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Imperio Amazonas 04

byvlades©

Situación firme

La pila no es mas que un bebedero para esclavos de cuadra en el que el agua se regenera por medio de una fuente. Una ves dentro el agua me llega hasta los muslos y codos. Yurena me da indicaciones de levantar las manos para que ella pueda retirar con una tela áspera las suciedades recogidas por el gateo. Lo mismo hace con mis rodillas y pies a medida que le facilito el trabajo.

- Muy bien, ahora ponte aquí boca arriba.

Me dice Yurena al mismo tiempo que señala un bloque llano al borde de la pila.

Solo mi espalda cabe en su totalidad sobre las reducidas dimensiones del bloque de mármol. Tengo que flexionar mis rodilla y traerlos a los costados para brindarle mi sexo. Derepente....

- Ama Yurena, el esclavo de tiro de Milena está atendido en la cuadra.

Dice el extraño esclavo que vi al principio al mismo tiempo que se acerca a su dueña y se arrodilla cerca.

Yurena de forma desinteresada deja una mano sobre mi sexo y le dice...

- Bien Tarso, reúnete con madre en la casa por si te necesitan.

- Si Ama Yurena, enseguida.

Responde Tarso y se va hacia la casa.

Yurena vuelve en mi, retira su mano de mi sexo, y con otra tela me seca brazos y piernas.

Cuando termina se levanta y camina hasta donde mi vista no la puede alcanzar estando en esta postura. No se a donde va, pero se que no debo moverme, por que igual es su deseo, no lo se. El caso es que me deja con una gran erección mirando a los cielos.

Entiendo que es natural que deba lavar la suciedad que he recogido gateando con mi dueña en el mercado. No sería conveniente entrar en una casa de esa manera. Por ello la mayoría de mascotas humanas como los de cuadra están siempre en el exterior de una casa. Incluso me llegué a fijar que Tarso metió sus pies desnudos en una bandeja en la entrada trasera de la casa.

Llega Yurena...

- Hola precioso, ¿te he dejado solo?

Dice mientras se sienta a un lado, luego añade...

- Uy, ¿Y eso?

Dice tocando con su índice la firmeza de mi pene.

Yo no puedo decir nada mas que jadear y sacar mi lengua para resultarle lo mas simpático posible. Mi manera de expresarme no dice mas que el mero deseo de ser tocado y acariciado.

- ¿Que te pasa?, ¿tu dueña no te acaricia mucho?

Dice aguantando una media carcajada.

En el momento que Yurena atrapa con el índice y el pulgar la altura del glande una gota casi espesa se derrama por el largo del pene.

- Pobre!, Llevarás mucho tiempo sin que nadie te ordeñe. Pero no te hagas ilusiones que tienes que estar listo para sigas en la compañía de mi tía.

Entonces me suelta en la frustración, y con un par de nalgadas, entiendo que debo ponerme a gatas sobre el mármol.

- Ahora me vas andar con tus patas traseras sobre el caminito de piedras. ¿Lo ves?

Asiento con la cabeza.

Voy siguiendo sus indicaciones con la extrañeza que me supone andar de pie al lado de Yurena. Hacía tiempo que no andaba como las mujeres y los esclavos domésticos, se me hace raro e incluso siento algo de vértigo. ¿Como es posible?. Parezco torpe comparado con el andar seguro de Yurena, pero a la dificultad le tengo que añadir que debo pisar las piedras mas pulidas del corto camino hasta la trasera de su casa.

Por fin llegamos... En el momento que Yurena hace una seña con su índice... Uf, siento alivio por volver a mis cuatro patas.

Ya estamos casi adentro, entonces Yurena con mi cadena enrollada en su mano, se me adelanta para que yo la siga libremente sin el tiro de la correa.

Tras el bello andar con el brillo de sus talones puedo ver delante de Yurena a mi dueña y su hermana Zuleima. Pero... Derepente siento una tristeza al ver a un desconocido esclavo doméstico en el suelo boca arriba en el que de su amplia barriga descasa las suelas de las sandalias de mi dueña. Esa escena no me gusta y siento la necesidad de gemir con desdicha. Sin embargo el esclavo Tarso hace la misma función para los pies descalzos de Zuleima.

Yurena le da la correa a mi dueña y se sienta la lado de ella.

- ¿He interrumpido algo?

Dice riendo.

- Ay Yurena, no te imaginas que noticia nos trae tu tía!

Dice Zuleima.

Yurena mira a su tía y....

- ¿De habla mi madre?

En ese momento las sandalias de Yurena se posan en la cara del esclavo doméstico. Pronto ese esclavo se comparte como reposa-pies para mi dueña y su sobrina.

- Esta maña he recibido una visita de una consejera de palacio...

Zuleima interrumpe...

- Me presta a tu mascota para que me atienda los pies.

- Pues claro...

Dice mi dueña que luego me mira y...

- Ve a atender los pies de Zuleima.

En lo que gateo hasta los pies algo regordete de Zuleima. Esta aparta a Tarso de sus pies.

- Tarso, sigue con los trabajos en la huerta.

Tarso obedece y se retira.

Al ver que Zuleima tiene los pies ligeramente levantados aún, entiendo que debo acostarme en el suelo para que ella pueda apoyarlos en mi barriga.

- Gracias Milena, es que llevo unos días con los pies algo hinchados. Y Tarso tiene mucho trabajo en la finca.

- ¿Pero, por que desde la ausencia de Tarso, no has usado a Limón? A mi no me hacía falta reposar las piernas.

Responde mi dueña.

- Pero... Vale ya! ¿Que noticia tienes para nosotras Tía?

Interrumpe con inquietud y curiosidad Yurena.

Mientras mi dueña cuenta la historia de esa visita esta mañana, yo siento las contradicciones de dos contactos. Uno, el frío suelo en mi espalda, y otro el calor que desprende los pies descalzos de Zuleima. Pero lo que mas me inquieta de esa posición es mi erección llevada desde que Yurena tocó mi sexo en la pila. Si bien me pareció ver que el supuesto esclavo Limón no esta en erección a los pies de mi dueña, igual yo podría parecer irrespetuoso con Zuleima. El caso es que estoy muy excitado como para controlarlo. No se donde mirar. Si miro a mi derecha, veo a Yurena rozando su sandalia en la cara de Limón mientras escucha atenta la noticia. Bajando un poco la mirada, veo a mi dueña con sus elegantes sandalias sobre la gran barriga de ese regordete Limón. Puesto que la excitación es doble, miro a mi izquierda y veo el vacío del bajo del sillón y sus cuatro patas.

Limón es todo los contrario que Platus, gordo, mas joven y su pelo rubio me revela del por que ese nombre. ¿Y yo?. ¿Tendré algún día un nombre?. Eso espero. Mi dueña aún no me ha puesto un nombre, pero también se que tiene unos 15 días para registrarme después de mi compra. Si pasara esos días sin registrarme como de su propiedad, pues tendría mas facilidades de prescindir de mi en caso de arrepentirse de mi compra. Todo esclavo tiene un registro ante la ley del imperio. Y yo ahora mismo soy un mero pacto del mercader y mi dueña. Aún no me ha registrado.

Mientras la conversación anda en la sorpresa de la noticia, uno de los talones de Zuleima baja hasta mi ingle. Un temor, que ya no solo por ser descubierto en erección, por que ya me supongo que lo habrán visto, si no el temor por aumentar mi excitación y no poder disimular jadeos o incluso manchar esos blancos pies con mi humedad se hace evidente. Temo el tacto de la piel de esos pies y no hago mas que mirar ese vacío de mi izquierda. Pero al final llega...

- Uy, que paradito está tu esclavo...

Dice Zuleima mientras da pataditas con el lateral interior de su pie izquierdo en mi pene en vertical.

Aquellas palabras y esos toques para mi es una bomba que me sobresalta. Entonces miro a mi dueña que mira mi erección y ríe sin casi dejar de explicar a Yurena la función de aquella visita temprana.

Llego a pensar que igual la ofendo, pero no, esto solamente causa un momento divertido y mi dueña sigue comentando a su sobrina lo sucedido esta mañana. Lo mismo pasa con Yurena que apenas mira la llamada de atención de su madre dándome pataditas en mi parado miembro.

Zuleima entonces deja su izquierdo con el talón sobre mis testículos y luego baja su derecho con el talón sobre mi ingle. El lado interior de su izquierdo acaricia el falo erguido con golpes suaves. Su empeine, interior y el dedo mas gordo son ahora húmedos como mi miembro. El pie derecho se arquea para que su planta note el mástil elevado que suplica alivio inmediato. Zuleima sabe que estoy apunto de eyacular con tan escasas y simples caricias y no duda en prolongar con aprietos en la erección con sus dos pies descalzos sobre mi ingle y pelotas. Lo hace de forma desinteresada pero con el consentimiento de que podría derramar mi semen en sus pies.

Yurena queda fascinada con la notica y no deja de preguntar mas sobre el futuro de su tía. Ahora es cuando miro a mi derecha, y veo a Yurena con solo un calzado sobre la cara de Limón que mira hacia mi. Limón mira su izquierda forzado por el movimiento de las sandalias de Yurena. Lo sorprendo mirando con excitación los pies de su dueña amasando mi erección. El está en un estado casi semi erecto, pero un broche ancho de cuero rodea su sexo de tal forma que no le permite que se levante mas de un palmo. Los pies de mi dueña siguen sobre su barriga uno sobre el otro, y estirados de tal forma, que los gemelos son mas bien los que tienen el tacto de esa gran barriga. Puedo ver las suelas de sus sandalias mientras recibo las caricias de unos pies desnudos.

Esta visión me perturba mas y....

Flasss!!!!

Una masa gruesa de semen sale disparado hacia arriba y...

Flass!!!

Otra mas grande sale al mismo tiempo que la primera cae sobre mi barriga.

Flass! Flass!

Ya no caen mas en mi barriga y noto como los pies de Zuleima se restriegan manchados de semen.

- Guau! Cuanta carga llevaba tu esclavo!!!

Dice Zuleima intentando quitarse las grandes manchas de sus pies sobre mi barriga e ingle.

Milena me mira con ojos abiertos e incluso Yurena también se sorprende y me clava una mirada de admiración.

Milena se levanta rápido de su asiento y me reprende...

- ¿Con que derecho? ¿No te da vergüenza?.

La tengo cerca y ese mismo momento Zuleima levanta sus pies para que yo salga y pida perdón como se.

Rápido me incorporo con mis codos y antebrazo al suelo y beso el calzado de mi dueña. Beso y beso repetidamente el cuero sobre su empeine suplicando en silencio clemencia, pues sabía cual grave es mi falta.

Zuleima no parece ofendida puesto que quiso ese final. Lo buscó con empeño y al fina llegó el resultado que tanto enfada a mi dueña.

Plas!!

No tarda en llegar un golpe en seco de su mano en mi culo.

Plas! Plas!

- Eso no se hace, esclavo cochino!

Plas Plass!

Dejo de contar los golpes de su palma abierta. Por que mi devoción por besar las cintas de cuero de sus sandalias, y el tacto del discutible dolor de sus palmadas en mi culo, hace que mantenga aún la erección después de haberme corrido en los pies de su hermana.

- Oh, no te preocupes querida. Yo lo estaba buscando. Su semen calentito me vino perfecto para la piel.

Dice Zuleima.

- Pues ya sabes que hacer esclavo!

Respondió mi enfadada dueña.

Me doy la vuelta y veo los grandes pies de Zuleima sobre el suelo manchados de grandes capas de semen. Se lo que tengo que hacer, y con mi lengua lamo los derrames antes de que por la gravedad sigan hasta el suelo.

Los pasos de Milena se alejan hasta el sillón donde estaba y su sobrina le dice...

- A nosotras no nos molesta que nuestros esclavos tenga sus accidentes. Mi mascota Busco los tiene constantemente, bueno ya lo has visto, Busco con tan solo lamer entre mis sandalias es capaz de correrse como un cerdo.

Milena mas calmada ríe recordando las actividades de ese esclavo que yo aún no he visto.

- Hoy cuando lavé las patas de tu mascota me di cuenta de que podría ser tan sensible como Busco. ¿De donde lo sacaste? ¿Lo has registrado?.

Atento a la conversación de Yurena y mi dueña, sigo con mi tarea de lamer hasta la última gota de mi semen en esos pies de una mujer madura. Trago grandes cantidades de semen.

- Lo compré ayer... Y si, supongo que es un semental con bastante sensibilidad. Pero aún no lo he registrado.

- ¿Le vas a poner un nombre?.

- Supongo que si, ¿Que crees?

Ríe Milena.

- Si, pero, ¿como lo vas a llamar? .

- Si te digo la verdad, ni lo he pensado.

Entonces interrumpe Zuleima:

- ¿No eres ya mayorcita para tener una mascota?

- No empieces!, Ya sabes el estado de deterioro de Platus.

- Pues no se hermana, ya te podrías haber comprado otro sirviente mas joven.

- A no, ya sabes lo difícil que es buscar un doméstico de apariencia agradable. Claro, como tu estás en el compromiso de tener un esclavo en matrimonio...

¿Esclavo en matrimonio? ¿Que estoy oyendo? Sigo lamiendo y tragando.

- ¿Y tu, querida hermana, no deseas tener tu propia descendencia?. Con tus 33 años veo ya urgente un esclavo en matrimonio.

- Zuleima, ¿pero que diferencia vez en Tarso y Limón por ejemplo?. ¿Que Tarso te da un hijo?. No quiero tener hijos. Ya me conoces.

- Vale que tu temor de tener hijos es tenerlos varones, y que tu manera libertaria de ver las cosas te supondría un dolor esclavizar un hijo varón. Pero ya conoces la ley en esos casos. No debemos lamentar la mala fortuna de nuestro hermano. Hemos tenido la pena de la temprana muerte de madre con lo que llevó tener que separarnos tan jóvenes de nuestro esclavo hermano, y que el haya tenido que acabar muerto por dueños ajenos. Se que nos ha afectado mucho. Sobre todo por enterarnos años mas tarde del cruel destino de Lione. Pero los tiempo han cambiado.

- Hermana, ya no es solo el trágico de destino de Lione. Es que no consigo comprender por que no podemos separar el cariño de un hijo varón al de un esclavo. Apenas es solo un peldaño sobre los doméstico. Y creo que ese peldaño debería ser mas alto.

- ¿Y que pretendes? Son solo hombres.

Entonces interrumpe Yurena:

- Tía, por mucho que sepa que Tarso es mi padre no dejaré de verlo como veo Limón. Eso si, sexualmente es asqueroso, yo no abusaría de el. Por ello la sociedad permite que se tapen sus partes íntimas con esos trapos.

Mientras lamo y lamo cada dedo regordete de Zuleima, empiezo a entender que clase de esclavo que es Tarso y aquel que vi en el mercado con sus partes tapadas con esos trapos. Ahora si tiene sentido.

Milena se levanta y dice:

- Tengo que irme.

- ¿Por que?

Responde extrañada Zuleima que aparta sus pies de mi alcance.

- Se acerca la hora del almuerzo y...

Entonces interrumpe su hermana:

- No, no... Usted se queda a comer, faltaría mas.

- No pretendía quedarme para comer. Mi visita sorpresa ha sido por la noticia... y ya tenía planes de comer fuera.

- ¿Donde?

- Pretendía volver al mercado...

- No, no. No me hagas esto. Usted se queda a comer y luego tienes toda la tarde para volver al mercado.

- Vale, vale, no quería molestar.

Zuleima da dos palmadas y:

- Limón ya sabes que tienes que hacer... Prepara mesas en el patio para tres.

Me giro y veo a Limón levantarse con una erección completa. Luego me vuelvo para seguir atendiendo los pies de Zuleima, pero esta ya se había calzado unas zapatillas que solo esconde sus dedos. Iba besarlos, pero ella se levanta del sillón.

- Milena, ¿Te importa salir con migo al patio?. Me haría bien andar un poco.

Yo voy gateando al paso de Zuleima pero ella me pone el pie para no seguir.

Milena me mira y dice:

- Quédate en el salón!

Me ordena mientras anda con su hermana. Entonces Yurena que aún sigue sentada y me llama...

continuará....

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