La Agente de Valores Cap. 07

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Finalmente el automóvil se detuvo frente a una enorme mansión a las afueras de Londres, casa en la que había vivido durante 20 años y que había quedado en su poder al divorciarse, ya que la había heredado de sus padres. Sólo la acompañaba allí su hija de 18 años, que en estos momentos estaba en casa de una amiga estudiando. Una mucama les abrió la puerta cuando Rachele tocó el timbre. El silencio que reinaba al interior, hizo que los pasos de ambos sonaron huecos en el piso de mármol de la enorme entrada cuando Rachele tomándolo de la mano, lo guió por una ancha escala también de mármol, que conducía el segundo piso de la mansión, sin importarle la mirada llena de significado que le dio la mucama cuando los vio subir.

Cuando llegaron al dormitorio, sin ningún preámbulo, ambos se desnudaron. En ambos se produjo esa expectativa de una pareja que recién se conoce. Cada uno en sus mentes tratando de configurar cuál sería el mejor escenario para su acercamiento final; observando cada aspecto del cuerpo del otro, testeando, midiendo. Los ojos de ambos, con todo el sentido de tacto virtual que provee, recorrieron cada línea, cada curva de sus cuerpos, cada protuberancia. En ese instante, Leonid se dio cuenta del voluptuoso cuerpo de Rachele, especialmente por su estrecha cintura, y la forma apretada de su vientre, muy raro para una mujer de su edad.

En el momento en que ella quedó desnuda frente a él, con sus manos cruzadas frente a sus pequeños pechos, como mostrando una última barrera de pudor, la tomó de los hombros y la atrajo hacia él, besándola. Después, con un brusco movimiento la giró y la empujó suavemente contra la cama. Rachele quedó de bruces y él pudo contemplar su enorme y hermoso trasero rosado. Se montó sobre sus piernas y apoyando sus manos en los globos de su trasero, lo acarició, siguiendo cada línea, como si la masajeara. Después se inclinó y apoyándose en un brazo, corrió hacia un lado su cabello y comenzó a besarle el cuello. Rachele se estremeció, primero, cuando sintió la verga de Leonid inserta entre sus nalgas y después cuando los labios de él se posaron en la zona más erógena que tenía y que su ex marido, nunca encontró, la zona bajo su oreja. El cobertor pegado a su boca, atenuó el sonido de sus gemidos, por la excitación que hacía presa de su cuerpo, al sentir ese miembro erecto; sintió como si un reguero líquido comenzaba a salir de su vulva, en el momento en que él había comenzado a deslizarse suave a lo largo de la hendidura de sus nalgas, lubricada por los líquidos pre seminales que habían comenzado a brotar de la punta del glande de Leonid. Apretó aún más su boca contra la cama para no gritar de placer, cuando ese hombre, abriendo sus nalgas, enfiló su verga a la entrada de su vulva y comenzó a penetrarla.

Nunca había sido colocada en esa posición y, ni en sus mejores fantasías sexuales, Rachele se imaginó que podía ser poseída de esa manera. Era una sensación increíblemente placentera, sentir cómo su vulva se expandía ante el embiste de esa dura e hinchada erección, al mismo tiempo que se sentía su espalda y su trasero, cubierta por el cuerpo de ese enorme hombre. A partir de ese instante, se dejó ir y sólo disfrutó del coito y de los cálidos besos en su cuello y oreja. Y sintió una sensación de total protección, cuando él apoyó sus manos sobre el dorso de las suyas que estaban crispadas a la cama. A partir de ese momento, nada le importó ahora a ella, ni la fuerza ni el sonido de los golpes de las caderas que comenzaron a azotar su trasero.

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Nueva York, 18 PM del viernes 8

El encargado de negocios escuchaba atentamente por el auricular del teléfono satelital, que aparte de poder ser escuchado a grandes distancias, proveía total privacidad y seguridad en la comunicación, ya que la señal salía y entraba encriptada. Los otros dos hombres escuchaban en sus respectivos auriculares .

Hablaba el General.

"Bueno, estamos a 7 de septiembre y quiero saber en qué estado están las adquisiciones" Se lo escuchó decir.

El abogado, Manuel Vial, con voz apretada explicó: "Ninguna de las adquisiciones han podido concretarse, General. La realizada con el Banco Boston de Nueva York, a través de la agencia de valores que está encargada de hacer la intermediación financiera para comprarle los títulos de deuda, aún no entrega su aprobación y respecto del Midland Bank de Londres, sólo hemos sabido que se llevó a comité y tampoco sabemos del resultado."

"Entonces estamos en punto muerto. Por otra parte, como ustedes ya saben, el congreso votará mañana el proyecto de renegociación de la deuda externa, por lo que si esas transacciones no se concretan dentro de los próximos quince días, estaremos en problema. Manuel, ¿qué has sabido de las investigaciones que está haciendo ese organismo llamado BRC?"

"Poco, General. Lo que he averiguado hasta ahora, es que es un organismo que depende de la CIA, por lo que es difícil, casi imposible, obtener más información al respecto. Tal vez podría hacer algunas averiguaciones... conversando con la ejecutiva de cuentas de la agencia de valores. Tengo mis sospechas que la BRC la contactó y a través de ella podría indagar qué tanta información pudo haberles entregado". En el aire quedó el sonido y significado ominoso que el agente de inteligencia le había dado el término conversando.

"Cabrera, ve qué tanto más puedes averiguar. Usa los métodos que creas conveniente para lograrlo; pero, usando mucha discreción. Nada de métodos drásticos. Las cosas han cambiado y no quiero que se me sigan cargando atentados que yo no he cometido." Terminó diciendo el General antes de cortar la comunicación.

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Londres, 20 PM del lunes 10

La adolescente había llegado a casa más temprano de lo que había pensado, después de pasar toda la tarde estudiando con su compañera. Abrió con su llave la enorme mampara de metal y cristal, que para ella, desde pequeña, le habían parecido la entrada a un castillo, su castillo. Amaba esa casa y amaba vivir con su madre a quien idolatraba y más aún cuando se quedó sola con ella, después de su divorcio hacía más de un año. Ella había sacado la conclusión que si su padre se había divorciado para irse con otra mujer, su madre debería hacer lo mismo, rehaciendo su vida, aunque no se imaginaba compartiendo a su madre con un nuevo hombre. En todo caso, a ella le parecía normal, ya que era una mujer que seguía siendo hermosa y estaba segura que no le faltarían hombres por lo mismo. Sin embargo, pronto se dio cuenta que ella se dedicaba a ella, con un fervor y dedicación, como si aún fuera una niña pequeña a quien debía proteger, algo que siempre se lo manifestaba cuando, sin motivo alguno, la abrazaba diciéndole 'mi niñita'. Ella esperaba que eso pudiera cambiar en el futuro, a medida de que su madre se diera cuenta que debía tener un hombre a su lado. No quería que más adelante recibiera sus reproches, diciéndole que por culpa de ella, no había rehecho la vida que se merecía.

Subió la escala alfombrada hasta el segundo piso, donde estaba su dormitorio contiguo al de su madre, y cuando llegó al rellano de la escalera y se acercaba al dormitorio, escuchó unos gemidos. Alarmada apresuró sus pasos hasta detenerse en el umbral de la puerta y ante su asombro, fue testigo de la escena más erótica que en toda su vida de adolescente pudo imaginarse ver: Su madre estaba a horcajadas sobre un hombre al que sólo pudo ver sus piernas y muslos musculosos; él apoyaba sus talones sobre la cama y empujaba hacia arriba. Pocos segundos después, pudo ver el rostro de él, que contemplaba arrobado a su madre, mientras ella subía y bajaba sus caderas sobre él. Su mente de adolescente sólo vio una escena tremendamente erótica. Era como estar viendo una película porno. Fascinada con la escena, recorrió el cuerpo desnudo de su madre; como se agitaba su largo pelo dorado cuando caía desde sus hombros hacia atrás, en el momento que llevaba su rostro hacia arriba gimiendo estentóreamente; veía ondular su estrecha cintura, que hacía ver más anchas sus caderas. Observaba el cuerpo esbelto moverse sin prisa. Su madre siempre se había mantenido en buena forma, debido al permanente ejercicio a que se sometía cada día en la sala equipada de diversos equipos gimnásticos que tenían en casa, la que muchas veces compartía con ella en las mañanas, antes de irse al colegio.

Con su mano en la boca tratando no emitir sonido alguno, siguió mirando a su madre como, apoyada ahora sus manos en el pecho de ese enorme hombre, aceleraba sus caderas de arriba abajo como si su vida dependiera de ello. Pero, lo más que asombraba ahora a la muchacha, cuando su vista se dirigió hacia abajo, era ver como aparecía y desaparecía una larga y ancha verga en la vulva de su madre. Ella había tenido una experiencia sexual hacía muy poco, y su pareja estaba lejos de tener ese tamaño de miembro viril. Por ello le parecía increíble que esa enorme masa de carne pudiera entrar con esa facilidad en su madre. Por lo mismo se quedó pegada mirando, cómo los labios de la vulva de su madre, cuando subía, parecían estrecharse y alargarse alrededor de ese grueso miembro, adhiriéndose como si no quisieran dejarlo ir. Era clara la enorme excitación que estaba experimentando su madre, porque podía ver el brillo de los jugos y los parches cremosos que recorrían la verga de ese hombre cuando su madre subía.

La escena era demasiado excitante para su joven cuerpo adolescente; con sus hormonas a tope, pronto sintió un calor que comenzaba a recorrer su entrepierna y sintió la humedad que comenzaba a mojar sus pequeños calzones. De pronto vio que los ojos del hombre estaban fijos en ella y avergonzada se retiró rápidamente de la puerta y prácticamente corrió a encerrarse en su dormitorio; allí se tiró sobre la cama y sin poder contenerse, sintiendo los apagados gemidos de su madre en el dormitorio contiguo, metió sus dedos entre sus mojados labios y se masturbó como hacía mucho tiempo que no lo hacía.

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Nueva York, 18 PM del jueves 7

Ese mismo día jueves, Terese miraba pasar las horas con lentitud, pensando en poder llegar a su departamento para poder escuchar la voz de Leonid. Finalmente dieron las cinco de la tarde, y ese momento sonó su celular, se inclinó ansiosa hacia la mesa de centro del living; escuchó una voz femenina, era Jane que la invitaba a tomar un trago con ella. Terese le dijo que aceptaba, siempre que pudiera estar antes de las siete de la tarde en su departamento, ya que esperaba una llamada de sus familiares. No quiso decirle que esperaba la llamada de Leonid. La relación entre ellas, pendía de un hilo, o al menos se había transformado en algo muy inestable, después de lo que le había dicho el día anterior, por lo que debía ser cauta. Jane estuvo de acuerdo y Terese suspiró aliviada. Antes de despedirse de ella, Jane le dijo:

"Amiga, tendrás que informarle a tus superiores que el martes 11 no podrás ir a la oficina"

"¿Y por qué razón" Preguntó Terese.

"El director me acaba de decir que te comunique de una reunión que ha programada a primera hora ese día, en las oficinas de la BRC, por lo que deberás estar con nosotros. Es una reunión extraordinaria para analizar los últimos informes y especialmente, las estrategias que Leonid utilizará con la gerencia del Midland Bank, en que le solicitará que dilate lo más posible el cierre de la transacción financiera. Por la diferencia de horario, no tendremos su información hasta la tarde, por lo que incluso tendremos un almuerzo con todo el grupo, para esperar la llamada de Leonid ."

Se despidieron, confirmando Terese que pediría permiso para ese martes.

Cuando llegó al departamento, se fue directo al dormitorio, y se quitó su ropa de oficina, quedando sólo en ropa interior sobre la cama. Eran sólo las 7 de la tarde y en Londres eran las 12 de la noche. No hay nada más inquietante que en el silencio de la noche, escuchar el sonido de un teléfono o de un celular. Terese se sobresaltó cuando escucho sonar su celular que había dejado sobre la mesita de noche.

"¡Hola Terese, te hablo después de haber esperado largas horas para hacerlo! ¿Cómo estás amor?" Sono la voz de Leonid.

"Hola, siento decirle que Terese no está" Con una increíble rapidez mental, Terese, había decidido armar un nuevo escenario para esa conversación que se iniciaba entre ambos.

"¿Y con quién hablo, se puede saber?"

"Con Claire, una amiga de Terese. Ella me pidió que la reemplazara hoy" Dijo Terese, apenas conteniendo la risa.

"¿Reemplazarla, y tú Claire, sabes lo que acostumbro a hacer con Terese" Preguntó Leonid, siguiéndole el juego.

"No. ¿Y qué es?" Preguntó el nuevo personaje asumido por Terese.

"Para comenzar, la desenvuelvo como un paquete de regalo. Abriendo caja pliegue de su ropa, hasta dejarla en ropa interior" Le dijo Leonid. Ahora su voz había tomado un tono de susurro, para que Terese alias Claire, la sintiera más íntima.

"Si eso es así, no hay problema. Yo ya estoy sólo con mi ropa interior" Dijo Claire, estremeciéndose al escuchar su voz hablando así en su oído.

"Entonces prepárate Claire, porque comienza la verdadera acción. Porque ahora desnudaré tus pechos y pasaré la lengua alrededor de tus pezones, es posible que los muerda, y después bajaré mi boca por tu vientre, mientras deslizo tus calzoncitos por tus caderas. Tú, por supuesto me ayudarás"

"Sí. Estoy elevando mis caderas en este momento para ayudarte. Siento tus manos que están recorriendo mi trasero y mis muslos" Dijo Claire.

"Ahora, Claire, tomo tus nalgas y las dejo levantadas, porque mi boca ha llegado al centro de ti"

"¡Sí puedo sentir tu lengua metiéndose dentro de mi concha, me la has abierto con tus pulgares!" Gimió Claire.

"Comienzo a probar la miel de tus jugos que salen de allí" Susurro Leonid.

"¡Mi concha está mojada ya, Leonid, lámela, haz todo lo que le haces a Terese. Quiero sentir tu lengua!" Gimió Terese, mientras su mano izquierda se introducía entre sus piernas y comenzaba a masturbarse, totalmente posesionada de su papel de Claire.

"Mi lengua te recorre ahora, pero te estoy acariciando desde muy abajo, porque ahora has llevado tus rodillas hacia tus pechos y puedo ver todos los detalles de tu trasero."

"¡Sííí! ¡ahora puedo sentir la punta de tu lengua en el hoyo de mi culo!" Dijo Claire, exhalando su aliento.

"¿Lo siente ahora allí, Claire?"

"¡Sííí! ¡Y no te detengas!" Mientras los dedos de Terese se agitaban violetamente ahora dentro de su vulva. "Siigueee..., por favor..., asííí..., me tienes al borde..., no pares, Leonid... amor, ya llego..., ya llego.., yaaaaaaaa. Oooooohhhhh!!!" En ese momento Terese dio un largo gemido de placer cuando sus dedos sin parar de agitarse entre sus labios vaginales, lo hacían ahora contra su clítoris, que sobresalía entre ellos, como la punta de su dedo meñique. Su cuerpo estremecido, se giró de lado en la cama, casi en posición fetal, apoyando así su celular sobre su almohada, que su mano temblorosa apenas estaba en condiciones de sostener, y se quedó con su cuerpo dando pequeñas convulsiones durante un largo rato, mientras tomaba grandes bocanadas de aire.

Pasaron algunos segundos, y la voz de Leonid la escuchó decir "Claire, ¿estás bien? "

Con un hilo de voz, ella respondió "Tu Claire está muerta, pero bien. Le diré a Terese que llamaste".

A partir de esa noche, durante todo el fin de semana, entre ellos se gestó toda clase de escenarios y fantasías sexuales cuando se comunicaban en las tardes; en que no sólo aparecía Claire, sino que lo hacían en los lugares más increíbles: en el cine, en el que Claire sentada a su lado, no tenía empacho en bajar hacia él y mamarlo, haciendo estragos en Leonid, quien en esas oportunidades se masturbaba mientras ella le relataba las acciones que supuestamente estaba llevando a cabo, rodeada de público; o era en el metro, en donde él, le subía la falda y la penetraba por detrás, no importando la presencia de todos los pasajeros del vagón que los rodeaban; o aprovechando un viaje en automóvil, en donde ella se lo chupaba mientras él manejaba. Otras veces, inventaban que ella estaba atendiendo en un mesón al público, y él estaba agachado detrás de ella, y abriendo sus muslos, ejecutaba toda clase de movimientos para excitarla, hasta que la hacía acabar frente a ese público inventado. El grado de intimidad que lograban con todos esos juegos, había hecho que ansiaran la llegada de esos momentos de total intimidad.

****

Londres, 9 AM del martes 11

Ese mañana, la secretaria de Rachele Tyler había llegado temprano y examinaba la correspondencia que debía tenerle ordenada para su revisión. Mientras lo hacía, se preguntaba por qué razón su jefa no había vuelto esa tarde al banco. Aunque no era algo inusual, ya que en muchas ocasiones había tenido almuerzos de negocio , pero siempre llegaba antes del cierre del banco. Sin embargo, esta mañana cuando la vio llegar, su jefa venía totalmente transformada, hasta podía decir rejuvenecida, con una sonrisa que no le había visto en mucho tiempo. Incluso su vestimenta era menos formal que lo acostumbrado. ¿Tan bien le había ido en ese almuerzo? Mientras hacía todas estas cavilaciones, de pronto sintió unos fuertes pasos por el pasillo y lo vio a él. Se lo quedó mirando casi encandilada, hasta que lo tuvo frente a ella.

"¿Sr Vasiliev, tiene usted una cita no programada con la Sra. Tyler?" Preguntó extrañada.

"Sí. Por favor, dígale a la Sra. Tyler que debo comunicarle algo importante" Pidió Leonid.

"Un momento por favor" Dijo la muchacha negra y en lugar de llamar por el intercomunicador, se dirigió directamente a la oficina para tocar a la puerta. Se escuchó una voz y la muchacha abrió la puerta para decir desde el umbral: "El Sr. Vasiliev está aquí".

"Hágalo pasar, Ivette" Dijo Rachele, levantándose de su escritorio.

Pocos segundos después, Leonid estaba parado frente a ella. Por un segundo, ella estuvo a punto de rodear su cuello y besarlo, tal como lo había besado toda la tarde anterior, pero rápidamente se recordó que en su oficina no podía hacerlo por todas las cámaras y micrófonos que habían allí. Por ello, se limitó a estrecharle la mano y le señaló un enorme sofá que había a un costado de su enorme oficina y ella se sentó en un sillón frente a él, esta vez, cruzando sus piernas lentamente, lo que le hizo recordar a Leonid igual escena que había protagonizado Jane cuando entro a su oficina. Reconoció el gesto coqueto de ella.

"Dígame Leonid, que lo trae por aquí" Dijo ella.

"Rachele, usted me preguntó cuál sería el beneficio de su banco, si aceptaba nuestra propuesta de dilatar la adquisición de deuda que ustedes aprobaran. Vine a explicarle cuál sería." Y continuó al observar el alzar de cejas de Rachele instándole a seguir. "Acabamos de saber que el gobierno de ese país al cual ustedes otorgaron los créditos, aprobó la idea de renegociar esa y otras deudas, lo que significa que su banco, ya no tendrá que eliminar el castigo del 80% como aparecen en sus estados financieros. Al renegociar esas deudas con ese país, creemos que la pérdida real no superará el 20 o 30% de ellas"

En ese momento, Rachele hizo un gesto inesperado, y sin hacer ningún comentario a lo dicho por Leonid, se sentó al lado de él y le susurró "Mi hija nos vio".

Leonid lo sabía, pero para evitarle un bochorno mayor, sólo le contestó "¿Deberemos conversar en privado al respecto?" también en un susurro.

Rachele se puso de pie y extendiendo su mano, le dijo: "Le espero en el mismo restaurant para que me entregue más detalles de lo que acaba de decirme. En todo caso, transmitiré su información al comité financiero, a fin de echar atrás la operación de inmediato."

Se despidieron y Leonid salió de la oficin , saludando a la secretaria al hacerlo, quién lo siguió con mirada lánguida, cuando se dirigió a las escaleras de mármol.

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