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Hipnosis en la Preparatoria

byegosumquisum©

Esto pasó de verdad en la preparatoria en la que estudiaba. Habrá quien piense que estoy inventándolo, pero la verdad es que todo, tal cual lo pongo aquí por escrito, ocurrió.

He leído en varios libros que los autores, cuando van a contar algo verídico, primero se presentan y dan santo y seña de su vida, sin embargo yo quiero evitarles la molestia. Conocerme a mí no importa mucho, basta que sepan que soy el típico muchacho bonachón, estudioso, reservado y sin muchos amigos. Afortunadamente mis buenas calificaciones y buena onda me acercaron a la chava más guapa de la escuela: Andrea Sofía.

Andy, como solo a unos pocos nos concedió la gracia de llamarla, era lo contrario a mí: extrovertida, popular, hermosa, el centro de atención de la prepa y, claro está, la última en lo referente a calificaciones. Comenzó a hablarme a mediados del segundo semestre porque estaba en riesgo de reprobar y de que su padre, un prominente empresario local, la sacara de estudiar para buscarle marido entre los hijos de sus socios. Aterrada ante la idea de casarse a los quince con alguien dos o tres veces mayor que ella buscó la manera de salvarse y, nada tonta, pensó de inmediato en mí. Primero se me acercó con obvias intenciones de encargarme que hiciera sus tareas, pero quizá se sintió culpable antes de consumar su plan porque de inmediato optó por pedirme que todas las tardes la ayudara con sus materias. A partir de entonces me volví algo así como su coach, yo le decía qué ejercicios practicar para Matemáticas y Física, le indicaba las partes importantes de los libros de Español e Inglés, la ayudaba con resúmenes en Historia y le recomendaba los mejores tutoriales para Computación. Aunado a esto, dedicábamos dos horas diarias a estudiar juntos en la biblioteca.

Fuimos amigos muy cercanos hasta el quinto semestre, cuando sintió que ya no necesitaba de mi apoyo. Dejamos de juntarnos en las tardes y solo de vez en cuando me pedía algún consejo relativo al estudio. Aunque seguía saludándome en los pasillos, era notorio que nuestra relación no pasaba de ser un convenio utilitario.

Sin embargo, un día se me acercó muy emocionada y me pidió que fuéramos a la biblioteca unas dos horas antes de que cerraran. Aunque su petición me extrañó decidí aceptar, en mi interior anhelaba que fuera para pedirme una relación seria. ¡Como en los cuentos de hadas en que la doncella se enamora del labrador y descubre que por dentro es un bizarro príncipe! No obstante lo que ocurrió esa tarde me dejó helado.

Al llegar al edificio me tomó de la mano y me llevó hasta la sala de estudio más apartada del mostrador, ahí estaba su amiga Kate, una chava tan hermosa como ella, pero más bajita y caderona. Al entrar saludé nervioso pero Kate no respondió, ni siquiera volteó a mirarnos, estaba sentada, seria, apenas parpadeaba.

- No va a responderte -dijo Andy con aire de triunfo-. Nadie que le hable le sacará una palabra.

Sin entender del todo le dediqué una mirada inquisitiva.

- Ahora verás -prosiguió mi hermosa aprendiz y luego, dirigiéndose a su amiga dijo:

- Kate: ¡dormida!

Y chasqueó los dedos.

La muchacha, que parecía estatua, de súbito cerró los ojos, dejó caer la cabeza sobre su pecho y empezó a respirar pesadamente.

- No entiendo este juego -dije confundido.

Andy me calló colocando su índice en mis labios.

- Ahora observa esto: Kate, ¡amiga! -y chasqueó los dedos nuevamente.

La joven levantó la cabeza, abrió los párpados como si acabaran de despertarla a media madrugada y apenas me miró una sonrisa se dibujó en su rostro, acto seguido me dio un fuerte abrazo y un beso en la mejilla y comenzó a tratarme como si fuésemos viejos colegas.

- ¿Qué te pasa? -le dije un tanto asustado-. Tú nunca me tratas así, ¡ni siquiera me diriges la palabra!

- ¡Tonterías! -respondió Kate en tono juguetón-. Si hemos sido bíefefs toda la vida.

Andy la dejó abrazarme y restregárseme un poco más antes de decir:

- Kate: ¡trance!

Entonces se quedó tiesa como al principio. La llamé por su nombre y no respondió. Andy me miró triunfante y añadió:

- ¿Y bien?

- No entiendo qué está pasando -dije torpemente mientras acomodaba mis anteojos y me acercaba para revisar la mirada de Kate.

- ¿No es obvio? -insistió Andy.

- ¿Está hipnotizada? -inquirí con incredulidad.

- ¡Dah! -fue la respuesta de mi hermosa asesorada.

- ¿Cómo. . .? ¿Por qué. . .? ¿Qué. . .?

- Tranquilo -prosiguió ella-. Mira, es algo que aprendí gracias a ti y por eso quería enseñarte lo que he logrado.

- ¿A mí? -balbuceé.

- Tú me enseñaste el potencial que tengo, me acercaste a los libros, me guiaste. Desde hace meses estoy leyendo libros de hipnotismo y hace unas semanas decidí poner a prueba mis conocimientos.

- ¿Los pusiste a prueba con Kate?

- Tranquilo, no le hace daño. De hecho puede hasta ser beneficioso.

Mi expresión preocupada era notoria porque Andy comenzó a explicarme diversas cosas que de momento me resultaron incomprensibles y enredadas.

- Mira: tú has sido mi coach, ¿no? Bueno, pues quiero devolverte el favor dejando que también disfrutes de los beneficios -concluyó Andy.

- ¿Me vas a hipnotizar? -finalmente pregunté con temor.

- ¡Claro que no! A menos que tú quieras.

Negué con la cabeza y tragué saliva.

- Desde hoy vamos a hacer lo que queramos con quien queramos. Solo tienes que decirme y me encargaré de hipnotizar a quien desees.

- ¿Y volverás a esa persona mi amiga empalagosa como hiciste con Kate? -volví a interrogar.

Andy soltó una risotada y dijo con expresión divertida:

- Obvio que no, eso solo fue para divertirnos. Pero piénsalo, ¿quién es la chava que te gusta? Seguro no te hace caso, no lo tomes a mal, pero yo te puedo ayudar a conseguirla.

Tragué saliva. Ella era la chava más hermosa de la prepa, la quería de novia a ella, pero si le decía y se enfadaba, ¿qué sería capaz de hacerme? Preferí mentir:

- Es... pues... es Kate.

- ¡Lo sabía! -prorrumpió Andy-. Por eso es que la escogí a ella, yo sabía que era tu crush.

Reí nervioso mientras miraba a la pobre Kate vuelta una estatua inexpresiva.

- Pero hay un problema -continuó la bella hipnotista.

- ¿Cuál? -pregunté con voz temblorosa.

- Kate tiene novio, es del equipo de fútbol americano.

- Bueno, está bien, no pasa nada, no es para tanto. . .

Andy me interrumpió:

- ¡Tranquilo! Yo me encargo de eso. Pero será mañana, en un rato más van a cerrar la biblioteca. ¡Nos vemos!

Me dio un beso en la mejilla y se fue. Me quedé ahí un momento, impactado; a los pocos minutos regresó:

- Se me olvidaba. Kate: ¡novia!

Chasqueó los dedos y desapareció.

Me sentía como si el hipnotizado fuera yo. Estaba ahí mirando a la puerta de la sala de estudio cuando la mano tibia de Kate me acarició el pecho y sus labios me recorrieron el cuello.

- ¿Qué tienes, mi amor? ¿Estás preocupado? -me dijo con voz seductora.

Permanecí en silencio mientras ella me besaba el cuello y una imprudente erección se consolidaba bajo mis pantalones. Acababa de ocurrir algo que no podía entender y mientras mi mente bregaba por asimilar las cosas, mi cuerpo respondía como autómata a las caricias y cariños de mi nueva novia.

- ¡Qué sexy! Vamos a hacerlo en la biblioteca -me susurró al oído.

Yo seguía inmóvil, como estatua.

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