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La Agente de Valores Cap. 05

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LA AGENTE DE VALORES Cap.5

Se producen nuevas tensiones e interacciones entre los personas

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1

La Organización de Investigación de la Banca, conocida por sus siglas de BRC, había sido creada bajo el amparo de la CIA, cuando comenzaron las investigaciones de las enormes fortunas de antiguos dictadores latinoamericanos, que estaban apareciendo en paraísos fiscales. De allí que, a partir del auspicio de gobiernos demócratas de Estados Unidos, se decidió poner atención respecto de qué mecanismos estaban utilizando para conseguirlas.

La CIA creyó al principio que se debía a lavado de dinero producto de la comercialización de las drogas. Eso pareció ser así con antiguos dictadores centroamericanos, pero, por una operación que fue detectada como sospechosa por los organismos que controlan las operaciones de la banca, encontraron que algunos dictadores, estaban comprando deuda externa, que los bancos, por normas contables de los organismos que controlan los estados financieros que presentan, debían presentar castigadas entre un 70 y 80% de su valor. A partir de eso, se había comenzado a generar un nuevo negocio: adquirir paquetes de deuda, ya que los bancos las vendían castigadas, de ese modo, los adquirentes, podían recuperar la inversión, obteniendo parte de ese 70 u 80% cuando los países pagaban. No siempre era así, ya que los países endeudados, no siempre lograban pagar esas enormes deudas. Era el riesgo de adquirir esos títulos de deuda.

Pero, los dictadores controlando sus países, sí podían hacer que sus países pagaran, por lo que adquirían paquetes de deuda, a través de empresas fantasmas, embolsándose la diferencia. El negocio era redondo, y habían estado operando así, prácticamente durante los últimos 25 años.

De eso y mucho más, conversaron esa mañana, Terese, Leonid, Jane y otro par de funcionarios más, con el director de la CIA, que deseaba saber qué avances se habían logrado en esos últimos tres días, ya que debería reunirse dentro de un par de días más, con el Consejero de Estado y el Fiscal General.

"Nos felicitamos de haberte encontrado Terese, ¿me dejas que te llame Terese, no es verdad?" Preguntó el director de la CIA, a lo que ella contestó afirmativamente.

"Aunque muchas veces ocurren situaciones que pueden atribuirse a la suerte, pero, si no hay personas con la inteligencia apropiada, que puedan darle sentido a esas situaciones, es posible que esas señales pasen inadvertidas. Es por ello que te felicito en nombre de todo el grupo, por lo que has logrado en tan corto tiempo, y nuevamente te agradecemos que hayas decidido integrarte a nuestra organización" Y diciendo eso, el Director se levantó de su asiento, para ir a saludar a Terese.

"Gracias Sr. Director" Respondió ella emocionada, por las cálidas palabras de bienvenida.

"Y debo agregar que tú también tuviste muy buen ojo con Terese" Dijo el director, mirando a Leonid. Éste se limitó a sonreír, lo mismo que Jane, sentada al lado de él.

"Bueno, los dejo para que preparen el informe. Ya saben, lo necesito mañana a primera hora." Y diciendo eso, se retiró de la sala.

Leonid presentó en forma oficial a Terese, que no era conocida por los otros dos funcionarios, y se repartió una copia de la documentación que Jane se había ocupado de hacer. Acto seguido, Leonid se ubicó frente a un panel, en donde comenzó a colocar nombres de empresas y su relación entre ellas, y pasó explicar que el grupo debería identificar a todos los que estaban detrás e investigar si en operaciones con otros bancos, estas empresas habían adquirido más títulos. Su labor era además, detener la realización de tales transacciones financieras. Después, se estudiaron las anotaciones que hasta ahora no habían podido analizar y se distribuyó el trabajo para el día. Se levantó la sesión de trabajo, y sólo quedaron Leonid, Jane y Terese en la sala.

"Jane, podrías acompañar a Terese a su oficina, ya que como tú sabes, ella trabajará de incognito con nosotros"

"Si por supuesto. ¿Vamos Terese?" Le dijo Jane, viendo que el apretón de despedida entre Leonid y Terese, demoraba más segundos de que lo que correspondía entre jefe y subalterna.

Cuando se sentaron en la van y se puso en marcha para dirigirse hacia las oficinas de Terese, ésta se volvió hacia Jane y le preguntó: "Tú que conoces más a Leonid, ¿crees que estará a dispuesto a un 'ménage á trois' entre él, tú y yo?"

"¡Vamos, Terese! Un trío es el sueño de todo hombre. Claro, habrá que crear el momento y atmósfera apropiada. ¿Qué te parece que nos juntemos esta tarde, nos tomamos un trago y conversamos al respecto?" Le dijo Jane. Y cuando aceptó Terese, le dijo que la pasaría a buscar en la tarde, para llevarla a un lugar que ella conocía.

Ya más distendida, Terese le comentó que le haría llegar la información que había conseguido, respecto de los registros legales de las empresas que deberían estudiar. Se despidieron como viejas amigas y Terese se bajó de la van, para dirigirse a su oficina.

****

2

"Creo que tenías razón" Dijo el asesor de negocios, cuando supo de la investigación que había hecho Cabrera. "¿Y qué sugieres?" Preguntó, mientras se dirigía al bar de su departamento, para traer una botella de whisky y dos vasos.

Se sentó en su sillón preferido y espero la respuesta de Gerardo Cabrera.

"Creo que hay sólo una opción, acelerar el proceso de la adquisición y marcharnos cuanto antes del país. Una vez realizada la operación, habrá que tomar algunas medidas de limpieza de testigos." Dijo fríamente el agente de inteligencia, esta vez aceptando el vaso con whisky que lo ofrecía el obeso cónsul de negocios.

"Te... refieres a Manuel Vial" Preguntó dubitativamente el hombre obeso, serio y con los ojos muy abiertos.

"Tú lo dijiste, ya que con los locales, no tenemos mucho que hacer... Salvo que..." Agregó escuetamente Cabrera.

"Salvo que... Gerardo. ¿A qué te refieres?" Dijo este, mostrándose alarmado por la expresión dura del agente.

"Hiciera hablar a una de las mujeres..."

"Pero, eso no tendría sentido. Además nos crearía un conflicto de repercusiones insospechadas. ¡No, Gerardo. Atengámonos a acelerar el cierre! Yo Hablaré con Manuel esta tarde, para que lo haga." Le dijo el obeso, tomando el vaso y dándole un largo trago, como para tranquilizarse.

"Está bien. Mantenme informado respecto del cierre. No quiero hablar con ese pelotas" Dijo el agente, dándole un trago a su vaso, también.

****

3

Tal como le había prometido, Jane pasó a buscar a Terese a su departamento. Pronto estaban conversando animadamente en la barra del bar. Esta vez Jane vestía más para la ocasión, lo que mostraba su cuerpo como hecho a escala: pechos abultados, cintura estrecha y buen trasero. Terese no dejó de manifestarle su admiración, lo que hizo que Jane se sintiera muy bien y comenzara a ver a Terese no como una rival, sino como una compañera de aventuras.

"Has pensado en lo que conversamos, Terese" Le preguntó Jane, dándole un sorbo a su daiquirí.

"Creo que se me ha ocurrido algo" Contestó ésta, dándole un mordisco a la aceituna de su Martini.

"Cuenta, cuenta"

"Creo que mañana, podrías irte a cenar a mi departamento, llevas el dossier y trabajamos." Dijo Terese.

"¿Pero, donde está el chiste?" Preguntó Jane.

"Que invitaremos a Leonid, por supuesto. A partir de allí, habrá que crear el ambiente apropiado. Encárgate de las bebidas" Dijo Terese.

"¡Eres un genio, Terese!" Exclamó Jane, tomándole la cara y dándole un beso en plena boca.

"Hey, hey, ¿qué pasa aquí?" Escucharon decir a una voz muy familiar para ambas muchachas. Se giraron y se encontraron a boca de jarro con Leonid, que vestido sport, las miraba.

Casi a coro, ambas exclamaron "¿Y qué haces aquí?"

"Yo también me pregunto lo mismo, porqué ese beso tan efusivo. ¿Me van a invitar a celebrar?" Dijo acercándose y quedando de pie al medio de ambas que estaban sentadas en sendos elevados taburetes de cuero, lo que dejó sus caras casi al nivel de la cara de Leonid.

"Si estás celoso, no hay problema" Dijo Jane, y tomándole el rostro, antes de que él pudiera reaccionar, lo beso en plena boca. "Ahora tú, Terese. El hombre no se quiere quedarse al margen de nada"

Un grupo de hombres, que desde que habían llegado Jane y Terese al bar, no les habían despegado la vista, y justo en ese momento en que estaban dispuestos a abordarlas, se quedaron de una pieza, cuando vieron el espectáculo que tenían las muchachas dándole besos al hombrón que se había parado frente a ellas. Se miraron entre sí, y echaron puteadas por la suerte del tipo.

Terese le explicó a Leonid, que estaban muy contentas con cómo se estaban dando las cosas y que ambas habían decidido irse a su departamento a tomarse unos tragos, para celebrar. A medida de que hablaba, la boca de Jane se abría más y más, ante la ocurrencia tan espontánea de ahora su amiga Terese. No podía creer que en segundos, había creado una historia de la nada, y ahora el 'ménage á trois' , como lo llamaba ella, se estaba precipitando de una manera que ella no se esperaba.

***

4

Esa misma mañana, cuando se abrieron las puertas del ascensor en el piso 40 y Terese ingreso a las oficinas de la agencia de valores, y lo primero que vio, fue al abogado Vial, sentado en el gran sofá de la recepción. Éste, tan pronto la vio, se levantó esperando que se acercara. Nuevamente se lo veía con cara confundida. Terese suspiró y se acercó a él con una sonrisa, mientras estiraba su mano para saludarlo.

"Sr. Vial, a qué debo el placer de su visita. No lo esperaba hasta mañana." Le dijo estrechándole la mano. Nuevamente la notó húmeda, era evidente que estaba nervioso, tal vez más que la vez anterior, cuando había venido a retirar los documentos que le había entregado por error.

Mientras caminaba hacia la oficina de Terese, el abogado le preguntó cómo iba el avance de la operación.

"Estamos de acuerdo al itinerario que nos trazamos la primera vez que usted vino. La documentación fue ya revisada por el área legal de nuestra empresa, para verificar la legalidad de las firmas y poderes y en este momento, estamos a la espera de lo que nos comunique el Banco Boston, quien nos entregará los documentos para la transferencia de los títulos de deuda por los $ 20 mil millones de dólares." Le dijo Terese, mientras entraba a su oficina, escoltado por el abogado.

"¿Y cuánto demorará el Banco Boston" Preguntó con ansiedad el abogado, sentándose frente al escritorio de Terese.

"Normalmente son 5 días hábiles, ya que deben ser visados por el área de auditoria del Banco previamente a la entrega de los títulos"

"¿Y no podría apurar usted ese proceso?" Consultó el abogado.

"Para mí eso es imposible. Todo está en manos del Banco Boston en este momento" Contestó seria, Terese.

"¿Y no hay manera de hablar con algún funcionario a cargo de la operación en el Banco Boston?" Insistió, haciendo énfasis en la palabra 'hablar'.

"¿Y por qué haría yo algo así"

"Porque estamos en un serio conflicto respecto de los fondos que deberemos transferirles. Incluso estamos dispuestos a compensarle a usted por su gestión" Agregó el abogado, esta vez mirándola ansioso.

"Sr. Vial, así no es como hacemos nuestros negocios en esta empresa. Haré como que no lo escuché" Dijo fríamente Terese, levantándose del escritorio, para indicarle que la reunión había concluido.

"Perdón, Srta. Bellardo, no quise ofenderla en absoluto. Quisiera transmitirle más detalles del problema que está enfrentando el cliente que represento, pero no puedo, sólo puedo darle la explicación que le di anteriormente." Dijo azorado, el abogado, sin levantarse del sillón. Y agregó: "Nunca dejaré de agradecer la amabilidad con que usted me ha tratado, por lo que le ruego reciba nuevamente mis disculpas. En prueba de mi afecto, permítame que le deje esto, los que podrá utilizar con su pareja, cuando usted lo desee." En ese momento, abrió la carpeta de cuero que portaba y extrajo un sobre con vistosas imágenes de playa, que dejó sobre el escritorio y estirando su mano, se despidió de Terese, sin agregar nada más, y como un alma que se la lleva el diablo salió de su oficina, dirigiéndose rápidamente al ascensor.

Cuando lo vio cerrar el ascensor, Terese oprimió un botón de un pequeño dispositivo que le había entregado Leonid, que permitía horas de grabación, para detenerlo. Después estiró la mano y tomó el sobre que había dejado el abogado, la abrió y se encontró con un set de pasajes para dos personas, hacia Las Bermudas, con todo incluido por una semana. De inmediato su mente se trasladó a la única imagen que la ocupaba: Leonid, y se imaginó retozando con él en las playas cálidas, de aguas transparentes. Tomó el sobre, y lo guardó con llave en su escritorio. 'Ya habrá oportunidad de conversar en el futuro de esto con él'. Pensó.

***

5

Cuando Manuel Vial se enfrentó con el encargado de negocios, el tipo obeso, y le contó de su reciente gestión, este sólo lo miró, sin decir palabra. Estaban en un serio problema, si no podían cerrar la operación de compra antes de una semana, todo se iría por el despeñadero, y todos los involucrados, corrían serio peligro de perder sus puestos, y otros, algo más que eso. Su frente se perló de gotas de transpiración. Esto lo tendría que comunicar al agente de inteligencia Gerardo Cabrera, brazo derecho del General, y no sabía cómo reaccionaría ante este nuevo escenario.

****

6

Poco a poco el ambiente distendido que entregaba el bar, lleno de gente conversando y bebiendo, fue generando una relación de camaradería y de mayor intimidad entre Leonid, Jane y Terese. Leonid decidió beber algo más liviano, ya que dijo que había venido manejando y las muchachas continuaron con lo que ya estaban bebiendo. Leonid tuvo que quedarse de pie entre ellas, ya que la barra estaba absolutamente llena y tampoco había mesas disponibles, por lo que pronto, ambas apoyaban sus brazos en los hombros de él, mientras bebían.

Tanto los dedos de Jane como los de Terese, con el tiempo, se fueron moviendo hacia el pelo de Leonid, generando ensortijados con su largo cabello. Al poco rato de eso, Terese se acercó al oído de él y le dijo "¿Qué tal si nos vamos a mi departamento?", y aprovechó para mordisquear su oreja. Leonel sintió un estremecimiento en su entrepierna, por lo que respondió de inmediato "Vamos", y tomando a Jane de la cintura, que se la veía ostensiblemente mareada, la ayudó a bajar del taburete en donde estaba encaramada. La pequeña rubia al quedar de pie se abrazó de inmediato a la cintura de Leonid a la que se unió Terese y así, abrazados los tres salieron del bar. Leonid las condujo hacia su automóvil que había quedado estacionado. A Jane la acomodó en el asiento trasero, quien se dejó hacer sin resistencia; el aire de la noche, había terminado de intensificar la acción de los tragos que había bebido y se acurrucó en el asiento. Terese se sentó al lado de Leonel y se dirigieron al departamento de Terese. Cuando llegaron, Leonel, tuvo que casi levantar en vilo a Jane, mientras Terese le hacía señas al portero del edificio para que le abriera. Subieron al ascensor con Jane prácticamente abrazada a Leonel, hasta que se detuvieron en el piso de Terese. Entraron y Leonel, ya familiarizado con el lugar, la llevó de inmediato al ancho sofá del living y deposito el cuerpo de Jane. Terese mientras tanto, había traído una cobija, con la que procedió a tapar a Jane, la que se había acomodado como si estuviera en su cama.

Leonel de pie, esperó la acción de Terese, quién después de hacerlo, se giró hacia él y se colgó de su cuello. Este, sin mayor dilación la rodeó con sus brazos y tomándola de las nalgas la alzó en vilo y la condujo al dormitorio. Allí ambos se desnudaron con prisa, y pronto Terese estuvo acostada en la cama, mientras rodeaba con sus piernas la cintura de Leonel, sintiendo el rígido miembro apoyado en el centro de su abertura.

Sin dejar de mirarlo, con sus manos apoyadas en su espalda, Terese esperó y su boca se abrió e inspiro un largo aliento cuando sintió que Leonid la penetraba lentamente. No cerró los ojos, lo siguió mirando con ojos extasiados de placer mientras él comenzaba a hacerle el amor. Sólo sonreía a cada penetración, y sus dedos se crispaban en su espalda. Leonid, apoyado en sus antebrazos a los costados del cuerpo de Terese, también la miraba, tratando de leer en la sonrisa, la contracción de la boca, los temblores de su rostro, lo que él le producía cada vez que la penetraba. Pero, pronto él se dio cuenta, que no sólo era el rostro la que reaccionaba a ello, sentía las contracciones de la vagina de Terese que parecía hablarle a su miembro cuando la recorría entrando y saliendo; las paredes se soltaban y apretaban alrededor de su masiva erección. Continuaron haciéndolo así, sin cambiar de posición, como acostumbraban hacerlo. Esta vez ambos estaban pendientes del rostro del otro, de las reacciones que experimentaban sus cuerpos mientras hacían el amor. Lo hicieron sin prisa, queriendo alargar al máximo este momento de intimidad que ambos habían estado anhelando todo el día. Leonid, a petición de Terese, se había quedado las dos últimas noches a dormir en su departamento, y fueron largas sesiones de sexo desenfrenado las que ambos habían disfrutado. Sin embargo, esta noche, ambos estaban haciendo el amor, mirándose mientras lo hacían. Los ojos grises de Terese brillaban y su boca se abría como los de un pez que ha quedado fuera del agua, disfrutando cada segundo. Pero, pronto su cuerpo comenzó a sentir los primeros síntomas de un orgasmo, que como un pequeño sismo, comenzaba a estremecer su cuerpo: es que Leonid estaba acelerando sus arremetidas contra ella, y había tomado sus pezones y los apretaba; y precisamente fue eso lo que desencadenó todo, y apoderándose de su boca, Terese ahogó sus gemidos y sus casi gritos cuando acabó, lanzando líquidos espesos desde el pequeño orificio debajo de su clítoris, al tiempo que sentía en el interior de su vagina, los chorros de semen que Leonid le estaba lanzando en forma intermitente.

Cuando sus cuerpos dejaron de temblar, Leonid bajo del cuerpo de Terese y quedó de espaldas sobre la cama. Terese tomó su mano y allí se quedaron ambos, disfrutando de ese momento de relajo que necesariamente viene después de hacer el amor.

'Después del amor viene la tristeza', como decía el adagio. Pero en esta ocasión no fue así.

***

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