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GV1016 Ch. 04

byvlades©

Desde el momento que Harumi abre la puerta, miro nervioso los alrededores del sitio. Me veo en unas casitas en fila formando unos atractivos apartamentos típicos de la zona. Dentro, donde damos con su puerta, es casi imposible oír los coches pasar, y eso a pesar de estamos muy cerca de una calle. De todos modos las manzanas de esta zona son parecidas alrededor de un kilómetro. Son complejos de apartamentos como casitas individuales a lo largo de varias manzanas. Yo ya me supongo antes de entrar, que en su trasera se unen con las demás con alguna piscina o parque comunitario.

Entramos. y como me parecía desde afuera, es una planta sencilla. Lo primero que veo al entrar con ella, es un gran salón con una decoración tan moderna como simple.

- Ya te puedes quitar la ropa.

Me dice en el momento que hipnótico veo como se descalza de sus zapatos en la entrada.

Con rapidez me quito la camiseta, los short y las sandalias. Vuelvo a estar de la forma natural del que me he acostumbrado. Incluso me anticipo a posar mis rodillas al suelo para sorpresa de Harumi.

- Uy! Que avispado. Me imagino que esa devoción no viene solo de una preparación de doma en Tasarte.

Ríe luego.

Lo cierto es que estoy muy entusiasmado. Es como si sintiera un aura acogedor en este apartamento. Una emoción me invade al mismo tiempo que mis ojos caen en los pasos de unos pies desnudos sobre el piso brillante que se dirige hacia el marco que limita otra habitación.

- Vamos!

Yo la sigo gateando tomando mi lugar como si fuera su mascota. Esto me vino de forma natural sin que me lo pidiera. Es curioso, pero dejando atrás mi vergüenza, ahora mismo me siento cómodo gateando detrás de ella. Me encanta fijar mi vista a esos hermosos pies descalzos sobre los suelos de su apartamento. Y se que gateando estoy mas cerca de ellos.

- Aquí esta mi habitación. Como verás, al pie de la cama te he preparado una colchoneta al suelo para ti.

Efectivamente, una colchoneta rectangular de 2x1 metro queda perfectamente extendida de tal forma que casi llego a pensar de que se trata de una voluminosa alfombra.

- Supongo que en Tasarte has aprendido diferentes protocolos para diferentes acontecimientos, pero en mi apartamento los vamos a resumir a mi manera.

De rodillas con las manos en mi espalda veo sorprendido como se desabrocha los jeans. Mi pene se levanta!

- Tendrás unas normas las cuales debes memorizar muy bien.

Se baja los jeans, y en cuanto le llega por las rodillas, se sienta en la cama...

- Como eres mi mascota de compañía, gatearás siempre para moverte por la casa. Tu cometido no tiene nada que ver con las tareas domésticas. Por lo tanto solo serás de utilidad sexual y juegos. Bueno!, algunos recados sencillos harás.

Se saca los jeans de los tobillos y los tira al piso delante mía.

- Siempre que no te diga lo contrario, me seguirás gateando por si acaso te necesito. Si me detengo, tu te detienes quedándote de rodillas y siempre, óyeme bien, siempre mirarás a mis pies . ¿Eso te lo han enseñado en Tasarte?.

- Si, señorita Harumi.

- Pues yo tampoco soporto que un esclavo me mire por encima de los tobillos.

Pienso que para mi es fácil cumplir su mando. Lo hago y lo haría sin que me lo pidiera... Pero... Se acaba de quitar los jeans y me veo obligado a eliminar mi curiosidad por verla en ropa interior.

- He leído documentos de Tasarte, y me ha parecido interesante el objetivo del por qué solo deben mirar los pies. Con esto vuestro sentido del oído se afina a las órdenes, y a su vez se crea un simbólico paso para una relación de fe del esclavo. ¿No?

- Si, señorita Harumi.

Desconozco ese punto de vista pero me imagino que es así. Aunque yo disfruto viendo los pies y zapatos, tal como ahora veo que sus pies están sobre los jeans tirados al suelo.

- Se que no eres de mi propiedad, pero me puedes llamar Ama Harumi...

Me emociono conscientemente de lo que puede significar y le respondo:

- Gracias, Ama Harumi. Es un honor considerarla dueña de mi.

- Bueno, no te emociones mucho. De momento no tengo interés de tenerte como propiedad. Seguiremos con estos meses de alquiler, y luego ya veremos. Pero aunque seas de Tasarte, no me importa considerarte mío. A si que me puedes llamar Ama Harumi.

Sin dejar mirar sus pies entre el suelo y los jeans, de repente cae sobre ellos su blusa negra. Se la ha quitado!

- Dentro de unos minutos me voy a dar un baño. ¿Sabes lo que una mujer espera de su esclavo antes de un baño?.

- No, Ama Harumi.

Cae al suelo un sujetador negro...

- No lo creo... ¿Seguro que no sabes lo que hay que hacer a su dueña antes del baño?

- Esto... No estoy muy seguro Ama Harumi. ¿Que debo hacer?.

Cae al suelo con el montón unas braguitas diminutas. Dios mío, debe de estar desnuda! ¿Como no voy a poder elevar mi mirada?. No, no debo.

- Tonto!. Quiero probar tu lengua.

Como si explotaran mil fuegos artificiales siento una alegría enorme escucharla.

- Oh si, estoy a su servicio. Nada mejor me gustaría hacer Ama Harumi.

Harumi suspira de cansancio y se tuba en su cama. Sus pies se separan de lado a lado del montón de ropa dejando el camino para adelantarme hasta ella.

- Bueno, pues sorpréndeme.

No me puedo creer que la tenga en la cama desnuda y que no pueda verla al 100% cada detalle. Aunque me sorprende aún mas la naturalidad con la que me lleva. La tranquilidad y la confianza en si misma a pesar de su aspecto dulce y sencilla.

De camino entre sus piernas tengo la posibilidad de levantar la vista y encontrarme con su vulva. Ella mira relajada el techo con las manos extendidas en cruz a lo ancho de su cama. Unas rasuradas jorobas mas oscuras que el resto su piel se abren a medida que sus piernas se separan. Mi nariz esta cerca y percibo un olor muy íntimo. Es como resto de orina combinado con su sexualidad. Ella respira hondo en cuanto de mi nariz, sale el aire de mi respiración. Su sexo es todo un espectáculo desde mi posición. Si en su vulva no hay pelo, sobre su pubis una pequeña mata de pelos forman un triángulo perfecto. Mas arriba un horizonte mas interesante que una puesta de sol. Del plano de su vientre hasta sus pechos, como dos montañas que brillan con la luz directa de la lámpara, hay una vista de encanto que jamás hubiera podido soñar. Aprovecho que sus ojos están clavados en el techo para detenerme unos segundo a mirar su cuerpo. Son unos segundos de trance, totalmente enloquecido antes de sacar mi lengua.

- Mnnnnm!

Gime mi dueña en el primer contacto. Mi lengua lame despacio las carnes en bultos poco a poco. Es como si pidiera permiso antes de entrar a la zona mas rosada.

Pronto ella se levanta sobres sus codos en la cama y me mira hacer mi trabajo.

- A ver si consigues llevarme lejos.

Dice y luego echa su cabeza atrás apuntando su barbilla al techo.

Mi lengua encuentra el camino pasando por toda su raja de principio a fin. Separo cada bulto con mi lengua y la penetro con toda la longitud. Luego salgo y subo en busca de su clítoris algo comprimido entre carnes. Me sorprende como poco a poco su clítoris parece inflarse y salir mas hacia fuera. Ya mi lengua en círculos sobre él, apenas tiene que profundizar. Poco a poco me voy sintiendo cómodo a pesar de no usar mis manos. Cada gemido de mi dueña es un triunfo, y por lo tanto mi recompensa por mi trabajo. Me gusta oírla gemir, mi erección da fe del regalo que me está ofreciendo. De repente cuando mas húmedo esta su sexo, ella cierra sus piernas atrapando mi cabeza. Mis oídos dejan de oír de repente ocultos entre sus muslos. Yo hago lo posible para mantener mi nariz sobre la pubis para poder respirar. Sin embargo mi lengua no se detiene en ningún momento. No hay tregua, y cuanto mas aprieta sus muslos, mas rápido lameteo y penetro.

Harumi parece rendirse.... Se suelta de los codos sobre la cama, y se deja caer. Una gran viscosidad de flujos invade mi boca de tal manera que tengo que tragarme algo. Ella se impulsa otra vez, y se hace adelante para quedarse sentada y que sus manos cojan mi cabello. Pronto siento tirones del pelo y mas apretones de sus muslo...

- AUMMMMM!!!!!!! JAAAAAAAA!!!!!!

Sus manos me empujan feroces contra su sexo, de tal manera que casi le hago daño con mis dientes. Detengo mi lengua, y ella pronto se deja caer de nuevo a la cama con un gran suspiro de alivio. A si que lo mejor que se me ocurre durante este silencio es tomar sus flujos con mi lengua y tragármelos, intentando ya no buscar mas su clítoris.

- Que bien me siento ahora!

Acostada me mira. Luego se levanta...

- Vale, déjalo ya es suficiente. Recoge mis ropas del suelo. Luego en la cocina hay una puerta que da al patio comunitario. Verás un pequeño jardín y una caseta trastero. Pues dentro tengo la lavadora, y cerca un cesto de mimbres donde debes introducir la ropa.

Mis manos se llenaron de su ropa...

- Enseguida, Ama Harumi.

Antes de salir decidido...

- Espera!. Esto que vas hacer es algo diario que harás sin que te diga nada. Todos los días que venga de la oficina te dejaré la ropa aquí. Y ahora que vas a saber donde está el cuarto de la ropa sucia, te la llevarás. ¿Entendido?

- Si, Ama Harumi.

- Otra cosa!, Como te he dicho las labores domésticas no son tu objetivo. Aunque pequeñas cosas como estas harás para que tengas alguna utilidad mas. Tres veces a la semana una chica me viene a limpiar y hacerme la colada. La verás por las mañanas cuando yo estoy en la oficina. No te preocupes por ella. Ella ya ha conocido a mi Tobi y Susi, y no le va sorprender verte.

Mientras me dice estas palabras yo no aparto la vista de sus pies.

- Ah! El patio es comunitario, pero no te preocupes, tu atuendo no va sorprender a nadie. Eso si, afuera dejé unas pantuflas mías para no pisar descalza el patio. Te la pones como puedas, y solo allí dejarás de andar sobre tus rodillas y te pondrás de pie hacer tus deberes. Cuando entres, dejas las pantuflas y rastreas siempre cerca de mi por si te necesito.

- Si, Ama Harumi.

- Puedes ir.

Tan pronto me da la orden, salgo preocupado por la parte que me corresponde a lo del patio comunitario. Bueno, mas expuesto de lo que he estado en la tienda no estaré, pienso.

A la par Harumi se levanta de la cama y camina tras mía mientras yo rastreo con mis rodillas. Al salir de la habitación, mi dueña entra en otra, supongo que el baño.

- Cuando termines me esperas aquí dentro.

Dijo señalando la habitación en la que va entrar.

En cuanto veo la barra veo la cocina, casi en el mismo salón principal. Pero no muy lejos doy con la puerta. La abro y si, efectivamente doy al exterior por la trasera del apartamento. En el suelo hay un par de zapatillas rosas con el pelaje de los peluches en los bordes del empeine. Horrorosas para mi gusto, ridículas para mi... En fin, me pongo de pie y me las pongo en cada pie. Me van muy justos y mis talones se quedan fuera del apoyo. Que le voy hacer!. Ando con ellas buscando el supuesto trastero.

No se ve influencia de personas fuera, pero oigo conversaciones de los interiores de cada apartamento. Muy alejado veo en unos de los apartamentos a una señora de apariencia extranjera tendiendo en un tendero de plástico. Por suerte no se percata de mi presencia y rápidamente doy con el trastero.

Dentro del trastero, lo primero que veo es el gran cesto. Dejo su ropa, pero al caer al interior me quedo mirando su braguita. ¿Braguitas?, mas bien es un triángulo con hilos. La recojo y me lo llevo a la nariz. Aspiro lo mas fuerte que puedo en un afán de colocarme con todo su aroma. Luego las dejo de nuevo en el cesto. Y no por que no quisiera seguir oliendo.. Mas bien, me intriga verla en la ducha.

Salgo del trastero entusiasmado y unas voz femenina me alerta...

- ¿Tu dueña está en casa?

Miré asustado de donde venía esa voz, y veo a una chica joven con los brazos apoyados en el muro que limita el patio de mi dueña y el de esta posible vecina.

- Si, esto... mi dueña está ahora mismo en el cuarto de baño.

Respondo avergonzado y mirando al suelo. Sobretodo me siento vulnerable ante la mirada de esta chica ya que luzco una gran erección. Que no es para menos, si lo sumamos a mi atuendo.

- Vale, pues avísale de que estoy aquí.

Confundido me voy hasta el interior dejando las zapatillas fuera, y busco a mi dueña. Tan pronto llego gateando a al cuarto de baño con la puerta abierta, oigo la ducha caer.

- ¿Estás aquí esclavo?.

Me dice desde atrás de las mamparas empañadas.

- Si, Ama Harumi. En el patio, una joven pregunta por usted.

Harumi abre la mampara rápidamente...

- ¿De la casa del al lado?.

- Si, Ama Harumi.

- Corre y ve, dile que pase, enseguida termino. Dile que se acomode en el salón y espera arrodillado cerca de ella.

- Voy, Ama Harumi.

Salgo gateando hasta la trasera. Me pongo de pie y entro mis pies en esas odiosas zapatillas. Salgo, y veo que la chica esperando con los brazos apoyados al muro.

- Mi dueña le invita a pasar. Ella está en la ducha y en unos minutos sale.

Le dije en cuanto abro una verja pequeña cerrada tan solo por un pestillo.

- ¿Desde cuando eres su esclavo? Nunca te he visto.

La chica entra y mis ojos solo miran sus pasos en unas zapatillas con una cinta fina entre el dedo gordo y el resto. Son unas simples cholas para la playa con una suela muy delgada, que casi que pisa el suelo.

- Fui alquilado hoy, señorita.

Cuando llegamos a la entrada, ella conocedora de las manías de Harumi, se desprende de sus zapatillas. Pronto sus desnudos pies pisan el suelo del interior. Entonces yo me desprendo de las zapatillas de Harumi, y poso mis manos y rodillas en el suelo para ir tras ella hasta el salón.

Cuando la veo entrar, me doy cuenta de su atuendo. Va en unos jeans cortos, los cuales casi se ven medio gluteos. Su camisa o camisilla ajustada, apena cubre esos atrevidos mini jeans. Es rubia y lleva el pelo lacio hasta media espalda. Y si, es muy bonita y aparentemente muy joven. ¿Tendrá veinte años?. No lo se. En todo caso es muy bonita y me atrevo asegurarlo a pesar de que no soy capaz de ver su rostro. Me imagino que por lo que mi rabillo pudo ver, que es de ojos claros y una cara fina y triangular.

Ella se sienta en un sofá cómodo en cuanto llega al salón. Yo cumplo el protocolo, y me arrodillo a su derecha.

Aún se oye la ducha caer desde el baño. Mi dueña no tubo reparos en dejar la puerta abierta. La joven rubia mientras, mira a los alrededores hasta que fija su vista al mando de la televisión.

- Acerca me el mando, esclavo.

A su orden gateo hasta al mesilla y cojo en mis manos el mando. Luego rastreando en mis rodillas y me acerco a ella.

Ella me espera con las piernas cruzadas y los brazos en casa posadera del sillón. Estira una mano, y se apodera del mando. Rápido me pongo en mis rodillas a su derecha, mientras ella enciende la gran pantalla atornillada en la pared.

Los dedos de sus pies son algo largos a diferencia de Harumi. Cada uña brilla en un tono rosa muy claro. Perece no estar pintados en la lejanía. Esta chica se la ve muy cómoda en la casa de Harumi. Me hace suponer que viene con frecuencia, y mi presencia no la incomoda. me supongo que habrá visto mas esclavos por esta casa, o igual ella tiene alguno en su apartamento. No lo se, el caso es que hay mucha confianza en ella, y espera paciente a mi dueña. Hace unos zaping tranquila, sin mirarme. Es como si no estuviera, a pesar de que es evidente de que no aparto la vista de sus pies.

Pronto se deja oír caer la ducha, y a su vez las mamparas parecen moverse. A pesar del sonido de la TV, se la puede oír salir del plato de ducha.

- ¿Estás ahí, Cris?

Dice mi dueña desde el baño.

Cris baja el volumen de la tele y responde:

- Si, estoy en el salón.

Harumi asoma su rostro con una toalla en la cabeza.

- Muchacha!, que no me acordaba que llegaste hoy. ¿Que tal el viaje?.

Dice Harumi al mismo tiempo que vuelve a esconderse en el cuarto de baño.

- Pues bien, vine casi al mediodía. Te he llamado para avisarte, pero no respondías.

Luego desde el interior del baño Harumi responde:

- Claro!, Es que me dejé el mobil en el baño esta mañana cuando salí.

Derepente sale tan solo con una toalla tapando desde sus pechos hasta sus rodillas. El pelo esta peinado y suelto por delante de su hombro.

- Precisamente esta mañana fui a la tienda de Santa Brígida, y me hice con este esclavo.

Cris me mira y...

- Tu esclavo no ha bajado su erección desde que me lo encontré en el patio.

Desde mis rodillas soy consciente de lo ridículo que me puede ver esta chica. Las tobilleras, los brazaletes y el collar de cuero rosa que me compró Harumi en la tienda. Tampoco puedo olvidar el lleno del plug en mi ano, y los anillos genitales que aprietan casi al rojo vivo mi erección.

- Después de dos pajas, y mira. Aún tiene el efecto de esas pastillas del club.

Responde divertida mi dueña.

Cris se ríe y se inclina a coger con suavidad mi glande hinchado entre sus dedos.

- A mi esclavo le he puesto una bolsa de esas para cubrir los genitales. Son casi transparentes, pero su función no es otra cosa que retener en ellos, las pre-eyaculaciones que sueltan estos asquerosos.

Me suelta el glande y se limpia los dedos en sus muslos.

- Ya se de que hablas. Este es tan baboso como el tuyo, y si no le pongo remedio me va dejar los pisos algo pegajosos.

Dice Harumi entrando a su habitación. Antes me mira y..

- Esclavo, aunque haya visita debes seguirme ya que estoy fuera de la ducha.

- Oh si, disculpe Ama Harumi.

Como un rayo gateo hasta ella para entrar con ella en su habitación. No se si es el sentido de culpa, pero voy tan rápido que casi siento salirse el plug. Tras mía un hilo seminal cae por lo enloquecido que me ha dejado los dedos de Cris por unos segundos. El tacto agradable de una hermosa joven, tanto casi como mi dueña, me deja drogado de excitaciones. Creo y temo a la vez, perecer torpe y lento ante las normas de mi dueña.

- Se que te he mandado a estar cerca de mi invitada. Pero recuerda que desde que me veas, debes estar cerca de mi.

Me dice una vez dentro de su habitación.

Mientras ella busca en sus gavetas algo que ponerse, pienso en lo que ha dicho Cris sobre las manchas que dejan los penes expuestos de los esclavos. Se de que bolsas genitales habla. Nunca me lo han puesto, pero los he visto en otros esclavos en Tasarte. Son una bolsita de tela fina y transparente como medias de mujer que recogen con un apretado elástico, los genitales al completo desde la base. Luego una simple tira se amarra en la cintura para asegurar que no se caiga. No tapa prácticamente nada. Pero se utiliza para evitar goteras de lívidos o accidentales orgasmos a pleno semen.

- En la entrada dejé los zapatos. Tráelos aquí!

Me ordena mientras se pone un mini short pijama de ceda.

Gateo hasta el salón y me dirijo a la entrada principal. Cris sigue sentada y puedo notar que sonríe al verme. Recojo esos hermosos zapatos que me enamoraron en la tienda, y de rodillas ando hasta entrar de nuevo al cuarto.

- Otra norma. Cada vez que llegue a casa, debes de preocuparte de recoger mis zapatos de la entrada y traerlos al vestíbulo de esta habitación. ¿Lo ves allí?.

Dentro de la misma habitación hay otra con la entrada en arco que no tardo de ver. Harumi ya se está abotonando una camisa pijama de ceda.

- Antes de dejarlos con los demás zapatos, hay un paquete de toallitas húmedas en el suelo. Con ellas preocúpate de que las suelas queden limpias. No se te ocurra pasarlas por encima... Si ves manchas en el cuero, puedes lamerlo, pero nunca pases las toallitas allí, por que me los estropeas.

Voy hasta un arco y me encuentro otra habitación con un gran armario y una gran cantidad de zapatos, sandalias, botas, y zapatillas en el suelo formando dos filas a lo largo.

- Otra norma importante... Cada vez que termines una tarea, aparte de ir en mi busca, debes besar el suelo a unos escasos centímetros de mis pies en señal de finalización de una tarea. Luego te esperas de rodillas a un lado. Sin olvidar que si me muevo debes seguirme rastreando. ¿Entendido?.

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