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El Investigador Cap. 02

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El Investigador Cap.2

Comienza la investigación

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1

Karen, desnuda en la cama, tenía dos realidades que enfrentar: había sido drogada y sentía la potencia de la penetración de ese hombre, el que había conocido tan solo horas atrás y sin embargo su excitación, muy a su pesar, seguía creciendo como una ola que cubría todo su cuerpo. En este momento no quería sentirse así, participando, tal como lo había hecho minutos atrás cuando había sentido un orgasmo tan intenso, que no había podido resistirse de rodear con sus muslos y sus piernas la cintura de él y aprisionándolo, había buscado que la penetrara aún más profundo, mientras su cuerpo temblaba, se retorcía y lo mojaba con los jugos que lanzaba su uretra debajo de él.

Ahora, desmadejada sobre la cama, su cuerpo se sumía poco a poco en un sopor incontenible; sus brazos y piernas estaban lánguidas sobre la cama, sin fuerzas, tal como se sienten cuando uno recién despierta en la mañana; pero, ahora era al revés, estaba a punto de entrar en un sueño que no podía evitar. Veía como el rostro del hombre, se iba desdibujando frente a su cara, ese rostro que hacía minutos sorbía con su mirada, porque había sido capaz de despertar en ella sensaciones increíbles, que no creía haber sentido con todos los otros hombres con los que había tenido sexo en tantas otras ocasiones, después de su rompimiento con Peter. Quería rechazarlo porque la había drogado, no sabía con qué intenciones, pero, al mismo tiempo, quería seguir sintiendo su verga exquisita que abría las paredes de su vulva con cada penetración; deseaba que no detuviera los golpes de sus caderas contra las suyas y dejar que todo su sexo siguiera latiendo y apretándose convulso alrededor de eso en que se había convertido su miembro, producto quizá de los efectos de la droga que había ingerido: sentía que era un enorme y duro pilar de carne que enloquecía su mente. Finalmente cerró los ojos y perdió la conciencia.

No supo cuando despertó horas después, si su memoria le jugaba una mala pasada, o realmente lo había escuchado decirle al oído: "Cómo hubiera querido pasar más tiempo contigo, haber besado tu vulva y cada centímetro de tu cuerpo y haberme apoderado de tu culo exquisito. Espero poder verte nuevamente y que me perdones".

Karen no supo tampoco, en qué momento Chase salió de entre sus muslos, chorreando semen, porque definitivamente estaba demasiado excitado para no eyacular en la muchacha. 'El deber obliga' se dijo sonriendo con cierto cinismo. Después se había ido a la ducha, se había vestido y había comenzado el verdadero trabajo encomendado.

De su chaqueta sacó una pequeña caja metálica rectangular y se sentó en la cama al lado del cuerpo desnudo de Karen, que ahora dormía plácidamente sin moverse. De la caja retiró cuidadosamente una tira de plástico casi transparente, y la colocó en el índice derecho de Karen. Moldeó el dedo con la pequeña tira y procedió a retirar otra de la caja y la colocó de la misma forma y después una tercera. Las presionó bien con un cilindro que sacó de la caja y mirando su reloj, esperó unos minutos. Después con cuidado levantó el índice de Karen y retiro de su dedo, el pequeño tubo de plástico en que se habían convertido las tiras transparentes al endurecerse. El dedo plástico lo acomodó en la caja metálica la cerró y se la echó en el bolsillo de su chaqueta. Tomando el cobertor, cubrió cuidadosamente el cuerpo desnudo de Karen, contempló unos instantes el hermoso rostro de la muchacha enmarcado sobre la almohada por su sedoso pelo rubio, después salió de la habitación. Caminó unos metros, rodeando el edificio, y se dirigió a la zona de estacionamiento en donde había dejado estacionado, durante los últimos cinco días, su Lexus 350. **** 2

Cinco días atrás de su encuentro con Karen, Chase se había reunido con el detective de homicidios de Virginia. Durante horas estuvieron analizando la evidencia reunida tanto por el laboratorio como los informes entregados por el forense, que ratificaban que el ingeniero de la NASA había recibido una dosis de una droga en el cuello que había sido la causa de su muerte. Escucho las dudas que tenía el detective Jean Batiste, que no entendía el propósito de que le hubieran arrancado los ojos. Chase lo escuchó sin hacer comentarios y le agradeció el dossier de documentación que le pasó Jean Batiste, diciéndole:

"Cualquier información adicional que logre, te la enviaré"

"Así espero" Le dijo Jean Batiste, no muy convencido de las palabras de Chase. Ambos sabían que esa cooperación era más bien forzada. La NSA cuando se metía en algún caso policial, simplemente recibía y pedía cooperación, pero no soltaba prenda, aduciendo siempre razones de seguridad. Y esta no era una excepción. Él sabía que aquí se escondía algo más que un homicidio.

Chase, esa misma mañana se había ido a las oficinas de la NASA y se había puesto en contacto con el área de protocolos de seguridad.

"Me gustaría saber en qué trabajaba el Sr. Brin y quiénes participaban con él en sus proyectos." Le dijo al encargado, una vez que se reunieron. Este salió de la habitación, para volver a los pocos minutos con varias carpetas.

"Estos son los proyectos en los que trabajaba. Los cuatro primeros tienen que ver con los sistemas de combustibles líquidos. Pero a nuestro juicio, el principal es este" Le dijo, señalando una gruesa carpeta con el título en la portada de 'Sistemas de comunicación y enlace de satélites militares'. En él, se utilizan dos salas de computación con controles de acceso."

"¿Por qué piensa que este es el principal?" Preguntó Chase

"Porque está utilizando la sala que maneja dos sistemas de acceso, una con huella digital y uso del iris del ojo. Este sistema se acostumbra a utilizar sólo en caso de proyectos de primer nivel" Contestó.

¿Quiénes tenían acceso a esas salas?" Insistió Chase.

"Déjeme ver" Hojeó la carpeta y contestó: "El Sr. Walter Brin y la Srta. Karen Trump."

"¿Tiene información de la Srta. Trump?"

"Tendría que preparar esa información. Se le hago llegar esta misma tarde"

"Necesito también que me envíe el registro de accesos de la última semana hasta el día de ayer" Chase agradeció al funcionario el material, el que colocó en su maletín y se retiró de las dependencias de la NASA.

****

3

Al poco rato de estar sentado en su oficina, después de almorzar, apareció otra investigadora de su equipo llamada Catherine. Chase miró entrar a una morena de pelo largo, de unos 26 años, de ascendencia latina, que vestía unos pantalones oscuros ceñidos; de su cuello colgaba una cinta de la que pendía su tarjeta de identificación, que se incrustaba entre sus pechos redondos y firmes, haciendo que cualquiera se fijara en ellos y no en la tarjeta propiamente tal. Había entrado a su equipo hacía un par de meses y Chase tenía que morderse los labios, cada vez que la veía alejarse con ese movimiento felino de mujer consciente de tener un culo para morir por tocarlo. Cuando Catherine lo miraba, Chase se derretía, pero tenía que utilizar todo su control mental para no babear, aunque había una parte de su cuerpo sobre el cual no tenía control y estaba seguro que Catherine se daba cuenta de su paquete cuando estaba cerca de él. Chase jamás se le había insinuado de ninguna manera. Era su jefe y debía mantener una actitud fría, aunque sus hormonas ordenaran lo contrario. Lo peor era que sentía que poco a poco esa actitud perdía fuerza cada vez que estaba cerca. Y estaba seguro que Catherine lo sabía. Sino ¿por qué cada vez que entraba a su oficina, sus caderas parecían danzar frente a él, y también cuando se alejaba? ¡Maldición. No sabía qué hacer!

"Hola Catherine, ayúdame a ordenar este material" Le dijo, mientras se dirigía al panel que tenía al frente de su escritorio.

La muchacha se inclinó sobe el escritorio y fue ordenando la información y a medida de que la leía, la ordenaba encima, generando un verdadero solitario con todos las hojas de los informes, hasta que terminó y se giró apoyando ambas manos sobre el escritorio. Miró a Chase, quién muy concentrado ahora, pegaba etiquetas en el panel. Fue ella quién lo recorrió esta vez, de arriba abajo. Observó su pelo negro ondulado, desordenado que caía hacia su frente, algo que a ella le encantaba. Chase era de hombros anchos y caderas estrechas, y por un momento se imaginó que se apretaba contra él, y lo abrazaba por la espalda y bajaba sus manos por sus caderas hasta apoyarlas sobre ese paquete impresionante que lucía cada vez que estaba con ella. Se estremeció de pensar eso, mientras Chase continuaba pegando etiquetas con diversos nombres, en las que describía los hechos de esta investigación. A los pocos minutos la pizarra estaba llena de hojas con líneas que conectaban hechos y lugares.

Chase se detuvo y miró el panel. Todos los hechos apuntaban a que los ojos del ingeniero iban a ser utilizados para ingresar a las dependencias en donde se reunía el material del proyecto. Sin embargo, las grabaciones de estos últimos días, indicaban que sólo el ingeniero Brin y su asistente habían ingresado a las salas. A la sala principal, en la que trabajaba Brin, había ingresado la asistente sólo cuando estaba el ingeniero, a la que él entraba con su iris y con su huella digital.

"¿Qué piensas tú Catherine, de todo esto" Preguntó Chase girándose, para encontrarse con los enormes ojos de la morena que le miraban sonrientes.

"¿Qué?" ¨Preguntó Chase, mirándola sin entender su sonrisa.

"Que te estaba viendo lo concentrado que parecías" Contestó ella, con cierta ternura en su tono, sin dejar de sonreír.

"Sí. El tema se complica. Todas las grabaciones de los accesos, indican que Brin y la tal Trump, fueron los únicos que ingresaron a las salas en que se reúne el material del proyecto. Me gustaría que investigaras todo respecto de Brin, y yo me haré cargo de Karen Trump."

"Ah. Yo me hago cargo del muerto y tú de la viva, que dicho sea de paso, está bastante bien" Le dijo Catherine socarronamente, señalándo con su índice unas fotos en el escritorio. Allí aparecía de cuerpo entero y por cierto, la muchacha era estupenda.

Antes de que se retirara del escritorio, Chase se colocó detrás de ella para mirar por encima de su hombro, sintiendo el suave calor de su cuerpo. Catherine giró su cabeza para mirarlo y por un segundos sus rostros quedaron a centímetros uno del otro, sintiendo una tensión entre ambos, que no habían tenido la oportunidad antes de experimentar. Eso se expresó en el calor que Catherine comenzó a sentir en su vientre ante la proximidad del cuerpo de Chase. Y eso que se produce cuando tienes alguien cerca, aunque no lo toques, como si todo tu cuerpo se convirtiera en una mano que se apodera del cuerpo del otro que tienes cerca, y tu entorno desaparece, y existe solo el primer plazo. Chase sintió que su verga comenzaba a desperezarse entre sus piernas.

"Bien." Dijo Chase, tratando de controlarse y alejándose de Catherine. "Deja todo como está. Nos vemos mañana."

Catherine lo miró, se dio media vuelta y salió de la habitación sin decir palabra. Eran más de las siete y todo el recinto estaba a oscuras excepto las oficinas de ambos. Se dirigió a su oficina, para tomar su chaqueta. Otra noche sola. Pensó ir al bar y juntarse con sus amigas, pero se sentía un tanto decepcionada. De ella misma. Sabía que Chase no daría ningún paso de acercamiento. La NSA tenía cánones estrictos de conducta entre jefes y subordinados y él no los rompería. Seria ella la que tendría que acosarlo sexualmente. Debería pensar bien su estrategia de momento y lugar.

Chase por su parte, fijó sus ojos en el redondo y oscilante trasero de Catherine cuando salió de su oficina, pero rápidamente se concentró en el tema que tenía que afrontar. Necesitaba verificar qué tan fuerte era el sistema de protocolos de seguridad que tenía la NASA para sus proyectos de primera línea, y sólo había una manera de saberlo.

***

4

Chase despertó antes de las 7 AM, de la mañana siguiente. Se colocó su buzo y zapatillas y bajó a correr. El resto de su ejercicio diario, lo haría en los gimnasios de la NSA, cerca de las 11 de la mañana, como era su costumbre. Después de dar un par de vueltas alrededor de la manzana donde vivía, entró al café que tenía a una cuadra de su departamento. Cuando se sentó, se dio cuenta que no había transpirado, lo que lo dejaba tranquilo por su estado físico. Pidió un sándwich de huevo, pollo y pimentón y un café con crema. Mientras desayunaba, pensaba en Karen Trump. Le había impresionado la belleza de la muchacha, tal como se lo había hecho ver Catherine. 'Humm, Catherine', pensó, esa morena también tenía lo suyo. Desde que había llegado, había revolucionado al grupo de investigadores de su departamento, que no dejaban de revolotear alrededor de su oficina, con cualquier pretexto, parecían una manga de adolescentes, pensó, pero no los culpaba. Terminó su café y salió caminando esta vez a su departamento, donde se duchó bajó al estacionamiento y tomó su Lexus 350, y se dirigió a las oficinas de la NSA. Allí mostró su credencial al encargado e ingresó a los estacionamientos.

Ya en su oficina tomó el expediente de Karen y observó la foto que la mostraba de pie frente a la entrada de la NASA. Era una muchacha rubia y esbelta. Miró la ficha física: estatura: 1,75, edad: 22 años, ojos: azules, peso: 55 kgrs. Después miró su curriculum: doctorado en ingeniería de las comunicaciones. No lo podía creer, miró de nuevo la foto, y observó un rostro juvenil, hermoso, podría haber sido una secretaria, pero no lo era. Nuevamente leyó su expediente. Había sido contratada por la NASA hacía 8 meses. Había trabajado en un proyecto para el FBI. La muchacha era todo un cerebrito. Miró la hora, y decidió llamar al encargado de seguridad de la NASA para que le diera los horarios de entrada y salida del personal.

A partir de esa tarde, concurrió diariamente al bar al que acostumbraban visitar el personal del grupo de investigadores de la NASA. A las 8 de la noche, se instalaba en un costado de la barra, pedía una cerveza y observaba. Durante los tres primeros días, Karen no apareció en el recinto, hasta ese día viernes en que él había podido saludarla. La había visto entrar con dos amigas, y se dio cuenta que la foto que había visto de ella, no mostraba la verdadera naturaleza de la muchacha. Esbelta, de paso firme, de cuerpo sinuoso, exudaba sensualidad. Era claro que era muy distinta a la imagen que se había formado al mirar su foto, que la mostraba como una universitaria recién egresada, sin mucha experiencia. Al verla caminar con esa decisión, quedaba claro que ella, junto con sus amigas, no venían a este bar a tomarse un jugo para volver felices a sus casas. Habían venido a ligar, lo que facilitaba su tarea.

****

5 Lentamente fue despertando. Arropada bajo las sabanas, se desperezó, apretó sus codos a los costados de su cuerpo tensándose, se retorció estirándose en la cama, sintiendo una exquisita sensación de saciedad sexual que no sentía hacía mucho, pero mucho tiempo. De pronto tomó conciencia del lugar en que estaba y como una tromba todos y cada uno de los momentos recientes se agolparon en su mente. Retiró la sábana de su cuerpo y una mezcla de olores que reconoció como propios y otros claramente de semen masculino, golpeó su nariz. Dirigió su vista hacia su entrepierna y se tocó alrededor de su pubis y apreció leves puntos de humedad. Su mente comenzó ahora a llenarse de imágenes como si estuviera viendo una película porno...

No pudo evitar que sus dedos lentamente palparan sus labios vaginales, sintiéndolos mojados y el tremor de su vulva y después de su cuerpo, le recordó claramente lo que había experimentado. Cerró los ojos y se preguntó ¿por qué la había drogado, cuando ella le había ofrecido su cuerpo con una entrega total, mostrándo en todo momento, sin restricción el goce que sentía de estar con él?

Encendió la lámpara de la mesita al lado derecho de la cama y vio su estuche, su reloj pulsera y su celular y ¡también las llaves de su auto! Al menos el tipo no era un ladrón, pensó agradecida. No podía haberse equivocado tanto. Nuevamente recordó su imagen, especialmente sus ojos que parecían taladrar su rostro, al tiempo que taladraba su vulva. Se estremeció al recordar ahora la potencia de su sexo, y sintió que su vulva despertaba nítida al recuerdo y le advertía que no sería fácil que olvidara esos momentos con él. ¿Es que desaparecería así de fácil de su vida, cuando la había dejado tan llena de interrogantes y tenía también que admitirlo, tan llena de deseos de sentirlo dentro de ella? ¡Maldición, la había dejado destrozada emocionalmente y, si no lo volvía a ver, no se lo perdonaría nunca y si lo volvía a ver, le golpearía sus pelotas, por haber actuado así con ella!

Se levantó de la cama y se fue a la ducha, donde por largos minutos dejó que el agua tibia cubriera su cuerpo. Después se enjabonó con gel. Cuando terminó, se sintió más dueña de sí, aunque tuvo que aceptar una verdad innegable: su cuerpo estaba limpio, pero, no su mente. Maldijo sentirse así. A la mañana siguiente, mientras tomaba desayuno, recibió una llamada de Vicky.

"¡Amiga, quiero que me cuentes con lujo de detalles qué pasó con ese tipazo que enganchaste anoche!"

"Tenemos que juntarnos, porque pasaron demasiadas cosas" Respondió Karen.

"¿Pero, algo malo?" Preguntó preocupada Vicky.

"No. Todo fue increíble. No juntamos donde siempre. ¿Te parece a las 12 horas?"

"Sí. Así tendremos tiempo de conversar antes del almuerzo. Por supuesto viene Sandra también" Contestó Vicky y se despidieron.

****

Era sábado Chase despertó temprano y esta vez decidió sólo bajar a tomar desayuno y mientras lo hacía, llamó a Catherine para que fuera a la oficina en una hora más.

Cuando se juntaron, Chase le explicó que había analizado varias opciones para ver cómo confirmaba su teoría, la que a su juicio, tenía tres aristas: una, el tal Brin trabajaba o había trabajado para alguien interesado en el proyecto de intercomunicación espacial y había dejado de ser útil, dos debía confirmar que lo había hecho solo y tenía que asegurarse que Karen no había participado y tres, tenía que comprobar qué tan débil era el sistema de seguridad de la NASA.

Catherine lo miraba extasiada sentada en su oficina, cuando Chase le dio a conocer sus hallazgos. Lo miraba como una adolescente cuyo novio acaba de meter un gol. Lo hubiera abrazado allí mismo. Su autocontrol y el escritorio que tenía entre ambos, se lo impidieron. En todo caso estaba consciente ahora, que su hallazgo había sido la clave para que Chase hubiera podido completar su hipótesis. El ingeniero no había sido suficientemente astuto como para ocultar una transacción, que si bien no había pasado por su cuenta corriente, lo había hecho como una instrucción al agente del banco que manejaba su cuenta: había ordenado que un cheque depositado por una suma de más de seis cifras, lo hiciera transferir, convertida en euros, desde una cuenta de un banco en Jamaica, toda la suma a cuatro cuentas corrientes en Malta.

Catherine había logrado detectar esa información, al analizar los antecedentes del ingeniero. Además de revisar los estados bancarios y los bienes registrados a su nombre, se le había ocurrido conversar con su ejecutivo bancario, pidiéndole que también le entregara copia de los correos electrónicos que le había enviado, bajo cualquier pretexto. Éste al principio trató de explicar que toda la información que tenía, era la relacionada con su cuenta bancaria y ya se la había entregado.

"No me importa si le envió un correo preguntándole por las tasas de cambio, enviándole saludos de cumpleaños, o saludando a su suegra. Quiero todos los correos. ¿Estamos claros, o quiere que converse con su jefe?" Le dijo Catherine al ejecutivo bancario. Ante ese cambio de actitud de esa morena guapa, que lo había dejado casi babeando cuando la vio, decidió entregarle todo lo que pedía.

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