal te ha ido? – le pregunté no sin dejar de reprocharme en mi interior lo absurdo de la pregunta.

- ¡De fábula! – me respondió mientras se incorporaba para sentarse encima la misma.

- ¿Así que te ha gustado follártela? – por lo visto yo seguía con las mismas estúpidas preguntas. Mientras tanto me preparé una nueva bebida.

- Mucho, muchísimo – respondió y tras una pausa prosiguió – Su esposa es muy atractiva, a mi me gusta mucho, se ve que tiene clase – no entendí bien a que se refería con lo de tener clase.

- Iniciarse con una mujer madura tiene sus ventajas – comenté. - ¡Madura y sexy!- rematé.

- Si su esposa es muy sexy...

Seguimos hablando hasta que ella salió del baño, se sentó junto a él encima la cama. Al mirarlos juntos observé que el muchacho estaba empalmado de nuevo y apercibí que no estaba nada mal dotado. El chico le cogió la mano que tenía más cercana y la puso sobre su miembro, ella inicio una lenta masturbación. Abrí la segunda botella de Benjamín y les ofrecí una nueva copa

- ¡Nada mejor que una copa de Champagne para celebrar un buen polvo! Dicho esto les dije que iba a tomar una ducha.

Al regresar a la habitación pude ver al muchacho tumbado boca abajo y a mi esposa haciéndole el "beso negro" mientras derramaba lentamente champagne entre sus nalgas. Pensé que no estaba nada mal para se la primera vez.

Esta vez permanecí observándolos, él ya no se inmutaba que lo estuviese observando. Ël la folló de nuevo y cuando terminaron y aprovechando que mi mujer fue a lavarse le dije que estaba clareando el día y que sería mejor dar por finalizada la fiesta. Antes de salir me preguntó si podría volver a estar con mi mujer, le respondí que ya veríamos. Antes de salir se despidió de mi esposa.

Lo primero que hice cuando mi mujer vino a la cama fue ponerme entre sus piernas y comerle el coño. Me encanta hacerlo después que un hombre la ha follado, encuentro los labios muy apetitosos como tiene de hinchados y cuan melosos resultan.

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