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El Puente

byChocolate Blanco©

Ante todo debes saber que muy pocas personas conocen esta parte de mi vida. No es que me arrepienta, ni me avergüenzo de ello pero me gusta considerarlo mi pequeño secreto.

Yo había nacido en una pequeña ciudad de la costa norte española así que cuando finalicé el instituto me vi obligada a mudarme a la capital para continuar mis estudios universitarios. Me matriculé en Derecho y me dispuse a buscar alojamiento. Era la primera vez que vivía fuera de casa así que estaba un poco nerviosa. Al final, tras mucho buscar, encontré una casa de estudiantes en la que aún quedaba un cuarto libre. Allí vivían otros cinco estudiantes, dos chicos y tres chicas.

La idea de vivir con dos chicos que no conocía en la misma casa me asustaba un poco, pues mis contactos con el sexo opuesto se habían reducido a una monótona e insatisfactoria relación con el hijo de unos amigos de mis padres. Pero, como era el único sitio que había encontrado, decidí sobreponerme a mis temores.

Al principio se me hizo extraño encontrarme con ellos dos por los pasillos por las mañanas en mi camino hacia el baño pero poco a poco me fui acostumbrando a ello. Alberto resultó un joven muy agradable al que pronto me acostumbre como si fuese un miembro de la familia. Y el hecho de que Jaime tuviese un asunto con Marta, una de nuestras compañeras de piso, hacía que aunque me atrajese poderosamente, lo considerase fuera de mi alcance e intentase no pensar en él.

El curso fue corriendo y se acercaba el puente de la Constitución. Yo no pensaba ir a casa porque la Navidad estaba cerca. Todo el mundo tenía planes para este puente y parecía que me quedaría sola en casa. Jaime pensaba llevar a Marta a una casita que tenían sus padres en una estación de ski.

El miércoles, después de las clases, cuando volví a casa la encontré vacía, parecía que todo el mundo se había ido, así que me preparé algo de cenar, tomé un largo baño caliente y me puse mi mejor pijama. Mis planes para aquel puente eran estudiar y visitar un poco la ciudad.

De repente un ruido me despertó de mi profundo sueño. Me senté sobresaltada en la cama y otro ruido resonó en el salón. Me levanté sin hacer ruido y de puntillas me acerqué al salón. Cuando asomé la cabeza al salón la escena me dejó perpleja. Sentado en un sillón en medio del salón y completamente desnudo estaba Jaime. Tenía los ojos cerrados, su cara reflejaba el placer que estaba sintiendo. Yo solo podía verle de cintura para arriba y pensé que había interrumpido a Jaime y Marta en uno de sus juegos en el salón.

Pero en aquel momento Jaime abrió los ojos y miró hacia mí. Se removió en su asiento y pude ver que estaba solo, sus manos estaban sobre su erección que ya tenía un tamaño considerable. Me quedé mirando para él con cara sorprendida y logré balbucear .... "Pero ¿Donde está Marta?".

Jaime me miró y respondió "Ha decidido pasar el puente con Carlos en Ibiza. Pero ¿Quién la necesita?" "¿Carlos?" Pensé yo. El único Carlos que conocía era su profesor de tenis... Pero la visión de Jaime, desnudo, en todo su esplendor enseguida distrajo mi mente de Marta y sus vacaciones... De repente la idea de estar en pijama en el salón contemplando a Jaime desnudo ya no me pareció una locura.

Jaime tendió su mano hacia mí y preguntó "¿Piensas quedarte ahí mirando o te unirás a la fiesta? " Avancé lentamente hacia el sillón, cuando estuve a su alcance Jaime colocó sus manos en mi cintura y con sus pulgares empezó a acariciarme lentamente el vientre. Me atrajo hacia él y me colocó entre sus piernas. Su cara quedaba a la altura de mi estomago y empezó a darme pequeños besos, sus manos se internaron por debajo de mi ceñida camisola de batista explorando las costillas hasta llegar a mis pechos. Sus manos eran cálidas y suaves y su toque iba despertando mi piel. Sus manos salieron de la camisola y empezó a desabrochar los diminutos botones, despacio besando cada retazo de piel que quedaba al descubierto. Cuando todos los botones estaban desabrochados deslizó la camisola por mis brazos y la tiró al suelo. Allí estaba yo, entre sus piernas y vestida solo con mis pantaloncillos de batista y encaje.

Jaime me sentó en su regazo, sus profundos ojos azules quedaban a la altura de los míos y por primera vez me di cuenta que su iris tenía un reborde mucho más oscuro que le daba esa intensidad a su mirada. Su boca se acercó lentamente a la mía y empezó a darme besos suaves por los labios mientras su mano cogía uno de mis pechos como sopesando su firmeza y empezó a jugar con el pezón rotándolo entre los dedos.

Yo notaba su dureza contra mis nalgas y debido a sus toqueteos no podía evitar restregarme contra ella. Jaime con voz enronquecida me dijo "Nena me estás matando". "Si sigues moviéndote así esto va a terminar antes de empezar". Mis pantaloncillos estaban húmedos por los abundantes jugos que manaban de mi vagina. Esto era solo el principio y yo ya estaba más excitada de lo que nunca lo había estado con Pedro. Pedro era mi aburrida y monótona relación anterior. Me había acostado con él dos veces impulsada más por un cierto sentido de obligación que por deseo. Aquellas dos veces habían sido un suplicio para mi pero esto...

Jaime me puso en pie y deslizó mis pantaloncillos por mis caderas rozando en el proceso mi piel con sus palmas extendidas. Cuando estuve completamente desnuda él me contempló en silencio, me estaba empezando a poner nerviosa, siempre he sido muy crítica con mi cuerpo y tener a alguien cómo Jaime, siempre rodeado de bellezas, mirándome tan atentamente hacía que no me sintiese muy cómoda, pero él se limitó a depositar un cálido beso en mi ombligo y murmurar "Precioso".

Miré hacia abajo y vi que su polla estaba tan tiesa y dura que parecía de hierro y probablemente estaría a punto de estallar, me arrodillé ante él y cogí su polla entre mis manos, agaché mi cabeza y abrí mis labios. Era la primera vez que se la chupaba a un hombre. Con Pedro siempre me había negado a hacérselo, pero en aquel momento me parecía que era lo que Jaime necesitaba para liberarse.

Cuando Jaime me vio bajar la cabeza se quedó tenso y expectante. Saqué mi lengua y le lamí el glande como si fuese una delicada bola de helado. Él expresó su aprobación con un murmullo de satisfacción, lo que me dio ánimos para seguir con mis juegos, deslicé mi lengua por toda su longitud, sentía como su polla latía bajo mi lengua, abrí la boca y la metí tanto como pude, lo que, si he de ser sincera, no era mucho pues siempre he tenido la boca pequeña y una predisposición natural a la nausea fácil; Pero ante mi sorpresa poco a poco la fui tragando sin sentir nauseas, la sensación era maravillosa, mi cara quedaba enterrada en su entrepierna y su olor a hombre penetraba por mi nariz. Él seguía gimiendo y murmurando inconexamente. Saqué su polla de mi boca y seguí lamiéndola. Entre gemidos Jaime me dijo que estaba a punto de correrse y yo le seguí masturbando con la mano, su mano sobre la mía me ayudó a conseguir el ritmo adecuado y al instante su polla hizo erupción bañándonos a ambos con su semen.

Jaime me sentó sobre su regazo de nuevo y me dio un suave beso en los labios. "Pequeña eres un ser adorable". Yo seguía muy excitada pero me daba vergüenza pedirle que se ocupase de mí, pero él pareció intuirlo porque su beso se volvió más profundo, con su lengua separó suavemente mis labios y la introdujo muy despacio en mi boca, mientras una de sus manos rodeaba mi pezón que ya estaba turgente por la excitación. Su palma se desplegó cubriendo todo mi pecho. Sus manos bajaron por mis costillas y mi vientre hasta mi monte y una de sus manos se introdujo delicadamente entre mis piernas, separó mis labios y rozó mi clítoris. "¡Ummmmm que sensación!". Su boca abandonó la mía; su boca y su lengua fueron trazando un sendero de besitos y lametones por mi barbilla y cuello, mientras sus manos me acercaban más a su cuerpo. Con mis manos recorrí los músculos de sus hombros y espalda. Su piel era suave casi totalmente libre de vello.

"Muy bien nena, vamos a cambiar de posición". Jaime salió de debajo de mí. Ahora era yo la que estaba sentada en el sillón y él el que estaba arrodillado entre mis piernas. Colocó mis pies sobre sus hombros y empezó la lamer la cara interna de mis muslos hasta llegar a mi coño que estaba muy abierto por la posición de mis piernas. Con las manos él separó más los labios y bajó su cabeza hasta que su pelo rozó mis muslos y su lengua empezó a lamer mi clítoris. Sentía como si mi clítoris fuese una canica flotando en aceite caliente. Nunca había experimentado una sensación tan placentera "Ummmmmm". Subí mis brazos hasta agarrarme al respaldo del sillón. Por la fuerza ejercida con los brazos mi pelvis se levantó y mis nalgas dejaron de estar en contacto con el asiento. Momento que Jaime aprovechó para deslizar sus manos por debajo de ellas. Empezó a amasarla suavemente separando los cachetes y abriéndome aún más. La sensación combinada de su lengua sobre mi clítoris y sus manos sobre mis nalgas fue demasiado y sentí como se acercaba el orgasmo. "¡Oh, sííí, ya viene!".

Después de aquel maravilloso orgasmo me invadió una laxitud increíble. Jaime me cogió en brazos y me llevó a su dormitorio. "Allí estaremos más cómodos". Me dejó en la cama, al incorporarse su verga quedó en medio de mi campo de visión y vi que volvía a estar excitado. Mi cara de asombro debió ser notable porque él se acercó a mí y me susurró. "Sentir cómo te corrías en mi cara ha sido tan excitante que no he podido evitarlo". A pesar de mi reciente orgasmo yo quería más, quería tenerlo dentro de mí. De repente se oyó en el dormitorio "¿Tienes preservativos?" ¡Dios Mío esa era mi voz!, no solo lo había pensado sino que lo había dicho.

Jaime fue a la mesita de noche y sacó una caja "¿Crees que una caja será suficiente?". Estaba tan cortada por haberle preguntado que asentí casi sin escuchar su pregunta. Él parecía divertido por la expresión de mi cara. "¿Sabes que eres una paradoja?" "Un momento eres tímida cómo una niña y al otro totalmente desinhibida". Se acercó a mí y me dio un beso muy suave en los labios. "Pero eso me encanta porque nunca sé cual de las dos voy a encontrar". Sacó un preservativo de la caja y se acercó a mí, yo me recosté en la cama mientras él se ponía el preservativo.

Él se sentó a mi lado y empezó a besarme el cuello, bajando hasta mi pecho. Luego se colocó entre mis piernas. "Aunque estás preparada esto vamos a hacerlo muy despacio". Él colocó la punta del glande entre los labios de la vulva y fue metiendo su miembro muy despacio. Yo estaba muy lubricada así que no sentí ninguna molestia, solo la sensación de ser llenada por su dureza. Él empezó a entrar y salir de mí, multiplicando las sensaciones. Levanté mis piernas hasta colocarlas sobre su trasero. Él tenía su boca en mi cuello y estaba dándome pequeños mordisquitos. "¿Estás bien?" me preguntó. "¡Sí, oh sí! ¡Sigue así no pares!". Las sensaciones eran maravillosas y no quería que cesasen.

Nunca me había sentido tan sensible a cualquier sensación. "Más rápido, por favor, más rápido". Jaime incrementó el ritmo, entrando y saliendo de mí. Era como si toda mi mente estuviese concentrada en las sensaciones. Como si solo existiese el punto de mi cuerpo donde Jaime y yo nos juntábamos. Me sorprendió la fuerza de mi orgasmo y grité como nunca lo había hecho. "¡Síííí, síííí, Diioosss es maravilloso!". Jaime siguió penetrándome mientras se corría "¡Ummmmm! ¡Síííí!".

Jaime se colocó a mi lado en la cama y me abrazó mientras que apartaba el pelo de mi cara. Me estiré y le di un beso. "Gracias". Él se quedó mirando y yo le dije "Gracias por la mejor noche de mi vida". Apoyó mi cara en su pecho y dijo "Lo hemos hecho juntos, no tienes porque dar las gracias".

Cuando desperté a la mañana siguiente el sol estaba alto en el cielo. Estaba sola en la cama de Jaime. Cuando iba a salir de la cama para investigar, él apareció con la bandeja del desayuno. "¿Qué hora es?" pregunté desorientada. "Son casi las doce y media". "Traigo algo para recuperar fuerzas".

Mientras comíamos la pizza que Jaime había descongelado estuvimos hablando. Él me contó que Marta y él habían empezado a salir hacía dos años, pero ya desde el principio la relación había ido bastante mal porque Marta y él eran incompatibles. Marta necesitaba alguien que supiese aguantar y perdonar sus locuras y él alguien que supiese seguir su ritmo. Yo le hablé de Pedro y de cómo todo lo había hecho para complacer a mis padres y cumplir sus expectativas para mí. También le conté que en mi mente yo había perdido mi virginidad aquella noche con él y no aquella primera vez en mi fiesta de graduación con Pedro.

Después de la pizza Jaime y yo decidimos tomarnos una ducha juntos. Yo creía que iba a ser solo una ducha, pero Jaime tenía otra cosa en mente. Jaime se colocó a mi espalda llenó sus manos de mi gel con olor a frambuesa y se dedicó a enjabonarme la espalda. "Sube los brazos". Sus manos jabonosas alcanzaron mis pechos desde atrás y empezó a masajearlos suavemente. Yo enganché mis brazos por detrás de su cabeza y me apoyé en él. Sus manos bajaron por mis costillas hasta juntarse en mi vientre, una de ellas siguió camino descendente hasta mi monte de Venus, mientras la otra volvía a mi pecho. Yo empecé a frotar mis nalgas contra su polla mientras la sentía endurecer. Jaime me separó un poco de él y empezó a enjabonar mis nalgas, deslizando sus dedos hasta la suave piel que separa el ano de la vagina.

Después fue mi turno de enjabonarle. Era mi oportunidad de recorrer todo su cuerpo con mis manos. Empecé mi recorrido por sus hombros, deslizando mis manos por su pecho libre de vello. Su piel era suave y tersa por encima de unos músculos definidos sin llegar a ser excesivos. Bajé mis manos por sus abdominales hasta llegar a su vientre, allí separé mis manos rodeando su verga sin llegar a tocarla. Él gimió. Su polla estaba ya dura. Me cogió entre sus brazos y nos colocó a ambos bajo el chorro para aclararnos. Cuando estuvimos aclarados, me cogió en volandas y me sacó de la bañera. "No puedo aguantar más" y me condujo de nuevo a la cama. "Pero vamos a mojar toda la cama" repuse yo. "Da igual", "Vamos a probar una postura diferente" me dijo y me colocó a cuatro patas sobre la cama, mientras él cogía otro preservativo de la caja.

Él se colocó a mi espalda y empezó a besar mi cuello desde atrás, sentí como una corriente por mi espina dorsal. "Ummmmmm" murmuré. "¿Estás preparada?" preguntó. "Sííí" estaba húmeda y dispuesta. Él abrió mis nalgas por atrás hasta descubrir la entrada a mi vagina. Deslizó un dedo por la abertura para ver mi humedad. "Sí estas muy preparada". Sus manos abrieron bien mis labios mientras su polla se introducía lentamente dentro de mí. Allí estaba de nuevo la maravillosa sensación de sentirse colmada. Sus manos estaban en mis caderas afianzándose mientras me penetraba. Cuando estuvo dentro de mí por completo tiró de mis caderas hasta que quedé sentada sobre él. Sus labios seguían besando mi cuello mientras sus manos exploraban mis pechos. Notaba su verga llenándome. Poco a poco empezamos a movernos, cada vez más rápido, las sensaciones eran tan fuertes como la primera vez. Pero ahora ya sabía lo bueno que podía llegar a ser. Sentía el aliento de Jaime en mi cuello y su murmullo en mi oído "Así nena, así que vamos muy bien". Yo solo podía balbucear "¡Sííí, no pares, que llega!", "¡Sííí, ummmmm!" y notaba como su orgasmo llegaba también. "¡Ya viene! ¡Síííí!". Jaime salió de mí y se echó de espaldas en la cama. Yo estaba boca abajo a su lado. "¿Estás bien?" preguntó. "Maravillosamente".

Jaime y yo pasamos la mayor parte de aquellos cuatro días de puente explorando las distintas formas y maneras de hacer el amor y acabamos la caja de preservativos. Los dos sabíamos que cuando llegase el domingo por la noche y volviese el resto de nuestros compañeros de piso, él y yo deberíamos volver a ser solo compañeros de piso. Él pensaba dejar a Marta, ya no solo por mí sino también porque ella había tomado una decisión cuando decidió irse con Carlos a Ibiza.

Cuando llegaron el domingo por la noche todos se dieron cuenta que allí había pasado algo, pero todos tuvieron el buen sentido de no preguntar ni entrometerse. Marta llegó muy decepcionada de sus vacaciones con Carlos y dispuesta a arreglar las cosas con Jaime, pero él se mostró inflexible. Le dijo que todo había acabado entre ellos. Podían ser amigos pero ya no volverían a ser nada más.

Cuando volví a casa para pasar las Navidades Pedro se comportó cómo si yo nunca me hubiese ido a estudiar fuera, cómo si yo aún fuese su novia. Pero nada era ya igual. Yo ya no sentía nada por él, bueno quizás nunca sentí nada profundo por él. Simplemente me había dejado arrastrar por los deseos de mis padres, pero ahora me sentía lo suficientemente fuerte para vivir mi vida sin depender de los deseos de mis padres. Él no podía o no quería entender que aquella chica a la que podía manejar ahora le plantase cara y le dijese que todo había acabado.

Tras las vacaciones de Navidad Jaime y yo nos planteamos salir juntos pero ambos coincidimos que éramos demasiado diferentes para que resultase, pero también estabamos de acuerdo en que a nivel físico nuestra relación iba de perlas, así que tomamos la calle de enmedio. Durante el resto del curso Jaime y yo seguimos acostándonos juntos, pero nunca salimos en plan pareja. Nuestros compañeros de piso tuvieron el buen gusto de hacerse los suecos ante tal irregular procedimiento, cosa bastante difícil pues fuimos varias veces pescados saliendo el uno del cuarto del otro a altas horas de la madrugada, eso, cuando no era a la mañana siguiente.

Cuando acabó el curso Jaime consiguió su licenciatura en Ingeniería Agrónoma y volvió a su casa. Al año siguiente se iría a realizar un Master en los Estados Unidos. Yo seguí en aquel piso hasta conseguir mi Licenciatura en Derecho. Tuve muchos compañeros de piso, pero con ninguno volvió a pasar nada parecido. Aquellos seis meses con Jaime son uno de mis mejores recuerdos, por no decir el mejor recuerdo de mi época Universitaria. No voy a negar que al año siguiente le eché mucho de menos y muchas veces estuve tentada a ponerme en contacto con él. Pero eso hubiese sido un error que podría haber cambiado nuestra relación, así que seguí con mi vida y atesoré esos seis meses como algo único.

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