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Mi primera depilación brasilera

bypepinillo_11©

Desde el momento en que tomé la hora para mi primera depilación brasilera, mi excitación fue aumentando;

- Buenas tardes, ¿ hacen depilación brasilera? -- pregunté con la voz más normal que podía.

- Sí, hacemos depilación brasilera -- me contestó una amable voz que parecía ser la de una señora de unos 40 años.

- ¿ También para hombres? -- quería estar seguro de no ver frustrada la operación después de llegar al salón.

- Sí, también -- me contestó la señora con un poco de inquietud en su voz.

Después de preguntar, cuánto demoraba y de fijar la fecha y hora, colgué el teléfono muy contento de haber encontrado el lugar apropiado. El hecho de estar frente a una mujer desconocida, desnudo y vulnerable me ha intrigado toda la vida, pero hasta ahora no había encontrado la oportunidad de realizar mi fantasía.

Al día siguiente en la tarde, me llamó la misma señora con quien había fijado la hora el día anterior:

- Buenas tardes, don Andrés, habla Tania de Clínica Bélgica para confirmar su hora de depilación de mañana miércoles a las 10AM.

El llamado me llegó justo cuando estaba en la oficina en una reunión, y los demás pudieron escuchar perfectamente lo que decía mi interlocutora. Lo que me causó una mezcla de vergüenza y placer que es difícil de describir.

- Buenas tardes, sí la confirmo -- dije mientras mi corazón daba un par de latidos en falso -- muchas gracias por llamar.

La Clínica es un centro donde hacen principalmente procedimientos de cirugía estética, de manera que lo más probable era que me encontrara con mujeres en la sala de espera, pero eso no me causaba problema.

Me preparé para ese día; me vestí semi-formal pero muy ordenado y, como la hora era en la mañana, pude llegar recién duchado al salón. Quería causar una buena impresión en la persona que iba a tener en sus manos tanto poder para inflingirme dolor y a quien, de una manera bastante textual, iba a estar sometido durante unos 30 minutos.

Llegué al lugar unos minutos antes de la hora fijada y me recibió Tania con una sonrisa un poco más alegre que con la que habitualmente recibe a un cliente. Junto a ella había dos jóvenes de entre 25 y 35, ambas muy sencillas pero impecablemente vestidas con un uniforme blanco y celeste.

- Pasa Andrés; Fernanda te está esperando para tu depilación -- dijo con evidente entusiasmo que me incomodó un poco, pero que, no sé como ni por qué era exactamente lo que buscaba aquel día.

Me guió a una salita donde se encontraba Fernanda, quien se presentó muy correctamente y me informó que ella me iba a atender esa mañana. Me dijo que el procedimiento era un poco doloroso, pero que iba a sobrevivir, me preguntó por qué había decidido hacerme esta depilación, que dónde vivía y qué lo que hacía. Le contesté con frases breves aunque no con ánimo de ser poco condescendiente, sino porque me había empezado a entrar un poco de arrepentimiento de lo que estaba por suceder. Sin embargo, esa exquisita mezcla de excitación y vergüenza ya estaba palpitando fuerte en mi pecho y me recorría todo el cuerpo.

Fernanda era una chica de unos 35 años, con un cuerpo muy apretadito, no usaba maquillaje y todos sus movimientos evidenciaban profesionalismo y el haber atendido a miles de personas.

En la sala había una camilla, una ventana, una repisa y un carrito donde se encontraban todos los materiales que se necesitaban para la depilación. El lugar estaba impecable y una suave música de fondo hacía que la atmósfera del lugar fuera muy agradable. Fernanda me preguntó si podía haber durante el procedimiento una asistente que nunca había hecho la depilación brasilera a un hombre y que, dado la cantidad de solicitudes de este servicio que estaban recibiendo, era deseable para la empresa entrenar a más personas en este arte.

La solicitud me llenó nuevamente de excitación, duda y vergüenza. Desvestirme frente a una mujer desconocida de treinta y tantos años era ya un desafío, pero frente a dos era algo que me podía superar. Me llené de dudas pero, por ese mismo motivo, acepté su propuesta.

- Verónica! -- dijo Fernanda con un volumen suave pero que denotaba su condición de capitán al mando del lugar - Ven aquí.

Me di cuenta de que el lugar no tenía ninguna aislación acústica y que desde la sala de espera y las demás salitas de depilación se podía escuchar absolutamente todo. A los pocos segundos, entró una de las mujeres más atractivas que he visto. De unos 26 años, delgada, de piel morena y usando el uniforme de la Clínica pero - puedo garantizarlo -- no llevaba sostenes y sus calzones tipo tanga eran evidentes bajo su delantal blanco. Pensé que me desamyaba.

- Ella es Verónica -- dijo Fernanda dirigiéndose a mi -- Gracias por darle esta oportunidad.

- Verónica -- dijo dirigiéndose a la joven -- Andrés, nos está haciendo un favor al permitirnos que me ayudes en esta oportunidad. De tal manera que debemos hacerlo sentir cómodo en todo momento.

Mi corazón volvió a perder el paso y no sabía si debía salir corriendo o quedarme para ver qué resultaría de todo esto. Mientras ponderaba mi situación Fernanda se dirigió a mi diciendo.

- Sácate todo de la cintura hacia abajo y te recuestas en la camilla. Si quieres sácate la camisa para que no la vayamos a manchar con cera.

Contrariado pero excitado por la escena que estaba viviendo, seguí las instrucciones de Fernanda, mientras ella y Verónica preparaban los materiales para mi depilación. Me acosté sobre la camilla, desnudo a no ser por una camiseta de manga corta que me quedaba ajustada al cuerpo.

- ¿Es tu primera vez?, preguntó Fernanda.

- Sí. Y me sonrojé al ver que me examinaba la zona púbica y testicular.

- No te preocupes. Te vamos a cuidar bien. ¿ Te vas a hacer la parte de atrás también?

- Sí - contesté.

- Perfecto. Vamos a recortar un poco estos pelitos.

Verónica me pidió que juntara las plantas de los pies y que flectara un poco las rodillas. Tomando unas tijeras pequeñas recortó todo hasta que quedó del largo adecuado. Mientras lo hacía, Fernanda observaba e iba indicando dónde faltaba cortar. Movían mi pene y mis testículos para cerciorarse de que no había quedado nada sin recortar. A los 4 minutos, ya habían hecho el trabajo. Y yo, si bien no tenía una erección, había comenzado a producir fluido preseminal, lo cual aumentó mi sensación de haber entregado completamente las riendas. Fernanda se dió cuenta de que me encontraba algo incómodo y me dijo que no me preocupara, que era normal y me pasó una toallita desechable para impedir que mi piel se mojara.

Luego me pusieron talco y comenzaron aplicar y arrancar cera. Me dolió un poco, pero menos de lo que imaginé. Hasta que llegaron a la zona del escroto. Ahí me pidieron ayuda para que estirara la delicada piel que, por lo demás, tenía poco pelo que sacar. Gemí algunas veces, suavemente, pero estoy seguro de que se escuchaba todo en la sala de espera. "Si, aquí duele un poquito pero ya estamos casi listos".

Una vez que terminaron con la parte de adelante, se me pidió que levantara la pierna izquierda y luego la derecha, para acceder a la zona del perineo. "Ah, tienes poquito pelo" dijo Fernanda. "Yo me había preparado para un osito".

- Ahora en cuatro patitas para hacerte la parte de atrás -dijo Verónica con bastante confianza.

No podía creerlo. Desnudo, en cuatro patas, frente a dos mujeres extrañas y sin ningún pelo púbico. La escena era digna de un sueño erótico, a no ser porque luchaba por bajar mi nivel de excitación para no terminar en un sueño mojado. Seguía sin tener una erección, pero estaba evidentemente excitado, al punto que Verónica me tenía que ayudar a secar el líquido preseminal.

- Tranquilo mi niño - dijo Fernanda -- si quieres descansamos un poquito y te relajas. Si estás de acuerdo, puedo hacer que la incomodidad desaparezca.

- Si, por favor, dije sin dudarlo.

- Puedo hacer que eyacules y con eso la tensión se irá.

Asentí con los ojos. El mundo se me daba vueltas con excitación. Entonces Verónica se sacó su guante y colocándose uno nuevo y lubricándolo con aceite para bebés, frotó suavemente mi pene el cual creció de inmediato. "No tengas vergüenza, esto es normal. En un minuto estarás relajado como un angelito". Gemí un par de veces a medida que Verónica iba arriba y abajo, arriba y abajo hasta que salieron unos chorritos de semen que Fernanda recolectó en un posillo de aluminio que botó de inmediato en un basurero con pedal.

- Eres un buen niño, dijo Verónica, y me dió unas palmaditas en el trasero. Ahora te sentirán mucho más aliviado y podremos terminar la parte de atrás.

Y así terminamos mi primera depilación brasilera, no sin que antes me mostraran el resultado de la parte de atrás con un espejo que miré mientras aún estaba en 4 patas sobre la camilla. No lo podía creer. No había un sólo pelo. Mi esposa aclamó el resultado y desde entonces voy religiosamente todos los meses. Ahora controlo mi excitación mucho más, lo cual ha aumentado mi control en la cama y además ya no necesito el "descanso intermedio" durante la depilación.

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