GV1016 Ch. 01

byvlades©

- Vives cerca de la tienda?

- Mas o menos, un poco mas hacia Las Rosas.

- Ah muy bien, eso es una ventaja para el caso de que no tengas muchas experiencias, que puedas hacernos una visita.

- Noo, pero si esto no me sorprende. En tiempos en la facultad ya dejaba a voluntarios con este fetiche a servirme en mi apartamento. Y de desde no hace mucho he visitado Tasarte mas de una vez. La última vez fue hace un mes casi, y recuerdo a ver visto a este esclavo.

Esto hizo que casi perdiera el equilibro estando de pie. Fue una sorpresa ser reconocido, pero sin embargo no recuerdo verla a ella.

Sandra se sienta en la silla detrás de su escritorio.

- A su sitio!

Dice Sandra en cuanto se sienta.

Lo entendí rápido. Me coloco en mis rodillas y apoyo la frente en el suelo. Muy cerca de los zapatos de Harumi. Las palmas de mis manos también toca el suelo y como ya es de esperar, he de estar en descanso mientras ellas hablan. Parece que mi inspección ha dejado de ser de principal interés.

- ¿El esclavo ya le conoce?

- Noo, que va. De hecho no creo que me haya visto.

Ríe un poco y algo confundida Sandra.

- No la sigo.

- Fui a una fiesta general de dóminas en la que ideamos diferentes formas de convertir a un esclavo en mueble o adorno decorador. Y recuerdo a este esclavo situado sobre un pedestal como adorno decorativo.

Mi mente navega un recuerdo sobre esa fiesta en concreto. No puedo saber si la he visto en esa fiesta, ya que recuerdo ser negado de mi vista por una máscara sin orificios en los ojos. Lo que no entiendo como es posible que sea reconocido.

- Este esclavo era la mesita de uno de los pasillos. Al verlo por detrás de el enseguida lo reconocí por el color y el peso de su bolsa escrotal. Su culo, y ese lunar casi en la cadera lo delata.

Ambas ríen.

- Es usted muy observadora!.

- Bueno, en realidad me sorprendió mucho la papada de sus huevos asomando tras el cristal que portaba en su espalda. Era inevitable resistirse a darle algunos pellizcones... Aunque al final por culpa de una amiga que se ha sobrepasado, este esclavo no cumplió con su deber y dejó caer varios vasos en esa fiesta.

- Me imagino la escena!

Se ríen ambas con mas intensidad.

Harumi se inclina lo suficiente y me regala una acaricia en mi espalda.

- Al pobre se lo llevaron y supongo que por la cara de la cuidadora, lo habrá castigado mucho.

Dice burlona y se incorpora cómoda en su asiento, dejando un pie calzado con esos hermosos zapatos mas cerca de mi rostro enfrentado contra el piso.

Recuerdo ese día, y estoy de una firme erección pensando en que ella a llegado a pellizcarme. Dios!, Igual su voz me puede resultar familiar. Para mi desgracia ese día era una simple mesilla a gatas con un firme cuadro de cristal sobre mi espalda. Lástima ser negado de mis ojos, y no poder haberla visto. Pero si recuerdo como se sobrepasaron varias chicas apretando la piel de mis bolsas excrotales. Fueron muy crueles, y el momento que mas vasos posaban sobre el cristal, no pude mantenerme quieto y viré los vasos hacia mi izquierda huyendo del dolor. Cayeron todos los vasos, y en menos de nada sentí la fusta rozando con fuerza en unos de mis cachetes anales. Pronto la voz de ira de mi cuidadora Raquel se hizo sentir. Me quitó el cristal y me guió a fustazo hasta mi celda para terminar mi castigo con varas en mis nalgas. Fue horrible resistirlo!

- Veo en usted una seguridad por su elección. Ya me sorprendía la rapidez de saber lo que quieres entre una gama de esclavos de este establecimiento.

- Sinceramente, no soy muy caprichosa. Y mi búsqueda es temporal. Yo solo quiero una mascota en estos tres meses. Bueno, algunas ayudas domésticas, pero lo principal es la compañía ya que por trabajo me alojo en un apartamento del sur. Voy a estar sola, y aunque ya tengo un esclavo de propiedad, lo tengo para mi madre en casa con dos hermanas. Y este me interesa para mi en mi apartamento de Maspalomas.

- ¿Quiere un permiso para hoy?

- Si, incluso quiero una gama de accesorios con el. Supongo al tener propiedad adquirida por esta asociación de la tienda, tengo ese derecho.

- Por su puesto. Ya no solo eso, sino el limpio historial de alquileres y compras de vuestra familia. No se ha registrado ningún incumplimiento. Ahora mismo voy a prepararle los documentos para que se lo lleve. Si quieres puedes ir a la tienda a elegir los accesorios para su esclavo.

- Muy bien.

Harumi se levanta y hace un amago disimulado para estirarse.

- ¿Puede acompañarme el esclavo?

- Oh si, como quieras. Termine su compra y luego se pasa por aquí para las firmas.

- Es para probar sus atuendos.

- No se preocupe. Tardaré un poco con los papeleos, pero en cuanto termines yo creo haber terminado.

- Descuide, no tengo prisa. Vamos!!!

Harumi da unas palmadas a su muslo y llama mi atención. Gateo directamente para rozar mi costado derecho a sus jeans.

- ¿Necesita una correa mientras vas por la tienda?.

- No, no es necesario. El va a mi paso, a demás lo necesito para llevarme el cesto.

- Ok, como quieras. Ahora mismo estamos con los documentos del alquiler.

- Muy bien, hasta luego Sandra!

Pronto me veo fuera a gatas y doy una mirada rápida a la sala donde estuve atado. Sorprendido veo mucha gente en todas las salas. El reloj del pasillo marca ya casi las 11. Harumi recoge un cesto de compra...

- Mejor ponte en pie!

Obedezco y de pie me doy cuenta de que debo llevar su cesto.

No me siento muy cómodo estando de pie con este cesto colgado en forma de mochila en mi torso. Apenas me tapa del pecho al ombligo, y mi sexo queda expuesto a todo el personal que andan por la tienda. Las manos como indica el protocolo enseñado en Tasarte, las llevo recogidas en mi espalda hacia la cadera. Yo hubiera preferido seguirla a gatas y así mi vergüenza hubiera sido menos intensa. Pero ella sin decir nada se adelanta hacia el arco que divide las salas de esclavos en venta y la tienda de accesorios.

Entramos...

La mayor parte de su andar voy con la mirada baja. Estoy un poco confundido o asustado, no lo se. El caso es que mi corazón late deprisa, y en mi mente no cabe otra cosa que un saco de dudas sobre mi futuro con Harumi. ¿A donde iré a parar? ¿Respetará mis límites?, o mejor ¿cuales son mis límites?.

Estamos cerca de unas estanterías llenas de libros en el que el tema mas visible es el sexo, la dominación y la sumisión. Son tanto novelas como guías. Cerca de nosotros hay un señor muy mayor con su supuesta esclava. Sorprendido veo que la esclava podría tener apenas unos veinte. No se, podría ser hasta su nieta. Ella espera en sus rodillas algo rojizas de castigos con vara, a su dueño que con tranquilidad ojea un libro en especial. Harumi y yo pasamos tras ellos y nos dirigimos a un expuesto de variados plug anales...

- Según tu historial tienes cavidad de una pulgada. ¿Es cierto?

- Si, señorita.

Mi respuesta salió algo ronca después de tanto tiempo sin mediar palabra.

- ¿Cual te gusta?

Sorprendido de que me diera conversación trago saliva y...

- El que a usted le guste será de mi agrado, señorita.

- A mi me gusta ver a mis esclavos con un plug algo femenino. Y como serás mi mascota en mi apartamento, he pensado en algo mas divertido.

En ese momento coge uno rosa con el diámetro aconsejado de una pulgada. Es un plug que termina en una bola de gruesos hilos que simulan algo parecido a la cola de un conejo.

- Este es ideal para ti.

Ruborizado veo como lo coloca en el cesto.

Delante nuestra hay dos chicas probando le a un esclavo un collar. A veces con mala idea se lo aprietan demasiado, y el esclavo gime en protesta por la broma. Harumi se hace hueco entre el mostrador de los collares y coge uno como si ya lo hubiera visto antes. Se ve que ya tenía pensado mi atuendo y que frecuenta muchas veces la tienda.

El collar es rosa de cuero y de unos seis centímetros de ancho. Este es adornado con remaches dorados y un cocido de rosa mas oscuro. Sin probármelo me lo pone directamente en el cesto.

Yo llevo el collar que se me asigna como propiedad de la tienda. Supongo que hasta que no termine de arreglar mis papeles con Sandra, aún debo de llevarlo puesto.

- Yaiza!

Harumi de repente conoce a alguien y la llama en voz alta.

- Muchacha! ¿Que haces por aquí?. Responde la otra chica, Yaiza.

- Pues mira!

Coge de mi costado y me da un suave empujón para adelantarme hacia Yaiza.

- Acabo de alquilar este esclavo.

Dice riendo.

Yaiza va sola y sin esclavo. Esta me mira de arriba abajo y dice...

- ¿No tenías dos en propiedad?

Dice Yaiza mientras yo avergonzado bajo la cabeza lo mas que puedo.

- Susi y Jobi están con mi madre. Ya sabes que Susi es propiedad de mi madre, y a Jobi se lo cedí a mi hermana en cuanto cumplió sus dieciochos. Y yo como ahora trabajo en el sur, decidí alquilarme uno mientras estoy sola en mi apartamento.

- Estupendo, ¿Y que tal te hayas sola abajo?

- Muy bien! La verdad que paso mucho tiempo repasando la contabilidad en la piscina comunitaria.

Ambas ríen. Y yo recuerdo algo tarde una norma de protocolo muy importante. Sutilmente me dejo caer de rodillas al suelo manteniendo el resto de mi cuerpo con la verticalidad mas decorosa. Es muy importante este reposo y favorable para mi. Ahora las mujeres charlan sin moverse de un punto, y me deber es esperar en descanso en cuanto soy ignorado por la conversación.

Yaiza es joven y guapa. Su pelo es castaño claro y ondulado recogido en un fino pañuelo en forma de diadema. Lleva una camisa de botones estrecha y blanca. Las mangas son largas, pero las lleva dobladas hasta los codos. Sus pantalones son unos jeans ajustado de azul marino que terminan en unos tobillos de piel muy clara cuales pies que se adivinan perfectos, se cubren en un calzado de escarpines de tacón fino y alto negro. Son como los de Harumi a diferencia del color de los tacones.

Mientras conversa de cosas ajenas a mi conocimiento, Harumi parece haber cogido de los estantes las muñequeras y tobilleras a juego con el collar que tengo en el cesto. En un gesto ágil lo introduce con el resto de la compra.

- ¿Venías interesada por algo?.

Dice Harumi mientras chasca los dedos en señal de que me levante.

- Pues mira, tengo interés por estos temas desde que que te he conocido. Y no se... Casi que busco motivarme para traerme esta experiencia hacia mi intimidad.

Responde algo vergonzosa Yaiza.

- ¿Y que busca realmente?.

Harumi pregunta mientras invita a seguirla a lo que estábamos desde un principio. Así que andamos los tres a pasos lentos por mas pasillos de la tienda.

- Milena me dejó hace unos día su esclavo por mi casa. Y la verdad que pensé que iba ser mas emocionante hasta que me di cuenta que el esclavo por mucho que me obedezca, no me sentía sobre este como una dueña o su Diosa, ya sabes... No se, es como si esclavo respondiera con el pensamiento de su verdadera dueña, Milena.

- Yaiza, sabes que es lo natural.

- Lo se pero... Aunque esto tiene una excitante forma de vida, yo aún como que no me arranco a llevar la carga de un extraño como esclavo. No se si me entiendes...

Harumi se detiene un momento...

- Si te entiendo. Te lo puedo resumir en la responsabilidad y en si realmente te gusta esto, o solo es un juego.

- Ya, pero ahora que estoy aquí y veo a esas personas deseosas de ser poseídos y tratados de forma degradante. No se, es extraño.

- Mira Yaiza, este esclavo que hoy me llevo me es necesario parar un propósito personal. El ahora mismo es como un muñeco dirigido, ya que no soy realmente su dueña. El esclavo le debe su entrega a el club de Tasarte, y por lo tanto me va servir en el periodo de su alquiler. Quizás si tu empezaras con un alquiler de semanas con algún esclavo, te podría ser mas sencillo de asimilar su utilidad.

- Pues eso mismo pensé al venir aquí.

- Pregúntate si realmente necesitas un esclavo o solo quieres probar experiencias.

- De momento quiero salir de esa duda...

- Mira, acompáñame a buscar unas joyas para el pene de mi esclavo, y luego vamos a ver que tenemos en la exposición.

- Estupendo!

Ambas anda directo al fondo donde una dependienta aguarda tras un mostrador.

- Buenos días!

Dice la dependienta morena de largas melenas por delante del polo rojo, como si tapara sus senos que se adivinan algo pequeños y puntiagudos.

- Buenas!, Ando buscando aros testiculares dobles.

Harumi y Yaiza se apoyan sobre el cristal del mostrador que cubre varias joyas para los sexos de los esclavos. Yo aguardo tras ellas y me arrodillo de nuevo en espera.

- Aros dobles tenemos con separadores de cuero o metal precioso...

- Me interesa oro

Interrumpe Harumi señalando uno.

En Tasarte me había acostumbrado a los aros y a los broches de cuero que realza mi pene y testículos, ¿pero en forma de joyas?... La verdad que debe ser un lujo llevar esas argollas de oro que saca la dependienta del mostrador.

- Oro y oro blanco en una lujosa combinación tenemos este.

La guapa dependienta deja caer sobre el cristal dos pequeños aros unidos en una milimétrica cadena.

- Que chicos son!

Dice sorprendida Yaiza.

- Para nada, es lo común. Los testículos deben entrar uno a uno.

Dice la dependiente riendo en un gesto de confianza y mostrándose simpática.

Harumi coge el aro y se lo acerca a los ojos para ver los detalles de las lineas doradas y blancas que se dibujan en los dos aros. Un las grande que el el otro, pero es muy poca diferencia y apenas se aprecia.

- Normalmente dejo que mi madre se lo ponga. A mi me da algo de pena hacerle daño, y este esclavo es muy huevudo.

Dice Harumi dejando los aros en el mostrador.

Yaiza se vira para verme, y al darse cuenta de que no puede ver mi sexo debido al cesto y mi posición de rodillas, me da una indicación seca con la mano de que debo levantarme.

Me levanto y ahora si puede ver una semi erección y las bolsas que caen en la gravedad.

- Joder! ¿Como le van a meter ese aro?.

Dice Yaiza en el momento que ni corta ni perezosa me sopesa las bolas en su palma.

- Como son joyas fijas, normalmente nuestros clientes dejan que se las pongamos en la tienda.

Dice la dependienta.

- No, como luego tengo que pasar por casa de mi madre, ella se lo pone.

Dice Harumi mientras coge la cartera.

- Como desee. Estas salen 119 euros.

- Ok

Mientras Harumi saca su tarjeta, la dependiente le envuelve los aros en un pequeño saco aterciopelado con una etiqueta de aviso de pago. Como cualquier mercado hay cosas que se pasan por caja al final y otras se pagan de inmediato como en el caso de las joyas.

Los dedos de Yaiza se entretienen en la piel escrotal mientras Harumi paga. Silencioso cierro los ojos y me relajo en el disfrute de sentir unas suaves yemas acariciando las bolas. Por ello me mantengo de pie. Soy objeto del tacto para Yaiza que busca indicios o evidencia de que ese aro me pueda caber.

- Listo.

Interrumpe Harumi e invita a Yaiza a seguirla. Se despiden de la dependienta, y andamos hasta otras dependencias de la tienda. Yo que voy tras ellas, me recreo en otras personas que andan por la tienda con sus respectivos esclavos. Vuelvo a entrar en una excitante visión de verme reflejado en otros esclavos. No se si es la curiosidad de verlo en tercera persona, pero las extrañezas de algunos comportamientos son digno de ver. Ahora mismo hemos dejado atrás una chica demasiado joven tirando desde una correa perruna, a su esclavo degradado como un perro. Este lleva una mascara como tal, sus grandes orejas simulando un cookie y un plug de cola larga como la de esta raza de perro. Es muy gracioso, sobretodo por la amasada complexión física del esclavo.

Pronto llegamos a la sala de donde partí, la sala de exposición de esclavos para el servicio de la mujer.

- ¿Que te parecen?

Dice Harumi.

- Bueno, sinceramente no he visto alguno de mi agrado.

Responde Yaiza.

- Hay un delgado esclavo de color con un buen pene allí.

Señala Harumi al puesto penúltimo de la fila de esclavos clavados como yo estuve a cuatro patas.

- Ay no!, Antes de verte en la tienda los estuve viendo, y no me convence ninguno.

- Se me ocurre... ¿Por que no entras con migo y hablamos con Sandra sobre las próximas entradas de estos esclavos?

- Pues sería genial, ya que no conozco a la encargada, y con tigo podría asesorarme mejor.

- Vamos, ya que tengo que pasar el cesto por caja y firmar los papeles del alquiler de este esclavo.

- Pues te acompaño.

Antes de entrar al despacho de Sandra, Harumi me dice...

- Quitate la mochila, mi amor.

Me la quito y se la ofrezco en el momento que las manos de Harumi esperan coger el asa.

- Bien, ya puedes gatear.

Me dice mientras abre la puerta para dejar pasar a Yaiza. En cuando ambas pasan, Harumi sostiene la puerta para yo dar mis pasos a gatas hasta el despacho de Sandra.

- Pasen, ya esta todo listo. Su informe médico demoró, pero ya he recibido por fax la afirmación de la organización de Tasarte.

Dice Sandra, que se levanta para educadamente presentarse a Yaiza.

- Esta es Yaiza, y me acompaña por que esta interesada en ver un catálogo de esclavos varones mas amplio.

La presenta Harumi, mientras yo aguardo encantado en mis rodillas con la mirada perdida en tres pares de zapatos femeninos.

- Ola, encantada... Soy Sandra en un momentito nos ponemos en ello.

- Gracias.

- Pero, sentaos... Póngase cómodas.

Harumi y Yaiza invitadas se sienta en cada sillón de oficina que hay a cada lado de la mesa escritorio. Entonces Harumi deja el cesto de compra sobre el escritorio...

- Sandra, aún no he pasado la compra por caja, confiando en ya que tengo que recoger la documentación en la oficina, igual aquí pagaba de paso los accesorios.

- No hay problema, ahora mismo se lo cobro junto con el alquiler del esclavo.

Dice Sandra que derepente me mira...

- Esclavo, vete quitándote el collar y el resto de accesorios.

Obedezco y me quito el collar, las muñecas y tobilleras. Todo lo dejo en orden sobre las palmas de mis manos y de rodillas recorro como tres metros hasta llegar al otro lado del escritorio donde Sandra aguarda sentada.

Los recoge de mis manos y...

- Muy bien, a su sitio ahora.

Me ordena Sandra. Y yo gateo liberado del cuero sucio de esas correas viejas hasta mi posición al lado de Harumi. Así, hasta que aguardo de rodillas con las manos a mi espalda en posición de espera en caso de no llevar correa.

En Tasarte me han enseñado que solo cuando soy dirigido por una correa, la posición de espera varía. En ese caso debo permanecer a gatas con los codos y palmas pegados al suelo, quedando mi culo alto y la cabeza baja casi a ras del suelo. Así de paso no pierdo mi animalización.

En este caso es diferente, salvo que no me digan lo contrario, mi espera se simplifica en separar las rodillas lo suficiente para que mi sexo sea visto en todos los ángulos. Yaiza ahora mismo mira mi pene en una fase de erección, y por su mirada me imagino que se pregunta que es lo que me está excitando ahora mismo. Sin embargo estoy sobre una base simple en el cual me siento excitado por los detalles del trato despectivo hacia mi. Sencillamente ser esclavo o degradado como tal, mas la visión que guardo en mi memoria sobre el resto de esclavos del local con sus dueños, es suficiente para vivir en un éxtasis permanente.

Sandra entre una conversación simpática deja que Harumi firme varios documentos. Yaiza mientras descubre una revista "menú de esclavos de Tasarte" y la ojea lentamente. Mientras ojea la revista me quedo hipnótico observando sus escarpines. Despierta en mi una imperiosa curiosidad ver esos blanquecidos pies bajo esa funda de cuero que forman esos zapatos tan finos. Los escarpines de Harumi son aún mas bonitos por el detalle del tacón plateado, pero como estoy a su lado, me es mas descarado virarme para ver sus pies entre las patas de la silla.

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