El Investigador Cap. 06

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"Estimados, este es el momento para que celebremos" Dijo, dirigiéndose al bar.

Lo que siguió, fue para Freman como una película en cámara lenta. Vio con estupor cuando Roy se había levantado, se había acercado a Walter cuando éste se paraba en el bar y sacaba unos vasos para servirles whisky, había sacado una pequeña jeringa de su chaqueta, y se la había enterraba en el cuello.

"¡Pero, qué mierda...!" Exclamó Freman, cuando vio que después de un par de segundos, Walter Brin se derrumbaba en el piso como un saco de papas.

"¡Ahora, el proyecto es nuestro, amigo" Dijo mientras guardaba la aguja en un pequeño tubo de plástico.

"¡Pero, huevón, la computadora sólo se abre con el iris de su ojo!" Le gritó furioso Freman.

"Vamos, me decepciona el concepto que tienes de mí. ¿Viste ese maletín que traje en el auto? Espérame." Dijo Roy y salió del departamento, para volver minutos después con un maletín parecido al que usan los médicos.

Se colocó unos guantes quirúrgicos, mientras Freman lo miraba espantado, presintiendo lo que vería a continuación.

Con una frialdad que a Freman lo confundió, Roy, sacó un pequeño instrumento del maletín, se inclinó sobre el cuerpo de Walter y procedió a extraer sus globos oculares, mientras Freman exhalaba la respiración contenida que había mantenido en todo el proceso. Después Roy, con toda tranquilidad los depositó en una caja que su interior estaba llena de pequeños cubos de hielo, cerrándola en forma hermética.

"Tendrás que decirle a esos orientales, que tan pronto abran la computadora, deberán pasar el programa a otro equipo, ya que el iris sólo podrán utilizarlo no más de dos veces, ya que al utilizarlo, perderá la cadena de frio de inmediato." Dijo Roy.

Freman lo oía casi sin escucharlo. Todo lo hecho por Roy, lo tenía en un estado de shock. Sólo se limitó a asentir. Su amigo de casi toda la vida, había cometido un asesinato y él era testigo presencial.

"No te preocupes por las huellas, ya que me preocupé verte que no habías tocado nada. Ahora, toma el laptop y vámonos" Le dijo fríamente y sin agregar otra palabra tomó el maletín.

Freman tomó la computadora y siguió a Roy como un verdadero autómata, quien lo dejó pasar y cuando salió por la puerta, sacó un paño y limpió el pomo de la cerradura.

Esa noche, Jenny supo todo lo que había pasado y al igual que Freman, no lo podía creer cuando Roy le explicó los pormenores. Y fue a partir de ese momento, que Roy dejó de ser la persona que ella había conocido y comenzó a generarse una brecha con él, que nunca más se recuperaría.

Cuando al otro día, Freman apareció en su departamento para reunirse con Roy, en un momento en que estuvieron solos, ella se abrazó a él estremecida, como si fuera su tabla de salvación.

"Calma, calma" Le dijo Freman, mientras acariciaba su cabello.

Jenny pegó su rostro a su pecho y por primera vez, sintió que toda esa atracción contenida que sentía por él, se desbordaba. Era la única persona en la que confiaba ahora que la abrazaba con ternura, la que anhelaba sentir ante todo lo que estaba pasando.

A partir de ese momento, se había generado un trato cada vez más íntimo con él; era frecuente que mientras Roy no los miraba, se acariciaran furtivamente. O que cada vez que salían juntos los tres a comer, para discutir cómo manejarían los dineros que habían recibido, ella quedaba entre los dos, lo que permitía que buscara las manos de Freman debajo del mantel y, como si fueran dos adolescentes, se tocaran y se acariciaran furtivamente.

En esas ocasiones, fueron sólo sus manos las que se apretaban, mientras trataban de mantener una conversación fluida. Pero poco a poco ambos se pusieron más atrevidos. En un momento, ella llevó su mano hacia la bragueta de Freman y palpó la tensión de su erección por sobre la tela de su pantalón y él, colando su mano sobre su muslo, poco a poco corrió la tela de su falda y lentamente la subió hasta descubrir su carne desnuda, hasta poder acariciar el centro de su sexo, cuya tela de su calzón había comenzaba a humedecerse durante ese proceso.

Esos contactos furtivos entre ellos, fueron siendo cada vez más frecuentes y cada vez más electrizantes para ambos, pero, ninguno se atrevía a sugerir al otro, dar un paso más atrevido que las simples caricias.

A partir del momento en que recibieron el dinero de los vietnamitas, Roy involucró a Jenny en todo lo que tenía que ver con el manejo de esos dineros, ya que ella se había titulado de ingeniero comercial y le eran familiares los paraísos fiscales y todo eso.

Una noche, se despertó agitada casi a medianoche. Se incorporó en la cama y viendo que Roy dormía, se levantó y se dirigió con su celular al baño. Allí, ella le envió un mensaje de texto a Freman.

"Necesito verte"

A los pocos minutos, Freman contesto:

"Yo también. Dime cuándo y dónde" Surgió el texto en la pantalla del celular de Jenny.

"Mañana Roy irá por la mañana a buscar la camioneta para la vigilancia del departamento de la ingeniero." Digitó ella.

"Sí. Lo sé. Dijo que le tomaría toda la mañana ubicar el vehiculo."

"¿Tu departamento?" Tipeó ella.

"Te espero. Estaciónate a la vuelta del edificio." Fue su último mensaje.

Jenny quedó pensativa durante unos segundos, dándose cuenta de la enorme decisión que había tomado, después se levantó y fue a la cocina, se sirvió un vaso de leche y sentó en unos de los pisos del mesón, sintiendo la humedad de su calzón; todo causado por la charla que había sostenido con Freman. Había quedado anhelante ante la perspectiva de este encuentro. Miró la puerta abierta del refrigerador y se recordó de aquella noche en que su cuerpo se había recortado contra la luz del refrigerador, mostrándose casi desnuda frente a él. Y sin poder evitarlo, sintió una enorme excitación y bajando su mano al centro de sus muslos, introdujo sus dedos entre los labios calientes de su vulva y se masturbó. Ya más tranquila, volvió a la cama.

A la mañana siguiente, Roy se levantó temprano y mientras desayunaban, Jenny le comentó que saldría temprano para ir al banco para distribuir en varias cuentas que abriría en el exterior, los dineros que habían recibido de los vietnamitas.

"Recuerda ir a la tienda de ropa, necesitamos esos buzos institucionales con las insignias bordadas, lo mismo que las gorras." Le dijo Roy.

"OK. Te veré esta noche, ya que todo eso me tomara el día" Dijo ella, besándolo en la mejilla. Se metió en su Rover y salió en busca de aquello que tanto anhelaba: su primer encuentro verdadero con Freman.

Una hora más tarde. Jenny yacía con su cabeza apoyada en el pecho de Freman, mientras este hablaba y le acariciaba el rostro con la punta de sus dedos, que ella mordía cuando los acercaba a su boca.

"No sé si será conveniente que tú y yo sigamos en esto" Le dijo Freman.

Alarmada por el tono de sus palabras, ella se incorporó apoyando una mano en su pecho y preguntó "¿A qué te refieres,... a lo nuestro?" Había una clara ansia en su voz.

"No, mi amor. Me refiero a esto que se le metió en la cabeza a Roy. Lo encuentro tremendamente peligroso." Dijo, mientras miraba los hermosos pechos de Jenny.

"Si yo, también. ¿Qué piensas al respecto?" Dijo ella, más tranquila, acariciando se torso.

"Que debiéramos huir tú y yo, en cuanto podamos. Podemos irnos a Brasil o a Chile, u otro país sudamericano y empezar una nueva vida juntos". Dijo, acariciándole un pezón.

"¿En serio, lo crees posible?" Dijo ella, bajando su mano a su ingle, acariciando sus bolas suavemente y mirando cómo se despertaba firme su erección.

Él la tomó de la cintura e hizo que se subiera sobre él. "Todo es posible si tú lo deseas" Le dijo, tomando sus nalgas con ambas manos y acariciando sus globos.

"Tú sabes que sí" Dijo ella, acariciando su rostro con ambas manos.

"No, no lo sé. Dímelo tú. Quiero escucharte decirlo" Dijo él, mirándola intensamente a los ojos, mientras seguía acariciando su culo.

"Te quiero, Freman. Quiero huir contigo. Quiero lo que tú desees" Le dijo, sonriéndole y besándole largamente.

"Hum. Entonces está todo dicho." Le dijo, mientras acomodaba su verga a la entrada de su vulva totalmente mojada por su reciente incursión. Ella llevó su mano rápidamente atrás y levantando sus caderas, se empaló, mientras con su cara a poca distancia de la de él, comenzaba a subir y bajar su cuerpo, permitiendo que el duro miembro de Freman, entrara y saliera de su vulva, mientras acechando la expresión del rostro de Freman, trataba de interpretar el placer que ella le provocaba.

Lo hacía lentamente esta vez. La primera vez, cuando Freman había abierto la puerta para dejarla entrar al departamento, ella se había arrojado febrilmente a sus brazos y casi a tropezones, se habían ido al dormitorio, se habían desnudado como si sus vidas dependieran de eso y habían hecho el amor con furia, acabando los dos, casi simultáneamente.

Con sus rodillas apoyadas a los costados de las piernas de él, Jenny se movía ahora como una serpiente sobre él, sin dejar de observarlo, se mordía los labios cuando bajaba profundas sus caderas, tratando de lograr el máximo de penetración de su verga en ella.

Freman observaba también el rostro de Jenny mientras le apretaba sus nalgas, se las abría, acariciaba su interior, buscando el pequeño orificio estriado de su culo. Le encantaba verla morderse los labios, expresándole así todo el placer que ella estaba experimentando con él, perdida en ese instante sublime en que sólo la búsqueda del propio placer y el de la pareja importan.

Se movían como si danzaran, apreciando con sus manos el cuerpo del otro, cada curva, cada hendidura, cada valle, cada protuberancia. No hablaban, sólo se sentían sus gemidos, su respiración pesada. Sus ojos se cerraban a veces, para sentir con más precisión la unión de sus sexos, arremetiendo, apretando, palpitando. Perdidos en el tiempo, inconscientes de lo que sus vidas enfrentarían en un futuro próximo. Nada de eso importaba en este momento. Sus vidas y el tiempo, se habían detenido en la búsqueda del placer mutuo.

A veces ella cambiaba de postura, alzándose sobre él cabalgándolo, meciendo su cuerpo en un suave ondular de sus caderas y su vientre, manteniendo la vista fija en él. De pronto, él se inclinó y tomándola de las caderas la obligó a moverlas hacia su vientre, sacándole el miembro y arrastrándola hacia arriba, sin que ella entendiera aún su intención. Lo supo cuando él, le tomó las nalgas hasta que pudo posicionar su vulva sobre su boca y comenzó a lamerle los labios vaginales, hasta apoderarse de su clítoris, ante los chillidos de sorpresa de Jenny, que atenazó sus pezones con sus dedos, mientras él continuaba haciéndole sexo oral.

Jenny retorcía sus caderas ante el placer tan inédito para ella. Roy había intentado lamerle su vulva sólo una vez, en los tres años que llevaban casados, pero nunca de la manera en que Freman se lo hacía ahora; con sus gemidos ella le expresaba el placer que le estaba provocando. El calor que se acumulaba en el centro de su cuerpo, se tradujo en pequeños temblores, hasta que su cuerpo se crispó cuando él metió dos dedos dentro de su vulva y se apoderó de su clítoris. Casi gritó cuando sobrevino el orgasmo más intenso que había experimentado nunca y sus manos se crisparon al respaldo de la cama mientras apretaba su ingle contra la cara de Freman y chorreaba su cara con sus emisiones incontroladas.

No supo en qué momento se encontró de bruces en la cama, mientras Freman la agarraba por las caderas y comenzaba a penetrarla desde atrás. Esta vez, él la golpeó con furia inusitada, mientras ella apretaba sus manos contra el cobertor, respondiendo con su cuerpo de la misma forma. En un momento, él le tomó los muslos, haciendo que estirara las piernas y fue él esta vez, quien la cabalgó. Quería sentir la redondez de sus nalgas con cada penetración, le dijo después a ella. Le encantaba sentir su culo de esa manera.

Cuando todo terminó y estaban abrazados, ella le habló al oído:

"Oh, Freman, no sé en este momento que es más rico en ti, si tu pico o tu boca".

Freman le contestó: "Yo tengo más problemas que tú, mi amor, porque tengo que elegir en tres, no, cuatro zonas de tu cuerpo que me enloquecen: tu boca, tu concha, tus pechos y algo que deberé probar aún, como es tu pequeña hendidura."

"Oh, Freman, no puedes estar pensando en darme por allí." Dijo Jenny tomándole de las orejas para zarandearlo.

Se quedaron abrazados y agotados, disfrutando de ese, su primer momento de real intimidad.

Jenny le susurró al oído: "Quiero que apures nuestra huida" y Freman comenzó e echar andar su mente, buscando los posibles caminos de liberación.

**********

3

El desayuno de Catherine, Carmen y Chase, esa mañana de sábado estuvo llena de miradas, llenas de significados.

Tanto Chase como Catherine estaban vestidos, pero no así Carmen. Se había quedado desnuda con la bata de seda de Catherine sin abrocharla, por lo que al moverse en la cocina para servirles unos huevos que había preparado para cada uno, dejaba entrever ya sea sus pechos o la curvatura de sus muslos. Lo hacía sin molestarse en cubrirse cuando se desplazaba frente a ellos y lo hizo cuando le sirvió los huevos a Chase, quien al levantar la vista, se encontró de lleno con un par de tetas redondas y paradas con sus pequeños pezones que se destacaban aún más por las aureolas rosadas.

Catherine la miró mientras sorbía su café y sonrió. Ella conocía la actitud despreocupada que Carmen tenía con su cuerpo, por lo que no le extrañaba en absoluto esa postura, que podría haber sido considerada desvergonzada.

Además, tenía que conceder que no podía actuar de otra manera, después de lo ocurrido en la ducha esa mañana entre los tres. Ellas habían intercambiado a Chase varias veces, cada una tratando de alargar el poco tiempo de que disponían.

De algún modo u otro, ella no podía culparla; había dejado que su prima se involucrara sexualmente con Chase. Era algo real y sobre lo cual no había marcha atrás. Miró a Chase con el rabillo del ojo y lo vio sonreírle a Carmen, mientras ésta al darse cuenta que le estaba mostrando las tetas, simplemente le sonrió de vuelta y las cubrió con mucha calma, sin decir palabra.

Tomaron el desayuno en silencio. Cada uno centrado en sus propios pensamientos. De pronto se escuchó la voz de Carmen diciendo.

"Supongo que podremos tener otro encuentro, uno de estos días, ¿no es verdad?"

Catherine la miró y después a Chase, como esperando una respuesta. Al ver que él sólo se había remitido a levantar las cejas, dijo "Mira primita, creo que es algo que Chase y yo tendremos que conversar". Y había dado fin al tema.

Cuando Chase se aprestaba a salir del departamento, Carmen se colgó del cuello de Chase y le dio un beso en la boca diciéndole "Hasta pronto, papito". Después se volvió hacia Catherine y le susurró al oído "Tú y yo también tendremos que conversar". Catherine sonrió y tomándole el mentón, se lo movió de lado a lado diciéndole "Tendrás que esperar mucho, primita, si es para lo que yo creo."

******

4

Cuando Chase y Catherine llegaron al edificio de la NSA, le informaron que la reunión era en el segundo piso. Cuando entraron a la sala, estaba ya reunido todo el grupo encargado de la custodia de Karen.

Bruce fue el que abrió la palabra para dar a conocer los últimos acontecimientos.

"Uno de nuestros investigadoras, utilizando una técnica muy antigua para llamar la atención de uno de los sujetos" Dijo con una sonrisa Bruce, lo que hizo sonreír a todo el grupo, ya que entendieron a qué se refería, "reconoció a este sujeto", dijo mostrando en pantalla un tipo rubio, joven de unos 28 años.

"Se le hizo un seguimiento a la camioneta que manejaban y tenemos identificado el lugar de aparcamiento. Es un edificio de bodegas que se arriendan. No hemos verificado quiénes son los que la arriendan todavía."

"Bien, creo está claro que van tras la investigadora" Dijo Chase.

"Sí. Ella es nuestra carnada" Dijo Bruce y cuando miró a Chase, se dio cuenta que había dicho algo impropio, por la mirada helada que éste le dio.

"Quiero que quede claro para todo el grupo, que ella nunca será una carnada. Es la persona a cual tendremos que proporcionar nuestro mayor esfuerzo de custodia." Dijo Chase, manteniéndose serio y mirando a cada uno de los participantes.

Catherine, con esa típica intuición femenina, observó el rostro preocupado de Chase, tratando de interpretar algo más en sus palabras refiriéndose a Karen. Tenía algunas ideas que le rondaban por su cabeza, pero que no pudo confirmar en esta ocasión. Tendría que poner más atención en el futuro, se dijo.

Chase se levantó dando por finalizada la reunión y se dirigió a su oficina. Al hacerlo, le hizo un gesto a Catherine para que lo siguiera.

"Ayúdame con el panel" Le dijo, cuando entraron a la oficina.

Catherine se paró frente al panel, y sin esperar instrucciones, comenzó a incorporar los post it colocando notas aquí y allá, mientras Chase la observaba desplazarse y miraba la gracia con que se movía, y sin poder evitarlo, comenzó a imaginársela desnuda mientras lo hacía. Era un ejercicio mental que no le significaba un gran esfuerzo; la había visto así en la cama y también en la ducha; había acariciado cada una de esas curvas que se mostraban frente a él. Por un instante, otras imágenes se mezclaron: las de Carmen.

Como si le hubiera leído el pensamiento, Catherine giró su torso para mirarlo, con sus piernas firmemente plantadas en su lugar, creando una imagen tremendamente erótica, ya que realzaba en esa postura, la estrechez de su cintura y la redondez de sus caderas y de su trasero.

"¿Esta bien hasta ahora, Chase?" preguntó, dándose cuenta en un segundo que Chase no estaba mirando el panel, sino su trasero. Rápidamente se acercó a él y pegando su cuerpo al de él, le dijo "No me refiero a mi culo, Chase". Y presionando su pubis, sintió la dureza de su miembro, que la hizo estremecerse.

"Las dos cosas están increíbles" Le dijo Chase, sonriendo mientras la abrazaba y bajaba sus manos a ese trasero que lo volvía loco de mirarlo y tocarlo. Catherine sintió esta vez, más claramente su erección contra su vientre y acercando su rostro, le susurró al oído.

"¿No crees que deberíamos volver a mi departamento para que me lo expliques en más detalle?"

"Sí. Creo que necesitamos investigar los detalles" Le dijo, apretándole las nalgas sobre el pantalón que llevaba ella esa mañana. Si no hubiera sido así, estaba seguro que le hubiera subido la falda y le habría hecho el amor sobre su escritorio.

Poco después, salieron del edificio, tomaron sus vehículos y condujeron un poco más rápido de lo normal.

******

( Continuará)

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