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Exámen Médico

byleon_machado©

Esta historia fue escrita en una sola tarde, no tiene revisión alguna, simplemente se escribió según la inspiración me fue llevando. Está basado en una historia real.

Examen médico

Me acerque a la puerta y toque tres veces -- Toc, toc, toc... - una vez que la secretaria me había dicho que era mi turno. Cosa extraña, llevaba ahí casi 45 minutos esperando mi cita y solo había visto pasar mujeres.

Tal vez no era tan extraño para un consultorio de alergología, pero lo que me parecía verdaderamente extraño es que todas las mujeres que desfilaron eran una más hermosa y atractiva que la otra.

Desde adentro una voz muy varonil dijo:

-Adelante por favor.

Abrí la puerta con suma cautela y me encontré con uno de los consultorios más acogedores que había visto. Las paredes estaban forradas con duelas de caoba, un gran librero de caoba con una completa selección de libros abarcaba toda la pared lateral, frente a mi tenía un gran escritorio igualmente de caoba frente a dos sillas de la misma confección forradas de piel color negro, a un costado se encontraba un mueble que mas que cama de consultorio parecía un elegante diván con una pronunciada curva para reclinarse y exquisitamente forrado en piel de color negra.

Al fondo del escritorio se encontraba sentado en una silla de alto respaldo un joven doctor, de no más de 40 años de edad, tupida barba y ojos color avellana. Parecía tener una constitución delgada pero la blanca bata lo hacía parecer un poco más robusto.

-Hola, soy el doctor Enrique -me dijo con voz profunda- puedes decirme Henry.

-Hola --conteste tímidamente- yo soy Patti Prados.

-Hola Patti, aquí dice que es la primera vez que vienes a una revisión alérgica. Dime, cómo supiste de este consultorio?

-Bueno, mi hermana Letty me comentó que un alergólogo me podía ayudar a prevenir el insomnio. No puedo soportar un día más el insomnio, llevo semanas sin dormir y haría cualquier cosa por acabar con é. Mi casa está a solo unas cuadras de este hospital por lo que decidí buscar un especialista aquí mismo.

-Lo que sea verdad? -- comento con una ligera risa que se perdía en su tupida barba. -- Pues vamos a comenzar.

Algo en su tono de voz había cambiado, se levantó de la silla y me tomó de la mano para que me levantara de la mía. Su mirada era penetrante, por un momento me sentí un espécimen en estudio.

-Se ha hecho últimamente otro tipo de exámenes? Análisis de sangre, electros, Papanicolaou?

-Solo unos rayos X con el dentista.

-Ok, ja ja, de acuerdo -- me dijo sin disimular su sonrisa -- Creo que por ser esta la primera vez, debemos hacer un chequeo físico completo. Retírese, por favor, la blusa y el brassier -- Dijo sin un hilo de duda en la voz -- y súbase al diván.

Su voz emitía una gran autoridad, su imagen era la de un gran profesional, su consultorio estaba lleno de diplomas y reconocimientos, por lo cual a pesar de cierta duda accedí a tal petición. Me sentía un poco cohibida debido a que este doctor era para mí un extraño. Sin embargo, después de tantos ginecólogos este era solo un doctor más.

Me fui quitando la ropa pieza por pieza mientras que la profunda mirada del doctor se posaba sobre mi cuerpo. Su cara era completamente inexpresiva. Pero podía sentir su rigidez.

Y de ninguna manera lo podía juzgar pues me considero una mujer atractiva, mi piel es blanca como la leche y aunque mi cabello está teñido, mi color natural es el rojo. Aun conservo mi bellos naturales color rojo en la zona púbica.

Por otro lado, no me considero una modelo pero soy delgada y con curvas, sobretodo en mi pecho desde muy pequeña se desarrollaron y ahora con un poco mas de edad considero que han crecido un poco más.

-Primero le tomaré la temperatura -- Dijo el doctor, y tomo de un costado un termómetro de cristal ligeramente más grande que los convencionales -- Abra la boca por favor.

Con las manos sobre mis pechos para poder cubrir un poco mi desnudez abrí la boca lo más que pude para que el doctor introdujera el termómetro.

De la misma manera me dijo:

-No abra la boca por favor, solo será unos cuantos minutos. Mientras esperamos la temperatura le voy a tomar la presión arterial. -- Y sin pedir más permiso desprendió mi brazo de encima de mis senos y lo acomodo sobre el diván.

Con una gruesa cinta me rodeo el brazo y con la bomba que tenía conectada bombeo y bombeo hasta que sentí una gran presión en el brazo. El poco frío que había sentido había hecho que mis sensibles pezones se pusieran sumamente rígidos. Sentí como el rubor se fue apoderando de mi pecho.

Miró el su instrumento y luego me echo una ligera mirada a todo mi desnudo cuerpo diciendo:

- Patti pareces estar en muy buenas condiciones -- Esa era una frase un poco incomoda de escuchar para una mujer que estaba sentada con los pechos descubiertos a un hombre, por lo que me sentí aún más cohibida. -- Haces ejercicio regularmente?

-Sí -- le conteste con el gran termómetro aun dentro de mi boca- juego tenis por las mañanas.

Algunos minutos habían pasado desde el doctor me introdujo aquel grueso termómetro de tal forma que la saliva se me iba acumulando al borde de los labios.

-Es hora de revisar la temperatura -- y al decir esto, tomó el termómetro de extremo y los jaló delicadamente hacia afuera, lo que hizo que el húmedo instrumento desprendiera un hilo de saliva de mi boca.

Los ojos atentos del doctor fueron testigos de aquel acontecimiento mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro. En aquel momento lleve mi vista al gran espejo junto al diván y fui consciente de aquella escena. Me encontraba sentada, desnuda y completamente ruborizada, mientras que el doctor retiraba de mi boca ese grueso y húmedo termómetro de cristal dejando un rastro de mis líquidos salivales.

-Muy bien, Patti. Tu temperatura esta ligeramente elevada pero dentro de los rangos normales. Ahora vamos a escuchar tu corazón.

Sin más, el doctor se coloco el estetoscopio que llevaba colgado en el cuello justo en los oídos y llevo la punta donde él consideraba estaba mi corazón.

Mi cuerpo contesto con un gran respingo. Aquel instrumento metálico estaba congelado.

-Sientes frío? -- Me pregunto, y sin esperar respuesta se inclino a una repisa cercana al diván y tomó un tubo de crema del tamaño de una pasta de dientes. --Esto evitará la desagradable sensación.

Tomo un poco de la pasta y la untó sobre la superficie metálica y de nuevo la llevo por encima de mis pechos.

Primero la posó sobre mi seno izquierdo y con un pequeño deslizamiento lo llevo hasta mi pezón, repitió la misma operación con mi seno derecho deslizándose hasta mi pezón.

-Al parecer su ritmo cardiaco esta correcto -- Dijo el doctor. -- Ahora examinaremos sus senos.

Aquella extraña pasta se había quedado embarrada en mis pechos, así que cuando el doctor tomo con ambas manos mis pechos un ligero choque de electricidad se produjo sobre mi piel.

Las grandes manos del Doctor Henry estaban sobre toda la superficie de mis pechos y un intenso pero agradable calor se producía dentro de mi estomago. Los firmes dedos completamente abiertos del Doctor rozaban mis pezones hasta cubrirlos y luego los dejaban libres para que una fría ráfaga de viento los acariciara.

-Doctor, esta es completamente necesario este chequeo para conocer mis alergias? -- Pregunte en un leve susurro

Mi mente estaba un poco confundida, nunca había tenido una revisión de este tipo pero no parecía un procedimiento médico. Aquel masaje me estaba excitando enormemente, mis pezones siempre han sido muy sensibles a las caricias pero esta crema además le imprimía una sensación de estimulación que llevaba este masaje a otro nivel.

Si, Patti --Contesto el doctor en un ronco susurro, su voz estaba evidentemente agitada -- Todas las mujeres de grandes senos deben de estar sometidas a estas revisiones periódicamente.

Mi voluntad estaba siendo quebrantada, a pesar de la duda a cerca del profesionalismo de aquel doctor, mi cuerpo no podía responder de forma negativa a aquellas caricias.

-Mi esposo estaría sumamente enojado su viera que alguien agarra mis senos de esta manera -- Fue mi vulnerable defensa a tal acontecimiento.

Sus dedos se hundían frenéticamente en mi piel en un masaje sumamente poderoso, aquella crema estaba creando en mi piel una sensación de extraño calor que me excitaba enormemente.

-No hay ningún motivo para enojarse, pues esta rutina es solo mi trabajo -- contestó el doctor muy seguro de su respuesta.

Nunca le había sido infiel a mi esposo en mis catorce años de matrimonio, pero sin duda el vigor sexual había decrecido enormemente. Ya ni siquiera le daba importancia al hecho de tener sexo solo para complacerlo, pues con solo abrir un poco las piernas y dejar que se montara una vez por semana era suficiente para satisfacer sus tres minutos de lujuria.

A pesar de estar en una consulta médica, mi sentimiento de lujuria lleva acumulados ya varios años sin un orgasmo decente.

-Uuuhh -- un gemidito salió de mi boca mientras aquel masaje se producía - ... mis pezones estaba muy sensibles doctor.

La realidad era que me estaba destrozando, podía sentir como el calor se acumulaba en todo mi cuerpo. Mis pezones buscaban de forma involuntaria el roce con los gruesos dedos del doctor.

-Te pido un poco de paciencia Patti, ya casi acabamos.

Pero paciencia era lo que menos tenía en ese momento, mi excitación estaba grado máximo, hasta podía sentir un poco de humedad en medio de mis piernas. Mis dedos de los pies se contorsionaban más que una bailarina de "belly dance".

El placer se iba incrementando, la fuerte mirada del doctor sobre todo mi cuerpo me hacía sentir que me deseaba. Una gran montaña se le había formado en el centro del pantalón.

-Aaaaaahhhhh- Mis ojos se cerraron mientras mi boca emitía un claro gemido de placer. Mis manos se apretaban sobre el diván mientras que las del doctor se apretaban sobre mis excitadísimas tetas. --Aaaaahhhhh....

Podía sentir mi respiración agitada, mi salivación era mayor de lo normal, tanto que en todo momento me enjugaba los labios y tragaba mi saliva. Las expertas manos de aquel doctor se desprendieron de mis sensibles tetas y de nuevo con una autoritaria y confidente voz dijo:

-Tus senos están muy bien Patti, ahora por favor, retírate el resto de la ropa y acuéstate en el diván para que podamos terminar esta revisión. --Y con un gesto me indico que me diera la vuelta para acostarme boca abajo.

La voz del doctor era muy firme, mi cuerpo y mente estaban completamente doblegas. Dándole la espalda, tome el zipper de mi corta falda y lo baje, y en un solo movimientos lleve el resto de mi ropa hasta mis tobillos.

Me di la vuelta y me recosté boca abajo, la gruesa mano del doctor se metió palma arriba entre el diván y mi cuerpo y me levanto para dejarme en una posición de cuatro puntos.

-Que pretende hacer doctor? -- Le pregunte casi con un suspiro mientras mi vista se posaba en el espejo. Me encontraba con las piernas abiertas y el culo levantado, mi cara denotaba un claro rubor y mis redondas tetas se mecían en el aire con los pezones bien erectos.

-Lo siguiente es ponerle una vacuna contra varias enfermedades -- dijo -- será solo un piquetito.

Sus argumentos sonaban cada vez más tontos pero a la vez su voz me tenía hipnotizada. Podía sentir la ligera palpitación de mi fruta que pedía ser comida a mordiscos.

-De acuerdo doctor -- Dije con débil voz, casi preparada para lo que venga.

Note que la sustancia que estaba cargando con la jeringa provenía de un frasquito con dibujos e inscripciones chinas. Pero supuse que él era el experto por lo que no cuestionaría sus conocimientos.

Un fuerte piquete en la nalga izquierda seguido de un agudo dolor a causa del extraño líquido que se drenaba intramuscularmente me hizo tensar los músculos. De pronto el doctor me dio una sonora nalgada al otro lado de la inyección que me tomo completamente por sorpresa.

-Aaayyy, porque me dio esa nalgada doctor? -- Pregunte sorprendida pero excitada.

-Es para que la medicina pueda fluir más rápido por su torrente sanguíneo.

Y de pronto un fuerte hormigueo se produjo a través de todo mi cuerpo, era como pudiera sentir las puntiagudas patitas de un millón de hormigas por todas mis venas.

Las nalgadas del doctor continuaron una tras otra pero ya no podía sentir aquel dolor, solo podía la sentir la abrasión que producía mi torrente sanguíneo. Mis partes íntimas se inundaron en una sensación de cosquilleo intenso para humedecer por completo mi vagina.

-Voy a checar tu cavidad anal -- Dijo el doctor como un amo le habla su esclava. Por favor respire y relaje sus músculos anales.

Sus gruesos dedos se posaron justo en la circunferencia de mi culo y con un ligero jugueteo estiraban cada vez un poco más mi apretado orificio. Con delicada maestría untó un poco de aquella crema que había usado para masajear mis pezones. Aquella crema no solo aumentaba la sensación de calor que tenía en esa área sino que también la lubricaba para dejar paso a su grueso dedo a través de mi cavidad.

Podía sentir mis pliegues anales apretarse a medida que el doctor iba introduciendo su dedo. No sabía cómo argumentar que aquel placer profundo llevaba también cierto dolor añadido.

-No tan profundo doctor, me va romper el ano, recuerde que es mi primera revisión. -- fue mi mejor argumento, pues estaba completamente decidida a someterme a cualquier procedimiento.

-No te preocupes de nada Patti, este procedimiento lo he realizado infinidad de veces.

Entonces metió más profundo el dedo pulgar hasta llenar mi cavidad para que fuera aumentando su tamaño. Mi cuerpo casi no era consciente de aquel esfuerzo, la lujuria había invadido por completo mis sentimientos.

-Ahora dime como se siente aquí abajo -- Dijo el doctor y fue cuando todo me hizo sentido, el placer era extremo, sus dedos se habían posado sobre mi clítoris para frotarlo con fuerza.

-Aaaahhhh.... Se siente bieeeen doctor - Nunca había tenido una sensación tan intensa. Dentro de mí se gestaba una enorme ola de placer absoluto.

Las manos del doctor trabajaban tanto mi concha como mi culo. Su dedo no solo se había introducido sino que formaba un arco para que se restregara furiosamente por las paredes de mi ano. Mientras que su otra mano describía largos arcos a través de mis, ya sensibles, labios vaginales, desde el clítoris hasta tocar mi perineo.

-Aaahh, aahh, aaaahhh... - Mis gemidos se convertían en verdaderos gritos.

Retiro su mano para dar paso a su lengua que se hundía por completo dentro de mi húmeda panocha, sus labios absorbían con gran fuerza mi clítoris -- Aaaaahhhh, aaaahhhhh....!!!!

-Te gusta Patti? -- Dijo desde su posición.

-Siiiii doctor, nooo paaareeee, no paaareeee...

Mi cuerpo se contorsionaba involuntariamente por todos lados, mis caderas describían trayectorias oscilatorias, mis dedos apretaban las orillas de la cama con intensión de arrancarlas y mis gritos aumentaban de volumen sin importar quien los oyera.

-Es momento de terminar con el chequeo -- dijo el doctor.

Y sin dejar de masajear mi concha, desabrocho su pantalón y lo dejo caer al piso. El doctor, no solo era un experto en cuanto a los masajes sino que además estaba muy bien equipado. Su enorme y erecta verga estaba en la perfecta posición y altura para poderla introducir con facilidad a través de mi panocha.

-Métemelaaa, quiero sentirla toodaaa...!!! --Dije casi suplicando.

Otra personalidad había surgido de mi interior, era una fiera en busca de placer. Quería sentir que aquella verga se incrustara hasta lo más profundo de mi intimidad y me llenara por completo.

Se reclino sobre mi y fue cuando sentí la enorme cabeza deslizarse abriendo paso por mis gruesos labios vaginales hasta introducirse a lo más profundo de mi útero. El hormigueo había regresado más intenso que antes, un calor en mi vientre estallo y una fuerte humedad broto de mis mas íntimos rincones.

-Nooo pareees, por favor no pares... - Le gritaba con desesperación.

Mis caderas chocaban con furia sus caderas. La excitación seguía subiendo y los chorros de líquido seguían fluyendo de mi interior.

La enorme verga se introducía cada vez con más furia y con mayor velocidad. Una nueva ola de humedad brotó de mi interior.

Mis piernas se habían hecho de gelatina, ya no me podía sostener más.

Mi cuerpo cayo inerte sobre el diván mientras que mis caderas aun se convulsionaban al compás de las estocadas que no cedían su envestida.

-Aaaahh, aaahhh, aaahhhhh....!!!! AAAAHHH!!!!

Un chorro caliente de esperma lleno toda mi concha y una nueva ola de calor me invadió para soltar su húmedo chorro por toda la habitación. Pronto mi cuerpo había perdido la sensibilidad. La mezcla fluidos íntimos brotaba de mi intimidad.

Lo que sucedió después no lo recuerdo bien, solo sé que me vestí como pude y me despedí del doctor. Al salir del consultorio le pedía a la secretaria la cita más próxima que tuviera.

Y con una picara sonrisa me contesto:

-Venga dentro de tres meses.

Esa noche dormí de maravilla, y a partir de ese día ya conocía lo que era para mí la mejor cura contra el insomnio.

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