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Fragmentos de la vida Familiar

byoscarsalatino©

"...Un desayuno tardío en el que las reprobadoras miradas de mi hermana mayor María Eugenia consiguieron hacerme sentir avergonzado fue lo más destacable de esa mañana de clima incierto y amenazas de tormenta.

La lluvia llegó después del almuerzo frustrando el paseo planeado hasta unas cuevas cercanas donde abundaban pinturas rupestres.

En condiciones tan extremas como esas queda muy poco para hacer en medio del campo y mis padres aprovecharon para tomarse un descanso mientras mi abuela preparaba algunos dulces caseros que nos llevaríamos al regreso a la ciudad.

La tarde prometía aburrimiento seguro y abundante hasta que la menor de mis hermanas María Victoria -21- propuso que jugáramos a verdad-consecuencia.

Marcelito, el menor de la familia fue el primero en desertar y Euge -23- no tardó en seguirlo.

Quedarme a solas con Victoria representaba todo un desafío, pues como estudiante avanzada de psicología cualquier cambio de palabras con ella se transformaba en un intento de psicoanálisis o algo por el estilo, pero decidí arriesgarme antes que morir de aburrimiento.

Durante los siguientes diez minutos las preguntas se fueron desarrollando en un cierto clima de normalidad hasta que mi hermana se despachó con algo inesperado.

-¿Te masturbas mucho? --inquirió con una semisonrisa que me supo a burla.

Vacilé en responderle y preferí hacerlo con una mirada que la hizo enrojecer en lugar de los improperios que se merecía por su audacia verbal. Pero al notar que sus ojos parecían desafiarme decidí que también se merecía otro tipo de respuesta, aunque medida, para evitar conflictos que sólo servirían para alterar las vacaciones de Pascuas.

-No creo que eso sea de tu incumbencia --dije tratando de mantener la calma, porque a pesar de la escasa diferencia de edad que mantenía con ella no estaba acostumbrado a tratar ciertos temas con mis hermanas, ni siquiera lo hacía con Euge --próxima a recibirse de médica- a la que me unía algo más que una confianza ciega.

-¿Por qué no? --preguntó Victoria en ese tono de desafío que presagia problemas.

-¿Y tú?

-¿Yo qué?

-¿Te metes el dedo en la concha? --respondí harto de una insistencia que hasta ese momento no justificaba ni comprendía. El impacto causado por mis palabras se reflejó en sus ojos, pero el arranque quedó solo en eso: en un arranque finalmente controlado.

-Siempre sospeché que eras vulgar pero nunca imaginé que lo fueras tanto --replicó fríamente.

Su respuesta me sonó divertida y aunque me encogí de hombros tratando de restarle importancia ello no fue suficiente para calmar los ánimos porque Victoria decidió continuar royendo el hueso al que se había aferrado.

-¿Te gustaría saberlo para alimentar tus fantasías masturbatorias? --me preguntó con su tono de voz habitual para las burlas.

-Tendría que tener muy mal gusto para pajearme pensando en ti --respondí tratando de agrandar la herida en su ego.

Por un instante me dio toda la impresión de que de su boca brotarían los peores y más soeces improperios, pero no lo hizo, demostrándome una vez más que era toda una señorita cuando se lo proponía.

Apenas unos segundos después su lenguaje corporal me hizo saber que iba a responder a mis palabras en forma física y sí lo hizo.

A pesar de su agilidad, la diferencia de peso me permitió neutralizar el ataque con relativa facilidad y la sujeté contra mi cuerpo.

-¡Mocoso grosero! --dijo escupiendo las palabras.

-Malcriada --respondí comenzando a disfrutar de la situación.

-¡Te voy a arrancar las orejas! --me amenazó tratando de escapar del cerco en que se habían convertido mis brazos.

Decidido a terminar con esa tontería antes de que pudiera causarle algún daño me disculpé y a pesar de lo maravilloso que me resultaba sentir sus tetas frotándose contra mi pecho no deseaba que las cosas pasaran a mayores así que procedí a soltarla.

Siendo una consumada gimnasta a Victoria le costó muy poco invertir la situación a su favor.

-¿Y ahora qué me dices? --sonrió ubicada a horcajadas sobre mis muslos.

-Tú ganas --acepté con tono de resignación, pues sabía que halagarla era la mejor forma de terminar con la cuestión.

-Ya lo sé --respondió ella con una sonrisa de triunfo dibujada en su hermoso rostro.

Era evidente que se sentía vencedora, pero no había tenido en cuenta la precariedad con la que me mantenía sujeto. Una leve torsión de cintura bastaría para liberarme de ella, y aunque me estaba gustando y mucho tenerla encima mío decidí terminar con el juego de la mejor manera posible.

-Deja que me levante --le pedí.

La firmeza de su mirada me reveló que no me iba a librar tan fácilmente, al menos no antes de escuchar uno de sus consabidos sermones "terapéuticos".

-No estoy para eso --le advertí sabiendo lo que vendría a continuación y sin más la tomé de la cintura para quitármela de encima.

Victoria ofreció una resistencia que no me esperaba y me vi obligado a ejercer un poco más de fuerza de la necesaria para librarme de ella. Como consecuencia de ellos vi como sus ojos se llenaban de lágrimas haciéndome arrepentir de haber aceptado su reto.

Intenté una disculpa pero sus puños aporreándome el pecho me hicieron callar.

-Eres un bruto, un animal, una bes...

No me pregunten por qué lo hice, porque ni yo mismo conozco la respuesta, pero en su enojo María Victoria dejó traslucir una sensualidad tan urgente que sin pensarlo la atraje hacia mí para besarla y en lugar del previsible rechazo me encontré con una respuesta tan apasionada que en instantes me sentí transportado a la cima de la excitación.

-¿En qué lío nos estamos metiendo? -- jadeó Vicky con el pelo revuelto y las mejillas rojas por la excitación.

En lugar de palabras le respondí con un golpe de caderas que incrustó mi verga en la unión de sus muslos. Durante unas fracciones de segundos el tiempo pareció detenerse mientras acusábamos el impacto de lo que acababa de acontecer.

-¿Por qué me haces esto? --preguntó entre confundida y atemorizada cuando la hice girar para que quedara debajo de mí. Sentado a horcajadas sobre sus muslos le abrí la blusa y liberé esos pechos que en los últimos meses se habían convertido en lo más parecido a una obsesión. Alentado por sus quejidos besé y chupé las endurecidas puntas oscuras que me supieron a leche fresca y miel y por unos momentos temí dejarme llevar por el arrebato de arrancárselos de un mordisco. Ella no dejaba de gemir murmurando incoherencias mientras frotaba su sexo contra el mío, pero a pesar de ello mantuvo el control suficiente como para impedirme quitarle los pantalones.

-¡No! --protestó tomándome de las muñecas.

Finalmente conseguí vencer su resistencia y accedió a que se los bajara, pero sólo hasta la mitad de los muslos.

Su vello púbico es del mismo negro intenso que su cabello pero maravillosamente ensortijado, y aunque muy abundante, no alcanza a cubrir los carnosos labios de su sexo que en ese momento se entreabrían por la excitación.

-Tu concha... es hermosa --susurré.

Unas casi inaudibles gracias brotaron de los labios de Victoria mientras ella no apartaba la mirada de mi pija asomando por la bragueta de mis pantalones. La cabeza había alcanzado ese color morado intenso que precede a la eyaculación y me sobresalté cuando sus dedos se cerraron con firmeza en la parte inferior del tronco, apenas por encima de los huevos, para impedir lo que parecía ya inevitable.

-Respira profundamente y trata de pensar en otra cosa --me indicó con un tono de voz que me sonó a cordura.

La necesidad de expulsar la leche que colmaba mis inflamadas pelotas fue disminuyendo lentamente aunque mi pija continuaba tan dura como una estaca de madera, pues poder ver a una chica tan bella como María Victoria con las tetas y la concha al aire sujetándome la verga con ambas manos resulta un espectáculo por el que hubiera dado lo que no tenía para inmortalizarlo en una filmación o al menos en una foto.

-¿Mejor? --me preguntó cuando el color morado de la punta de mi pija cedió a un rojo pálido.

Asentí mientras terminaba de bajarme los pantalones antes de tenderme a su lado.

-¿Y ahora qué? --preguntó ella con el nerviosismo propio de quien vive una situación muy irregular.

-¿Quieres que lo dejemos acá o..? --respondí a mi vez.

-Esto no está nada bien --dijo como si hablara consigo misma.

-¿De verdad no quieres jugar? -insistí juntando un poco de coraje al notar que no pensaba comenzar a dar alaridos acusándome de un crimen sexual.

-Creo que vamos a cometer un error muy grande --susurra aferrándome la verga- pero apúrate antes de que cambie de idea.

Mi miembro se sacude en su mano y ella lo aferra con tanta fuerza que me hace temer por su integridad.

-Esto se va a poner peor de lo que imaginé --gime Vicky cuando le meto un dedo en la concha y comienzo a pajearla.

Al intentar apagar el sonido de sus gemidos con mis labios me muerde. Contengo el grito de dolor y le introduzco un segundo dedo en la concha. María Victoria abre muy grandes sus ojos oscuros y llega al orgasmo mientras la sostengo contra mi pecho.

Su respiración pasa del jadeo a las inspiraciones profundas antes de que sus ojos se abran. No tengo nada que decirle pues ella bien sabe que ha llegado el momento de devolver los favores recibidos.

-¡No me hagas esto! --murmura cuando me arrodillo a su lado para poner la punta de mi verga al alcance de sus labios.

El sentido común me dice que no debo vacilar para conseguir mi objetivo, sobre todo con alguien con el carácter habitualmente dominante de la menor de mis hermanas. Así que le respondo de la manera más cruda pero efectiva posible.

-Tienes tantas ganas de comerme la pija como yo de que me la comas, así que apresúrate antes de que venga alguien --la urjo.

-No así, no de este modo --argumenta sabiendo que no tiene escapatoria- déjame hacerte una paja --casi suplica, pero no estoy dispuesto a oír sus ruegos y golpeo sus labios con mi verga una y otra vez hasta que calla.-Deja de lloriquear como una criatura y chúpamela de una buena vez.

Aunque siempre la he tenido como una devoradora de hombres --ha cambiado tanto de novio que no puedo recordarlos a todos-, María Victoria no parece tener demasiada experiencia en chupar pijas, aunque debo reconocer que lo hizo con verdadera dedicación.

Son dos o tres minutos de la más intensa excitación mientras la calidez de su boca y su salivación van en aumento. El ruido líquido que produce mi pija entrando y saliendo de su boca es casi obsceno, mis bolas golpean contra su barbilla dando chasquidos que parecen marcarle el ritmo y fascinada por las enormes pelotas tira de ellas como si las estuviera ordeñando.

La fuerza del primer chorro la sobresalta e intenta apartarse echando la cabeza hacia atrás, pero mis manos sujetan su cabeza impidiéndoselo.

Perdida cualquier posibilidad de escape se resigna a tragar tan magnífica acabada pero la cantidad la supera y los dos últimos chorretones de leche salpican su precioso y ruborizado rostro.

El morbo de ver su cara chorreando semen es tan intenso que casi instantáneamente eyaculo una segunda vez.

-Esto es asqueroso --protesta María Victoria tratando de apartarse de la grumosa y blanca lluvia, pero no lo consigue y la mayoría del líquido cae otra vez sobre su cara.

El chirrido de los goznes de la puerta nos toma por sorpresa y sin siquiera darme vuelta lanzo un grito que paraliza a quien se encuentra del otro lado de la placa de madera.

-¡NO ENTRES!

-¿Qué sucede? -pregunta mi madre con voz alarmada.

-Estamos ordenando los libros y colocamos una pila de los más antiguos junto a la puerta, si abres pueden caer y romperse --alcanzo a decir mientras a toda velocidad acomodo mi ropa y Victoria se limpia la cara con la manga de su blusa.

-¿Victoria está contigo? --preguntó mi madre.

-Sí, estoy ayudando a Tomás --responde con una mirada por demás significativa.

-Vamos a ir hasta las cuevas, mamama también va a ser de la partida ¿les falta mucho para terminar?

-Más o menos una hora y media, vayan ustedes mientras terminamos de poner orden en lo que nos falta --responde Victoria adelantándoseme en la respuesta.

-Entonces nos vemos más tarde --responde mi madre cerrando la puerta

Apenas nos quedamos a solas llega la respuesta de María Victoria a lo que considera una situación traumática.

-Llegué a pensar que habías madurado, pero lamentablemente continúas tan inmaduro como a los diez años. No puedes comportarte de la manera en que lo has hecho y creo que voy a tener que hablar con mamá para recomendarle que te provea de ayuda profesional.

Su discurso no me llama la atención porque es muy típico de ella responsabilizar a los demás de sus propios desaciertos, y lo que sucedió sin dudas lo es. Pero la forma en que dijo todo de corrido sembró en mi mente una idea que nunca se me hubiera podido ocurrir en otras circunstancias.

-Tienes razón, no sé qué fue lo que me pasó para comportarme de esa manera tan abyecta, nunca debí eyacularte en la cara.

Victoria me interrumpe con un gesto mientras su rostro vuelve a enrojecer.

-No hace falta que lo menciones.

-...es que tampoco jamás se me hubiera ocurrido que me chuparías la pija...

-¡Calla de una vez! --casi grita con la respiración jadeante y los pezones nuevamente erectos.

Yo conservo mi verga fuera de los pantalones y siento que comienza a endurecerse bajo su mirada.

-No puedo evitarlo --susurro con la cabeza gacha como si me sintiera avergonzado, nada más lejos de la realidad; al menos de la mía-, ¿podrías brindarme tú esa ayuda profesional que tanto necesito?

Por el rabillo del ojo derecho observo cómo se produce la transformación en su rostro.

-¿De verdad quieres que lo haga yo? --pregunta la orgullosa y destacada estudiante de psicología.

La caricia a su ego ha resultado irresistible y alza la mano para acomodarse un mechón de pelo caído sobre sus ojos.

-Déjatelo así, me gusta más --digo y ella cumple con mi pedido.

Con las mejillas encendidas y el cabello cubriéndole a medias el rostro, Victoria ha vuelto a convertirse en la imagen viva de la sensualidad.

Mi verga termina de estirarse cuando cierro mi mano sobre ella.

La menor de mis hermanas me mira pajearme como si le resultara lo más natural del mundo. Su respiración entrecortada me hace saber que podría requerir de su "colaboración" para liquidar el asunto, pero prefiero crearle la necesidad de que sea ella quien se ocupe de plantear tal posibilidad.

-¿Vas a... acabar otra vez? --pregunta. El énfasis demuestra su interés. Entonces me pregunto ¿quién soy yo para negarle la posibilidad de sentirse una buena samaritana?

Asiento mientras tomo su mano derecha para colocarla por debajo de mis huevos.

-Siente como se vuelven a llenar de leche -susurro.

María Victoria cae en la trampa y se lame los labios en forma instintiva.

Por obra y gracia de la pasión la cuestión se torna tan sencilla que me basta colocar mis manos sobre su cabeza para que ésta descienda hacia su objetivo.

-¡Te odio! --alcanza a susurrar mi hermana antes de enmudecer por obra y gracia de la pija que le llena la boca.

La ansiedad de la primera vez ha dado paso a una calma que me llena de regocijo porque ya no parece un ternero hambriento, sino la mujer que realmente es. Chupa mi miembro con succiones largas e intensas que demuestran lo mucho que disfruta de esa felación fraternal.

Acaricio sus mejillas que parecen inflarse cuando la cabeza de mi verga golpea impaciente contra sus carrillos y ella recompensa cada caricia con un lengüetazo que recoge el líquido seminal que escapa incontenible por la uretra.

Me acerco muy rápidamente a la tercera eyaculación de la tarde cuando la puerta de la biblioteca comienza a girar sobre sus goznes.

-¿Ya terminaron? --pregunta nuestra madre a través de la rendija.

-Estamos en eso--respondo mientras me relajo lo suficiente para que una vez más el contenido de mis huevos comience a inundar la cálida y receptiva boca de mi hermana María Victoria.

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