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La Pianista Cap. 03

bylurrea©

LA PIANISTA. Cap. 3

El trío se une cada vez más

****

1

Desperté con una erección. Normalmente acostumbraba a despertar así por la mañana, lo que me obligaba a ir rápidamente al baño para orinar y recobrar mi tranquilidad mental. Sin embargo hoy, estaba más dura que de costumbre. La palpé y noté su grosor; definitivamente era mayor que la habitual. Claro, la actividad que había tenido anoche, me la había dejado más inflamada y al recordar lo ocurrido, la sentí crecer, estirarse y endurecerse aún más.

Después de descansar un rato esa noche, sintiendo los pechos de ambas mujeres pegados a mi costado y sus manos apoyadas en mi pene, la reacción de mi cuerpo no se hizo esperar. Me enderecé en la cama y las miré. Parecían dormitar satisfechas. Me quedé contemplándolas. El cabello corto de Yuca, tan negro que parecía entregar visos azules, cubría parte de sus ojos, esos ojos grises que parecían entregar promesas que yo no lograba comprender o tal vez significados que formaban parte de su yo interior, al que nunca podría acceder. Sólo podía acercarme a lo que mis ojos podían recorrer, su hermoso cuerpo desnudo, que me había entregado sin titubear, como si me hubiera conocido desde siempre. Sus pechos pequeños, pero firmes, su cintura estrecha, sus caderas amplias que se cerraban en la pequeña y redonda colina que ocultaba su sexo y que después se abrían hacia sus muslos firmes y sus largas piernas. Esa era mi realidad.

Alargué mi mano y acaricié sus brazos redondos que desembocaban en esos delicados dedos, esos dedos que podían deslizarse, saltar, brincar en el teclado del piano que era el sentido de su vida, que por instantes, parecía constituir la extensión de ella misma, la extensión de su alma que parecía entregar en sus interpretaciones. Mis ojos recorrieron cada centímetro de su cuerpo, como si tratara de grabarlo en mi memoria. Tal vez lo hacía inconscientemente, porque pensaba que esta semana, sería la única y tal vez la última oportunidad que tendría de verla, y debía atesorar este instante. El tiempo debiera detenerse, como decía un escritor. Y ese era el clamor profundo que nacía dentro de mí mientras la contemplaba. Creo que no existe un momento tan sublime como cuando contemplas dormir a la persona a la que en menor o mayor medida, has entregado tu ser interior. Decir que le entregas tu corazón o tu amor, es simplificar ese sentimiento tan complejo, que se niega a que lo encasilles o que lo definas, o trates de interpretarlo. Es como se tratar hacerlo con el sentimiento que experimentas cuando escuchas una sinfonía, especialmente aquellas construidas y creadas bajo el halo de la divinidad que parecen pertenecer sólo a algunos humanos privilegiados, como los poetas y los músicos.

De pronto, me giré un tanto y pude ver a su lado, la cabeza de Carol, con su pelo rubio y lacio, que se había deslizado hacia el hombro de Yuca. Seguí el contorno de su hombro y de su hermoso pecho que desembocaba en su pezón rosado, que acaricié y seguí con mi mano la hendidura que formaba una línea por el centro de su cuerpo y que dibujaba su vientre marcado por los ejercicios, a los que se sometía cada mañana, tal como me lo había comentado cuando conversamos en el automóvil que nos llevó hacia la cordillera, lugar en que comenzó nuestro encuentro. Acaricié la línea del hueso de su cadera y bajé por su muslo, hasta que mis dedos se perdieron en el hueco misterioso formado por la confluencia de sus muslos.

La atracción que sentía por cada una de estas mujeres, era indescriptible. ¿Cómo lo haces si estás con dos mujeres hermosas que te atraen casi por igual? El efecto visual de sus cuerpos desnudos, hacía reaccionar sin control mi verga, que ahora apuntaba hacia arriba entre mis muslos mientras estaba arrodillado entre los cuerpos de esas hermosas mujeres dormidas. La decisión no fue mía para mi alivio mental. De pronto vi que los brazos de Carol se estiraban y quedaban en el aire como petrificados; ella había tomado conciencia, en ese segundo cuando despiertas y tratas de interpretar en dónde y con quienes estás, y la mente de ella ordenaban ahora, todos los elementos que había en la habitación y más precisamente en la cama. Estiro su mano tomando la mía que estaba apoyada en el interior de su muslo, y tiró de mí haciendo el movimiento de guiarme hacia ella. Cuando me acerqué, ella me rodeó el cuello y buscó mi boca para besarme. En ese momento, a ninguno de los dos le importaba que nuestras bocas mantuvieran aún los vestigios y el aroma de nuestras mutuas excitaciones. Ella abrió sus muslos y me acogió entre ellos, mientras elevaba el centro de su sexo para apreciar mejor mi erección.

Nos besamos largamente, hasta que comencé a bajar mi boca por su cuello, sus pechos, y tomando sus caderas, comencé a darle besos a su vientre levemente levantado. Estaba tibio. Sentí tensarse sus músculos cuando comencé a recorrer con mi lengua la hendidura de su ombligo y a bajar lentamente hasta encontrarme con la suavidad de su vello púbico. Mordisqueé la protuberancia que daba inicio a la redondez de sus labios vaginales, y con mis pulgares entreabrí los pliegues que dejaron a mi vista, su pequeño botón. Allí apoye la punta de mi lengua, y comencé a sentir claramente los estremecimientos del cuerpo de Carol al hacerlo. Sentí sus manos que acariciaban mi pelo y enredaban allí sus dedos, acariciando mi cráneo y apretándolos cada vez que mi lengua se hacía más precisa en acariciar el epicentro de su placer.

***

2

Yuca fue la que despertó primero esa mañana. Normalmente lo hacía tarde. Tal vez sentía que su cuerpo aún no se acostumbraba al cambio horario; pero, al contemplar su cuerpo desnudo, enredado entre las sabanas que tenía entre sus muslos y mirar al otro extremo de su enorme cama y ver a Carol que dormía destapada, totalmente desnuda también, los acontecimientos de las horas previas, comenzaron a poblar su mente, lo que hizo que automáticamente repasara cada uno de esos instantes pasados con Pablo.

Pablo. Ese hombre había sido todo un hallazgo. De una simpatía sin límites y premunido de una sensualidad y de una virilidad a toda prueba, la había llevado a ella y a Carol a desligarse de todo pudor, si es que lo tenían. Su sensualidad habitualmente contenida ante los hombres desconocidos con los que se había acostado en el último tiempo, con Pablo había encontrado un cauce natural en donde expresarse. Para ella, él constituía el instrumento perfecto para dar rienda suelta a sus deseos sexuales que ella trataba vanamente de controlar.

Anoche había quedado en duda si es que alguna vez ellas habían tenido recato antes de conocer a Pablo. Al menos ella, estaba convencida que lo había perdido hacía tiempo, pero ¡Carol! Realmente ella la había sorprendido, ya que siempre que habían participado juntas en sesiones sexuales, la había sentido un tanto ausente. Pero no anoche. Y se daba cuenta que el autor de ese cambio, sin duda lo había generado Pablo.

Se había enderezado y acodada en la cama, había contemplado el trabajo minucioso para excitar a Carol que había iniciado él. Con qué delicadeza lo vio lamer el contorno de la vulva de Carol, mientras sus manos se introducían en el interior de sus muslos. Poco a poco ella sintió que su cuerpo comenzaba a reaccionar también, como si esa lengua entre los pliegues de la vulva de Carol, se estuviera aplicando en la suya. Se levantó y se colocó a horcajadas sobre el pecho de Carol y apoyada en sus rodillas, acercó su vulva hacia la boca de Carol. Desconocía cómo ella reaccionaría ante esta insinuación lésbica, ya que ellas nunca habían intimado de ese modo. Carol yacía con su cabeza apoyada en la almohada. En esa posición, sintió las puntas de los pezones de Carol rozando sus nalgas. Para su sorpresa, Carol la tomó de las nalgas e hizo que acercara su hendidura a su boca. Yuca exhalo todo su aliento y apoyada en el alto respaldo de la cama, dejó que Carol iniciara el mismo trabajo que Pablo estaba iniciando con ella.

Pronto Yuca comenzó a gemir ante el trabajo preciso que Carol realizaba en su vulva. La habitación comenzaba nuevamente a llenarse de los olores mezclados, generados por la excitación que comenzaba a desprenderse del cuerpo de cada uno y que iba en aumento. Los gemidos no cesaban. De pronto, Yuca se estremeció aún más; las manos de Pablo se habían apoderado de sus pequeños pechos y sus dedos pellizcaban sus pezones endurecidos. Pocos segundos después Carol emitió un largo ¡Aaahhhh!. Pablo la había penetrado finalmente y había comenzado a moverse, y Yuca no pudo seguir manteniendo estables las manos de él en sus pechos. Carol por un segundo, abandonó la vulva de Yuca para buscar ansiosa la boca de Pablo, quería sentir aunque fuera brevemente, su lengua hurgando la suya, del mismo modo en que ese pico de él, desplazaba las paredes de su estrecha vulva mientras la penetraba. Carol retornó a la vulva de Yuca, y sus pliegues ahogaron sus gritos que arrancaban de su garganta mientras él seguía penetrándola en un ritmo permanente. El interior del cuerpo de Carol se revolvía convulso alrededor de esa verga, que para ella en ese instante, había adquirido un tamaño que desconocía, lo que hacía estallar su mente de un placer inesperado, que hacía reaccionar a su vulva, palpitando y apretándolo como si fuera una mano.

Pero la boca de Carol, seguía haciendo estragos en la vulva de Yuca, que en ese momento sentía que estaba demasiado excitada. Había acabado ya una vez, pero su cuerpo necesitaba sentir a Pablo. Comenzó a bajar, abandonando con pesar la boca de Carol y sin importar lo que pasara, empujó con su trasero hacia atrás a Pablo, hasta colocarse encima del cuerpo de Carol.

En ese instante las miradas de ambas mujeres se cruzaron. Era la primera vez que se encontraban en esa situación. Yuca fue la primera en reaccionar y acercando su boca a la de Carol, la besó tiernamente. Pero, en ese instante Yuca sonrió. Sabía lo que había hecho al colocarse en esa posición. Estaba presentando ante la mirada de Pablo su trasero, que dejaba entrever los labios entreabiertos de su vulva que ahora chorreaba sus jugos y la saliva de Carol y bajo ella, los muslos abiertos de la vulva abandonada de Carol, que titilaba a la espera de ser llenada.

Ese espectáculo duró unos segundos, ya que Pablo se había dado cuenta de inmediato lo que se le ofrecía. Se había parado sobre la cama y apoyándose sobre las caderas de Yuca, había penetrado de un solo envión esa concha que palpitaba esperándolo.

Pero, la mente de Yuca se convirtió en remolino cuando sintió que en lugar de la penetración que esperaba, las manos de él se habían apoyado en sus caderas y una lengua comenzaba a recorrer lentamente el centro de sus nalgas abiertas. Gritó cuando la lengua se instaló en el centro de su orificio estriado.

"Aaaahhhh. You. Fucker, give it to me. ¡GIVE IT TO ME!" Gritó Yuca, enloquecida ante las caricias precisas en ese otro centro de su placer que hacía siglos no entregaba a la espera del elegido. Y había llegado. Siguió gritando que siguiera, que no se detuviera, que la metiera allí..., allí...

Después bajo su cara y buscó a Carol, y comenzó a besarla nuevamente. Pero no con el beso casto que le había dado minutos antes. Ésta, tomando su rostro, mantuvo su boca pegada contra la de ella, mientras sentía que Pablo había comenzado alternadamente a culearla a ella y a Carol. Breves arremetidas en su vulva, para salir chorreando e introducirse en la de Carol. Las sensaciones para ambas mujeres las tenía arrebatadas. Para Pablo, el mantener la atención en generar un juego perfectamente sincronizado para satisfacer a ambas mujeres, le tenía en un estado de latente potencia que le permitía continuar sin acabar. Tal vez en otra circunstancia, hubiera durado unos minutos, pero ahora parecía que su energía se renovaba con cada penetración.

Fue un juego que las hacía gimotear y pedirle mentalmente no detenerse. Sus mentes ya no procesaban y sólo estaban expectantes al momento en que el grueso y duro miembro de Pablo, penetraría sus respectivas vulvas. La anticipación de sentirlo hacer eso, las consumía, lo que hacía que Yuca y Carol se besaran frenéticas. Si en ese instante las hubieran decapitado, estaban seguras que no se habrían percatado. Así se habrían confidenciado después, cuando recostadas en las noches en que habían decidido dormir juntas, conversaban y retroalimentaban sus mentes con los recuerdos de esas noches con Pablo.

Éste trataba de mantener el ritmo y tiempo de penetración en ambas, en igual medida. Pero el sentir contra el interior de sus muslos el redondo trasero de Yuca, que parecía el de una adolescente, era demasiado placentero y a veces se quedaba culeando más tiempo a Yuca, con desmedro de Carol que levantaba sus caderas para buscarlo. Cuando sintió que Yuca tuvo su primer orgasmo, Pablo no tuvo miramientos y agarrándola por las caderas, la depositó en un costado de la cama, centrándose en Carol. Ésta se abrazó a su cuello, besándolo enardecida al sentir de nuevo su penetración. Pero Pablo quería sentir las redondas y plenas nalgas de Carol. Amaba acariciarlas, amasarlas y apretarlas, precisamente por lo distintas que era con las de Yuca. Amaba apretar ese pequeño bulto que se formaba entre sus muslos, constituido por los labios de su vulva. Se levantó e hizo que se girara y quedara de cara contra la almohada. Paseó su vista por su firme y terso trasero y después apoyó sus palmas en los globos de sus nalgas, mientras sus pulgares se insertaban en el centro del inicio de sus muslos, después de un rato las subió para acariciar sus caderas y finalmente cerrarse en su estrecha e increíble cintura. Carol no comprendía nada de la que estaba ocurriendo, sólo entendía que sentía su vulva vacía. De pronto se estremeció al sentir la boca y después la lengua de Pablo que comenzaba a acariciar el inicio donde confluyen los muslos y el centro de su vulva.

Él, poco a poco fue abriendo sus muslos y después, abrió los globos de sus nalgas dejando al descubierto su vulva; dirigió allí la punta de su verga buscando entrar. Convulsionada de placer, Carol sintió que la penetraba hasta el fondo y apretó fuerte la almohada cuando sintió sus caderas apoyadas sobre sus nalgas y su pecho lo hacía sobre su espalda y el rostro al lado del suyo. Carol sonrió complacida. Nunca se había sentido así de protegida. Ese hombre ahora, parecía cubrir cada centímetro de su cuerpo, y su vulva palpitaba alrededor de esa verga que ensanchaba y acariciaba su interior. Era una sensación increíble que ella después trataría de retratar con palabras, en un momento de intimidad con Pablo, en que trató de explicarle todo lo que estaba experimentando con él.

***

3

Carol fue recobrando la conciencia al sentir calor en sus mejillas. Elevó un brazo para cubrir sus ojos ante los rayos de sol que a través de los grandes ventanales del dormitorio, iluminaban su rostro. Se desperezó, estirando ahora sus piernas, girando a medias sus caderas sobre la cama, para finalmente estirar sus brazos, manteniendo siempre los ojos cerrados. Giró su rostro huyendo del calor de los rayos del sol que cubrían ahora todo su cuerpo desnudo. Lo tensó y lo relajó después, y poco a poco fue tomando conciencia de dónde estaba. De pronto sintió una mirada. Abrió sus ojos y vio a Yuca que acodada en un costado de la cama, la contemplaba sonriente.

"No hay nada más placentero que despertar así de culeada, ¿no es verdad?" Le dijo Yuca sin abandonar su posición.

"Oh. Sí. Me siento increíble. ¿Y cómo amaneciste tú?" Respondió Carol, colocándose en la misma postura que Yuca.

"¡De maravillas!!"Contestó Yuca, y agregó "Estuviste increíble, Carol"

Recordando lo que le había hecho, Carol se sonrojó y Yuca, dándose cuenta de ello, se acercó y tomándola por los hombros la abrazó.

El cuerpo desnudo de Yuca, hizo que Carol reconstruyera cada minuto, cada evento de la reciente noche en que junto a Pablo, tuvieron una noche de sexo increíble. Pero, no. No debía calificarla así, pensó. Sentía al recordarlo ahora, que había habido mucho más que un revolcón sexual entre los tres. Se había generado entre ellos un acercamiento que nunca creyó posible. Se dio cuenta que entre ella y Yuca, se había construido un nexo de una naturaleza hasta ahora desconocida. Se había excitado con Yuca. Algo que nunca creyó esperar. Algo que no pensó que pudiera despertarse en ella. Era cierto que en todas las oportunidades en que desde las salas de concierto, escuchaba sus interpretaciones y la contemplaba absorta, siguiendo cada movimiento de su cuerpo que parecía replicar cada nota que sus dedos lograban del piano, le daban ganas de subir al escenario para abrazarla. Muchas veces sintió que Yuca lograba emocionarla hasta casi las lágrimas, las que muchas veces sintió correr por sus mejillas escuchándola. Y en esos momentos sentía que un calor la abrazaba, y sentía que amaba a Yuca, amaba esos instantes sublimes que ella le entregaba. Pero, después de esos segundos de arrobamientos, su mente racional la llevaba a interpretar que Yuca no estaba allí sólo para ella, estaba para entregarse a la música que amaba y de paso, a todo ese público que la escuchaba, y retornaba a la realidad. No estaba para ella sola.

Pero, lo que había ocurrido anoche, hacía que su relación con Yuca, tomara otra dimensión. Anoche sí había estado sólo para ella en aquellos momentos en que se besaron y se acariciaron. Sí había estado sólo para ella cuando enloquecidas, habían hurgado con sus bocas sus sexos húmedos de excitación. Y sí, habían compartido todas esas sensaciones entre ellas. Y lo más importante, habían compartido a ese hombre que se estaba incorporando a sus vidas de un modo que aún estaban por descubrir.

Carol se sentía mucho más unida a Yuca que antes.

Yuca levantó su mentón para mirarla y le preguntó. "¿Qué pasa por esa cabecita?" Carol se estremeció, como si ella hubiera estado leyendo sus pensamientos. Parece existir entre las personas, momentos de integración mental que hacen posibles estos episodios como de lectura mental. Y en ese momento Carol se daba cuenta que así había ocurrido.

"Que pienso que nunca me había sentido tan unida a ti" Le dijo Carol, mirando a esos ojos grises profundos que parecían perforar los suyos.

Yuca sonrió y contestó "Yo te iba a expresar lo mismo. Lo que ocurrió anoche, fue increíble. Me di cuenta que puedo amarte de una forma que no creí posible. Porque lo que sentí por ti anoche, despertó una faceta en mí que no creí que existía."

"Increíble" Dijo Carol sin dejar de mirarla. "Estás expresando precisamente todo lo que estaba pensando. Creo sinceramente, que cualquiera sea lo que nos depare el destino, esto que hemos experimentado, será algo que formará parte permanente de nosotras ahora".

"Si, estoy de acuerdo. Pero tienes que estar de acuerdo conmigo, que el causante de todo esto que ha pasado entre nosotras, se lo debemos a Pablo. ¿Y qué haremos al respecto?"

"Honestamente, creo que es prematuro hacerse esa pregunta. Sé que me atrajo desde el primer momento en que lo conocí. Y sé que a ti te pasa lo mismo. Pero creo, para nuestra sanidad mental, debemos seguir con el itinerario que nos habíamos trazado al venir a este país, y dejar que las cosas tomen el curso que deban tomar. ¿Te parece?" Le dijo Carol.

Yuca la apretó fuerte y contestó. "Una vez más tienes la razón. Preparemos el día."

Carol se levantó, buscó una bata y recogiendo su ropa que encontró desperdigada por todo el dormitorio de Yuca, salió de su suite para dirigirse a su propio departamento.

Yuca miró la hora. Dentro de una hora ese día comenzaban los ensayos con la orquesta sinfónica.

***

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