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El Profesor de Tenis Cap. 08

bylurrea©

EL PROFESOR DE TENIS CAP8

Rompiendo con lo establecido

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Cuando entraron a la cabaña, Alicia se sorprendió de hallar dispuesta, sobre una mesita del pequeño living, una botella de champagne en una cubeta con hielo, galletas de cocktail, y una caja sellada con diversa clase de quesos, una caja de pastelillos y una cesta con variada fruta de la estación. En la pequeña salita cubierta con una gruesa alfombra de lana, había un sofá. Él se sacó la chaqueta y la tiró hacia el sofá y se sacó sus mocasines.

Ella tiro el echarpe en la misma dirección de la chaqueta y también se sacó sus chalas de plataforma, y a continuación se colgó de su cuello diciéndole: "Me quieres matar, pero no de hambre, ¿no es cierto?"

"Te mataré lentamente, y después te resucitaré con eso que ves allí, para matarte de nuevo" le dijo, mientras llevaba sus manos a sus caderas y bajaba para apoderarse de su trasero que se moría de tocar.

Ella comenzó a darle pequeños besos en su boca, en su barbilla, en su cuello, mientras le decía: "¡Quiero saber, cómo... (besos) me matarás... (besos) Con qué... me matarás... (besos) Cuánto... (besos) me matarás... Por donde... (besos) me matarás!" Y con cada frase lo empujaba más y más hacia el sofá de la salita, para enseguida encaramarse a horcajadas sobre sus muslos, cuando él cayó finalmente sentado.

Esta vez, recomenzaron los besos interrumpidos que habían iniciado en el automóvil. Y ahora fueron sus bocas, sus lenguas, las que dialogaron. Y Después fueron sus manos, las de ellas para tomar su rostro y absorber sus labios y su lengua, y las de él, para seguir masajeando ese trasero intocado hasta unos minutos atrás. Pronto, el agradable calor de la habitación permitió que comenzaran a desvestirse mutuamente. Con sus muslos abrazando sus caderas y sus nalgas apoyadas en las piernas de él, Alicia comenzó a desabotonar su camiseta de algodón sin cuello y después la tironeó hasta sacarla de la pretina del cinturón. Julián levantó sus brazos para que ella la retirara por sobre su cabeza. Después, ella se paró frente a él para sacarse su ligero vestido de verano, quedando frente a él sólo con su sostén y sus pequeñas bragas.

Antes de que él hiciera cualquier intento de agarrarla nuevamente, ella se arrodilló frente a él, y comenzó a desabrochar su cinturón y después le bajó el cierre. Julián se levantó y ella le bajó los pantalones hasta que cayeron alrededor de sus los tobillos. Y allí de pronto, en la esfera de su visión, apareció su bóxer ajustado a sus caderas y en el centro, el abultado miembro de Julián haciendo un arco hacia un lado, presionando la tela como queriendo escapar de su confinamiento. Ella en ese momento se recordó de la descripción detallada de sus dimensiones que le había hecho su amiga Vero, y se dio cuenta que no estaba lejos de lo que su afiebrada mente había imaginado entonces, y que la había dejado temblando de excitación, la que justificó por los largos siete meses que llevaba sin tener relaciones sexuales desde que se había ido se marido en comisión de servicio. Sin embargo, se recordó de lo que había explicado su profesora de sicología en una clase de en que se tocó el tema sexual. Las mujeres, al igual que los hombres, al conocer a un hombre que las atrae, son capaces de engañar a su pareja estable sin pensar en las consecuencias, si se presenta la ocasión de hacerlo. Eso de que necesitan enamorarse para entregarse a una relación ilícita, son patrañas, terminó diciendo su profesora en esa ocasión. Ella había conocido a Julián el mismo día que su amiga Vero, y había sentido mariposas en su guata tan pronto lo vio. Pero después sólo lo había visto de lejos en el recinto deportivo, cuando se dirigía a entrenar. Pero su imagen en vez de perder fuerza, se había ido afincando cada vez más en ella a causa de los relatos de su amiga, en los que su imaginación voló imaginando que era ella la que protagonizaba esos encuentros amorosos, lo que le había dado la osadía suficiente esa noche, para decidirse, sin medir las consecuencias, a sacarlo a bailar y mostrarle toda su belleza.

Ahora lo tenía frente a ella, como siempre soñó. Dirigió ambas manos a la pretina del bóxer de Julián y la tiró hacia afuera y vio cómo su erección quedaba apuntando hacia su cara al llevar la tela hacia abajo para dejarlo descubierto. Bajó su bóxer por sus muslos, pero para hacerlo, tuvo que acercarse más a él, de tal modo que la punta rosada de su verga quedó rosando su mejilla. Con su mano derecha la empuñó, y sin retirarla de su rostro, la acarició a todo lo largo, hasta que su puño tocó su pubis, mientras su mano izquierda sopesaba sus bolas. Sosteniendo firme su verga con su mano, movió su mejilla a lo largo de su erección, como una gata regalona, apreciando la suavidad de su glande, que dejó un reguero cristalino en su mentón, mejilla y nariz. Sus labios como haciendo un puchero, se posaron en la punta para besarla y sacando la punta de su lengua, la deslizó por toda su cabeza, sintiéndola brincar en su mano. Estaba indecisa, quería mamarlo ya, pero el calor que sentía en el interior de sus caderas, sus muslos y su vulva, era de un volcán en ebullición. Quería a Julián en el centro de su cuerpo. Se levantó temblando de deseo y rodeó su cuello con sus brazos, sintiendo como sus duros pezones punzaban su torso. Él bajó sus manos y ahora amasó ese culo maravilloso que tantas veces había visto insinuado en su buzo y sus vestidos. De pronto se agachó un poco y tomándola de las nalgas, la alzó. Ella de inmediato levantó sus pesados muslos y rodeo con sus piernas la cintura de él, sintiendo como la punta de su erección quedaba apoyada firme a los labios de su vulva. Apretó su cara contra su cuello, como avergonzada del deseo incontrolado que sentía en este momento, mientras él la conducía desde la salita hacia el dormitorio de la cabaña.

Julián la depositó en la cama, y agachado tomó sus bragas y se levantó terminando de dejarla desnuda. Antes de que ella lo pudiera impedir, tomó sus tobillos para abrir sus muslos y comenzó a besar sus pies, para después empezar a bajar por el interior de sus piernas, de sus mulos, besándolos, acercándose inexorablemente hacia el centro de su deseo. Alicia gimió cuando los labios de Julián se apoderaron de su vulva, mientras sus brazos mantenían abrazados sus muslos. Siguió gimiendo al sentir que ahora era su lengua la que hurgaba en su interior, haciéndola retorcerse de placer. Era algo que ella había experimentado alguna vez cuando adolescente. Y se daba cuenta que Julián iba tocando sus zonas erógenas, cada vez con más precisión e insistencia.

Para Alicia, todos los días anteriores, habían constituido preliminares de esto, cuyo punto más alto había sido el momento en que bailó ese baile erótico con él. En ese baile, creyó que esos movimientos que ambos insinuaban, la harían acabar en plena pista en un orgasmo imparable. Pero esos momentos eran nada, comparado con lo que estaba experimentado su cuerpo en este instante. Y cuando Julián le introdujo los dedos en su vagina, al mismo tiempo que sus labios succionaban su clítoris, no soportó más y dando un largo grito que sonó como un chillido, su cuerpo explotó en un orgasmo que no creyó posible de alcanzar. Con sus ojos cerrados, su cabeza lanzada hacia atrás, enterrada en la cama, su cuerpo se crispó en un arco, mientras era recorrido por olas de placer interminables. Sus manos se crisparon en la cabeza de Julián, mientras él no paraba de lamer su vulva. Cuando sus convulsiones cesaron, ella se inclinó para alcanzar su rostro instándole a que subiera. Pronto estuvo entre sus brazos, y le acarició la espalda, apretó su culo con sus manos, mientras lo besaba ansiosa, y ella pudo paladear sus propios jugos en la boca de él. Así se besaron largo rato, ella sintiendo asombrada que su verga, apoyada a todo lo largo de la hendidura de su vulva mojada, seguía durísima. Poco a poco sintió que él comenzaba a moverse hacia arriba y hacia abajo, frotando su glande por su mojada hendidura, insertándola entre sus labios hasta tocar el pequeño pomo de su clítoris para bajar y recomenzar. Y ella se imaginó que bailaba con él, y comenzó a ondular suavemente sus caderas, presionando hacia arriba y hacia los lados, marcando y siguiendo las caricias de él; sentía que su mente explotaba, hasta que sintió que su glande quedaba preciso en la entrada de su vulva. Lentamente él empujó hacia abajo y Alicia hacia arriba y ambos gimieron en un largo 'Aaaahhh', y su gruesa y dura verga comenzaba a entrar centímetro a centímetro, abriéndose paso por las paredes de su caliente vagina. Cuando sintió que el pubis de él chocaba con el suyo, abrió sus ojos y lo quedó mirando.

Tenía que reconocer que tuvo fantasías con la verga de Julián cuando su amiga Verónica la describía, y ahora esas fantasías hacían que la sintiera aún más larga y más gorda, y que su vulva se ensanchaba y se acomodaba para recibirla. Su mente pareció explotar cuando Julián comenzó a bombear nuevamente su verga hinchada de sangre y de deseo y su vulva reaccionó ordeñándola como si fuera una mano. En ese momento Alicia decidió hacer lo que ella siempre esperaba hacer: expresarle verbalmente todo lo que estaba experimentando, decirle cómo sentía su verga dentro de su cuerpo.

Pero él se anticipó. Él quería convertir esto en un juego, en que ella participara liberándose de toda culpa que pudiera estar vagando por su mente, y simplemente se dejara ir en ese placer que ambos compartían. Quería que en ese momento sus únicos pensamientos se centraran en lo que él hacía con ella, y que ella a su vez, le comunicara todos sus más ocultos deseos. Que esto que tenían en ese momento, no era una escapada, no era una aventura, y que se sintieran inmersos en este acto, liberados de todo otro pensamiento.

"¿Querías saber cómo te mataría?", le preguntó, mientras retiraba y presionaba recorriendo su vulva con su verga que se abría y se comprimía para recibirla.

"¡Síííí, y me encanta como lo haces!" Gimió ella, empujando su pelvis contra él, mientras sus muslos temblaban y su vulva palpitaba con cada penetración.

"¿Querías saber con qué te mataría?"

"¡Sííí!" Y levantando sus piernas, rodeó su cintura.

"¿Te gusta. Y dime cómo se llama esto que te estoy metiendo?"

"¡Síííi. Pico. Tu pico!" Y se retorcía buscando otro ángulo de penetración, mientras no dejaba de mirarlo. Ella había entrado en su juego, sintiéndose como una adolescente cachonda.

"¿Y cuánto quieres que te mate?"

"¡Hasta que yo te diga que te detengas de meterlo!", Y empujaba sus caderas siguiendo su ritmo, mientras su estómago se tensaba.

"¿Y quieres saber cómo te mataré?"

"¡Te deseo de todas las formas posibles!", Y empujaba su pelvis contra él.

Entonces él se giró con ella en la cama, quedando con ella a horcajadas sobre él. Alicia llevó sus rodillas en dirección de la cintura de él, y comenzó a cabalgarlo hacia adelante y atrás, utilizando exactamente el ondulante movimiento del baile que habían protagonizado el día anterior en la noche.

"¿Te trae recuerdos este movimiento" y movía sus caderas en el mismo vaivén marcado por el baile, pero con la diferencias que ahora, tenía toda su verga deslizándose a lo largo de su vulva. Él la sintió palpitar y contraerse firme alrededor de su erección y siguió con ese movimiento, que permitía que su verga se insertara profunda cuando empujaba hacia adelante. Lo hacía sin prisa, para que ella de ese modo sintiera cada protuberancia de su miembro, cuando él buscaba el ángulo correcto y la velocidad justa para que su clítoris golpeara contra su pubis.

Pero a esta altura, ella estaba demasiada excitada y cayó de bruces contra su torso, y abrazaba a su cuello, buscó ansiosa la boca de él, al tiempo en que todo su cuerpo comenzaba convulsionarse ante la llegada de un nuevo orgasmo, mientras él enterraba sus dedos entre sus nalgas, acariciando el pequeño orificio de su ano. Nuevamente gritó y se agitó y quedó temblando encima de él.

Después, ella levantó su rostro mostrando sus brillantes ojos hacia él, casi cubierto con las hebras doradas de su cabello y le musitó, casi como en una exhalación "Quisiera siempre esta muerte contigo, y hacerte resucitar a cada instante y que me mates nuevamente". Ella lo sintió palpitar dentro de su vagina. Julián aún no acababa.

Ambos siguieron acariciándose y se besándose sin prisa. Cuando de pronto sonó un celular. Ambos se miraron sobresaltados, él dirigió su vista hacia su chaqueta y ella hacia su pequeño estuche de mano que había quedado en el sofá. Alicia lo miró, como pidiendo su permiso y Julián se encogió de hombros, mirándola sonriente. Era el celular de ella.

Ella se levantó y vio cómo de su vulva, lentamente emergía su verga erecta y brillante con los jugos combinados de ambos y golpeaba como un resorte contra el vientre de él. La miró con ojos soñadores y bajó por la alfombra hacia el sofá en donde estaba su estuche de mano, mientras insistentemente seguía sonando su celular. Por primera vez Julián, pudo ver su hermoso cuerpo desnudo mientras caminaba por la alfombra observando la estrechez de su cintura y la firmeza de su trasero. Alicia sabía quién llamaba cuando cogió el celular y se quedó de espaldas a él, sabiendo que él la miraba, y de pronto lo decidió: realizar el juego más provocativo y endiablado que nunca creyó poder realizar. Excitar a dos hombres simultáneamente.

Sin habilitar la llamada, corrió rauda hacia la cama para encaramarse sobre el cuerpo de Julián, esta vez colocándose de espaldas sobre él. Movió de lado a lado sus nalgas, haciendo que todo el tronco de su verga quedara incrustado entre ellas, y apoyando su cabeza sobre el cuello de él y contestó la llamada.

Él con el rabillo del ojo la observaba sonriente, sintiéndose dueño de la situación. Y ella le devolvió la mirada maliciosa que vio en los ojos de él, porque en ese momento vio que Julián se había dado cuenta de lo que Alicia pretendía realizar y su verga dio un brinco entre las nalgas de ella, al sólo imaginar lo que se avecinaba en esa cama. Iban a involucrar al marido en el juego sexual de ellos. El sólo hecho de que estar desnuda sobre el cuerpo de él, atrapando entre sus nalgas su hinchada y erecta verga, era de un erotismo extremadamente provocativo e impensado y que sólo una mujer en alto estado de excitación, era posible que realizara. De algún modo, en ese instante, se recordó de Valeria. Al igual que ella, todas las barreras del recato de Alicia habían caído. En ese momento, estaba con él, sólo para él, le pertenecía. Era el único hombre que importaba para ella.

"Sí. Estoy acostada" Dijo en español, cuando su marido le preguntó en dónde estaba.

"Porque estoy en este país" Reiterando por qué no le hablaba en alemán.

"Sí. Me siento apegada a él. Siento que le pertenezco" Le dijo, refiriéndose al país, aunque todo esto comenzara a tomar un doble significado.

"Sí. Estoy desnuda. ¿Quieres jugar?" Preguntó y onduló su cuerpo de lado a lado para sentir cómo reaccionaba la verga de Julián incrustada entre sus nalgas. Él había comenzado a acariciar suavemente sus pechos, apretando entre sus dedos sus pezones endurecidos por la excitación que la consumía, especialmente ahora que anticipaba lo que se venía con su marido.

"Bien. Imagínate que estoy de espalda sobre tu cuerpo desnudo... Lo recorres con tus manos... Acaricias mis tetas, mi vientre... Tus dedos rozan mi pubis... Están recorriendo suavemente los labios de mi concha... Sí, de mi concha... Me la abres... Introduces tus dedos..." Con su boca pegada al celular le hablaba a su marido, mientras las manos de Julián seguían el recorrido que marcaban las palabras de Alicia, como si estuviera realizando una 'perfomance teatral' en la que él era su único actor y ella su directora.

La excitación de ambos era extrema. Las nalgas de Alicia, con maldad se descomprimían y se contraían apretando la larga e inflamada verga de Julián, mientras hablaba. Quería que él se mantuviera duro y lo estaba consiguiendo, cuando la sentía contraerse ante esas particulares caricias.

"¿Te gusta que te atrape así con mis nalgas tu hinchado pico?" Susurraba a su marido, aunque en realidad sus palabras estaban dirigidas a Julián. Soltando y apretando. Soltando y apretando. En un juego excitante que hacía que los jugos de su vulva, escurrieran por sus muslos hasta mojar las piernas de Julián.

"Sí. Ya lo sé. Te gustaría meterte en mi concha. Espera..." Con su boca pegada a su celular, siempre hablando a los dos hombres, Alicia se deslizó hacia arriba sobre el vientre de Julián, hasta que su verga se retiró de entre sus nalgas y tomándola con su puño, guió la cabeza entre los labios de su vulva y enarcando sus caderas introdujo la punta. El empuje de él, hizo el resto.

"¡Oooohhh. Aaagrrhhh!" Exclamó de verdad, con su boca pegada al celular, mientras sentía que Julián apoyando sus talones sobre la cama, empujaba hacia arriba elevando el cuerpo de Alicia sobre él hasta insertarse profundo en ella. "¡Aaaahhh!" Volvió a gemir cuando él, enarcando aún más sus caderas, hundirse un poco más en ella, lo que esa posición le permitía.

"¡Oooohhh!... ¿Te gusta como entró tu pico dentro de mí? Ahora tengo atrapada tu verga en mi concha." Dijo Alicia, mientras ondulaba sus caderas para apreciar mejor la erección de Julián.

Después todo fue gemidos y contracciones. Durante varios minutos, ella estuvo respirando en forma entrecortada y quejándose de placer, con su boca pegada al celular, generando quizá qué efectos a su marido al otro lado de la línea, hasta que dijo:

"Ahora, sácala. Quiero jugar contigo. Quiero moverla a lo largo de mi raja..., sí de mi raja. ¿Te gusta la palabra, no es verdad?" Contestando esta vez a algo que preguntaba su marido.

Siguiendo lo dicho por ella, Julián se había retirado de su vulva, y Alicia desde esa postura, tomó la gruesa verga y comenzó a deslizarla entre los labios, hasta llevarla al botón de su clítoris. Con ese juego, había conseguido que la verga de Julián estuviera dura como un palo. Era un juego endemoniado el que hacía manejándola como si fuera el consolador que se había comprado cuando su marido se había ido al extranjero. Amasando con sus nalgas el vientre de Julián, tratando de lograr un mejor ángulo para su juego.

"¿Te gusta como paso tu cabecita entre mis labios?" Decía, con una voz que perdía claridad. Con su boca pegada al celular y contra la oreja de Julián.

Sus dedos amasaban ahora todo el glande con el líquido transparente que había comenzado a escurrir profusamente desde su pequeño orificio de la punta de la verga. Mientras los dedos de Julián, se movían libres abriendo los labios de su empapada concha y recorriendo su interior.

"Ahora, vuelve a meterme el pico en mi raja...¡Aaahhh. Asíiii!" Gimió Alicia contra el celular, porque Julián había logrado insertar su verga nuevamente en ella, rellenando su vulva.

"Oh, qué pena que acabaste" Dijo, respondiendo esta vez a su marido.

"Bueno, qué lástima... A mí me falta aún... Me llamas mañana..." Y Alicia tiró lejos el celular mientras apretaba sus manos contra las manos de Julián que estrujaban sus pechos, mientras él bombeaba su verga dentro de su vulva contraída, que estaba a punto de estallar.

Ella deseaba, esperaba al fin poder sentir la eyaculación de Julián dentro de ella, su concha estaba demasiado inflamada para soportar unos segundos más este endemoniado juego que había creado y en el que había involucrado a Julián. Se retorcía contra el cuerpo de él, buscando sentirlo más profundo, haciendo que sus estocadas fueran más largas, deseando que con sus movimientos su verga se colocara más hinchada y más dura.

Pero Julián había decidido otra cosa. Esta vez, la tomó de la cintura, mientras Alicia levantaba sus piernas chillando y riendo, y se giró con ella y la colocó de bruces contra la cama.

En movimientos rápidos levantó sus caderas dejándola de rodillas sobre la cama, abrió sus piernas y expuso el centro de su placer. Colocada así, con su cara apoyada en la cama y su grupa levantada, Alicia sintió que en esa posición, estaba totalmente desprotegida y desvalida. En esa postura su concha y su culo quedaban al arbitrio de quien estuviera detrás. Y gritó nuevamente, sintiendo que su cuerpo temblaba de lujuria, cuando que Julián abriendo un poco nalgas estiradas por la posición, exponiendo el pequeño orificio estriado de su culo, comenzó a recorrer sus bordes con su lengua. Siguió gimiendo al sentir que la lengua de él, no sólo lamía los bordes, sino que había empezado a insertar la punta tratando de penetrar su apretado ano. La sensación era extremadamente placentera. Sintió que la insistente caricia de su lengua hacía relajar ese orificio abriéndose para que su lengua entrara mientras sus manos se crispaban contra el cobertor de la cama. De pronto la sensación se detuvo, él había detenido la caricia. Giró su cabeza para mirarlo y mostrarle su decepción por haber cesado esa caricia deliciosas, cuando el colocó una mano en su cadera y con la otra tomó su verga y dirigiendo la punta a la entrada de su vagina, de un envión la penetró sin pausa. Alicia hundió su cara en la cama, para ahogar sus gritos ante esa penetración y no ceso de gemir al sentir que ya no eran suaves los movimientos de Julián. La había comenzado a culearla con un ritmo acelerado.

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