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Madre, Esposa y Amante

byjulio08©

-"Doctora Zulli, el señor Torres la espera por la línea cuatro", me aviso Fanny, mi secretaria.

Terminaba de hablar con uno de mis clientes acerca de una demanda penal y ahora tomaba otra llamada.

Hable con el señor Torres por cerca de media hora y finalmente colgué el teléfono para dedicarme a los otros casos que estaban pendientes.

Era un día normal. Trabajo como abogada en un exitoso consorcio el cual se dedica a tratar casos penales y laborales. Desde temprano en la mañana, mi agitada rutina se iniciaba en casa, preparando desayunos y asegurándome que mis hijos de 10 y 7 años llegaran a tiempo a la escuela. Luego en la oficina, me dedicaba a preparar los folios de los diferentes casos y en la tarde algunas veces pasaba a los juzgados a escuchar audiencias.

Soy una madre normal, dedicada a mi familia, casada hace 13 años. Mis 36 años de edad no se notaban a pesar de que el cansancio que me generaba la rutina del trabajo y la familia algunas veces me invitaban a pensar en que necesitaba unas vacaciones. Héctor, mi esposo, es un exitoso vendedor de autos en un concesionario local y un maravilloso esposo y padre.

Luego en la noche, mis actividades de madre ocupaban mi tiempo.

-"Susana, no te vas a finalizar la sopa?.... así no podrás ves televisión el fin de semana..", le comente a mi hija quien no era amiga de la sopa y nos daba bastantes dificultades cuando tomábamos la cena esa noche.

-"No me gusta... la odio...", respondió ella hacienda mala cara.

-"Ok, mi vida... tómatela despacito y veras lo rica que es...", le respondí buscando que se la acabara.

Después de la cena, mis actividades de madre no terminaban.

-"A cepillarse los dientes y a la cama!!!....", grite desde la cocina mientras colocaba los platos sucios en la lavadora. Era hora de que mis hijos fueran a dormir.

-"Bueno mama ¡!....", respondieron mis hijos en coro desde sus habitaciones.

-"Como se te ve de bien esa falda...te ves muy atractiva cariño..", me dijo sonriendo Héctor quien se acercaba a mi con la sopa de Susana, quien finalmente no se la termino.

-"Si?... te parece?... la compre hace tres dias cuando fui al centro comercial.. estaba en promoción..", le respondí.

-"Se nota que tu cuerpo es ahora mas firme....", volvió a comentar mi esposo fijándose en mi trasero.

Le sonreí.

-"Gracias por el cumplido cariño", le respondí con un beso.

Una hora mas tarde como esposa y amante finalizaba de esa forma el dia.

-"Arghhh...Arghhh...ay Diosito...."

Emitiendo ese dulce quejido, Héctor, mi esposo, encima mío sacudiendo su abdomen, me avisaba que se venia. De inmediato, una deliciosa sensación de placer circulo por mi cuerpo y aferre mis manos a las revueltas sabanas de la cama sobre la cual en posición misionero el me hacia el amor.

Mi cuerpo desnudo sobre la cama recibía la gruesa y larga verga de mi esposo, quien se sacudía de forma fantástica dentro de mi sexo y al cabo de solo quince minutos, vertía su cremosa leche por segunda vez dentro de mi vagina.

Mientras la sensación del orgasmo me invadía, las contracciones rítmicas del cuerpo de Héctor cedían de intensidad al mismo tiempo que el gimiendo y de forma involuntaria, esperaba a que su pene terminara de vaciar su espesa carga dentro de mi.

-"Que delicia, mi vida....", le dije cuando finalmente su cuerpo termino de sacudirse sobre el mio.

-"Desde que empezaste a ir al gimnasio te noto que has perdido peso... y esa falda nueva me fascino...", me respondió el besándome las tetas.

No tengo un cuerpo de reina pero las actividades de la oficina no me habían permitido sacar tiempo para mi salud. Mis 85 kilos de peso y una amplia cadera me daban un aspecto de mujer voluptuosa, pero mis redondos y parados pechos 36D, me hacían ver sexy y atractiva cuando atraían las miradas masculinas y confirmaban que mi esposo era un afortunado. De todos modos una dieta balanceada y la práctica de ejercicio empezaban a ser parte de mi vida. Hacia un mes me había afiliado a un gimnasio y esa noche en la cama, mi esposo empezaba a notar los resultados.

-"Voltéate... quiero ese culito...", me dijo el.

Mi esposo se levanto de la cama y espero a que yo me ubicara en posición doggy. Tan pronto mi trasero quedo listo para su coño, sentí como sus dedos pasaban por mis labios vaginales y uno de sus dedos se introducía en mi ano.

-"No cariño...", le respondí.

Molesto por negarme a que sus dedos jugaran con mi ano, de inmediato Héctor me penetro vaginalmente y en la siguiente media hora su verga castigo mi sexo y me entrego otro rico orgasmo.

-"Cuando me darás ese culo?", me pregunto Héctor tan pronto su abdomen dejo de moverse y yo sentía que mi sexo era una piscina de semen.

-"Mi vida... es muy doloroso... olvídate de eso y mas bien dedícate a mi dulce chocha", le respondí a Héctor mientras volteándome le retiraba su duro coño de mi vagina y me acostaba boca arriba bajo su abdomen con el objetivo de que me colocara su verga entre mis tetas. La aprese entre ellas y Héctor empezó a moverla disfrutando ver como mis redondos pechos atrapaban su pene. En menos de tres minutos, mi cara recibió un calido manantial de semen cuando su verga reventó sobre mi dejando su blanca crema.

En los últimos años, Héctor se había interesado demasiado en mi trasero, pero sus intenciones de tener sexo anal siempre habían terminado por mi negativa a complacerlo.

Creo que esa ultima rechazada propuesta fue la que disparo su decisión de acostarse con una de sus amigas del distribuidor de autos como después me lo comento. No lo culpo pero me siento totalmente apenada por ello. Tirar a la basura 13 años de fiel matrimonio por su deseo de tener para su verga el atractivo culo de una mujer me parecía una locura, pero de cierta manera, los miedos de mi parte a conocer y explorar nuevas experiencias sexuales me habían llevado a perder a Héctor y desarticular mi familia.

A pesar de que vivimos casi un mes separados, muestro amor era mucho mas fuerte así que decidimos volver a intentarlo. había sido un tropiezo en nuestras vidas y asi lo consideramos. Nuestro hijos y nuestra relación se merecían una segunda oportunidad, por lo que Héctor apenado y disculpándose conmigo volvió a casa.

Como si nada hubiese pasado volvimos a ser la familia que siempre habíamos sido.

-"Arghhh.....arghhhh...", se escucho en la habitación.

Abrí los ojos y el techo de la suite del motel era iluminado por una tenue luz de color blanco de poca potencia. La cabeza de Arturo, uno de los abogados con los que trabajo en la oficina se poso al lado de la mía. Su pesado cuerpo cayo sobre el mio mientras que el trataba infructuosamente de susurrarme unas ultimas palabras antes de su eyaculacion:

-"Luisa.....no pued..."

Mis brazos se aferraban a su espalda desnuda y su abdomen se sacudía incontrolable meciendo su dura y gigante verga dentro de mi humedecido pero hasta ese momento sediento sexo.

Hacia 1 mes que Héctor había vuelto a casa y como castigo de su infidelidad le pedí que no me presionara. Aun me sentía adolorida por lo ocurrido con su amiga y no habíamos vuelto a tener relaciones sexuales desde entonces. Yo trataba de llevar la rutina diaria de mi vida hasta donde podía disimular el hecho de que necesitaba de un hombre en la cama. Héctor, sin falta, dos o tres veces por semana se dedicaba a consentir mi sexo y mis tetas, y su deliciosa verga me clavaba vigorosamente, pero después de lo ocurrido eso había cambiado.

Arturo, notando mi desespero y abusando de mi situación me invito a unos tragos esa noche luego de salir de la oficina. Lo que nunca me imagine era que mas tarde el estaría encima mio tratando de controlar su inminente orgasmo.

-"No te controles... relájate...", le dije suavemente a sus oídos mientras yo estaba a las puertas de tener un orgasmo.

Como si hubiese sido una orden, de inmediato Arturo, pronunciando mi nombre, dejo salir un quejido único de placer:

-"Luisa..!!!"

Un segundo mas tarde mientras esa deliciosa sensación del orgasmo femenino viajaba por mi cuerpo, la verga de Arturo detonaba escondida en la profundidad de mi vagina lanzando a borbotones un manantial de semen ardiente.

Por espacio de cerca de 30 segundos el musculoso cuerpo de el se meció encima mio mientras su pene vaciaba completa su carga dentro de mi sexo.

Tan pronto su cuerpo se detuvo nuevamente un comentario de Arturo me cuestiono la estupida razón por la cual había perturbado la estabilidad de mi matrimonio, y por la cual me encontraba allí tirada en una cama de un motel teniendo sexo con uno de mis compañeros de trabajo.

-"Luisa.... Que culo tan rico tienes... regálame un doggy".

Acomodándome en posición perrito, volví a preguntarme el porque era miedosa y como esa era la oportunidad de enfrentarlo.

-"Jodeme el trasero, Arturo...", le pedí a el, dispuesta de disfrutar o sufrir de esa primera experiencia de sexo anal.

En los ojos de el se noto la sorpresa inicial y en la sonrisa que me regalo, el mostró su complacencia e interés porque yo le permitiría a su duro coño introducirse en mi culo.

Me voltee y cerré los ojos pensando en mis hijos y mi esposo mientras que el frío shampoo del baño del motel servia como lubricante. Mientras que los dedos de Arturo preparaban mi hoyo me convencí de que 13 años de matrimonio eran mucho mas valiosos que una noche de sexo con uno de los abogados de la firma.

Los 18 centímetros de la verga de Arturo se escondieron celosamente dentro de mi ano y me recordaron con un poco de incomodidad que los sacrificios tienen un precio. A los 5 minutos, en medio de nuestros gemidos, su coño me entrego por primera vez esa extraña pero increíblemente deliciosa sensación cuando sentí perfecto como su pene exploto entregándome en el oscuro hoyo del ano, su calido esperma.

Esa experiencia con Arturo me abrió los ojos y me ayudo a salvar nuestro matrimonio.

Al siguiente dia, ver el rostro de Héctor, mi esposo, acostado sobre la cama boca arriba, mientras que yo colocaba mi cuerpo sobre su abdomen, era reconfortante. Ver como el aferraba sus manos a las sabanas mientras lentamente mis manos acomodaban su verga en la entrada de mi lubricado ano fue fantástico. Verlo gemir y gritar a los pocos minutos cuando su coño detono por primera vez en mi trasero fue lo mejor.

A partir de esa noche, Héctor y yo iniciamos un nuevo capitulo en nuestras vidas. El sexo anal era una nueva experiencia enriquecedora y desde entonces asi lo vivimos.

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