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Mi Amigo y Mi Esposa 03

byaristurman©

La semana siguiente transcurrió sin muchas novedades. Lorena se había recuperado de la forzada cogida que le había dado Carlos en su taller y habíamos retomado nuestras relaciones sexuales habituales, aunque ella no me permitía darle por el culo a pesar de mi insistencia.

- Lo estoy reservando para cuando me lo quiera romper Carlos, me decía sin sonrojarse.

El sábado al mediodía ambos estábamos en casa, cuando recibimos la visita de mi amigo.

A mí apenas me saludó, pero a Lorena la tomó por la cintura, mordiéndole los labios en un interminable beso, mientras le apretaba el culo con la otra mano sin disimular.

- Quería saber si ya se te pasó el dolor en la colita, porque tengo ganas de volver a rompértela, a vos que te parece, Flaco, me preguntó.

Mi esposa no decía nada, estaba petrificada mientras este bruto la manoseaba, apretándola contra su cuerpo. Antes de que yo pudiera responder, Carlos la sostuvo por el cuello y la hizo inclinar hasta ponerse de rodillas. Entonces la soltó y se bajó los pantalones, mientras le ordenaba a Lorena que le chupara esa enorme verga ya tan conocida por nosotros.

Ella dudó un instante, pero Carlos entonces le volvió a apretar el cuello y se la metió en la garganta de una sola embestida. Pude ver que Lorena se ahogaba con semejante pedazo de mordaza metido en la boca, pero enseguida se adaptó y comenzó lentamente a lamer y chupar todo el largo de ese tronco.

Carlos se abandonó a su placer, mientras me decía que vendría a pasar toda la noche con un amigo, así entre los dos se turnarían para cogerse a mi esposa como ella lo merecía. Yo podía quedarme si quería, pero solamente para presenciar la enfiestada que le darían a Lorena.

Presenciar el sexo oral que le estaba obligando a hacer era una tortura para mí, pero creo que para ella también, por su falta de costumbre de meterse semejante verga en la garganta.

Finalmente Carlos se tensó y comenzó a descargar su semen en la boca de Lorena. Ella quiso levantarse y evitar tener que tragarse todo Ese viscoso líquido que estaba recibiendo, pero el animal desconsiderado la tomó por los pelos y le obligó a abrir la boca, se la metió bien adentro y entonces mi delicada mujercita no tuvo otro remedio que dejarse hacer.

Cuando sintió que su placer había terminado, sacó del bolsillo un consolador de tamaño mediano y se lo entregó a Lorena, diciéndole que se lo insertara bien lubricado en el ano un par de horas antes de su llegada, así le quedaría bien dilatado y relajado, para que no le doliera tanto cuando llegara el momento de sodomizarla.

Después simplemente abrió la puerta para irse y desde el pasillo nos advirtió que regresaría para las diez de la noche con uno de sus amigos. Le dijo a mi esposa que estuviera lista.

Lorena corrió a encerrarse al baño, para limpiarse los restos de Carlos. Cuando junté un poco de coraje fui a ver si necesitaba algo, pero la encontré de rodillas en el piso, metiéndose un de sus consoladores en su humedecida vagina y gimiendo de placer. Cuando me vio se largó a llorar, mientras me pedía perdón por lo que estaba haciendo, decía que no podía detenerse, era más fuerte que ella. Al final alcanzó un excitante orgasmo y se fue a nuestro dormitorio.

Por la tarde se levantó de la siesta y vino a compartir unos mates conmigo a la cocina. La veía un poco cansada, pero me confesó que la idea de que la enfiestaran la excitaba muchísimo, estaba realmente ansiosa. Volvió a pedirme que la perdonara, pero la manera en que el bruto de Carlos la sometía y humillaba realmente la volvía loca de deseo y le provocaba un intenso placer. Me dijo que me amaba, pero esta situación de ser dominada, violada y tratada como un objeto la superaba y excitaba más allá de todos los límites.

Después de cenar me pidió que la ayudara a cumplir la orden de Carlos y su dilatador anal. Así que se desnudó, acostándose en la cama boca abajo, levantando la cola y apoyando el estómago sobre las almohadas. La vista de ese culo redondo y deseable me provocó una dolorosa erección y le pedí que me dejara metérsela hasta el fondo. Pero una vez más volvió a negarse, diciendo que su culo ahora le pertenecía solamente a Carlos.

Le lubriqué suavemente la entrada del ano con aceite de bebé y luego muy cuidadosamente fui insertando la punta del consolador, para metérselo completo hasta la base.

Lorena ni siquiera gimió, me dijo simplemente que sentía un enorme placer con ese objeto en su interior, pero que no se comparaba con la dura y gigantesca verga de Carlos.

Así permaneció un buen rato, para luego empezar un suave mete y saca con el juguetito, sintiendo cómo se le iba dilatando el ano, mientras jadeaba de placer. Yo la observaba con mi pija a punto de explotar, pero sentía que ya nada podía hacer.

Lorena se estaba acariciando el clítoris con su mano libre, así que en apenas minutos alcanzó un prolongado orgasmo, que terminó de volverme loco. Se quitó el consolador del culo y me pidió que le limpiara la vagina con mi lengua. Me dediqué a lamer esa delicia de concha hasta que sentí que Lorena arqueaba la espalda y terminaba en otro increíble orgasmo.

Luego se levantó de la cama y se encerró en el baño, diciéndome que iba a vestirse para recibir a Carlos. Me quedé sentado en el piso de nuestra habitación, pensando qué iba a hacer más tarde, cuando aparecieran ese bruto y su amigo, listos para la enfiestada.

Lorena reapareció envuelta en un corto vestido negro que dejaba ver su hermosa espalda desnuda y el nacimiento de la cola.

Llevaba unos zapatos de taco aguja que realzaban todavía más sus largas piernas torneadas, las cuales estaban envueltas en unas medias de nylon color negro que las hacían ver todavía más sedosas y excitantes.

Se inclinó delante de mí para mostrarme que no se había puesto bombacha, porque me dijo que Carlos no se la llevaría otra vez como un trofeo.

La visión era increíble y excitante. Sentí que mi verga se despertaba mientras Lorena caminaba contoneándose por la habitación, así que me senté en el borde de la cama y le pedí que me dejara disfrutarla antes de que llegara su amante. Sonrió divertida y sin decir palabra se acercó, pasando una pierna a cada lado de mi regazo. Tomó mi endurecida pija con una mano y la fue guiando hasta que sentí la humedad de su cálida vagina. Me miró a los ojos mientras se iba empalando, sonriendo al mismo tiempo que comenzaba a moverse, llevando sus caderas hacia atrás y adelante, iniciando un ritmo cadencioso que me hizo acabar en pocos minutos. Lorena parecía tener una mirada de decepción al sentir mi semen en su interior, pero me besó largamente, diciendo que me amaba en cuerpo y alma.

Todavía estaba dentro de ella cuando sonó el timbre de la puerta.

La noche recién comenzaba.

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