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El Granero

byVudu Blanco©

Los dos corrieron hacia el granero, pues se habían visto sorprendidos por la tormenta. Aquella cálida tarde de domingo, unas oscuras nubes habían ido cubriendo lentamente el cielo, pero como el sol parecía ir ganando terreno, habían decidido sentarse en la hierba y disfrutar de un relajante pícnic. Habían saboreado varias botellas de vino frío mientras miraban los distantes relámpagos. Estaban hablando, sin prestar demasiada atención al cielo, cuando de repente notaron un aumento en la velocidad del viento.

El fuerte viento había acercado rápidamente la tormenta a donde ellos estaban y las primeras grandes gotas de lluvia empezaron a caer mientras precipitadamente recogían sus mantas. El coche quedaba igual de lejos que el aparentemente desierto granero, y aunque su primer movimiento fue en dirección al vehículo, al comprobar que la lluvia arreciaba con más fuerza desde ese lado, corrieron hacia el viejo edificio.

Un trueno estalló sobre sus cabezas justo cuando entraban atropelladamente en el granero, completamente mojados ya y temblando a causa de la lluvia. Una vez en la cálida comodidad del granero, se echaron a reír pues la situación les había parecido divertida. A través de las ventanas pudieron ver lo que quedaba de su pícnic; un cubo de hielo que a ninguno de los dos se les había ocurrido coger, en donde dos botellas vacías se sacudían alegremente arriba y abajo movidas por el viento y el impacto de la lluvia.

Hicieron un recuento de lo que habían logrado llevarse, secando la radio y poniendo el resto de la comida en una bolsa. Acto seguido tendieron la manta sobre el heno que cubría el suelo, con la intención de que se secase un poco a pesar de aquella húmeda atmósfera.

Harto de llevar aquellas ropas empapadas, el chico se quitó la camiseta y la extendió al lado de la manta, luego empezó a trastear con la radio, intentando encontrar una buena emisora de FM que no se viese afectada por la crepitación causada por los relámpagos. La chica no vio razón alguna para seguir llevando aquella ropa tan empapada solo porque fuese chica, así que se quitó el fino vestido blanco de verano que llevaba puesto sacándoselo por la cabeza. Usó las pocas zonas secas que quedaban en él para intentar secarse la cara y su húmeda ropa interior.

Ajeno a todo esto, el chico encontró por fin una emisora de rock. Cuando se giró, la vio extendiendo el vestido al lado de su camiseta, se olvidó por un momento de sí mismo y se quedó observándola vestida solo con su húmeda y casi transparente ropa interior. Ella le vio y él se dio la vuelta, sonrojándose, allí de pie con sus pantalones chorreantes, intentando obligarse a no mirarla.

- ¿Te piensas quedar ahí de pie con esas ropas empapadas todo el día? -se burló ella- Esos vaqueros podrían estar secos para cuando la tormenta pase.

El se giró para quitarse los pantalones, sabedor de su repentina erección. Pero rápidamente se dio cuenta de que iba a ser imposible ocultarla e intentó actuar como si no pasase nada, alisando los vaqueros con aparente tranquilidad para luego tenderlos al lado del vestido, con su polla apretándose contra la parte delantera de sus húmedos calzoncillos.

- Este sitio no parece nada confortable -dijo ella, mirando sutilmente el glande del chico, cuyas formas se dibujaban claramente a través de los mojados calzoncillos.

Él intentó colocársela mejor, pero lo único que consiguió con aquello fue que se le saliese la polla por arriba de los calzoncillos, lo cual intentó remediar subiéndose la goma. Finalmente se rindió y se bajó los calzoncillos hasta el suelo, se los quitó y los lanzó sobre el heno al lado del resto de la ropa.

- Así está mejor -dijo él, intentando fingir que aquello era completamente normal. - No sé -dijo ella, cogiéndole la polla con una fría mano y tirando de él hacia sí hasta sentarse en el borde de la manta- No sé si es normal que esté tan húmeda. Quizá debería secártela.

Al acabar de hablar le dedicó un guiño que a él le encantó. Ella le hizo tenderse sobre la manta y le pasó la lengua por toda la polla, desde la base hasta la punta. Luego empezó a moverse, recogiendo con lentos lengüetazos cada una de las gotas de agua que había sobre su cuerpo, sobre su pecho, sobre sus brazos, en su ombligo, por sus muslos, evitando con cuidado su sexo, mientras dejaba que su larga y empapada melena se arrastrase por todos los lugares por los que pasaba. Como él emitía leves sonidos de aprobación, ella siguió, luego volvió atrás un segundo, observando con atención la pequeña cuenta de líquido que salía por la punta de su verga, la cual ya estaba empezando a caer por su glande.

- Vaya, he desperdiciado una gota -dijo mientras alzaba su polla con los labios.

La deslizó al interior de la boca, chupándola firmemente. Él gruñió, cerrando los ojos mientras ella seguía chupando, pasando sus dientes por la parte de abajo de su glande, jugando con la lengua en el agujero de la punta de su polla. Se paró un momento pero solo para seguir chupándola pero ahora desde otro lado. Ella se dio cuenta de que con aquello estaba empezando a volverlo loco de placer y siguió chupándosela, más fuerte, trabajando con su lengua el punto que hay bajo el glande, mientras él empezaba a jadear y a gemir.

- Me... corro... -murmuró él entre jadeos.

Esto hizo que la chica se detuviese, aunque solo un momento, solo lo justo para colocarse mejor. Luego empezó a chupársela con firmeza, no dejándole entonces ninguna oportunidad. Se puso tenso y empezó a disparar chorros y chorros de caliente semen en su boca, marcados por ahogados gritos mientras ella continuaba chupándosela. A medida que él se iba recuperando, ella iba disminuyendo el ritmo, pero aún así a ratos seguía chupándosela, arrancándole un espasmo más, un grito más, mientras su cuerpo se estremecía con los últimos efectos de su corrida. Durante un momento, ella continuó jugando con su cada vez más blando miembro, pero luego él se sentó para mirarla a los ojos.

- Vaya. Había olvidado que aún estaba completamente empapada -dijo ella, bajándose uno de los tirantes del sujetador a modo de invitación.

Él captó el mensaje, se levantó y la tumbó de espaldas sobre la manta, mientras se inclinaba hacia sus abundantes pechos. Empezó mordisqueándole el pezón que era claramente visible a través de la tela casi transparente de su sujetador. Soplaba aire frío sobre la húmeda tela, para luego levantársela y chuparle el firme pezón con su cálida lengua, después le chupaba todo el pecho y luego repetía toda la operación con el otro. Ella ya estaba excitada por el trabajo que había hecho con su polla, así que enseguida empezó a gemir, primero suavemente y luego más alto, mientras arqueaba su espalda para facilitarle la labor de pasar sus manos por debajo de ella y desabrocharle el sujetador.

Apretando sus pechos con más firmeza y dando vueltas con sus pulgares alrededor de sus endurecidos pezones, fue dando pequeños mordiscos hasta su ombligo, deteniéndose allí para chupárselo, bajando luego con sus labios a través del húmedo bosque de su vello púbico. Arrastrando sus dedos hasta aquel mismo lugar, abarcó todo su pubis con su enorme mano y comenzó a acariciar con sus dedos toda su extensión, luego diseminó los fluidos que salían de su sexo para mezclarlos con las gotas de lluvia y de vapor que aún permanecían sobre su cuerpo, al mismo tiempo acabó de bajarle las bragas con la otra mano. La puso a cien al deslizar parcialmente un largo dedo en su interior, rozando levemente su clítoris con el pulgar mientras metía y sacaba el dedo de su coño. Ella podía sentir el erecto miembro contra su pierna, derramando ya sus preciosos fluidos mientras él recorría con la punta de la lengua sus labios inferiores. Decidiendo que ya había tenido suficientes juegos previos, ella enredó los dedos en su pelo y le levantó la cabeza acercándola a la suya. Se estiró para agarrarle del culo, tirando de él y acercándole hasta alcanzar sus labios. Mientras se besaban, él se dio cuenta de lo que ella quería por la forma tan frenética en que buscaba sus labios.

Dejándose ya de juegos previos, pegó su polla contra su abertura y la deslizó suavemente por su estrecho y comprimido coño, mientras ella detuvo sus besos durante un solo instante y gimió para demostrarle su aprobación. Los labios en contacto, respirando juntos. La polla entrando y saliendo de su interior, sacándola hasta que su glande quedaba únicamente sujeto a ella por el elástico músculo de su coño. Metiéndola cada vez más profundamente al tiempo que ella relajaba su cuerpo para permitirle una mejor penetración, mientras él empujaba con fuerza contra su lubricado coño. Enseguida, imprimieron más velocidad y ella levantó sus piernas, mientras él se alzaba para embestir con más fuerza, empujándola hacia atrás con cada empellón, haciendo deslizar su espalda atrás y adelante con la fricción de su estrecho coño contra su hinchada polla. Ella le rodeó las caderas con sus piernas, acercándole suavemente al principio hacia sí con ellas, pero usándolas luego para lanzarle cada vez con más fuerza hacia el interior de su coño. Él tensó sus músculos y consiguió así meterle otros dos centímetros en su presionante vagina. Ahora estaba casi sentado y le puso las manos sobre los pechos, jugando con los aún hinchados pezones, bajándolas luego hacia sus caderas y levantándola para metérsela aún mejor, excitando con la punta de su pene ese punto tan sensible de su interior. Ya no podía aguantar aquella sensación contra su hinchado glande. Como ella se movía de forma espasmódica, él redujo velocidad de su movimiento durante un segundo, teniendo cuidado una vez más de sacarla completamente de su coño, para después volver a metérsela, pero más rápido esta vez, mientras ella gritaba de placer.

Finalmente, él comenzó a sentir una hirviente sensación familiar en sus costados, al mismo tiempo que empezaba a alcanzar su propio orgasmo. Sin disminuir de velocidad, cogió el ritmo y se puso a gritar de placer al sentir cómo empezaba a rociar la vagina de la chica con su caliente semen. Pero no por esto abandonó los movimientos adentro y fuera de su coño, ya que ella le hacía continuar con ellos, atrayendo su cuerpo hacia el suyo con la ayuda de sus piernas, haciendo que los abundantes líquidos vertidos a causa de sus orgasmos salpicaran entre ellos. Mientras ella aún se sacudía y estremecía con los últimos espasmos de su orgasmo, él le sacó la polla del coño, a lo que ella respondió con un sonoro gemido por haber perdido aquel placer de su interior.

Él besó sus labios, suavemente, luego empezó a bajar por su cuerpo de nuevo, para acabar con lo que estaba haciendo cuando fue interrumpido por las peticiones de ella. Lamiendo los mezclados jugos de sus muslos, alrededor de sus hinchados y tiernos pliegues, se acercó a su delicado coño para lamerlo. Ella echó hacia atrás la cabeza, mientras él continuaba lamiéndola, limpiándola, pero también estimulándola. Se lo lamió entero, pero luego deslizó la lengua hacia su abertura y entonces comenzó a excitarle el clítoris con ella. Apartando la piel con sus dedos, se colocó de forma que pudiese tener acceso al más sensible de sus tesoros y comenzó a lamerlo con firmeza. Al hacerle esto ella empezó a respirar con fuerza otra vez. Siguió lamiéndola, chupándola y excitándola mientras ella perdía la noción del tiempo, sintiendo cómo hormigueaba y quemaba en su interior la sensación de otro orgasmo a punto de llegar, y esta vez uno de los buenos.

Con apenas unos débiles movimientos de sus caderas, casi meciéndolas, ella conseguía que él le siguiese chupando en el punto exacto, empujando su cuerpo contra un intruso imaginario, lo cual él contrarrestaba deslizando dos largos dedos en el interior de su coño, sin dejar ni un momento de mover la lengua contra su hinchado clítoris. Usando los gemidos de la chica a manera de mapa, se lo chupaba con más fuerza cuando notaba que su respiración se hacía más pesada y entrecortada, gimiendo y suspirando continuamente mientras iba allanando el camino al ya cercano orgasmo. Mientras ella atenazaba la espalda de él con sus piernas, él deslizaba hacia abajo el dedo meñique para extenderle sus propios jugos por la suave superficie de su culo, excitándolo ligeramente con la punta del dedo. Aquella sensación última fue demasiado para ella y se corrió ruidosamente, arqueando involuntariamente la espalda, meciendo las caderas mientras intentaba mantener el clítoris pegado a sus complacientes labios.

Perdida aún en la sensación de su orgasmo, empezó a calmarse, pero enseguida le sintió lamiéndole otra vez el clítoris con largos y firmes lengüetazos, pasando su cálida lengua por su ya extremadamente sensible carne. Temblando y estremeciéndose, apenas capaz de tomar aire, volvió lentamente de su estado de éxtasis, solo para darse cuenta, después de recuperar la respiración, de que de nuevo podía sentir su duro miembro contra su pierna, palpitando al ritmo de su corazón.

Los dos sonrieron, sabiendo que aún pasaría mucho tiempo antes de que pudiesen ir a ninguna parte. Un trueno resonó en la distancia.

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