El Profesor de Tenis Cap. 07

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"Amiga. Hola" le dijo cuanto Verónica contesto su llamada. "Tenemos que hablar" Se lo dijo sin preámbulos.

Verónica, que conocía cada estado de ánimo de su amiga, reconoció por el tono de su voz, que algo pasaba y era grave.

"¿Dónde nos encontramos, te parece que vaya a tu casa?" Pregunto Verónica.

"¿Es posible que te vengas ahora?"

"Sí. Por supuesto. Me levanto y le digo a Germán que me reuniré contigo. Estoy allí en unos 30 minutos." Le confirmó Verónica, cortando la llamada.

Todavía en camiseta de dormir, Alicia fue a abrirle la puerta como a los 20 minutos que Verónica había cortado.

"¿Amiga, qué pasa?" Preguntó Verónica, preocupada, besándola en la mejilla, cuando entró.

Los padres de Alicia saludaron a Verónica desde el living, mientras ambas subían hacia el dormitorio de Alicia.

Allí ambas se tiraron a la cama, como lo hacían desde niñas. Era su habitual centro de reuniones. Ya fuera en la casa de Alicia o de Verónica, ese había sido siempre el lugar en que se habían contado sus penas y alegrías. Se habían hecho confidencias, incluyendo las más íntimas, desde el tamaño del pene de sus parejas del momento, de cómo habían hecho el amor, o de cómo se las habían culeado, como lo decían ellas sin ambages, las posiciones que adoptaban al hacerlo, etc., etc. Incluso hubo momentos, en que en el calor de sus relatos, habían quedado tan excitadas, que no habían tenido empacho alguno de masturbarse mutuamente. A ese nivel llegaba su amistad. Pero hoy, pensaba Alicia, era muy distinto. Se trataba de algo que por primera vez ocurría en sus vidas: estaban interesadas en el mismo hombre.

Alicia sopesó las palabras que diría, incluso de cómo empezar.

Observando el rostro acongojado de ella, Verónica la instó a que hablara: "Ali, lo que sea que tengas que contarme, hazlo. Somos amigas de siempre."

"Amiga, estoy entusiasmada con Julián" Le lanzó Alicia, mientras sus ojos se humedecían al decirlo.

Verónica se llevó una mano a la boca y la quedó mirando atónita por un segundo. "¿Pero, cómo lo conociste? Ah, ¡no me digas! Ahora lo recuerdo, ibas a tomar un evento deportivo en el club municipal, en donde venían tenistas. ¿Fue así fue como lo conociste?"



Alicia asintió, mientras secaba una lágrima con el borde de su camisón.

Verónica se acercó con una sonrisa y le tomó las manos.

"Pero, Ali. No puedes sentirte culpable de nada. Tú sabes que nos hicimos esa promesa. ¿Te recuerdas?"

"Sí. Pero nunca nos enfrentamos a algo como esto" Le dijo Alicia, manteniendo sus ojos bajos.

Verónica le tomó la barbilla e hizo que levantara la vista. "¿Y a qué nos enfrentamos, me quieres decir?" Le preguntó sonriendo Verónica.

"Bueno, tú lo sabes. Tú ya culeaste con él. Dos veces para ser exactos" Dijo Alicia, mirándola un tanto más tranquila, al ver la sonrisa de Verónica.

"¿Dos veces? ¿Estás loca? El lunes, cuando lo conocí, culeamos al menos cuatro veces. Recuerda que pasé toda la noche con él y no lo dejé dormir. Y el martes, culeamos dos veces, una en la cama que duró como dos horas, y otra, de pie contra el muro de la ducha, donde me dio como caja. Y mejor que no me acuerde, porque me mojo de sólo pensarlo. Ahora, cuéntame que pasó con él, cuando fue que te lo culeaste, cuéntamelo todo" Le insistió Verónica sin soltarle las manos.

"Es que no he culeado aún con él" Le dijo Alicia, con una mueca y levantando las cejas, como que había pasado algo irremediable.

"¿Pero, entonces, ¿de qué mierda estás hablando?" Le preguntó Verónica, levantando las cejas y poniéndose seria.

Y allí comenzó la historia de Alicia para Verónica. Sin omitir detalles, le contó cuándo lo había conocido, y de cómo al comenzar las clases con a él, ardía cada vez que lo veía. Del baile erótico que habían protagonizado delante de más de 100 personas, que prácticamente la dejó chorreando de lo excitada que había quedado. Y finalmente la promesa de mamarlo si ganaba el partido de hoy domingo.

Y Verónica miraba fascinada y sonriente a su amiga. "Ah. No... Amiga, te felicito, esto que me cuentas, es como un cuento de hadas. Sólo falta que te vistas de Caperucita Roja. Porque el lobo ya llegó, y te aseguro que te va hacer mierda en la cama. Te va a costar caminar derecha el segundo día después de que te culee" Le dijo Verónica, muerta de la risa.

"¿O sea que no te incomoda que salga con él?" Le dijo Alicia abriendo enormemente sus ojos verdes.

"Vamos, Ali. No voy a hacer la del perro del hortelano, que no come ni deja comer. Tú no estás saliendo con nadie, tu marido está lejos, hace cuánto ¿Siete meses? Y yo estoy con Germán, aunque claro, no se lo puede comparar con Julián." Le contestó Verónica.

"Puchas amiga, no sabes lo preocupada que me tenías" Dijo Alicia, dando un suspiro de alivio.

"Pero, espera, ¿dijiste que todo ocurriría sólo si gana hoy? ¿Estás enferma de la cabeza? Culéatelo igual. Tienes mi bendición. Está bien. Hazte la difícil igual, pero tíratelo sí o sí. Además, él espera esa mamada tuya, ya que yo no se la pude dar. Ahora amiga, me regreso a casa, porque voy a tirar con Germán que me espera acostado; estuvo demasiado ocupado con sus animales durante todos estos días." Besó a su amiga y antes de salir del dormitorio, se acercó y le dijo "Se me quedaba algo, amiga. ¿Cómo lo vamos a hacer después que se vaya Germán, si Julián decide quedarse en Valdivia?"

"Tendremos que tener otra reunión en la cumbre" Le contestó Alicia, lanzando una carcajada, a la que se unió Verónica mientras salía de la habitación.

****

Parte 5

Cuando estuvieron sentados en el automóvil, Alicia lo quedó mirando expectante y él sin dudar un segundo, tomó su rostro entre sus manos y la besó, sin que ella se lo impidiera en absoluto.

Eso era precisamente, lo que ella había querido hacer en aquel instante en que se paró frente a él para saludarlo por su triunfo, observando con el rabillo del ojo a las muchachas que se habían quedado esperando para ir también a saludar a Julián. Su actitud corporal de colocarse frente a él, tapándoles la vista, les dio a conocer su mensaje no verbal. Ese hombre le pertenecía a partir de ese momento. Y nadie más que ella tenía derecho a estar con él. Aunque en ese momento sólo le diera la mano para felicitarlo, y se derritiera por abrazarlo y besarlo como se merecía. Sólo le había expresado:

"Te dije que te vería de lejos. Estuve contigo en todo momento" Le dijo con esa sonrisa y con ese brillo en sus ojos verdes, que lo desarmaba.

"Gracias por venir. No sabes la alegría que me das de saber eso" Le dijo, mientras tomaba su bolso de tenis. "¿Me esperas en el estacionamiento, mientras me ducho?" Le dijo, con cierta ansiedad en su voz, mientras caminaban juntos hacia la salida del recinto.

"Sí. Allí te espero" Dijo Alicia, alejándose de él. Mientras caminaba, sentía que su vida parecía tomar un rumbo que jamás pensó experimentar. Se sentía tranquila después de haber tenido esa conversación tan franca con su amiga Verónica. Pero al mismo tiempo preocupada. Estaba el tema de su marido, el que tenía dos aristas: por un lado, ella nunca lo había engañado. Cuando recién conoció a Julián, pensó que todo se reduciría a echarse un polvo con él y ya, lo que no tendría mayor transcendencia y no afectaría su relación emocional con su marido. Pero por otro lado, se tenía miedo a sí misma, de cómo iba a reaccionar cuando estuviera en la intimidad con Julián. ¿Se dejaría ir en esa exaltación sexual que sentía por él, la que nunca había experimentado antes por otro hombre, al menos con esa intensidad, haciendo que la imagen de su marido dejara de tener esa permanencia y claridad que había tenido siempre, poniendo en juego su vida matrimonial futura?

****

Ahora en el automóvil, él la estaba besando, apasionadamente y ella estaba respondiendo de la misma manera. Su lengua había salido a buscar la de él y su boca se abría para recibir la suya, absorbiendo su lengua como si se tratara de su miembro viril que la penetrara una y otra vez. Los brazos de ella ahora rodearon el cuello de él, mientras sus endurecidos pezones por primera vez se pegaban a su torso. Pero el lugar no era el apropiado. Quería seguir besándose con él, fundirse con él. Pero se dijo, hemos esperado tanto, que podemos esperar un poco más.

Julián sintió que bajaba la tensión por parte de ella y la dejó para mirarla nuevamente. Tenía una erección que ya le dolía, pero estaba consciente que no era la hora, ni el lugar.

"¿Qué te parece que vayamos a almorzar y seguimos allí teniendo esta conversación tan interesante?" Le dijo él, sonriendo socarronamente, tratando de bajar la tensión sexual que había comenzado a manifestarse en ellos.

"Me parece bien." Contestó ella. "Conozco un lugar al que podemos ir. Queda a unos kilómetros, fuera de la ciudad. Es bastante agradable. ¿Te parece?" Le preguntó ella.

"Me parece" Y puso en marcha el automóvil y se dirigió hacia el camino que ella le señaló para salir.

Mientras conducía, Julián recordó los pensamientos que le asaltaron mientras se duchaba. Allí se había quedado dándole vueltas al recibimiento de Alicia en la cancha cuando se habían encontrado. La vio como retenida en su expresión corporal, sus palabras habían sido muy parcas. No había cercanía en ellas. Todo eso se contraponía con la forma sensual que ella había adoptado en el baile, donde virtualmente se había entregado a él en ese baile reflejando en su rostro la mismo que él sentía por ella. En ese momento en cambio, parada frente a él, pareció contenida, como si temiera ser observada o que alguien pudiera escuchar lo que ambos se decían. Tal vez en algún momento pudiera preguntarle. ¿Podría ser este el momento? Se decidió que no.

Por su parte Alicia, sumida en sus propios pensamientos, tenía las mismas dudas de contarle que era casada. Incluso, también se daba cuenta que había un nuevo hecho: ¡Julián desconocía que Verónica y ella eras amigas! Y eso claramente, podía entorpecer la espontaneidad con la que ellos necesitaban actuar.

De pronto entraron por un camino arbolado, y ambos tuvieron que volver a la realidad. Frente a ellos apareció una edificación emplazada frente al río, con una vista espectacular. Construida en finas maderas, el restaurante que encabezaba un grupo de cabañas construidas detrás, se veía muy acogedor. A Julián le llamó la atención, los enormes dinteles de la puerta, que parecían ser obra de un artista y no de un artesano en madera, por otra parte, de algún modo le parecieron familiares.

Julián detuvo el automóvil frente a la entrada y fue hacia el lado en que estaba Alicia para abrirle la puerta. Cuando ella bajó, tomó su mano y juntos caminaron como un par de novios hacia la entrada, donde una sonriente maitre los esperaba.

"Un gusto de recibirlos. Acompáñenme" Y los guió hacia el enorme ventanal que daba hacia el río, ofreciéndoles un lugar entre dos mesas que estaban ocupadas por unas parejas de mediana edad. Eran ya casi las 2:30 de la tarde y el local se veía bastante concurrido y seguía llegando más gente.

"Aquí tienen la carta. ¿Gustan de un aperitivo?" Les preguntó la joven que oficiaba de maitre.

"¿Tu deseas algo, Alicia? Lo que es yo, sólo tomaré agua mineral. Después de un partido como el que tuve, me deshidrato y si ahora tomo alcohol, me quedaré dormido en 5 minutos" Dijo Julián mirándola divertido.

"Le podemos ofrecer un aperitivo a base de jugos naturales de la zona" Se apresuró a decir la joven que los escuchaba atenta, antes de que Alicia respondiera.

"Sí. Me gustaría eso" Dijo Alicia mientras tomaba la mano de Julián sobre la mesa. "¿Tú también, cariño?" le dijo mirándolo con esa mirada que lo derretía.

"Sí, por supuesto" Contestó. Y mientras la joven maitre se retiraba, se inclinó sobre la mesa y le dijo muy bajito: "Me miras de nuevo así, diciéndome 'cariño' y tendrás que atenerte a la consecuencias" Mientras la miraba maldadosamente.

"Te lo digo ahora o te lo digo más tarde. Me gustaría ver de lo que eres capaz" Le dijo ella, devolviendo su misma mirada intencionada.

Él se echó atrás en la silla, y resopló diciéndole. "No puedes portarte así conmigo. Yo no te he hecho nada, para que me trates así."

Ella le dijo coqueta. "Ven" y él se inclinó sobre la mesa nuevamente, y ella le tomó sus manos hablando en voz baja, ya que se había percatado de la cercanía de las otras personas: "¿Cómo te atreves a decirme que no me has hecho nada? ¿No sabes el estado en que me has tenido todos estos días? Y ahora mismo, también. ¿Quieres comprobar cómo estoy ahora?" Mientras sus ojos verdes brillaban chispeantes.

Julián intuyendo algo, sólo atinó a responder como un adolescente: "Sííí." Y vio que Alicia retiraba una de sus manos, giraba sus ojos hacia los lados, para comprobar que en ese momento nadie vería su maniobra, y llevó una mano entre sus piernas que cubría el mantel. Unos segundos después levantó esa mano y la acercó a la boca de Julián, diciéndole. "Mira, huele o prueba, lo que se te ocurra."

Éste, por unos segundos no podía creer la audacia de la joven de rostro angelical que había introducido sus dedos en su vulva, y sonriente le mostraba frente a su cara tres de sus dedos, totalmente húmedos y brillantes por lo iluminado del lugar en que ellos estaban sentados. Julián sonrío con mirada maliciosa y tomando su muñeca, lentamente pasó su lengua por cada uno de sus dedos para chuparlos uno a uno, sin dejar de mirarla mientras lo hacía. Alicia, que no esperaba eso, se estremeció, diciéndole casi en un suspiro: "Y después me dices que yo soy la culpable de tenerte excitado". En ese momento ella se enderezó y retiró su mano, cuando vio a un garzón que se acercaba hacia ellos con sus bebidas. Les colocó sendos vasos de un líquido de un color rosado transparente con tintineantes cubos de hielo sobre la mesa diciendo:

"¿Desean que les tome el pedido?"

"Sí. Pediremos una reineta a la plancha, con tomate, palta y brócoli. Ah, y un merlot, cosecha del 98" Dijo Alicia, sin dilación, mirado a Julián y levantando sus hombros con un gesto, de que no había que pensar más.

El joven garzón, tomó nota y a continuación inclinó la cabeza hacia Julián, diciéndole muy bajito. "Señor, la maitre desea conversar con usted".

"Espera, cariño, regreso enseguida" Se levantó y se dirigió al mesón en donde estaba la joven maitre.

"Perdone que se lo pregunte. ¿Desearía que después de almuerzo, le preparemos la cabaña de costumbre?" Le preguntó muy seriamente la joven.

Julián quedó paralizado por un instante, sin entender nada, cuando en un costado del mesón vio que alguien levantaba su mano haciendo una discreta señal de saludo. Lo recordó, era el encargado de las reservaciones de las cabañas que lo había registrado en las en dos ocasiones que había estado con Verónica. '¡Qué buen fisonomista, el maldito!' Y ese preciso instante, algo hizo clic en su mente y al mismo tiempo entendió por qué el lugar le parecía tan familiar. En las noches en que había venido, creyó ver esos dinteles de madera que tanto le habían impresionado hoy.

"Sí. Me la incluyen en la cuenta. Y gracias. Ustedes sí que son eficientes" Le dijo a la joven maitre, que lucía una sonrisa cómplice, lo mismo que el encargado de las cabañas. "Ah, olvidaba. ¿Es posible que me consiga un echarpe para mi acompañante, había mucho sol cuando salimos temprano y creo que la tarde se pondrá fresca."

"Sí, por supuesto. En un momento se lo llevamos a su mesa"

Cuando Julián regresó, se sentó y tomando el vaso lo alzó diciendo: "Porque esta tarde sea como la historia sin fin". Ella le sonrió, imitando su gesto "Lo mismo digo".

Por supuesto, después de beber, como buena mujer curiosa le preguntó: "¿Y qué pasó allí?"

"Aparentemente nos vieron en actitudes sospechosas, hasta podría decirse, necesitadas, ya que me ofrecieron incluirme en la cuenta, una cabaña. ¿Te parece?" Y levantó las cejas esperando su respuesta.

"Yo no he escuchado nada" Dijo Alicia mirando hacia el río por el ventanal, mientras sonreía con malicia, pensando que la maitre los había estado observando. Lo que en realidad era cierto; ellos como pareja, por la altura de él y la belleza de ella, no pasaron inadvertidos.

En ese momento, se acercó la maitre con un pequeño bulto en sus manos y se lo ofreció a Alicia, que justo en ese momento, se frotaba sus hombros, en señal de tener frío.

"¡No te creo. Gracias. Eres un amor!" Le dijo Alicia al ver que se trataba de un echarpe de fina lanilla.

"Agradézcaselo a él" Dijo la joven, retirándose.

Alicia se lo quedó mirando por unos segundos y después le dijo "¿Sabes que ahora te amo?" le dijo, sintiendo que sus ojos se ponían acuosos, mientras arrebujaba sus hombros con el echarpe.

Julián sonrió más que complacido. En ese instante apareció el garzón. Les traía lo que habían pedido. Conversaron animosamente, mientras almorzaban. Ella reseñando algunos momentos que le parecieron claves del partido. De pronto, Julián miró su reloj y le comentó que a esa hora comenzaba a jugar Pedro. Terminaron de almorzar. Cuando le trajeron la cuenta, él tomó un pequeño sobre que contenía la llave de la cabaña y lo guardo en el bolsillo de su pantalón. Después de que él pagó la cuenta, ella le invitó a la terraza del restaurante. Él la tomó de los hombros y juntos caminaron hasta apoyarse en la baranda de la terraza que miraba hacia el río. Ella, se cobijó en su cuello y le dijo: "Julián, debo confesarte algo" Y seguidamente lo miró directo a los ojos.

"Estoy muy consciente de que lo que voy a decirte. Podría habértelo ocultado, convirtiendo este encuentro en una simple aventura, tal como la que tuviste con Verónica"

Julián se sobresaltó ante sus palabras. Eran demasiadas coincidencias. Ella le hablaba de Verónica, con la que había venido precisamente a este mismo lugar, la que a su vez también en un momento le dijo que tenía algo que confesar.

"¿Ella te recomendó este lugar?" Le preguntó Julián, tentativamente.

La respuesta que escuchó, quedó reverberando en los oídos de Julián. "No. Lo conocía desde hace un año atrás. Cuando vine con mi marido a almorzar aquí"

"¿Es por ello que hablas de aventura?" Le preguntó, inquieto, porque ahora la situación con ella, tomaba un nuevo rumbo y significado.

"Sí. Y porque hoy al llegar aquí, me di cuenta que nunca podría tenerla contigo".

Al escuchar eso, Julián sintió un nuevo sobresalto. Tuvo la extraña sensación de que veía como si Alicia se fuera empequeñeciendo y alejando de él.

Ella continuó: "Tal vez lo pensé la primera vez que te vi, y porque Verónica no cesaba de hablarme de ti, de lo que había hecho contigo, creándome una imagen de ti, como la de un seductor, haciéndome tener curiosidad de conocerte, tal como ella te había conocido. Pero, después las cosas cambiaron, cuando comencé las clases de tenis contigo."

"¿Y, qué cambió?" Preguntó Julián, temiendo lo peor.

Ella se quedó en silencio, mirando hacia el río, pero con su mirada perdida, tratando de buscar el significado de sus sentimientos hacia él; de cómo había reaccionado inicialmente, en que sólo había visto al Hombre; pero a medida de que había transcurrido el tiempo que pasaba con él, esa apreciación frívola, había tomado una dimensión absolutamente distinta. Durante todos esos días que tuvieron la oportunidad de estar juntos, él fue incisivo, pero siempre gentil, nunca presionándola a nada. Ahora, a sus ojos él había cambiado, veía a la verdadera persona que había en él. Y ese pequeño gesto de pedir ese echarpe para ella, la había conmovido. Por ello, cuando le respondió, no pareció dirigirse a él, sino que a ella misma. No era una confesión, tampoco una explicación. Era como si estuviera haciendo una introspección.

"¿Tú crees que la apreciación que se puede tener de una persona, puede cambiar tanto, en tan poco tiempo, como el que llevamos tú y yo juntos?" Le preguntó finalmente, Alicia.

Julián estaba en vilo, tratando de interpretar y absorber cada palabra que ella estaba diciendo. "Yo creo que sí. Tanto positivamente, como negativamente. Todo depende de cuán perspicaz seas para conocer a las personas. ¿Ha cambiado realmente la idea que tenías de mí?"

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