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La Agente de Valores

bylurrea©

Cuando la pasión manda

*****

1

El taxi se detuvo casi al final de la 5ª avenida. Bajó arrebujándose en su abrigo, ya que la tarde estaba muy fría. Miró la hora, eran las 6:45cuando entró al Domis restaurant. Preguntó por la reserva a nombre de Leonid Vasiliev. Después de dejar su abrigo en la guardarropía, la encargada la condujo a la mesa reservada. Decidió pedir un vaso de agua mientras esperaba la llegada del tal Vasiliev.

En ese instante muchas cosas rondaban por su cabeza y con la mirada perdida, hizo girar el vaso que recién le habían dejado sobre la mesa. Era lo mismo que hacer dibujitos en su libreta de notas cuando sentía cierta tensión. En ese momento Terese Bellardo se preguntó si las cosas iban a seguir siendo así en su trabajo como agente de valores.

Cuando las nuevas amistades le preguntaban qué significaba eso de que trabajara en una Agencia de Valores, ella contestaba:

"¿Quieres las versión corta o la versión larga?"

"La versión corta, por supuesto" Espetaban.

"Bueno mi empresa se dedica a la intermediación financiera, es decir, clientes con dinero nos solicitan que le compremos ciertos documentos y sobre esa operación obtenemos una comisión".

Eso lasdejaba aparentemente satisfechas, ya que generalmente eran mujeres las que preguntaban en qué trabajaba. A los hombres que conocía, les interesaba saber otro tipo de cosas sobre ella, porque quedaban descolocados cuando la conocían por primera vez; Terese quedaba fuera de todo esquema de mujer conocido.Ella tenía una mezcla perfecta entre la raza anglosajona y la latina. Rubia, de ojos grises, con su casi 1,75 de estatura, era la clara herencia de su madre irlandesa; pero,su cuerpo voluptuoso, su sonrisa picaresca, extravertida en su forma de enfrentar a la gente, que caía rendida ante su simpatía, era la clara representación de su padre colombiano.

Ambos instaron a que Terese se fuera a adquirir un Master en finanzas en la Universidad de Colorado y tan pronto terminó, fue 'enganchada' como decían en su universidad, por una de las principales Agencias de Valores de Nueva York debido a las excelentes calificaciones alcanzadas. Ahora sólo podía visitar a sus padres para las fiestas de fines de año.

A los 26 años, Terese era dueña de un cuerpo espectacular, producto de sus genes y de la gimnasia diaria que practicaba hacía años. Era su rutina antes de irse a trabajar.Se sabía bien formada, las constantes miradas de sus acompañantes habituales o no en el spa que ella frecuentaba, así se lo confirmaban;especialmente teniendo ese trasero levantado que no dejaba indiferente a ningún hombre cuando ella aparecía. Sus amigas envidiaban su cuerpo y se preguntaban por qué no tenía pareja estable,sólo compañías ocasionales, pero no se atrevían a preguntarle la razón. Si lo hubieran hecho, ella le habría contado que hacía ya unos tres años que había decidido terminar con su novio, porque la celaba en cada ocasión que podía, debido a que su trabajo la obligaba a viajar constantemente, ya fuera a Londres o a Munich. Desde entonces, no mantenía una relación estable. Sn embargo, precisamente esta noche ymás que nunca, resentía la necesidad de compañía.Y claro, los acontecimientos de esa mañana la habían dejado inquieta, por decir lo menos.

Esta mañana, en su oficina ubicada en el piso 40 de la Torre Gemela dos, ocupada completamente por la empresa para quien trabajaba, había sido visitada por dos personas cuya característica principal de uno, era mostrarse meloso todo el tiempo, como queriendo reflejar una simpatía que estaba lejos de poseer, mientras que el segundo se mostraba absolutamente parco, sin hablar palabra alguna. El primero, se presentó como abogado y el segundo como asesor financiero. La empresa que decían representar, tenía como domicilio legal una dirección ubicada en Bahamas. El abogado le informó que se le había encomendado adquirir deuda de un país sudamericano por valor de 20 millones de dólares.

Este tipo de transacciones habían sido habituales en los últimos 10 años, sin embargo, los dueños de la Agencia de Valores para quienes trabajaba, habían informado a todos los ejecutivos que se rumoreaba que la venta de deuda podría ser prohibida. No obstante ello, esa mañana había comenzado a preparar la documentación para cerrar esta transacción en los días siguientes. Ella sabía que estaban operando al límite de la legalidad y eso la había dejado preocupada. Aunque ella estaba segura que la banca pronto inventaría una manera de soslayar los controles gubernamentales que se instituyeran.La experiencia adquirida durante los cinco años que venía trabajando en Manhattan, así se lo aseguraba.

Precisamente ese era la explicación larga que ella no podía entregar respecto de su profesión. Terese no podía explicarles, que su empresa además de vender documentos emitidos por el gobierno, estaba inmersa en un negocio bastante turbio que se había generado a partir de los 80, cuando los grandes bancos internacionales que mantenían en sus activos deuda externa otorgada a países del tercer mundo, habían recibido instrucciones que debían castigarlas hasta casi un 80% su valor. Los gobernantes de esos países, generalmente dictadores, habían encontrado una manera muy elegante de sacar dinero de sus países, adquiriendo deuda del país en cuestión, pagando entre un 75 y 85 por ciento de su valor, y que ellos se encargaban de que se pagara al 100%, embolsándose la diferencia en cuentas bancarias mantenidas en paraísos fiscales.

Ese negocio se había mantenido sin variación ni sobresaltos hasta los años 90. Los gobiernos de esos bancos internacionales, había hecho la vista gorda sobre este negocio. Sin embargo, posteriores gobiernos, habían decidido empezar a fiscalizar ese tipo de transacciones, ya que también los traficantes de droga habían descubierto ese negocio, lo que implicaba lavado de dinero, práctica que todos los bancos debían denunciar.

El segundo tema que la había dejado aún más inquieta, era la llamada que había recibido de una agente de gobierno que dijo estar relacionado con las comunicaciones bancarias y que le había solicitado una entrevista. Lo más extraño de todo era que le había pedido que se reunieran en un lugar "neutral". Y cuando ella le preguntó qué entendía por "neutral", el simplemente le había dicho:

"¿Qué le parece que nos encontremos en el Domis Restaurant a eso de las 7? La reserva estará hecha a nombre de Leonid Vasiliev".

La mezcla del nombre ruso, poco habitual que se asociara con una agencia de gobierno, y especialmente la voz profunda que escuchó por el teléfono, la sintió reverberar por su cuerpo y la sintió como si acariciara su vientre. Se sobresaltó al ver que se había dejado llevar por esa extraña sensación, algo que la dejó pensando respecto de cuánto tiempo había pasado desde la última vez que había tirado; no podía explicar de otra forma su reacción. 'Terese, Terese, estás hecha un desastre, a lo mejor necesitas un buen revolcón o unas vacaciones', se dijoal cortar la comunicación.

****

2

Esa misma mañana, el Fiscal General y su ayudante y cuatro funcionarios de la CIA, se encontraban reunidos hacía más de una hora, en un edificio de Washington. Cada uno tenía ante sí, un dosier con las últimas transacciones de compra de deuda externa a bancos norteamericanos. Involucraba a una serie de países africanos y especialmente a gobiernos latinoamericanos. Allí se dejaba clara cuenta de que la mayoría por no decir todas y cada una de esas compras, habían sido efectuadas por empresas domiciliadas en paraísos fiscales.

"Está claro a donde apuntan estas transacciones y a quiénes benefician. El Presidente desea saber con quiénes se estará relacionando, porque si bien es cierto, poco es lo que puede hacersecontra ellos desde un punto de vista legal, si puede orientar mejor sus políticas de préstamos de ayuda económica, sabiendo quienes son los que están detrás de esas operaciones, aparentemente legales." Dijo a modo de introducción el Fiscal General, dirigiendo su mirada a director de la CIA.

"Estamos preparando un plan para rastrear el origen de estas transacciones, cosa que no será fácil. Necesitamos identificar quiénes son los dueños de estas compañías, como primera cuestión, pero, el método tradicional de rastreo de éstas, no ha dado los resultados que esperábamos. Detrás de las empresas que compran, existe toda una red de empresas que no ha sido posible de analizar."

"¿Y qué opción tenemos" Preguntó el Fiscal, cerrando la carpeta de un manotazo.

"Reclutar a personas que se muevan en ese ámbito de negocios para que hagan un trabajo de campo."

"Pues bien. Necesito en cinco días más el plan de acción, para informar a nuestro Presidente." Y levantándose, dio por terminada la reunión.

El Director de la CIA y los tres funcionarios de la CIA, se quedaron en silencio mientras veían salir de la sala al Fiscal y su acompañante.

"¿Qué aspecto falta por analizar para completar el plan de acción en este tema?" Preguntó el Director de la CIA.

"Pinchar los sistemas de comunicación de las Agencias de Valores nacionales, para empezar" Dijo el agente interpelado.

"Leonid, ¿identificaste a alguien del sistema financiero que pueda trabajar para nosotros?"

"Sí. Quedé de juntarme esta noche con una agente de valores llamada Terese Bellardo y pretendo convencerla para que se una a nosotros."

"Leonid, como jefe de la Unidad de Investigación Financiera, quiero juntarme contigo en un par de días más para analizar los avances del plan." Dijo el Director de la CIA, levantándose, mientras uno de los agentes recogía las carpetas con todo el material de la investigación.

***

3

Terese se había llevado el vaso con agua a la boca, el que quedó en suspenso a medio camino. Frente a ella, se había detenido un hombre de unos 32 años, muy bien vestido, moreno con una media barba que marcaba el óvalo de su cara, y sus cejas pobladas apenas ocultaban sus ojos verdes que parecían chispear junto a la sonrisa que ostentaba cuando alargando su mano le dijo:

"Terese, gusto de conocerla. Soy Leonid".

"...Mucho gusto...Leonid" Dijo Terese, alargando su mano. Nuevamente había sentido mariposas en su estómago cuando él habló, efecto que sintió intensificarse cuando él había tomado su mano. Cuando se la estrechó, le parecióque no sólo estrujó la suya, sino que parecía hacerlo en sus entrañas. Nunca había sentido una excitación tal al escuchar la voz de un hombre y menos al estrechar su mano. En ese momento sintió que un rubor cubría su cara sin que ella pudiera hacer nada para impedirlo. Estaba segura que si no hubiera estado sentada, sus piernas no la hubiesen sostenido. Lo miraba como embobada. Tuvo que utilizar toda la sangre fría que pudo reunir después de algunos segundos, para lograr serenarse y preguntarle.

"¿Y qué es tan importante que decidió tener una reunión comida, Leonid?"

"Terese, empecemos por el principio, como decía Alexis Carrol en Alicia en el país de las maravillas. ¿Le parece que ordenemos?"

"Hum. Bueno." Dijo Terese sonriendo.

Ahora le tocó el turno a Leonid de observar el hermoso rostro de la muchacha que parecía absorta mirando el menú. Con su cabello cortado en degradé que caía lacio, marcaba su rostro dorado, resaltando sus labios más bien llenos, que se contraían en una leve sonrisa. La examinó detenidamente por unos segundos, que Terese interrumpió preguntando, ya que todo el tiempo estuvo consciente de que él laobservaba:

"¿Qué? ¡Por qué me mira así!" Le dijo sonriendo, levantando una ceja.

Su reacción en ella fue algo espontáneo, que no pudo refrenar. Ella sintió que él no solo la miraba, la estaba auscultando. Y necesitaba saber la razón.

"Perdone, Terese. Hacía mucho tiempo que no me encontraba con unos ojos grises como los suyos. Son inquietantes".

Nuevamente al escucharlo hablar, Terese sintió que su estómago vibraba. Más ahora en que él estaba francamente flirteando con ella. Ella lo miró y se dio cuenta que si lo hubiera conocido en un bar, estaba segura que lo hubiera invitado a su departamento. En ese momento apareció el maitre que resultó ser una mujer, y que sin más se dirigió a él para preguntar qué deseaban ordenar.

Si dejar de mirar a Terese, Leonid preguntó "¿Qué te parece que pidamos un aperitivo, mientras te decides qué pedir?"

Terese contestó que sí, apenas consciente de que él la había tuteado, y Leonid pidió un par de tragos cortos.

Cuando la maitre se alejó, Terese insistió: "¿Por qué no quieres decirme de qué se trata todo esto?"

"Porque lo que tenemos que conversar, debe hacerse con el estómago satisfecho", le dijo sonriendo.

"Al menos dime quién eres".

En ese momento apareció un garzón con sus tragos, por lo que Leonid tomando la pequeña copa, la levantó diciéndole "Porque esta cena no sea la última"

Terese, sonriendo, la levantó también haciendo un pequeño gesto afirmativo con su cabeza. Después, dejando su copa, tomó la carta y eligió un pescado grillado con verduras salteadas.

Leonid hizo un gesto a la maitre para que se acercara y le indicó lo que habían decidido comer. Ordenó un vino que Terese aprobó, sin tener idea la marca que él había elegido.

Una vez que retiraron los platos y pidieron los postres, Leonid se inclinó en la mesa hacia Terese, y le habló en voz baja.

"¿Has pensado en darle un vuelco a tu profesión?"

"¿Y con qué objeto podría hacerlo?" Preguntó intrigada Terese.

"¿Estás familiarizada con la auditoria de transacciones bancarias?"

Terese se estremeció, recordando lo que habían comentado sus empleadores respecto de las nuevas normas sobre transparencia bancaria que se estaba estudiando poner en práctica el gobierno.

"Sí. Fue algo que me tocó estudiar". Dijo, sacando la voz finalmente.

"Es precisamente eso lo que mi institución desea ofrecerte" Dijo él, mirándola fijamente tratando de leer y anticipar sus reacciones.

Por unos segundos Terese se quedó con la boca entreabierta. Todo esto le parecía medio irreal. Aquella mañana cuando esperaba a ese cliente que quería comprar deuda externa, se preguntaba si era para eso que había estudiado y sacado un master en finanzas: se parte de un negocio que implicaba que pequeños dictadores se adueñaran del dinero de sus países, usando este mecanismo que aún no tenía ningún control. Era cierto que gracias a esas transacciones de los últimos dos años, ella se había podido dar el lujo de comprar su pequeño departamento a las afueras de Manhattan por cerca de los 700 mil dólares; pero, con lo último que había leído, se sentía tan culpable como si ella fuera un eslabón más del lavado de activo que se estaba haciendo en todo ese proceso.

"Nuevamente te pregunto a qué institución de gobierno perteneces" Le dijo ella, armándose de valor.

"Y yo te vuelvo a preguntar si estarías dispuesta a pasarte a la otra vereda de lo que tu realizas día a día. Evitando así que dictadores de baja monta, se adueñen del dinero de sus países, o que banqueros inescrupulosos sigan operando libremente en el país." Esta vez Leonid tomó su mano, como para transmitirle la seguridad de sus palabras.

Fue en ese instante que Terese decidió no seguir luchando y dejó que su cuerpo reaccionara libremente ante la presión de su mano. Su voz, el calor y la fuerza de su mano, parecían transmitirle algo distinto de lo que Leonid pretendía. Apenas podía sostener su mirada, sentía que él la devoraba con la suya, y sintió que el largo pulgar de la mano de él, se apoyaba en una de las zonas más erógenas de su cuerpo, como eran sus muñecas, y su índice apoyado allí, parecía dibujar sus venas. Lo miró fascinado; casi no escuchaba sus palabras; sólo quería llenar su retina con ese rostro varonil que le hablaba de cosas que apenas entendía o quería entender. Sentía que todo su cuerpo estaba vibrando a un ritmo no habitual, que se traducía en la humedad que estaba comenzando a apreciar en su entrepierna. Sin proponérselo, había inclinado su busto hacia la mesa, como si quisiera oírlo mejor, y ahora era su mano la que se apretaba mientras sus ojos buscaban los de Leonid, que seguía hablando. Finalmente Terese habló:

"¡Tendrás que explicarme todo de nuevo en mi departamento!"En una exhalación de voz.

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