El Investigador Cap. 09

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La giró contra el muro de cerámica y comenzó a bajar su boca, bebió el agua de la ducha que escurría por sus pezones. Catherine miraba hacia abajo la cabeza de él que lentamente bajaba por su vientre, mientras con sus manos, a los costados de su cuerpo, acariciaban su estrecha cintura, sus caderas, sus muslos, hasta que sintió que su cara se hundía bajo su vientre, para acariciar con su lengua los labios de su vulva. Segundos después, se apoderaba de su clítoris. Catherine cerro sus ojos y entreabrió un poco más sus muslos, quebrando sus caderas hacia adelante, para llevar su pubis hacia la boca de Chase, que continuó besando sus labios vaginales, mientras una mano se introducía entre sus muslos y recorría con sus dedos la confluencia de sus nalgas, que ella instintivamente apretó, cuando sintió que uno de sus dedos buscaba la rosa de su ano.

Pero, pronto Catherine se relajó, cuando sintió que ambas manos se apretaban a los globos de su glúteos y los dedos se introducían allí para abrirlos y él se apoderaba con su boca, de la hendidura de su sexo, y sentía que la lengua comenzaba a moverse de afuera hacia adentro, imitando un pequeño pene que comenzaba a culear su vulva. Al poco rato, Catherine estaba enardecida con esas caricias, levantó una pierna, la colocó sobre un hombro de él y apoyando su muslo en la mejilla de Chase presionó su pantorrilla a su espalda para apretarlo más hacia ella.

Cuando sintió que uno de los dedos de él, comenzaba su camino hacia su ano, gritó en español: “¡Rico, papito, sigue..., sigue..., así, asííí...!”. Hablarle de esa manera, fue algo que le salió de forma espontánea, pero se acordó en ese momento, cuánto excitaba a Chase que le hablara en español, idioma que él no comprendía, pero que amaba escuchar; era la segunda vez que tenía oportunidad de escucharla mientras hacían hecho el amor, por lo que ella siguió con su letanía, mientras apretaba la cabeza de Chase con ambas manos, presionándolo contra ella sin dejar de musitarle todo lo que sentía en ese momento, guiándolo en sus caricias, pidiéndole que no parara, no importándole que su dedo pulgar hurgara su ano como lo hacía.

******

5

Esa noche, Jenny y Freman hicieron el amor por primera vez con ternura, tratando de conocer sin prisa el cuerpo del otro. Después reposaron un tiempo, hasta que Jenny, dándole un último beso, le dijo “Amor, debo ir al dormitorio”. Se levantó, caminó desnuda con su ropa y sus zapatos en sus brazos. Entró sigilosamente donde dormía Roy plácidamente, y se metió al lado de él. Se dio media vuelta dándole la espalda, y se quedó dormida de inmediato.

*****

6

Shelby fue la que primero despertó esa mañana de domingo. Se dio cuenta que su cuerpo estaba pegado a la espalda de Brice, que dormía hacia un costado. Tenía su pubis pegada al trasero de él. Miró sus manos apoyadas en su espalda y vio cómo se destacaba el color de su piel morena contra la blanca piel de Brice, marcando claramente la diferencia de raza. Se acurrucó más a él, para sentir la tibieza de ese hombre blanco, que la había sorprendido anoche.

Lentamente su mente comenzó a llenarse de las imágenes de esta noche pasada con él, especialmente cuando en una de sus incursiones sexuales, en que ambos estaban de costado en la cama, ella levantó su pierna y cruzándola sobre su caderas, apretó su pantorrilla contra el muslo de él, generando una especie de palanca y comenzó a culearlo con furia. Brice en ese momento hizo algo que la enloqueció aún más: se quedó inmóvil para aguantar firme sus embates, sin tocarla con sus manos, dejándole toda la iniciativa. Y fue ella, que afirmándose con sus manos a la caderas de él, inició un loco oscilar de sus caderas de atrás y hacia adelante, tratando de lograr que su vulva se llenara hasta el fondo de esa verga, cuyo tamaño y grosor la habían sorprendido.

Era tal su intensidad que, con su cara pegada a la de él, no cesó de gemir y emitir sonidos ininteligibles mientras se movía frenética, apretando sus nalgas en cada envión de sus caderas hacia él, logrando así que los músculos de su vulva, contrajeran sus paredes a lo largo de su erección, apretándola como un puño. Eso había durante largos minutos, hasta que logró el orgasmo de su vida. Lo besó y casi lo mordió, cuando sintió nuevamente contraerse su vulva en un último espasmo, en el momento en que los chorros de semen de Brice la inundaron.

Esa era todo lo que recordaba de la noche. Después se había quedado dormida plácidamente, hasta este instante en que había despertado apretada junto a él.

Su mano se deslizó por la cadera de Brice, y buscó su pene. Estaba flácido sobre su muslo. Sin soltarlo, se alzó sobre su codo derecho y suavemente, giró su hombro para que él quedara de espaldas. De ese modo, ella pudo recorrer su mirada por el torso y su vientre musculado hasta llegar a la juntura de sus muslos. Recorrió con su vista y después con sus dedos su pene que reposaba; pero, su naturaleza ardiente, despertada ya con esas imágenes que se habían agolpado a su mente, hizo que su caricia se hiciera cada vez más insistente y no pudiendo resistirse más, bajó su rostro hasta la ingle de Brice, y buscó ahora con su boca ese pene que había producido todas esas sensaciones y que ahora su cuerpo buscaba repetir.

Sus narices fueron golpeadas con los olores combinados de la humedad de su propio sexo que impregnaba la mata de vello que rodeaba el pico de Brice. Sin remilgos, saboreó el glande entre sus labios. Glotonamente, en el estado flácido que estaba, lo absorbió con su boca, totalmente. Con su boca llena de pico, movió su lengua alrededor, acariciando cada borde que lograba alcanzar. De pronto, su boca comenzó a expandirse, a medida de que el pene de Brice que había despertado, comenzaba a hincharse y poco a poco se dio cuenta que no podría contenerlo como ella quería en ese momento.

Cuando comenzó a mamarlo derechamente, sintió la mano de Brice que acariciaba su cabello. Alzó la vista y retirando el pene de su boca, le saludó.

“Hola, ¿dormiste bien?”

“De maravillas. Y más, ser despertado de esta manera” Le dijo, sonriéndole, sin soltar su mano sobre su cabeza.

“¿Te refieres a esto?” Le dijo ella, dándole una chupada a la cabeza de su pene, para quedarse mirándolo.

“Sigue, sigue. No la quiero interrumpir en su tarea, señorita” Le dijo Brice, con una sonrisa de oreja a oreja.

“¡Suficiente!!” Le dijo ella mientras deslizaba su cuerpo hacia arriba, para quedar con su cara pegada a su cuello.

“Será mejor que nos demos una ducha antes de proseguir” Dijo él, mientras acariciaba sus nalgas.

“Sí. Estoy de acuerdo” Dijo ella, saltando fuera de la cama y entrando al baño.

Pronto ambos estaban enjabonándose mutuamente, tocándose cada parte de sus cuerpos mientras el agua retiraba los restos de jabón. De pronto, en un momento en que ella, apoyada con sus manos al muro de la lucha, Brice pasaba la esponja por sus hombros, su espalda, Shelby se estremeció cuando sintió que él soltaba la esponja y colocaba sus manos sobre sus caderas, quedaba en cuclillas entre sus piernas para hundir su boca entre sus glúteos. Apoyó su cara y sus pechos contra la cerámica, enarcó sus caderas hacia él y cerró los ojos para centrar todos sus sentidos del tacto allí, donde la lengua de Brice jugaba con los pliegues de su culo y de su vulva.

Su cerebro recibía el sentido del tacto allí, en la entrada de su ano, a lo largo de su raja, mientras las dedos de él acariciaban el botón de su clítoris; la boca de él estaba haciendo estragos en ella, por las caricias de sus recias manos que se movían alrededor de su pubis, de su vientre, de su clítoris, enviando demasiados mensajes que su cerebro apenas era capaz de procesar. Por ello Shelby, perdida en las sensaciones de placer, no supo en qué momento, la suavidad de la punta de la lengua de Brice, fue reemplaza por la presión de algo más grueso y firme que comenzó a abrir los bordes de los labios de su vulva, la que comenzó a expandirse ante la arremetida de todo el grosor y dureza del pico de Brice, a medida de que la penetraba sólidamente.

Shelby abrió los ojos y giró su rostro hacia a Brice que la miraba fijamente. En ese momento él había detenido el movimiento de penetración; con sus caderas pegadas contra ella, la tenía con su vientre presionado contra el muro, esperando su reacción, mientras el agua corría por sus cuerpos. Ella sonrió y levantando su pesado muslo, lo apoyó contra el muro, abriéndose aún más para él, dándole a entender qué esperaba.

Los movimientos de las caderas de Brice, comenzaron lentos, saboreando la apretada vulva de Shelby. Por momento flexionaba las rodillas para poder penetrarla más hondo, con largos trazos con su hinchada verga. En esa posición, distendida como estaba, Shelby se dejaba hacer. Pronto los sonidos sordos de sus cuerpos chocando, llenó el recinto de la ducha y por largos minutos, ambos mantuvieron el ritmo, sin ceder un centímetro. A Shelby no le importaba que se le dislocara el cuello cuando lo giraba tratando de buscar la boca de Brice al mismo tiempo que lo hacían sus sexos.

En un momento dado, Brice salió de ella, la giro hacia él y tomándole una pierna, la penetró de frente. En ese momento, el cuerpo de Shelby se crispó y sus rodillas dejaron de sostenerla cuando la golpeó el orgasmo, en el instante en que Brice comenzó a recorrer su vulva con su dura y gruesa erección. Cuando Brice le tomó sus glúteos, Shelby levantó ambas piernas y rodeó su cintura. De ese modo él, la mantuvo en vilo contra el muro de la ducha, y la siguió culeando con firmeza, tratando de lograr su propia liberación, la que llegó segundos después.

Ella se quedó besando y lamiendo su cuello, mientras sentía que la profusa eyaculación de él comenzaba a resbalar por sus piernas, cuando las contracciones de su vulva hicieron que la verga cayera flácida y ella quedó de pie frente a él.

Después de unos minutos, ella llevó la mano hacia el mando de la ducha, para soltar el agua.

“Creo que tendremos que ducharnos de nuevo.” Le dijo ella levantando la vista hacia él, con sus ojos entrecerrado, como en ensoñación. Brice había superado todas sus expectativas.

Se ducharon y se secaron mutuamente y se dirigieron al dormitorio, él llevándola casi abrazada hasta el borde de la cama.

“Mejor te vistes y me esperas en la cocina.” Le dijo ella. “Este lugar es demasiado tentador para ti” Agregó.

“¿Para mí, solamente?” Le dijo Brice, levantando una ceja.

“¡Vamos, no seas impertinente con una dama!” Le dijo ella, dándole un pequeño empujón.

Él se vistió y se dirigió a la cocina. A los pocos minutos apareció Shelby con una bata blanca, que hacía resaltar su tez morena. Se dirigió al refrigerador y sacó una bandeja de huevos.

“Fritos o escaldados” Le preguntó ella.

“¿Cómo te gustan a ti?” Contestó Brice, en el instante en que sonó el timbre de la entrada de la casa de Shelby.

“¡Oh, noo!” Dijo Shelby dejando la bandeja de huevos. “Espera, tiene que ser mi tía” Dijo, dirigiéndose hacia la entrada de la casa.

Abrió la puerta y allí estaba su tía, frente a ella en bata de levantarse y con una sonrisa de oreja a oreja.

“Hola querida, quería invitarte a que tomaras desayuno con nosotros” Le dijo alegremente.

“Tía. Qué amable de tu parte, pero... “ Comenzó a decir Shelby, cuando su tía la interrumpió.

“¿Estás acompañada? Qué bien, mi niña. Te hacía falta. ¿Quieres presentármelo, ahora?” Le dijo, intentando dar un paso más hacia el interior.

“Hoy no, tía. No por ahora. ¿Te parece que los vea más tarde?” Dijo Shelby, colocando su mano en el hombro de su tía, tratando de indicarle así su intención de que se fuera.

“Bueno, bueno. Pero no olvides de presentarnos al muchacho antes de que se vaya” Le dijo su tía, haciendo un gesto con su dedo índice frente al rostro de Shelby, como cuando le ofrecía azote si no se portaba bien cuando pequeña. Después dio media vuelta y salió de la casa.

Shelby volvió a la cocina con una sonrisa, pensando en la expresión ‘el muchacho’. Si supiera, Brice tenía más de 35 años y Shelby sólo 22. Su tía se horrorizaría de saberlo.

“Mi tía quería conocerte. Aparentemente el sistema de comunicación del condominio funcionó más rápido de lo que esperaba” Dijo Shelby riendo, mientras tomaba nuevamente la bandeja con los huevos.

*****

7

Estaban sentados los tres en el amplio mesón de la cocina, cuando sonó el celular de Chase. Catherine le hizo un gesto de silencio a Carmen, mientras observaba el rostro de Chase que se ponía serio mientras escuchaba.

“Sí. Envíale también las fotos al detective Jean Batiste; el sistema de reconocimiento de rostros que usa, tiene una base de datos más amplia que la nuestra. Llámame en cuanto tengas algo” Y cortó.

“Unos orientales estaban vigilando anoche la casa de, Karen, la científico.” Le dijo Chase a Catherine. Después de arrepintió. Pero él se había referido a ‘Karen’, y estaba seguro que Catherine se había dado cuenta de ello. Además del hecho de haber agregado ‘la científico’, como si ella no lo supiera. Era un imbécil.

“Pero también están los americanos” Dijo Catherine. “Esto no hace mucho sentido” Agregó, sin reflejar el sentimiento encontrado de haberlo escuchado a él, referirse a la científico con su nombre de pila.

“Los orientales no acostumbran a trabajar con occidentales. Esto tiene otros ribetes, que no logro entender” Dijo Chase, mientras revolvía su taza de café que le había servido Carmen, y Catherine le servía unos huevos revueltos con jamón y colocaba frente a él, una jarra con jugo de naranja recién exprimido.

Carmen terminó su café y levantándose del taburete en que estaba sentada, les dijo: “Me voy a correr, los veo más tarde” y salió de la cocina. Ella se había dado cuenta que tenía que dejarlos solos. Había observado el rostro de su prima. Se daba cuenta que Catherine necesitaba aclarar muchas cosas con Chase, especialmente ahora que habían intimado de la manera en que lo habían hecho estos dos días. Ella había recibido las confidencias de su prima, respecto de que para ella, Chase parecía tener una relación distinta con la científica, que la de estar sólo preocupado de su seguridad.

****

(Continuara). Agradeceré recibir sus comentarios y/o sugerencias respecto de esta historia y otras que sé han quedado pendientes.
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