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La Renuncia del Albedrío

byegosumquisum©

Florencia está muy sonriente; en todo el día no se ha quejado ni una vez, ni siquiera cuando le abrió la puerta de la cafetería un fulano que quiso portarse amable --según ella, le cagan los caballeritos, porque dice que sólo encubren su machismo con atenciones; esos rollos promujer y de la liberación femenina le encantan, pero yo creo que es su forma de encubrir que es manflora--; durante la semana apenas hablamos, creí que estaba enojada. Le pregunté a Eva si sabía lo que se traía entre manos, ya sé que se la pasaron muy juntas desde el lunes, pero, como acostumbra, se limitó a bajar la mirada y responder con un desesperanzado movimiento de hombros. ¡Me choca cuando hace eso! Como si estuviera muda. Desde que la conozco, así le apodan, aunque nosotras le decimos por su nombre porque somos sus amigas; pero siempre he tenido ganas de decirle en su cara que si se va a portar como una muda deslenguada, así es como deberíamos llamarla también. En fin, ya sólo falta que llegue Dani K' para que pidamos algo de comer, me muero de hambre.

--Ya llegó Dani K' --murmura la Muda, aprieta tanto la boca que muchas veces es difícil comprenderle.

--¿Qué dices? No entendí --le digo secamente. Me mira con una expresión extraña, como si tuviera miedo a hablar de nuevo. Su reacción no es la de siempre, así que insisto con dureza:

--Repítelo. ¿Qué dijiste?

Parece que se angustia, lanza una rápida mirada a Flo, quien prorrumpe al tiempo que alza una mano:

--¡Ahí está Dani!

Dani K' no estudia en nuestra facultad, generalmente es la última en llegar a la cafetería en donde nos juntamos; hoy llegó bastante antes que otras veces.

Nos saludamos como de costumbre, un beso en cada mejilla.

--¿Por qué llegaste tan temprano? --le pregunto a Dani K'.

--Flo me dijo que nos tenía que contar algo de que súper guau, güe --su voz es tipluda y a veces me enfada; en ocasiones quisiera que ella fuera la que nunca habla.

--Sí, así es --tercia Florencia, la gran sonrisa en sus labios rojos sigue ahí--. Ya que en la semana no nos vimos para nada, hoy quise aprovechar para comunicarles una noticia que les va a cambiar la vida.

«Seguro va a salir del clóset --digo para mis adentros--. Yo sabía que era manflora».

--Eva y yo --continúa Florencia-- descubrimos algo muy bello esta semana. Diles, Mudita, diles.

No puedo esconder mi asombro al escuchar la manera en que acaba de llamar a Eva. Dani K' las mira boquiabierta. ¿Por qué le dijo así?

--Mi ama Flo y yo... --comienza la Muda.

--¡Habla claro, pinche Muda! --la interrumpe Flo con brusquedad.

Eva le dirige una mirada cargada de patetismo y dice sin apretar tanto la boca:

--Mi ama Flo y yo queremos hacerlas partícipes de nuestra relación. Yo ya no soy su amiga Eva, soy su esclava Muda. Existo para servirlas como a las diosas que son, mi único propósito es ser su tapete, su asiento, su juguete.

Dani K', con los ojos muy abiertos, pone una sonrisa nerviosa. Yo no me lo creo, las miro con una expresión mezcla de sorpresa y repulsión; escuchar esto me hace sentir demasiado rara, el vacío en mi estómago crece; esto no es correcto, que Eva se denigre mientras Flo sonríe y muestra sus blancos dientes enmarcados por labios rojísimos, con el mismo aire altivo de una domadora que presume a su fiera amaestrada, me acelera el pulso y me provoca un hormigueo entre las piernas.

--Ustedes ahora son mi ama Maika y mi ama Dani K' --continúa la Muda--, vivo para servirles también. Por favor, úsenme como mejor les parezca.

--¿Y bien? --pregunta Flo con un brillo perverso en los ojos--. ¿Qué les parece lo que tenía que contarles?

--¡Güe! --dice al fin Dani K'--. ¡Güe! De que, ¡no mames! Este pedo no es en serio.

--Claro que lo es --insiste Florencia--, ¿quieres ver?

--Ay, o sea, ¿qué vas a hacer? ¿La vas a poner a besarte los pies delante de todos? Estamos en la cafe de la facu, su facu. Aquí todo el mundo las conoce, tontis, ¡o sea, hello! Lo más que puedes hacer es pedirle que nos pague la comida y eso de que ya lo hemos hecho chingos de veces.

El recuerdo de varias de nuestras reuniones irrumpe en mi mente; Florencia se hacía la chistosa y decía que había dejado el dinero en la otra bolsa, Eva pagaba por ella. Al poco tiempo Dani K' empezó a olvidar su dinero también. Un día les dije que no abusaran de la Muda, «Ay, equis, ella ni se queja», me respondieron; «¿Le pagan después, por lo menos?», interrogué yo; «¡Claro que no!», se rieron.

--Muda --dice Flo, la voz seria, la barbilla en alto--: quítame los zapatos y lámeme los pies.

Dani K' dirige una mirada retadora a Flo, luego mira a Eva, quien lentamente se pone de rodillas junto a Florencia, le quita una zapatilla, la coloca con cuidado en el suelo y a continuación, sin retirar las partículas de suciedad que se han adherido a la planta de Florencia, la lame, primero despacio, como si no quisiera hacerlo, pero a los pocos lengüetazos el éxtasis se vuelve muy notorio en sus ojos, que casi se ponen en blanco; pronto la Muda lame con voracidad el pie caliente y enrojecido de Flo. Miramos atónitas.

--Ahora el otro --ordena la domadora, mientras dedica una sonrisa de triunfo a Dani K'.

La muda deposita en el suelo, con cuidado, el pie que acaba de lamer, ahora toma cariñosa el pie calzado, zafa la zapatilla, la acomoda junto a la otra y, nuevamente, como si nada más importara, lame con fruición. La gente que está sentada en las mesas vecinas comienza a guardar silencio y mira estupefacta.

--¡Suficiente! --manda Flo. La Muda aparta el pie de su lengua, una expresión de pesar invade su rostro; con rapidez, vuelve a calzar a su ama y permanece junto a ella de rodillas.

--¡No mames, güe! --comienza a gritar Dani K', pero se reprime; ahora yo estoy muda--. ¿Qué pedo? ¿Cómo hiciste eso?

--Es un secreto, reina. Hay muchos metiches y no quiero revelarles nada --responde Florencia.

--Pero, o sea, de que lo hizo así, ¿y ya? Sólo porque le dijiste que lo hiciera, ya, ¿es todo? --insiste Dani K'.

--Así es. Pero lo más importante es que ahora ustedes también lo pueden hacer --agrega Flo con una sonrisa malvada y un brillo demoníaco en los ojos--. Le dije a la Muda que a partir de hoy ustedes también iban a ser sus amas. ¡La hubieran visto! Me miró como perro que recibe un hueso.

--¿Y si no queremos? --hablo finalmente, sin saber lo que estoy diciendo.

--Maika, no chingues --responde Florencia, me mira como si hubiera ofendido lo más sagrado.

--No, es en serio, Flo --insisto, le devuelvo una mirada retadora, aunque no estoy segura de cuánto podré sostenerla; me siento como si acabara de meterme una línea bien potente, el corazón acelerado, los pensamientos vueltos un torbellino de colores. Estoy casi segura de que, sin darme cuenta, trago saliva.

Florencia parece adivinar cómo me siento. Exhala con fuerza, como si estuviera a punto de explotar y necesitara un momento para recomponerse. Baja la mirada y una sonrisa perversa se dibuja en su rostro. Observo sus labios relucientes, rojos, carnosos, que articulan ahora una frase:

--Si no quieres, te lo pierdes y ya. Se chingó. Tantán --afecta despreocupación, conozco ese tono que usa cuando nos quiere obligar a hacer algo.

Guardo silencio. Sé que esto está mal, quiero decirlo, quiero decirle a la Muda que se levante que le espete a Florencia en la cara que ella no es esclava de nadie, que se vaya a... ¡la Muda sigue de rodillas!

--Tipo, de que a mí sí me late, güe --expresa Dani K' con una mueca igual de perversa en el rostro--. O sea, está bien psycho este rollo pero, es un juego como de las pelis BDSM y así, ¿no?

Flo sonríe.

--Así justamente, Dani --le responde con deferencia.

--¿Qué haces en el suelo, Muda... ¡digo! Eva? ¡Levántate! --grito, al fin.

La Muda, muy despacio, comienza a ponerse en pie pero la mano de Flo cae sobre su cabeza:

--¡Quédate donde estás, pinche Muda! --pareciera un rugido--. ¿No estás oyendo que Maika no te quiere, pendeja?

--¡No es cierto! ¡Y no le hables así! --defiendo a Eva. Siento que la sangre se me ha subido a la cabeza, no sé si de excitación, vergüenza o coraje. Esto está mal, pero no quiero que me excluyan, no quiero que se queden a la Muda para ellas nada más.

Florencia va a responder, pero se da cuenta que la gente se ha quedado mirándonos.

--Órale, Muda, párate y vámonos --le ordena a Eva sin mirarla--. Ya no tengo hambre.

Eva se levanta lentamente, mientras Florencia se pone de pie y toma su bolsa.

--¿Tipo entonces ya no vamos a comer? --pregunta Dani K' contrariada.

--Déjale dinero --ordena Flo. La Muda saca de su cartera unos billetes y se los extiende a Dani K'.

--Yo ya no tengo hambre, querida --comenta Florencia, su tono delata el enojo que siente--. Como que esta mesa tiene mala vibra, ¿sabes? Pero tú sí come, invita la Muda. Te veo a ti --enfatiza-- más tarde en mi casa, ¿sí, reina?

Sin despedirse, Florencia se dirige a la salida a toda prisa y la Muda va unos pasos detrás de ella, como perrito faldero. Dani K' y yo las seguimos con la mirada hasta que salen y se pierden entre los estudiantes y gente que pasan.

--No mames que a ti esto te parece bien --le digo a Dani K'.

--Güe, o sea, este pedo es un juego, ¿no? --me responde con tanta alegría, como si acabara de graduarse.

La gente de la cafetería parece olvidarse de lo que acaba de ocurrir. Se escucha de nuevo el bullicio y el movimiento de trastes.

--No puedo comer, tengo que arreglar esto --le digo a Dani K'--. Luego nos vemos.

Me levanto y me dirijo a la salida. Puedo escuchar a mi amiga quejarse:

--¡Me cagan, güe! ¿Vine hasta acá para comer fucking sola?

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