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La Agente de Valores Cap. 03

bylurrea©

Se involucra más gente al baile

Personajes de este capítulo: Terese Bellardo, Leonid Vasiliev, Manuel Vial, Jane Portman, Gerardo Cabrera.

*****

1

Lentamente comenzó a tomar conciencia de su cuerpo. Se dio cuenta que estaba en posición casi fetal. Estiró sus piernas y sintió ese sentimiento de satisfacción, muy parecido al que se experimenta cuando se ha dormido largas horas sin ser interrumpido por nada; en que los sueños fluyen sin que tu mente te alerte al despertar, que has tenido pesadillas. No quería abrir los ojos. Quería hacerlo lentamente. Hacer que todo comenzara a fluir libremente. Sintió su mano apoyada en algo suave, pero firme. Palpó con sus dedos, queriendo sólo con el tacto, reconocer aquello. Sintió la suavidad de la sábana, y sus dedos bajaron y cuando los movió más a su izquierda, su mente envió el mensaje de reconocimiento, alertándola: había un hombre durmiendo a su lado. Se apoyó sobre un codo y lo miró. Se dio cuenta que todos esos sueños, que vagamente su mente le decía que habían sido agradables, era porque EL estaba allí. Recorrió su rostro de facciones regulares; sus hombros fuertes y su pecho que subía y bajaba con un ritmo regular. Estaba tapado de la cintura hacia abajo, y miró lo que su mano asía: la impresionante erección de Leonid. Al sentirla, el cuerpo joven de Terese se alertó de inmediato, enviándole a su cerebro, todas las señales y estímulos, en los sitios apropiados, que ese hombre le había hecho experimentar. Despierto su apetito sexual, su mano apretó, y su mente se pobló de las imágenes de la noche anterior en que esa erección la había hecho acabar innumerables veces; pero, viéndolo dormir tan plácidamente, decidió levantarse de la cama y se fue a la cómoda para ver qué ropa se pondría esa mañana. Estaba totalmente desnuda, cuando abrió la cajonera de su ropa interior.

El movimiento causado por la presión del cuerpo de Terese cuando se levantó, hizo que Leonid se despertara. Se giró quedando de vientre en la cama, con la cabeza casi colgando, lentamente abrió los ojos y su mirada soñolienta scaneó alrededor y hasta encontrarse con el maravilloso espectáculo del cuerpo desnudo de Terese. En esa posición, sus ojos apuntaban al delicado pie levemente apoyado en el piso, y comenzaron a subir por el tobillo, por la pantorrilla torneada, por la curvatura de un muslo trabajado y que llegaba hasta un arriba en se hundía, para dar inicio a la violenta curva que dibujaba su nalga. Allí se quedaron pegados sus ojos, sintiéndose muy cómodo en esa posición, mirando la curva del trasero de Terese y que al mismo le permitía ocultar su furiosa erección.

"Vi que tu bebé se despertó antes que tú" Le dijo Terese, sonriente, sentándose al borde de la cama, con su mano apoyada en la espalda de él, acariciándolo y en la otra sosteniendo un pequeño calzón de seda rosado.

"Oh, sí. Siempre lo hace así, por las mañanas. Funciona como mi despertador" Dijo Leonid, medio girándose en la cama, tomándole el calzón que sostenía Terese y llevándolo a sus narices, mientras sentía que su pene se desperezaba.

"Ese está limpio" Le dijo ella, sonriendo ante el gesto de él, quien al oírla, lo dejó caer en la cama.

"¿Primero tú, o primero yo?" Preguntó Terese.

"¿El qué primero?" Preguntó Leonid, levantando una ceja.

"La ducha, por supuesto ¿O tenías otra cosa en mente?

"No sé lo que pensará tu pequeña, lo que es el 'bebé' como lo llamas tú, se estaba imaginando cosas.

"Vamos a darle una ducha, para ver si se tranquiliza. Hoy hay mucho que hacer, después de lo que me dijiste anoche." Dijo Teresa, sin hacer caso de sus insinuaciones y alargando su mano, para tomar la de él. Éste se giró rápidamente en la cama, para seguirla. Ella sonrió al mirarlo de pie, desnudo, luciendo su hermoso miembro erecto.

Cuando Terese entró a la ducha y giró la manilla, junto con el agradable chorro de agua que mojó su cara, sintió cómo el cuerpo de él se apoyaba a lo largo de su espalda sus manos acariciaban sus pechos, al tiempo que sentía la rigidez de su miembro en el valle que formaba su impresionante trasero. Apretó los brazos de él con sus manos y giró su cara para besarlo, dejando que el agua escurriera por sus cuerpos. Terese sintió la presión de Leonid entre sus nalgas, e hizo algo en ese momento: las relajó mientras él bajaba su miembro entre ellas, para después apretarlas, atrapando completamente su erección. Totalmente excitado por ese gesto, Leonid respondió apretando sus manos alrededor de las caderas de ella y apretándola contra él, comenzó a deslizarse de arriba abajo, mientras ella repetía el movimiento de soltar y contraer. Poco después, Terese se estremeció cuando sintió que su grueso miembro, ya no se movía entre sus nalgas, ahora la cabeza había comenzado a deslizarse hacia abajo, rozando primero el orificio en forma de rosa de su culo, para después moverse entre sus labios vaginales.

A partir de ese momento, los movimientos comenzaron a ser muy precisos: la cabeza de su pene, comenzó a estimular toda su hendidura, abriendo sus labios al presionar hacia arriba, hasta tocar su clítoris. Nuevamente Terese buscó su boca, para ahogar sus gemidos, besándolo. Se sentía muy excitada ahora, y sólo esperaba que él terminara con ese juego que la provocaba más y más. Al fin llegó lo que su cuerpo esperaba, más precisamente su vulva. Levantó sus manos pegándolas contra el muro de cerámica, mientras abría sus piernas y arqueaba su trasero levantándolo. A partir de allí, él comenzó a penetrarla y fue llenando lentamente su vagina. Hoy, ella lo sentía enorme y aunque en esa posición no lograba entrar totalmente, sentía su cabeza rozando exquisitamente su punto G. Después, sólo se dejó ir, mientras él entraba y salía de ella. Leonid continuó haciéndole el amor, por largo rato, mientras sus cuerpos eran empapados por la ducha, hasta que sintió que su erección había llegado a su punto máximo y eyaculó su alma dentro de Terese. Segundos después ella gimió, cuando logró también su liberación, en un orgasmo que hizo estremecer todo su cuerpo, haciendo que las contracciones de su vagina, prácticamente ordeñaran la enorme verga de Leonid, que continuaba saltando chorros de semen dentro de ella.

Minutos después, mientras tomaban café en la pequeña cocina, sentados frente a frente, mantenían asidas sus manos. No hablaban, sólo se miraban. Ambos en ese instante, parecían querer grabar en sus mentes cada detalle del rostro del otro. Repasando los últimos acontecimientos ocurridos entre ambos. Convencerse de la existencia del otro. Y cuando Leonid se despidió, antes de subir al taxi que lo conduciría a su oficina, le dio un beso en la boca, y tampoco se dijeron nada. Parecía que todo estaba dicho entre ambos.

*****

2

Aquella mañana, cuando caminaba rápida por el centro del emplazamiento del World Trade Center, dirigiéndose a la torre en que estaban las oficinas de su compañía, Terese se sentía exultante. Nunca se había sentido tan feliz. Había tantas cosas que justificaban ese estado: había conocido al hombre que siempre había esperado conocer, así le parecía ahora; el que además de entregarle toda la ternura y la pasión que anhelaba, le estaba entregando un nuevo sentido a su vida, y había llegado en un momento justo, en que se sentía frente a una encrucijada, y ÉL había llegado para ayudar a resolverla.

Cuando entraba al lobby del edificio, para dirigirse a los ascensores, se encontró a boca de jarro con el abogado que la había visitado la mañana anterior.

"Srta. Bellardo, que coincidencia encontrarla aquí, precisamente venía a verla."

"...Hola...Sr Vial " Contestó Terese, sintiéndose un tanto incómoda con su presencia. Ya la primera vez al conocerlo, él se había presentado como Manuel Vial abogado, y no le había caído bien, lo que se había incrementado ahora aún más, después de haber conversado con Leonid respecto de lo que ese abogado representaba: un gestor para ayudar a generar la extracción de dineros de países del tercer mundo. "¿Y qué es del Sr. Gerardo Cabrera?" Dijo, tratando de mantener el control.

"Está haciendo ciertas gestiones, por lo que no pudo acompañarme" Contestó el abogado, sorprendido de la buena memoria de la muchacha.

Mientras subían en el ascensor, el abogado le explico la razón de su visita anticipada, ya que Terese no lo esperaba hasta unos dos días más: "En el conjunto de documentos que le entregué ayer, iban papeles que no debí entregarle. Esa es la razón de mi presencia hoy. Necesito rescatar todos esos documentos." Mientras hablaba, ella observó que el abogado se lo notaba muy nervioso.

La mente de Terese, comenzó a trabajar a mil revoluciones por segundo. Después de lo comentado por Leonid el día anterior, tenía claro que debía revisar y analizar cuidadosamente la documentación que este abogado le había entregado, y ahora que le oía decir esto, era obvio que necesitaba además, fotocopiar esos papeles antes de entregárselos. Pero, tenía un dilema: esa documentación habían quedado en su carpeta de entrada y no podría llevar al abogado a su oficina. Tenía que pensar cómo resolver esto.

En ese instante, pararon frente al piso 40, en donde ambos ingresaron. Cuando entraron a la recepción de las oficinas de su empresa, y después de saludar a la recepcionista, Terese le dijo:

"Hum. Señor Vial, tenemos una pequeña dificultad para lo que me pide, la documentación que me entregó la envíe a fiscalía para su revisión legal, porque tal como se lo adelante ayer, es parte del trámite previo que existe para poder procesar la operación de adquisición de deuda externa que nos solicitó."

"Pero, ¿supongo que podrá rescatarla, no?" Dijo con voz anhelante el abogado.

"Sí, por supuesto" Dijo Terese, sin moverse de la recepción, sin tratar de avanzar y conducirlo a su oficina. Tenía que evitar a toda costa, que este abogado entrara a su oficina. Si entraba y veía el dosier en su escritorio, él se daría cuenta de inmediato que ella había mentido. Y ahora se enfrentaba con la necesidad de ir a su oficina, sacar el dossier para llevarlo a la sala de fotocopiado, antes de que él lo revisara y rescatara lo que quería llevarse. De pronto vio a su compañera Eve que venía por el pasillo y pensó de inmediato.

"Sr Vial, ¿sería tan amable y esperar aquí unos minutos, mientras converso con mi compañera?"

"Sí. Claro" Y el tipo tomó asiento en uno de los enormes sofás de la recepción.

Terese se dirigió hacia Eve, impidiéndole que siguiera avanzando hacia ellos y le dijo muy quedo: "Eve, necesito que me hagas un favor" Y la guió por el pasillo, lejos de las miradas del abogado, que no le perdía pisada.

Cuando estuvieron lejos del alcance de los oídos del abogado, Terese le explicó que necesitaba que retirara una carpeta caratulada "Río Ranco Inversiones Ltda.", desde su oficina y la llevara a la sala de fotocopiado.

"¡Ah. ¿Tienes un sobre grande para coloques allí todos los papeles, antes de sacarlos de mi oficina?" Agregó Terese.

"Sí. Si quieres vamos a mi oficina y busco uno. ¿Me explicarás de qué se trata?" Pregunto Eve, un tanto sorprendida con todas estas instrucciones tan misteriosas de su compañera.

"Te lo explicaré todo, cuando se vaya ese tipo que espera en recepción" Le dijo.

"¿No deseas que yo te haga el fotocopiado, mientras tú hablas con él?

"¡Te lo agradecería aún más, Eve" Dijo Terese, dándole un apretón al brazo de Eve.

"Espera a que lo lleve a la sala de reuniones, antes de ir a buscar esa carpeta, ¿de acuerdo?" Dijo Terese.

"¡Hecho. Te llamo por celular cuando tengo todo listo!" Dijo. Esperó hasta que Terese volviera a recepción y, cuando la vio entrar con el hombre a la sala de reuniones, Eve se dirigió a la oficina de Terese, en busca de la carpeta.

Una vez sentados en la sala de reuniones, Terese le comunicó al abogado, que esperarían hasta que le comunicaran que la documentación había sido retirada desde la oficina del área legal.

"¿Esa oficina, debe sacar copias para hacer su trabajo?" Preguntó el abogado, denotándose más nervioso cuando hizo la pregunta.

La mente de Terese trabajó como un rayo y le contestó de inmediato: "No están autorizados a sacar copia de la documentación que reciben. Sólo se hace una vez que la operación ha sido aprobada por el cliente, cosa que hasta el momento, no ha ocurrido, ya que usted debía traerme ciertos formularios completos, ¿no es verdad?"

"Sí." Dijo el abogado, demostrándose aliviado con la respuesta.

En ese momento sonó su celular. "Si usted me disculpa, parece que ya los enviaron a mi oficina. Vuelvo de inmediato" Dijo Terese, saliendo de la sala.

El abogado la miró salir, siguiéndola con una mirada libidinosa. Si Leonid lo hubiera visto, no lo habría culpado. A pesar de usar un traje muy formal que le llegaba hasta unos centímetros arriba de las rodillas, era imposible no fijarse en la estrecha chaquetilla que acentuaba su cintura y las anchas caderas de Terese, que se movían sinuosas al caminar, haciendo que se destacara aún más su hermoso trasero redondo.

Cuando entró Terese a su oficina, a los pocos minutos hizo su aparición Eve que traía un sobre doble oficio.

"Aquí está todo, amiga" Le dijo, entregándole el sobre.

"Gracias. Después conversamos" Le dijo Terese, haciendo un gesto de excelencia con sus dedos. Rápidamente guardó las copias en su cajón, y tomando el expediente, volvió a la sala de conferencias en donde aguardaba el abogado. Al ingresar, lo vio que estaba enrojecido hablando por celular. Tan pronto la vio, musito algo y cortó la comunicación.

"Sr. Vial, aquí está su carpeta, tal como me la entregó" Le dijo, pasándosela. Éste, muy nervioso, comenzó a revisar rápidamente papel por papel. Apartando algunos hacia un lado, hasta que terminó de hurgar.

"Hay un sobre allí, que puede usar para llevárselos" Le dijo amablemente, Terese.

Este tomó el sobre que le ofrecía, colocó allí todos los papeles que había separado y los metió en una carpeta de cuero que portaba cuando se encontró con Terese. Se levantó, le estrechó la mano, la que ella sintió muy húmeda, y le dijo al despedirse: " Srta. Bellardo, la veo dentro de un par de días, para saber cómo va el avance de la transacción", y salió rápidamente de la sala de conferencias.

Desde la sala vidriada de conferencia, Terese pudo observar cuando finalmente el abogado tomó el ascensor, saliendo del piso. Sólo en ese momento, ella se dirigió rápidamente a su oficina para sentarse y sacar el legajo de copias que había hecho su compañera Eve.

Pronto se dio cuenta qué era lo que había preocupado al abogado. Había una hoja con notas con nombres y cifras, cuyo significado no pudo identificar en esa rápida revisión. Había también unas escrituras de otras empresas, que no correspondían a 'Río Ranco Inversiones Ltda.', empresa que haría la transacción que había sido solicitada a través de la Agencia de Valores de Terese. Miró la hora, eran cerca de las 10: AM. Tenía tiempo suficiente para revisar la documentación, se dijo. Comenzó con las escrituras adicionales y, con gran alegría, se dio cuenta que una de ellas, correspondía a una empresa constituida en el país cuya deuda externa se estaba comprando, y entre sus socios, aparecía precisamente el nombre de 'Río Ranco Inversiones Ltda.'. ¡Eureka! exclamo en silencio, Terese. Había encontrado la primera hebra de la madeja. Efectivamente, parecía ser la empresa holding, ya que aparecían otras sociedades que la componían. En ese momento ansió hablar con Leonid, para comentarle su hallazgo. Pero, principalmente porque echaba de menos escuchar su voz. Desechó de inmediato ese curso de su pensamiento. Todo lo que tenía que ver con él, estaba demasiado a flor de piel. Y ella, necesitaba mantenerse alerta, con su mente despejada, porque se daba cuenta que pensar en Leonid, no permitía que pensara con claridad.

Revisando el domicilio de la empresa holding y de todas sus filiales, se dio cuenta que para lograr mayor información, necesitaría contactarse con autoridades legales del país en el que se habían firmado las escrituras, para requerirla. ¿Pero, cómo?

****

3 Jane Portman estaba atenta a su llegada. Necesitaba hablar con él. Especialmente ahora que la jefatura de la agencia, le había ordenado que se incorporara al grupo de Leonid. Miró la la carpeta nuevamente y observó los rasgos de la que supuestamente sería reclutada. Era bella, demasiado bella y sintió eso en su interior, que la predispuso de inmediato en su contra. Definitivamente eran celos.

Cómo no iba a ser así, Jane hacía mucho tiempo que trataba de acercarse a Leonid, pero éste, no mostraba ningún interés real por ella. Era cierto que la trataba con simpatía. ¡Mierda, no era eso lo que ella estaba esperando de él! ¡A la mierda con su simpatía! Con su apenas 1,55 de estatura, apenas le llegaba al pecho, pero, eso mismo, la ponía más cachonda, imaginándose colgada de su cuello y abrazándolo con sus piernas.

Ahora que sabía que Leonid había hablado ayer con ella para efectos de reclutar a esa rubia de mierda, y tetona además, Jane tenía que hablar con él, para completar el expediente.

Al fin lo vio entrar a su oficina y tomando el expediente de Terese Bellardo, se levantó de su silla y se dirigió rápidamente donde Leonid.

Leonid, cuando entró a su oficina, lo primero que vio cuando abrió su notebook, fue una notificación urgente del director, en que le pedía que se reuniera en su oficina, tan pronto llegara. Cerró el notebook preparándose para salir, cuando vio entrar a la pequeña rubia, luciendo una chaquetilla corta oscura y una blusa que parecía reventar por la presión de sus impresionantes tetas; venía con una carpeta en la mano. Éste, sólo se limitó a levantar las cejas y le dijo: ¿Hola, Jane, qué hay de nuevo?

"Venía a hablar contigo, Leonid, para saber cómo te había ido con la recluta" Le dijo, deslizando hacia él, la carpeta abierta con la foto de cuerpo completo de Terese y mirándolo intensamente, trató de leer sus reacciones faciales.

Leonid, experimentó una pequeña reacción, pero no en su rostro, al ver la foto, y su mente se pobló de imágenes eróticas. Sin que se le moviera un músculo de su cara, Leonid le pregunto a la pequeña rubia: "Y por qué tienes esta carpeta?

"A partir de hoy, trabajo contigo en la investigación en la auditoría financiera de la banca" Le dijo, mientras se sentaba en la silla paralela al escritorio de Leonid, y lentamente cruzaba sus piernas, dejándole ver una generosa porción de sus muslos.

"Ah, lo siento Jane, pero ahora no te puedo atender, tengo una reunión con el director, ahora mismo. Si quieres, conversamos a la vuelta, y te cuento todos los detalles de mi reclutamiento". Le dijo Leonid, mientras se levantaba. 'Claro está, que no te contaré cómo nos revolcamos anoche y cómo tiramos hoy en la mañana', se dijo mentalmente Leonid, nuevamente sintiendo un tirón en su entrepierna. No se podía sacar la imagen desnuda de Terese, y eso lo tenía preocupado. Hacía mucho tiempo que no sentía algo así por una mujer. Es que Terese, definitivamente era algo especial.

Una media hora después cuando volvió de la reunión con el director, después de algunos minutos que estaba sentado en su oficina, vio entrar a la chica rubia, haciendo la misma rutina de momentos antes, incluyendo la cruzada de muslos.

"Veo que te has tomado en serio tu trabajo" Dijo Leonid, acercando la carpeta con la foto de Terese. "¿Qué deseas saber?" Y nuevamente la mente de Leonid se llenó de las imágenes recientes.

"¿Ella aceptó entrar a nuestra organización?" Preguntó Jane, ojeaba en la carpeta que le había mostrado antes a Leonid, y buscaba una hoja para anotar.

"Sí. Ella trabajará con nosotros. Me dijo que probablemente tengamos noticias de ella, en el curso del día"

"Bien." Dijo Jane, mientras hacía anotaciones en la hoja elegida para ello.

"Tú serás su contacto directo, ¿No?" Preguntó Jane, recalcando lo de directo, sin que ella lo pudiera evitar.

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