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El Profesor de Tenis Cap. 07

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EL PROFESOR DE TENIS Cap.7

Llega el momento de la verdad para Julián

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Parte 1

La gente que hacía una ronda alrededor de ellos comenzó a regresar a sus mesas, después de aplaudirlos por el erótico espectáculo que les habían brindado con ese particular baile caribeño, Alicia y Julián se habían quedado en la pista, casi sin saber qué hacer. Esos breves minutos que duró el baile, en que por primera vez habían estado tan juntos, no obstante que sólo sus manos habían tocado, su cuello ella y el hueco de su espalda él, había generado en ambos, una tremenda excitación. Se dieron cuenta que ese baile, había sido como el juego preliminar de aquello que estaba en la mente de ambos, algo que parecía ser tan inminente, pero al mismo tiempo tan improbable. Ella sentía que la humedad cubría el pequeña trozo de tela de sus bragas, la que apenas abarcaba los labios de su vulva, y temía que si seguía allí de pie, un instante más, llegaría a la tela de su vestido. Por su parte Julián, sintió que una naciente erección comenzaba a marcar la pierna de su delgado pantalón de verano, y no tenía cómo ocultarla.

Ese era el estado de estímulo sexual en que habían quedado ambos; sabían que debían alejarse el uno del otro. Existía una promesa tácita de ambos y estaban conscientes que esa no era 'La Noche' para ellos. Sabían que habían dado un enorme paso en su acercamiento hacia el otro, pero, también sabían que aún no había llegado el momento de su verdadero encuentro y, como si se leyeran la mente, lo decidieron. Como siempre, en estas circunstancias, es la mujer la que siempre tiene más sangre fría que el hombre. Y ella fue la que reaccionó primero y habló quedamente, nuevamente para que nadie más que él escuchara:

"Julián. Te veré, de lejos, mañana". Y dándose la vuelta, retornó entre las mesas hasta el lugar que ocupaba, en el otro extremo de la sala.

Él sólo atinó a levantar apenas su mano, haciendo un pequeño gesto de adiós, viéndola cómo se desplazaba dando largos pasos como una bailarina de ballet, con esas piernas interminables, que hacían que sus caderas se cimbraran y su vestido marcara el pequeño temblor de sus nalgas y su largo y liso cabello rubio ondeara levemente mientras retornaba a su mesa. Él volvió taciturno a la mesa que compartía con Pedro.

Por supuesto, cuando Julián llegó a la mesa, todos los felicitaron, incluso las mujeres que lo miraban con otros ojos ahora, porque se habían dado cuenta que frente a ellas había una persona con una faceta francamente inquietante.

"¿Y dónde aprendiste a bailar así?" Le preguntó la morena con la que había bailado antes y que con su cabeza, apenas llegaba al pecho de él.

"Es que hace poco estuve en Brasil y allí este baile estaba de furor" le respondió.

"Dime, y esa rubia espectacular, ¿de dónde salió?" Pregunto uno de los jugadores que estaba con ellos.

"¡Fuiste el hombre de la noche!" Le dijo Pedro.

"¡Mataste, compadre!" Dijo el otro jugador que estaba con ellos, sentado al frente de él.

"¿Nos darías una clases de ese baile?" Preguntó otra de las muchachas que estaba con ellos, una morena alta, de ojos chispeantes, que durante toda la noche no le había despegado los ojos.

"¿Qué te parece que cuando termine el torneo, hablamos" Le contestó él, con el mismo tono que impuso ella a la pregunta.

"Te cobraré la palabra" Le dijo la morena, sonriendo con picardía.

Pedro miró su reloj y le dijo a Julián: "Parner, creo que es hora de levantar campamento. Mañana tenemos la hora de la verdad, es decir unas horas más"

"Sí. Tienes razón" Dijo Julián.

"Muchachas, fue un placer conocerlas. Pero yo también juego temprano" Dijo otro de los jugadores que los acompañaba en la mesa.

"Yo dije, que teníamos una cita con escolares" Dijo la morena alta que se había dirigido a Julián, muerta de la risa.

"Vamos, no pueden ser así." Les reprochó Pedro, con una sonrisa.

"Lo sé. Sólo es una broma, sabemos que este torneo va en serio. Los veremos mañana para hacerles barra" Dijo otra de las muchachas.

"En todo caso, nosotros las pasamos a dejar, para que sus papis no las reten por llegar tan temprano" Dijo riendo otro de los jugadores.

Se levantaron casi al mismo tiempo en que comenzaban a levantarse otros jugadores de otras mesas. Julián y Pedro se despidieron de sus acompañantes y se dirigieron al estacionamiento.

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Parte 2

Ya en el dormitorio, mientras se preparaban para acostarse, Julián le comentó a Pedro: "Sabes, nunca he jugado con el tipo que me toca mañana, por lo que no tengo ninguna estrategia definida para enfrentar el partido."

"¿Y cómo crees que estoy yo, me toca jugar con Verdasco, que pega su drive como fierro. Yo lo he visto jugar. ¿Qué me aconsejas?"

"¿Te acuerdas del zurdo que ganaste en tu primer partido, creo que te convendría usar la misma estrategia. Tratar que irte a la red en cuanto puedas; sin embargo, cuando lo hagas, tiene que ser con un golpe profundo, Verdasco tiene un excelente golpe de passing, muy efectivo, y muy rápido."

"Gracias por la esperanza que me das, amigo. Buenas noches" Le dijo Pedro, acomodándose para dormir.

Julián, con la luz apagada, se quedó pensando unos momentos en su encuentro con Alicia. Era tan hermosa y cuando le sonreía, lo desarmaba, sintiéndose como un impúber cuando estaba frente a ella. Pero, hoy sentía que se había energizado al bailar. Porque había sentido el potente mensaje de cercanía que ella le había transmitido, y eso lo hacía sentir capaz de enfrentar y superar cualquier escollo. Mañana debía ganar. Esa mujer constituía el mayor desafío que había enfrentado en su vida, mucho más que el jugar con el segundo sembrado de este circuito. Sus ojos se fueron cerrando lentamente y no supo cuando se durmió.

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Ese día amaneció con nubes pero con un sol radiante, cosa poco habitual en esa zona del sur del país. Pedro y Julián se levantaron muy de mañana y decidieron tomar desayuno en la hostería. A Pedro se le habían pasado las aprehensiones de enfrentar a Inga, la muchacha alemana que prácticamente se había servido de él. Cosa que era su motivación para querer evitarla. Sabía que por su mente rondaba un sentimiento de masculinidad herida, y en algún momento sintió el deseo de ser él quien iniciara el acercamiento para demostrarle a la muchacha quién era. Pero en esos momentos se hizo la pregunta: '¿demostrar qué? Él estaba de novio, amaba a Paola, y si se decidía hacer aquello, sabía que nunca las cosas serían como antes. Él debía demostrar su madurez y punto.

Por ello esa mañana, cuando se sentaron, e Inga se acercó a servirles el café y preguntarles si deseaban servirse unos huevos a la copa, él, con toda naturalidad le dijo que sí, mirándola a los ojos sin pestañear. La muchacha les sonrío y fue en busca de lo ofrecido.

Julián se lo quedó mirando, pero no dijo nada. Se dio cuenta que su amigo estaba bien, por lo que se enfocó en conversar respecto de lo que debían enfrentar esa mañana.

"Pedro, en la práctica de esta mañana, vamos a centrarnos en la estrategia de 'salir y atacar', es decir, golpear profundo hacia la derecha e irse a la red a ganar el punto. Es algo que los jugadores en cancha de ladrillo ejecutan poco, por lo que esa será nuestra arma de hoy. ¿Entendido?" Se lo dijo, mientras atacaba unas tostadas recién hechas que les había dejado Inga en la mesa.

Inga conversaba con su hermana menor Karen. Ésta, había perdido toda esperanza de conquistar aunque sólo fueran las miradas de Julián, quién aparte de saludarla, no demostraba tener ningún interés particular por ella.

"Te voy a confidenciar algo, hermanita, pero si prometes no contarle a mamá, por qué sé que se lo cuentas todo, incluso sé que le contaste lo que te pasaba con Julián."

"Te lo prometo. En todo caso, mamá me dijo que a ella también le gustaba, así que me entendía. Incluso me dijo que si él se quedaba un tiempo más, ella intentaría acercarse a él, para ver qué tal era y contarme después y ver que hacía al respecto."

"Si, mamá nunca ha ocultado que es muy caliente, sobre todo después que murió papá, poco después que tú naciste. Ella fue la que me dijo que uno no tenía por qué no tomar la iniciativa. Y eso era de lo que te quería hablar. El martes pasado, cuando el rubio estaba durmiendo, me metí en su dormitorio."

"¡¡Nooo!!!" Exclamo Karen, tapándose la boca al percatarse que lo había hecho demasiado fuerte.

"Sí. Al tipo me lo monté y lo hice acabar en pocos minutos. Aunque la tiene de tamaño normal, me quedó gustando. Yo no acabé, así es que cuando volví a mi dormitorio, tuve que masturbarme. Pero fue rico igual. El tipo es muy agradable."

"Hermana, fuiste muy osada. ¿Y qué si hubiera estado su compañero en el dormitorio?" Le preguntó ansiosa, Karen.

"Yo sabía que no estaba. Recuerda que él estaba saliendo con una morena hasta esa noche. ¿Sabes, no lo he visto salir desde aquella noche? Me da la impresión de que ya no anda con ella.

"¿De veras?" Preguntó Karen, llena de esperanza.

"Pero, no te hagas ilusiones todavía, ya que recuerda que está participando en un torneo profesional. Él me lo comentó a la pasada, hace dos días atrás, cuando llegó temprano a la hostería y pasó a buscar una copia de llave de su cabaña. Probablemente se esté cuidando. Algunos deportistas lo hacen, cuando tienen que competir."

Siguieron charlando, solo se detuvieron cuando los vieron que tomaban sus bolsos de tenis y se iban hacia el estacionamiento en busca de su automóvil.

Karen, nuevamente siguió con su mirada a Julián hasta que lo perdió de vista, mientras su hermana la miraba moviendo la cabeza.

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Parte 3

Eran las 9 de la mañana cuando llegaron. Y fueron saludados por otros jugadores que también llegaban como ellos a entrenar. Uno de ellos, el español Verdasco, se acercó a Julián alargando su mano para saludarlo.

"Pues me cago en Dios, ¡Cómo diablos conseguiste ese monumento de mujer!" Le dijo riendo, palmoteándole la espalda, mientras sostenía su bolso en su hombro con la otra mano.

"¡Cuidadito, cuidadito. No me pinches la uva, como decimos aquí. A ese monumento le tengo colocado el ojo!" Le contestó Julián, también riéndose.

"¡Espero que tengas suerte y no sólo le coloques el ojo!" Dijo Verdasco, matándose de la risa mientras se alejaba. Los otros jugadores que habían escuchado el diálogo entre ambos, se reían también.

Pedro y Julián vieron en la pizarra, la cancha que les había sido asignada y se dirigieron allí. Practicaron durante unos 45 minutos y después se fueron a dar una ducha rápida para ir a la mesa y confirmar su llegada.

Mientras esperaban, vieron que al recinto deportivo comenzaba a llegar una gran cantidad de gente. Al parecer el baile de la noche anterior, había sido el comidillo local y las muchachas del grupo de patinaje artístico, habían invitado a gran cantidad de sus amigas y amigos. El recinto se había ido llenando poco a poco y cuando Julián ingresó a la cancha, prácticamente estaban todas las locaciones completas. Al dejar su bolso en la mesa preparada para ello, sintió varias voces que lo avivaban, miró hacia ese lugar, y vio que entre las mujeres que alcanzó a distinguir, estaban las dos morenas que habían cenado con él la noche anterior y que levantaron sus brazos entusiasmadas, cuando vieron que él las había reconocido. La morena alta, incluso se atrevió a gritarle:

"¡Mijito rico, tienes que ganar!" Matándose de la risa con sus acompañantes que se unieron a la jarana.

Todo eso activó aún más la energía que inundaba a Julián esa mañana. Miró a su rival, que miraba serio las muestras de simpatía que entregaban a Julián. Y comenzó el paleteo previo.

Después de los minutos reglamentarios, el juez dio la orden de iniciar el juego.

Su rival era bastante bueno, y sus tiros iban profundos, obligando a Julián a realizar largos desplazamientos de lado a lado de la cancha. Éste, trató de mantenerse muy enfocado en sus devoluciones, pero el tipo abría cada vez más sus golpes, tratando de llevarlo de extremo a extremo. Su juego desde el fondo de la cancha era rápido e incisivo. Por otra parte el servicio de Julián, no había estado preciso, por lo que se lo quebraron en el quinto juego, lo que le significó perder el primer set. 6 - 4.

Pedro, a un costado de la cancha, lo miraba preocupado. Se dio cuenta también, que el problema de Julián estaba en su servicio. Sus primeros saques, habían sido enviados con poca velocidad, lo que había permitido a su rival tomar siempre la iniciativa, obligándolo a mantenerse en el fondo de la cancha, juego en el que su rival estaba demostrando ser superior. Le hizo un gesto tocándose el hombro derecho, para señalarle que debía enfocarse en su servicio y con la palma hacia abajo, le indicó que debía flexionarse más al servir. Julián inclinó la cabeza. Le había entendido.

Alicia, no se había sentado en las gradas para verlo jugar. Temía que su presencia pudiera desconcentrarlo y se había quedado de pie, en el acceso a la cancha, oculta detrás de unos avisos publicitarios. Miró con angustia a Julián cuando se fue a sentar después de haber perdido el primer set. Se cubrió su cara con sus manos y pensó que eso no podía estar pasando.

En el segundo set le tocó iniciar sirviendo, y esta vez Julián lanzó la pelota más alta, 'a la manera de los checos como le decía a su amigo', y flexionando más sus rodillas, le que permitió acelerar mejor el golpe, dirigiéndolo a la línea del centro de la cancha. Un ace impecable: 15 - 0. El segundo lo lanzo de igual modo, convirtiendo otro ace: 30 - 0. El tercero, lo lanzó más a la izquierda y su rival corrió hasta el extremo: 40 -- 0. Las muchachas que lo habían saludado al ingresar, saltaban en sus asientos gritándole

"¡Julian, Julian!", llamando la atención de Alicia, que las quedó mirando no muy alegre.

Ese primer juego lo ganó Julián, generando la confianza que necesitaba. El servicio en ese set fue vital, el que terminó ganando 6 -- 3. Las muchachas no dejaron de vitorearlo y la morena alta, la que esperaba que Julián le enseñara a bailar, volvió a gritarle:

"¡Mijito rico, hazlo pedazos!!"

Lo que hizo que la gente a su alrededor, se matara de la risa. Nuevamente Alicia la miró, tratando de identificarla. Pero, esta vez ella también sonreía aliviada. Así lo quería ver. Y esta vez había disfrutado todo ese set, viendo la potencia de sus saques y la fuerza de sus desplazamientos, viendo cómo sus muslos se tensaban con cada llegada a las pelotas exigidas. Eran los momentos en que ella se solazaba de verlo como el Hombre y no como el jugador. Su ojos se achicaron tratando de enfocarlos en su cara, quería tratar de ver las señales de su rostro y lo vio sereno, enfocado. Bien, así te quiero, se dijo, como si hablara con él. Quiero que despliegues toda tu potencia, la misma que usarás conmigo, cuando estemos juntos. Cuando te tenga abrazado, cuando sienta cada parte de tu cuerpo en mí. De pronto despertó de sus divagaciones, y se dio cuenta que se había excitado haciéndolo. Nuevamente se sintió húmeda. ¡No puede ser! Se dijo y apretó sus piernas. El tercer set había comenzado.

Ambos jugadores se quebraron mutuamente los dos primeros juegos. Le tocaba servir ahora a Julián. Esta vez decidió cambiar su estrategia y decidió probar saque y red. Y le dio resultado, ganando su juego. En los siguientes juegos, se ganaron cada uno su saque y llegaron al tie break. Era el momento en que debía nuevamente cuidar su saque, se dijo.

El recinto estaba lleno ahora, porque mucha de la gente que había allí y que sabían de tenis, habían ido precisamente a ver jugar al segundo cabeza de serie que venía de haber ganado precisamente en Brasil, en donde había participado Julián. Pero también había un gran grupo de personas que habían asistido a la cena bailable y querían ver cómo se desempeñaba ese jugador que había sido la sensación de la noche anterior. Alicia miraba atenta, sin abandonar su refugio. Por ningún motivo quería dejarse ver, ya que ello podría significar que perdiera la excelente concentración que él mostraba hasta el momento.

Comenzó el tie break y llegaron a estar 6 a 6. Sirvió el rival de Lucián, y se produjo un largo paleteo. En el recinto no se escuchaba un ruido. En ese momento, Julián lanzó un drive de derecha que obligó a su rival a tener que retroceder para poder contestar, lo que lo dejó a más de dos metros de la línea fondo de la cancha. La devolución fue débil, a media cancha, lo que permitió adelantarse hacia la red, y con gran tranquilidad, ejecutar un drop shot, con lo que la pelota cayó muerta al lado de la red. Todo el grupo que apoyaba a Julián saltó gritando de alegría, por un tiempo más de la cuenta, tanto así que el árbitro pidió silencio. Julián, vio una oportunidad, su rival recibiría a su derecha, por lo que decidió nuevamente hacer la jugada de saque y red. Esta vez tuvo la fortuna de que su servicio salió con bastante efecto, y la pelota se abrió mucho hacia el revés su rival, que para ir a responder ese tiro lo obligó a dejar absolutamente libre todo el centro de la cancha. Fue en ese momento que Julián corrió a gran velocidad hacia la red, interceptando la devolución de su rival para enviarla exactamente al lado contrario, donde la pelota cayo muerta en ese sector. Había ganado el match.

Se escuchó un grito de ánimo, esta vez de todo el público presente, ya que habían presenciado un excelente partido. Y aplaudieron a ambos jugadores cuando se saludaron en la red.

"Julián, jugaste un excelente partido, te felicito. Además que te llevas al público de regalo" Le dijo sonriendo al darle la mano.

"Gracias, Pablo" contestó simplemente y se dirigió a saludar al árbitro, mientras seguía escuchando los aplausos de la gente. En ese momento vio a Pedro que había bajado hasta la cancha para felicitarlo.

"¿Has visto a Alicia?" Le preguntó ansioso.

"No. La verdad es que no la he visto" Dijo, también un poco extrañado. Había terminado de decir eso, cuando vio que Julián se ponía rígido y miraba sobre su hombro. Se giró y vio venir a Alicia. Se veía espectacular vistiendo un traje estampado de verano, con los hombros descubiertos, en los que se apoyaba su largo cabello rubio, cortado en degradé, para dejar su rostro libre, y calzaba unas chalas con terraplén que la hacía verse aún más alta que su casi 1,80 de estatura. Venía radiante de alegría, y en se mismo momento comprendió que debía dejar a su amigo. Debía dejarlos solos, no cabía duda alguna. Sabía que su amigo ya no lo vería durante ese día y tampoco su partido, el que consideraba perdido ya.

"Te dejo, amigo. Disfruta el resto del día" y le apretó el hombro, alejándose.

****

Parte 4

Aquella mañana de domingo, Alicia se había levantado temprano y después de ducharse, se fue a su closet para elegir la tenida que usaría. Estaba feliz. Había llegado por el fin el día que tanto esperaba. Se probó varios vestidos. Mirándose al espejo, observando cómo se veían sus pechos y su trasero; estaba satisfecha de esas partes de su cuerpo, que sabía atraían a Julián. Al final, se decidió por un vestido estampado que dejaba al descubierto sus hombros, que ceñía su busto hasta sus caderas y después se abría amplio cubriendo sus rodillas. Eligió unas sandalias con terraplén, con ellas quedaba con su frente tocando la nariz de Julián. De pronto se acordó de dos cosas: que su marido no la había llamado el día anterior, cerca de la medianoche, como acostumbraba hacerlo diariamente, y dos, que tenía que hablar con su amiga Verónica. Esa conversación, la había estado posponiendo desde el día en que ella la había llamado, para contarle que su novio estaba en la ciudad, y que probablemente estaría con ella durante al menos diez días. Su amistad con Verónica se remontaba desde sus estudios de preparatoria. Los padres de ambas, habían sido amigos, por lo que ellas se habían criado prácticamente juntas, como hermanas, viéndose a diario. Siempre se confidenciaron todo, desde los momentos en que despertaron a la pubertad, hasta cuando tuvieron su primera relación sexual. Eso las llevó a prometerse, que se contarían con lujo de detalle cada vez que se acostaran con un hombre, que siempre serían leales la una con la otra, y si se daba la situación que ambas les gustara el mismo hombre, lo conversarían para tomar juntas una decisión al respecto. Y fue siempre así, desde que habían cumplido los 15. Tenían meses de diferencia, por lo que sus intereses siempre fueron bastante similares, no así con los hombres. Alicia, siempre había tenido preferencias por los rubios, y Verónica por los morenos, por lo que nunca habían tenido conflicto al elegir sus parejas. Nunca, hasta que Alicia conoció a Julián, y todo cambió. Ahora se enfrentaba a la disyuntiva de contarle a su amiga lo que había ocurrido. No sabía cómo ella reaccionaría. Había decidido llamarla por teléfono, pero creyó que era más apropiado decírselo personalmente. Pero, había seguido dilatando esa reunión con ella. Hoy domingo, se enfrentaba a la triste realidad que no le quedaba más tiempo, y tenía que debía resolver este conflicto antes de ir a ver jugar a Julián. Se sentó en la cama, tomó el celular, y marcó.

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