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Leon El Africano

bymosterin©

TO: INÉS HERNÁNDEZ 75364,2170

Date: 12 Oct. 1.995

Soy un ciego sordo y mudo que escribe los recuerdos de su vida para Inés, que vive con su marido en Illinois y viaja siempre conmigo en una nave sin ventanas que atraviesa mi universo oscuro.

Siénteme un pájaro anillado al módem y al hilo telefónico que llevan hasta Joliet las notas que escribo con estas teclas braille adaptadas en mi keyboard. Y hoy es mi día feliz por estar contigo en el hotel en que nos conocimos. ¡Me alegra tanto que hayamos vuelto a Barcelona!

Ya sé que el Arts no está decorado con el mejor gusto del mundo. A mí me parece demasiado moderno, pero muy cómodo. Y te conocí aquí, en la planta veintitrés, en una habitación de la que no recuerdo el número y que era gemela de ésta en la que estamos hoy.

Siempre me ha gustado más Barcelona que Madrid. Fíjate que preciosidad es ver allí abajo el puerto olímpico y todas las embarcaciones, los cruceros algo más allá, y un barco de la Navy que atracó para repostar. ¡Cómo llueve!

Tu olor después del amor me pega más fuerte a tí. Nunca me voy a poder separar. Déjame tener la mano entre tus piernas y acariciarte mientras te cuento la historia de Amin Maalouf, de quien me has oído hablar más veces.

Hace años, cuando conocí Líbano encontré a Amin en el casino de Beirut. Nunca he sido jugador y siempre he oído que a las personas que les interesa ese juego, mientras lo juegan, no buscan ni mujeres ni hombres. Y vi a Narina en el bar, sola, fumando y esperando por alguien que jugaba. Y pensé que sería mi mejor compañía para aquella noche. Y no lo conseguí. Lo que me habían contado no era cierto. A Amin le importaba su mujer tanto como a mí y llegó para interrumpir mis intentos de galanteo. ¡Lástima de ocasión perdida!

Como los borrachos que después de cruzar puñetazos se abrazan e invitan a beber, Amin y yo nos enrollamos con que llegué desde España y que él conocía a un judío, en Beirut , que hablaba en viejo español y a mi país lo llamaba Sepharad.

Si sigues con los dedos ahí no voy a poder continuar con la historia. Ponte encima de mí y déjame abrazarte. Abre las piernas, Inés, por favor.

Isabel y Fernando, los crueles Reyes Católicos de España dieron a los judíos un plazo de veintiocho días para que se bautizaran o en otro caso abandonaran el país.

León tiene alguno más de quinientos años, vivía en Beirut y era de él de quien me hablaba Amin Maalouf.

Durante ocho siglos, casi sin interrupción, los cristianos, los árabes y los judíos estuvieron juntos en Andalucía.

Hoy es 12 de Octubre y el extravagante abanderado encabeza el desfile de la Hispanidad en NY. ¡1492! El loco Colón y los de su banda andaban llegando a la Española, y el platero León malvendía sus propiedades de Granada, cerraba la puerta de la casa, y sin bautizar y a caballo encaminaba su vida hacia el norte de África, a donde llegó dos semanas después a bordo de un bajel berberisco que arribó al puerto de Tánger.

León se estableció durante meses en la ciudad del Estrecho. Ya nunca fue platero. Mediaba en el comercio del puerto e interpretaba las lenguas que hablaban los marineros que llegaban desde Estambul, desde Grecia, y los guanches de las islas Canarias.

En los días despejados cabalgaba hasta Cabo Mogador, y León el Africano veía en la otra costa Andalucía y la peña de Gibraltar.

Inés, me hago pís. Tengo que ir al cuarto de baño. ¿Quieres agua?

León tenía veinticinco años cuando volvió a levantar su casa para dirigirse al sur. Y llegó a la vieja Fez, y más abajo, a Marrakech, y el visir Ahmed le nombró emisario real ante el sultán de Tombuctú, donde desembocaban las caravanas de mercaderes desde los desiertos y las selvas de África con las sedas de los hombres azules, el marfil de los elefantes del Níger, los nubios que iban a ser esclavos y los guerreros que buscaban guerra en la que poder guerrear.

Tombuctú en el siglo dieciséis estaba rodeada por una muralla de piedra que la defendía y encerraba, y toda la ciudad fue entoldada para que el sol no quemara al sultán que recorría los mercados en andas de sus portadores rodeados por la guardia que cuidaba a quien cuidaba, armada con adargas en sus manos zurdas, y con las diestras sujetaban encadenados leopardos adornados con collares incrustados en metales preciosos.

El ruido de las sirenas llega hasta nuestra habitación desde los cruceros que inician su viaje por el Mediterráneo, repletos de turistas americanos que se sienten Onassis armador al encuentro de María Callas, que nunca hubiera embarcado si supiera que tantos años después, los libios, dicen, secuestrarían el "Acchille Lauro". ¡Ni Jackie, la pobre!

¡Ni sabía que alguien se podría correr tantas veces, tanto placer, con una mujer! Me vuelves loco, Inés. Mi boca ya no es para hablar. Mis labios son sólo para besar entre tus piernas y hacerte el amor con la lengua.

León se enamoró para siempre de Narina. Y ella era la favorita del sultán. Y ya no fue emisario del visir amigo. Era el mayor ladrón que robaba la mujer al rey de Tombuctú. Y préndanlo, y emprisiónenlo, y mátenlo con cimitarras que separen su cabeza de su demás. Y ella no vuelva a palacio. Que esté al sol durante doce días, desnuda en un saco cerrado con cinco gatos que no hubieran comido en la semana anterior.

Y León que había nacido en Granada, en Sepharad, y que fue platero en la morería andaluza, raptó a Narina y juntos llevaron su huida hacia el este y atravesaron lo que hoy es el parque Serenguetti en Kenya, y atravesaron el Zanbeze, y se acercaron hasta Yemen y Etiopía, y quedaron hijos judíos negros que el Mossad y las fuerzas expedicionarias de Francia liberan para que vuelvan a Jerusalén donde los judíos son bien blancos polacos, alemanes y argentinos.

Tienes las tetas más suaves que he acariciado. ¿Quieres comer algo? Éste debe ser el único hotel del mundo donde cada habitación tiene un equipo hi-fi Bang & Oluffsen. Sólo el mando remoto ha de costar cuatrocientos dólares. El Arts lo construyeron pensando en la gente que llegaría desde todo el mundo para las olimpiadas de 1.992 . Es de una empresa japonesa de la que no recuerdo el nombre. Las cosas les fueron mal. La obra se retrasó, el hotel se inauguró con las olimpiadas terminadas y los visitantes de regreso en su país. Ahora hacen magníficas ofertas de precio tratando de que los viajeros nos acostumbremos a las instalaciones del hotel y acabemos pagando lo que debería valer. Como los camellos con heroína en la puerta de los colegios.

Narina y León navegaron hasta Madagascar, en el Índico, y pescaron en las Seychelles, y embarrancaron con un piloto de Ceilán en isla Mauricio, y antes de que Narina muriese de fiebre pasaron meses, mientras los franciscanos portugueses cristianaban salvajes, en Diego García.

Con los misioneros desembarcó León en Lisboa, después de haber pisado tierra en Mozambique, Angola, Cabo Verde, las islas Açores y Palos, en la Huelva de España desde la que partió Colón con los doblones de Isabel de Castilla y los conquistadores de Fernando de Aragón.

Ya existían el Rossio y la plaza del Comerço, el obispo de Porto y el desaparecido rey Dom Pedro que no había querido acompañar a Ricardo Plantagenet en las Cruzadas, ¡corazón de león!.

Y León siempre enamorado con su enamorada muerta, arrastraba la melancolía que Inés lleva de la mano (¡buenas noches, tristeza, Sagan, Françoise,...!), y el barco apenas si se detuvo en Nápoles, judío errante, el Adriático es un mar tranquilo que lleva a Trieste y Venecia.

Me dedico a los negocios de la radio, Inés. Soy el responsable de una red de estaciones que se llama Radio España. Si tú quieres, antes de marchar de Barcelona, podemos conocer la emisora que tenemos aquí. Está en Vía Laietana. Es cerca.

El judío fue amante de todas las amadas en Venecia, el confidente del Dogo, y el mercader más enriquecido en la ciudad.

Ese espejo en la pared te refleja desnuda sobre mí, moviendo tu culo cuando hacemos el amor, y cada vez que te incorporas un poco, paso la lengua por tus pezones que se yerguen y siento contra el pecho cuando te estremeces al correrte. ¡Me voy a morir! No más adelante. Ahora. Contigo.

Háblame. Soy un buen y seguro armario para tus secretos porque no los puedo contar.

Para Amin, el libanés del casino, León se perdió por los pasillos del castillo de Santo Angelo, junto al Tíber, en Roma, donde enfermo era visitado por el papa cristiano que pasaba tardes escuchando narrar al judío cómo trabajaba la plata en su taller cerca de los jardines de la Alhambra antes de aquel día de 1.492 en que cabalgó para empezar su viaje, por no querer bautizarse.

Casi quinientos años y León vive en Beirut, y en un pequeño arcón guarda como otros sefardíes la llave de plata de su casa de Granada.

Vuélvete, Inés. Quiero hacerte el amor desde atrás. Apriétate contra mí.

Y Amin no sabe que su mujer, Narina, fue favorita del sultán de Tombuctú, y amada de León, y que la he reconocido antes de acercarme a ella en el casino de Beirut, y que conozco su historia, y que también yo la quería amar, porque los jugadores, creía, descuidan a sus mujeres.

¡Bésame Inés Narina de Chicago, que sólo existe lo imaginado!.

Borracho, esperando un taxi en el Beirut de bailarinas, antes de que empezaran las bombas, y empezó la mía, y estalló y nunca volví a ver, ni a oír, ni a hablar.

Soy un ciego sordo y mudo que escribe los recuerdos de su vida para Inés.

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