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La Agente de Valores Cap. 07

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Acontecimientos que ocurren en sólo una semana

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Nueva York, 9 AM del miércoles 6.

Esa mañana, cuando recién se sentaba en su oficina, Terese recibió dos llamadas telefónicas que alegrarían toda su mañana. La primera la recibió de sus padres que residían en Bogotá, Colombia. Cuando abrió su notebook, pronto sonó un aviso para que se conectara. A los pocos segundos, en la pantalla de su computadora, apareció el rostro sonriente de su madre, Audrie de Bellardo al que se unió el de su padre. Fueron largos minutos de afectuosas palabras entre ellos. Era la acostumbrada llamada semanal con que se comunicaba periódicamente con ellos. Sus padres hicieron las preguntas acostumbradas: de cómo le iba en su trabajo y de si ya había conocido a alguien. Sobre lo primero, ella les mencionó que le iba excelente como ejecutiva en la agencia de valores, que había sido ascendida recientemente a una nueva área de negocios; por supuesto, no hizo ninguna mención al nuevo trabajo que había aceptado, porque había sido advertida no mencionar que había sido contratada por la CIA. Era algo que debía mantener oculto a todo el mundo, incluyendo a sus padres; y respecto de lo segundo, rehusó comentarles nada, porque aún no estaba segura qué rol estaba jugando en su vida en ese momento Leonid. Mientras les conversaba, su mente vagó por algunos segundos respecto de su relación con Leonid y trató de imaginarse qué pasaría entre ellos en el futuro. Poco después de despedirse de ellos, recibió la segunda llamada. Era Leonid, pero él lo hacía por celular. Su corazón dio un brinco al escuchar su voz.

"¡Hola, preciosa! Son las 4 de la tarde y aún estoy en las oficinas de la BRC de Londres" Lo escuchó decir. Su voz, pegada a su oído, la sintió como si recorriera todo su cuerpo, acariciando cada fibra de su ser. Sintió que su pequeña se recogía en el interior de sus entrañas.

"¡Hola, amor! Qué alegría de escucharte a esa hora" Dijo Terese, olvidando por un momento que para ella eran las 9 de la mañana.

A continuación, toda la comunicación se centró en expresarse de una y mil maneras, lo mucho que ya se extrañaban, no obstante que hacía sólo un día que estaba en Londres. Es que el sólo hecho de pensar que la persona por la que sientes un real aprecio, se encuentra a miles de kilómetros de distancia, hace que la nostalgia por ella, crezca sin límites. Y eso era lo que ella sentía al escucharlo. Terese le comentó de la llamada de sus padres, que habían cortado hacía breves minutos. En algún momento de intimidad, le había hablado de ellos a Leonid, cosa que él le agradeció, porque se daba cuenta que al hacerlo, le daba a entender que él significaba algo más para ella. Después Terese le comentó que Jane la había invitado a salir esa tarde, por lo quedaron de comunicarse al día siguiente, tal como lo habían acordado cuando se despidieron en el aeropuerto.

El resto del día, transcurrió sin novedad para Terese, hasta que esa tarde, cuando se juntó con Jane, esta le comentó de la última información que tenían en el BRC. Efectivamente el proyecto de ley para renegociar la deuda externa de ese país, entraría en votación en el senado al día siguiente, según le habían informado agentes locales. También le dijo que se había convocado a una reunión que tendría lugar al día siguiente, después de las 5 de la tarde. Ese había sido el acuerdo con ellos: cada tarde, después determinada su jornada de trabajo con la agencia de valores, ella se trasladaría a las oficinas de la BRC, de cuya nómina formaba parte. De esta manera ella podía entregar su aporte a la organización; y esto se mantendría así mientras durara la presente investigación. Ya verían más adelante cómo organizaban su trabajo. Para Terese, ese arreglo no la preocupaba en absoluto. Ella había asumido que debería trabajar horas adicionales, porque había aceptado con muchas ganas y expectativas este nuevo desafío que le había dado un nuevo sentido a su labor profesional y además, porque había conocido a Leonid.

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Londres, 9 AM del martes 5

Ese día martes en que Terese lo dejó en el aeropuerto, el vuelo de Leonid se había retrasado, ya que se estaban poniendo en práctica nuevas medidas de seguridad, lo que suponía largos procesos de revisión a los pasajeros, sin excepción. Por esa razón, prácticamente llegó de noche a Londres. Se dirigió al hotel que la agencia se había encargado de reservarle. Era una excelente acomodación. Cuando desembaló sus maletas y hubo ordenado su ropa, salió a la terraza y se quedó contemplando el escenario que lo rodeaba. Pudo observar el brillo de las aguas del río Támesis, que era un espectáculo novedoso para él. Además, quedaba bastante cerca del centro financiero, en donde estaría moviéndose. Después abrió su notebook para leer los últimos correos recibidos.

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Londres, 8 AM del lunes 10

A primera hora de esa mañana, se dirigió al Midland Bank. Tan pronto había llegado a Londres, la secretaria de las oficinas locales del BRC, le informó que se le había programado una reunión con el gerente de ese banco, tal como él lo había solicitado antes de viajar. Tomó su desayuno y a las 9:10 AM, estaba en la salita de espera de la enorme oficina que ocupaba el gerente, que quedaba en el segundo piso del enorme edificio que ocupaba unos de los principales y más antiguos y prestigiosos bancos de Gran Bretaña. Leonid entregó su tarjeta a la secretaria, una hermosa chica negra, que lucía una camisa blanca sin mangas, con un escote que insinuaba claramente el tamaño de sus pechos, ésta recorrió a Leonid de arriba abajo antes de decirle:

"La Sra. Rachele Tyler lo atenderá de inmediato"

Leonid siguió a la cimbreante muchacha que lo condujo por un largo pasillo, en donde se veían dos puertas vidriadas. Cuando ingresó, Leonid se encontró en una enorme oficina, artesonada en madera, al típico estilo inglés, pero sin los típicos estantes llenos de libros que a él le había tocado observar en otros bancos que había visitado. La oficina estaba amoblada con un estilo muy moderno y frente a él, estaba una mujer muy hermosa, que estimó tendría cerca de los 40; alta, de pelo rubio largo que le caía hasta los hombros, elegantemente vestida; lo esperaba de pie frente a su escritorio, extendiéndole la mano para saludarlo.

"Encantada Sr. Vasiliev. Tome asiento por favor" señalándole un sillón de cuero enfrente de su escritorio. Él pudo observar sólo brevemente la parte superior de su cuerpo, pero, lo que vio, lo impresionó gratamente, especialmente la cálida sonrisa con que ella lo recibió.

"Por favor, llámeme Leonid, porque creo que tendré que verla a menudo, mientras esté en Londres" Dijo, entregándole su mejor sonrisa.

"¿Y cuánto tiempo tiene programado permanecer en nuestra ciudad, Leonid?" Preguntó ella, mientras se acomodaba muy recta en su sillón de cuero.

"Mientras pueda obtener lo que deseo conseguir... de su banco" Dijo Leonid, haciendo clara pausa cuando lo dijo.

"¿Y qué es precisamente lo que usted requiere ... de nuestro banco, Leonid" Esta vez fue ella la que hizo la pausa. Había entrado en el juego que le estaba proponiendo este hermoso ejemplar de hombre. De alguna manera la había descolocado. Se había sentido así tanto pronto le estrecho la mano; sintió que su largo índice, que se había apoyado al inicio de su muñeca, había tocado en una zona que nunca pensó que la tuviera tan sensible. Cuando él la tocó allí sosteniendo su mano por un segundo, que a ella le pareció siglos, sintió un estremecimiento en su cuerpo que no creyó posible. Cuando se sentó, las piernas le temblaban. '¡Mierda!', pensó '¡contrólate Rachele!' Tratando de mantenerse muy erguida.

"Nuestra organización, la BRC, está analizando ciertas operaciones que realiza la banca." Explico él. "Y necesita que su banco pueda darle acceso a cierta información, que de acuerdo a los cánones financieros del Reino Unido, ustedes consideran privados y confidenciales. ¿Estoy en lo cierto, Rachele?"

"Bueno, Leonid. Nuestra banca no se maneja como la banca suiza, por ejemplo, ya que en determinadas circunstancias, es posible que podamos abrirnos y entregar parte de esa información; pero, bajo condiciones muy especiales."

"¿Y cuáles serían esas condiciones especiales, ¿se puede saber, Rachele?" Preguntó Leonid, inclinándose hacia la mujer, que lo miraba fijamente.

"Bueno, tenemos ciertos acuerdos tácitos entre nosotros los banqueros, de transmitirnos información siempre que ellos tengan por objetivo, proteger nuestros intereses mutuos." Dijo la mujer, esta vez dándole una sonrisa cómplice.

En ese momento, el olfato de Leonid le dio cuenta que estaba llevando la conversación al lugar que deseaba. Debía dar el segundo paso.

"¿Qué tal si conversamos en un lugar neutral y analizamos cuáles son esos intereses mutuos" Dijo Leonel, sin dejar de mirarla en la misma postura.

A esta altura, la mujer vaciló antes de contestar. Todas las barreras de ejecutiva dura, con que normalmente se presentaba ante todo el mundo, estaban cayendo como un castillo de naipes al observar la intensa mirada de este hermoso ejemplar de hombre, que hacía muchos años no tenía al frente, y sentía que su cuerpo estaba reaccionando de una manera que también hacía muchos años no experimentaba. En ese instante su mente se pobló de ciertas imágenes, cuando estando en un baile en la universidad, un hombre, al que todas sus compañeras buscaban como abejas a un panal, se había acercado y le había pedido bailar. Lo que sintió en esa oportunidad, era lo mismo que estaba sintiendo frente a este hombre enorme. Estaba segura que no le llegaba al pecho. Se estremeció ante esa idea. Y en ese instante se escuchó decir:

"¿Y por qué razón no me lo puede decir en esta oficina?" Preguntó, sintiendo su boca extrañamente seca. Era un signo que sentía, la estaba dejando en clara desventaja en esta verdadera negociación en lo que se había convertido esta reunión con Leonid.

"Simplemente porque estoy seguro que todo lo que se diga aquí, está siendo grabado" Dijo Leonid, achicando los ojos y haciendo una mueca que a ella la desarmó un poco más.

"¿Quién eres realmente Leonid, que sabes de eso?" Preguntó ella, un poco alarmada del conocimiento de las normas de seguridad que su banco había implementado hacía ya unos meses. Su oficina, no solo contaba con cámaras que grababan todo el día, sino que había micrófonos convenientemente colocados, que hacía que también se mantuviera registros muy precisos de todas las conversaciones mantenidas con todas las personas que la visitaban diariamente. Eso era conocido sólo por ciertos altos ejecutivos del banco, los que no dejaban de hacer chistes cuando se reunían, relacionados con la privacidad que ellos habían perdido. Adiós manosearle el culo a sus secretarias y qué pensar en actividades más eróticas. ¡Qué de cosas no habían sido testigos las vetustas paredes de esa institución!

"Un funcionario de la BRC, que sólo desea poder conseguir de ti, cierta información que ustedes manejan" Contestó Leonid, apoyando su espalda en el sillón.

"Ya veo. ¿Y qué gano yo, Leonid, en todo eso?" Dijo ella. En ese momento, cuando lo vio apoyado con su ancha espalda sobre el sofá, sus piernas un tanto abiertas, observando la curva que hacían sus muslos en sus pantalones, lo que indicaba la fortaleza de ellas, sintió estremecerse al imaginarse a horcajadas sobre él.

"Creo que eso forma parte de lo que podemos conversar en el almuerzo, Rachele. Y allí le contaré más, de cuáles podrían ser esos intereses mutuos. Llamaré durante el día a tu secretaria para comunicarle la hora en que un vehículo de mi compañía te pasará a buscar" Y sin darle oportunidad de responder, se levantó. Sabía que ese gesto había sido rudo de su parte. De acuerdo al protocolo de una reunión, era ella la que debería dar término a la cita, pero en esta negociación con ella, debía mantener el liderazgo.

En ese instante, la gerente de unos de los más importantes bancos de Bran Bretaña, también se levantó del sillón de su escritorio y como una adolescente a la que se la ha pedido su primera cita, estiró su mano para sellar el compromiso de almorzar.

Estupefacta aún por lo que había sucedido en su oficina, se quedó contemplando las anchas espaldas de Leonid mientras salía de su oficina. Para ella, más que un ejecutivo moviéndose en el ámbito de las instituciones financieras, le pareció un atleta. Si ella y su secretaria hubiesen sido amigas, habrían chocado sus manos en señal de acuerdo, ya que la muchacha negra, se había quedado de una pieza también, al verlo caminar hacia la escalera de acceso. Para ambas había resultado ser increíblemente interesante conocer a este hombre.

***

Nueva York, 18 PM del miércoles 6

Esa tarde, sentadas en los taburetes altos de cuero del bar, los mismos en los que habían sido sorprendidas por Leonid cuando las encontró conversando aquella tarde, Jane le preguntó a Terese, tratando de interpretar el brillo de sus ojos azules: "¿Lo echas de menos?"

"No sabes cuánto." Iba agregar que Leonid la había llamado temprano cuando estaba en su oficina, pero decidió guardar silencio. No sabía cuál sería su reacción y no quería generar una situación poco agradable entre ambas.

"¿Sabes una cosa, Terese? Yo podré llegar a ser su capricho, pero tú serás siempre su pasión. El verdaderamente te ama, Terese. Y me acercaré a él, sólo si tú me lo permites. ¿De acuerdo?"

Terese no podía creer lo que estaba escuchando. "¿Y qué te ha hecho llegar a esa conclusión. Acaso no te gustó lo que tuvimos esa noche?" Preguntó Terese.

"Al contrario, cada vez que me acuerdo, quedo mojada de una. Pero, muchas cosas que sucedieron en esa oportunidad, me indicaron, que la manera en que él trata a ti, es muy distinta conmigo. La ternura con que te manejó en todo momento, me lo indicó. Yo fui su instrumento de placer para él. Lo que no eras tú en ese momento. A mí me culeó, pero a ti te hizo el amor. Yo sé que has sido generosa en permitir compartirlo. Todo lo que hicimos los tres esa noche, fue increíble; pero, en todo caso, si queremos que vuelva a ocurrir, es algo que deberemos conversar con él." Terminó diciendo Jane, mientras sus ojos perdían su fijeza en ella y vagaban por el recinto.

Esa noche se despidieron con un beso y cada una se dirigió a sus domicilios.

En la reunión del día siguiente en el BRC, a la que asistió en la tarde, el director de la CIA, quien dirigía las reuniones en ausencia de Leonid, le preguntó a Terese qué mecanismos existían para dilatar el cierre de la transacción, sin despertar sospechas de parte del abogado.

En ese momento, Terese explicó que si el Banco Boston le entregaba los títulos, ella poco podía hacer al respecto. A lo más podría dilatar la operación por un día, ya que también ella debía reportar del avance de las transacciones financieras a la gerencia de su empresa.

El director dijo entonces, que trataría de ver qué podía hacer él, contactándose con el Banco Boston, aunque tenía dudas de lograr algo. Comprendía que las empresas involucradas, veían esto como un negocio más y no como lo veía el BRC: una dilapidación y usurpación de fondos fiscales pertenecientes a los países del tercer mundo, por parte de aquellos que de un modo u otro detentaban el poder.

La reunión se levantó, con un ánimo no muy positivo de parte de todos los participantes. Comprendían que los dados estaban echados y habían que ver hacia qué lado apuntaba la suerte.

****

Londres, 14 PM del lunes 10

El restaurante que había elegido, estaba bastante lleno. Leonid había sido convenientemente informado respecto de restaurants y bares más famosos de la zona financiera de Londres. Había elegido el Blue Bird, que era un lugar muy concurrido por los altos funcionarios de la banca. Tenía la particularidad de no tener mesas, sino cubículos redondos con asientos de cuero de altos respaldares, que daba una gran privacidad a los comensales, por la casi nula acústica que proveían. Leonid se levantó al verla entrar. Verla caminar, fue una gran sorpresa para él. Se la veía atlética en su manera de hacerlo, al verla dar largos y firmes pasos. La chaquetilla ceñida de su traje color pizarra, que había observado esa mañana, ahora claramente hacía resaltar sus redondas caderas. Al dar el paso, su falda que llegaba a la rodilla, enmarcaba claramente sus firmes muslos que remataban en unas largas piernas torneadas.

Ella se acomodó en el asiento, quedando frente a él.

"Espero que venga preparada para mostrarme lo tuyo y yo te mostraré lo mío" Dijo Leonid sonriéndole en forma picaresca.

La risa de la mujer no se dejó esperar ante la salida de Leonid "No escuchaba eso desde que era una muchacha impúber" Dijo ella, más relajada ya, al ver el tono ligero que él le daba a este encuentro.

Toda la conversación durante el almuerzo, no perdió ese tono semi serio entre ambos. Lo que los llevó a traer recuerdos de sus años de adolescentes. Cuando llegaron los postres, Rachele había abandonado el lugar extremo y se había colocado más al centro de la mesa, y lo mismo hizo Leonid, cuando la vio hacer eso.

"¿Dime, Leonid, qué deseas preguntarme?" Le dijo en un momento, mientras levantaba su cuchara de helado y la introducía lentamente en su boca, dando al gesto un sentido francamente erótico.

"Podría preguntarte muchas cosas, por ejemplo, ¿por qué tienes ojos tan hermosos?" Le dijo él, en franco coqueteo con ella.

"Ya. Deja eso, Leonid, dime que información necesitas" Respondió ella, sin dejar de sonreír. Ahora su mano izquierda descansaba directamente en el muslo derecho de Leonid.

"Mira. Te contaré que estamos investigando a una empresa que hizo una importante adquisición de deuda externa con ustedes."

"¿Te refieres a Río Ranco Inversiones Ltda?" Preguntó ella. Su mano había subido un poco más.

"Sí. ¿Estas familiarizada con ese nombre?" Preguntó Leonid.

"Sí. Vi su nombre entre los temas tratados en el comité de negociaciones de ayer. Están adquiriendo 20 mil millones de deuda de un país sudamericano, y está a punto de ser aprobado."

"¿Qué tanto puedes dilatar la entrega de los títulos, en el evento de su aprobación?" Preguntó Leonid, esta vez lo dijo al mismo tiempo en que su mano se apoyaba en la de Rachele.

Ella se quedó en silencio unos segundos, para preguntar después: "¿Y qué ganamos nosotros con esa dilación?".

"Puedes hacerme alguna proposición al respecto, para estudiarla" Contestó Leonid.

"¿Qué tal si ahora definimos nuestros intereses mutuos, Leonid? Por supuesto, no aquí" Dijo ella, ahora su mano se movió hacia la entrepierna de él.

"¿Me invitarás a tu propio lugar neutral?" Le dijo deteniendo su mano que se dirigía a su bragueta.

"Te comerás el postre en casa" Dijo ella por toda respuesta, deslizándose hacia el lugar que había ocupado inicialmente, mientras él llamaba al camarero y le pedía la cuenta. Una vez pagada, ambos se pusieron de pie y salieron del Blue Bird donde, en su entrada, los esperaba el automóvil que Leonid había enviado a buscar a Rachele al Midland Bank.

El vehículo partió raudo hacia la dirección que Rachele le dio al chofer, y éste tan pronto se sentaron en el automóvil, cerró el vidrio empavonado que dividía la sección delantera de la trasera, dándoles así completa privacidad. En ese momento, Leonid tomó el rostro de Rachele y la besó apasionadamente. Rachele se abrazó a él y pronto su mano estaba nuevamente en su bragueta .

La mente de Rachele giró como en un carrusel cuando su mano palpó el enorme bulto que tenía entre sus dedos, mientras su lengua se movía como una serpiente dentro de la boca de Leonid. En todo momento mantuvo ambas en movimiento, su lengua que era absorbida por la boca de Leonid y su mano que investigaba, apretaba, medía y acariciaba. Desde su divorcio hacía ya más de un año, ella se había mantenido célibe, una, porque había quedado muy choqueada al saber que su ex la había estado engañando hacía más de un año con su secretaria, y dos, porque se sentía castrada emocionalmente, a tal punto que, a pesar que sus amigas la invitaban frecuentemente a diversas fiestas, tratando que ella enganchara de nuevo a una vida más normal, ningún hombre había logrado atraerla. Hasta ahora.

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