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Una maestra especial

bysimply_gabriela©

".. Adiós Chicos, nos vemos el Lunes, no olviden prepararse para el examen.." Dije, mientras mis alumnos armaban un tremendo alboroto, y salían corriendo a toda prisa del salón de clases, sin apenas hacerme caso.

Sonreí un poco, mientras acomodaba mis libros en mi pequeña mochila. Había sido una semana muy complicada. Entre las clases, exámenes, y juntas con los padres de familia, no había podido dedicar tiempo para mi. A mis 25 años, estaba exhausta y necesitaba con urgencia unas vacaciones.

Voltee a ver al fondo del salón, a uno de mis alumnos que seguía sentado en su pupitre, Michael Callaghan. En la mañana le había gastado una broma muy pesada a las niñas, rociándolas con pintura, y yo lo había castigado obligándolo a sentarse en la esquina con unas orejas de burro en la cabeza.

".. Maestra Alina.. ¿Ya me puedo ir, o me va a tener aquí toda la tarde?" Me dijo, en un tono arrogante.

Seguí acomodando mis libros durante unos segundos, antes de responder. El caso de Michael era especial para mi. Hacia 3 meses que estaba en mi clase. Desde el primer día, su comportamiento había sido sumamente conflictivo. Se peleaba con todos los niños, y coqueteaba con todas las niñas. Creo que esto se debía a que su padre tenia fama de mafioso, y había heredado el carácter arrogante y agresivo a su hijo.

Lo mire de reojo. Algo que tenia Michael, aparte de personalidad, era el físico. Se podía ver que en unos años seria todo un galán. Tenia unos ojos azules que reflejaban de alguna forma su personalidad atrevida. Su cabello era rubio, un poco largo, y siempre lo llevaba despeinado. A pesar de su tierna edad, tenia un cuerpo atlético muy bien formado. Me mordí los labios, sintiendo algo de remordimiento de estar pensando así de uno de mis alumnos.

Termine de acomodar mis cosas, y lo mire fijamente.

"¿ Crees que ya has pagado tu error?" Le dije con firmeza.

".. Claro nena..." Me contesto, sonriendo pícaramente.

No pude evitar reírme un poco al oír tan ingeniosa respuesta. A pesar de sus problemas, Michael era un encanto. Siempre tenia el comentario cínico que me hacia reír. Y en ocasiones, hasta un piropo.

A veces, cuando estábamos solos, me llamaba "nena", lo cual no me molestaba en absoluto. Me divertía mucho seguirle el juego, y ver como al ser confrontado, su arrogancia se desvanecía, y daba paso a una timidez encantadora.

Suspire, reflexionando acerca de mi situación actual.

Hacia 4 meses que no tenia novio. Por culpa del trabajo, había descuidado mi ultima relación, y lo peor de todo es que no veía para cuando poder tener otra...nunca tenia tiempo para salir. Desgraciadamente, los únicos piropos que había oído en meses, eran de Michael.

".. Entonces... ¿ Me voy?" Dijo, arañando juguetonamente el pupitre.

Camine hacia el, y me senté en el pupitre de enfrente, cruzando las piernas. Ese día, no se porque, había decidido vestirme de una forma mas atrevida que lo usual. Llevaba una pequeñísima falta negra, que cubría con apuros mi intimidad, y una delicada blusa café que se pegaba a mi como si fuera una segunda piel. Tenia puesta una delicada tanga negra, que se apretaba deliciosamente contra mi cuerpo con cada paso que daba, lo cual me hacia sonrojarme una que otra vez. Complementaba el conjunto con unos lindos tenis blancos.

Inmediatamente note que Michael miraba de reojo mis piernas y sudaba un poco. Sonreí, orgullosa del impacto que estaba teniendo en el. De alguna forma, era increíble para mi ego saber que podía afectar así a los hombres.

" Bueno, Michael.. puedes irte.. pero por favor, trata de comportarte mejor.. ¿Me lo prometes?" Dije, tomándolo de la mano.

" Si.. nena... lo que tu me pidas.." Contesto Michael, apretando mi mano entre las suyas, mientras se incorporaba.

Mordí mis labios, y durante un segundo le creí. Pero no importaba que tanto platicara con el, siempre volvía a las andadas. Este había sido su 5º castigo apenas en este mes. Y siempre me prometía que ya no lo volvería a hacer.

".. Maestra... Mi papa me acaba de comprar un coche.. y me gustaría llevarla hasta su casa...¿ Acepta?" Dijo Michael, un poco mas serio.

"..No se, es que.. eres algo joven para manejar.. ¿ No?"

".. Si usted gusta.. maneje usted... además.. cuando vea el carro le va a encantar.." Respondió, mientras apuradamente sacaba de su bolsillo unas llaves, que me mostró.

Las vi. detenidamente. Claramente podía leer la palabra "Ferrari" grabada en ellas. Mire asombrada a Michael.

"..¿ A poco tu papa te compro.. un Ferrari?"

".. Si.." Contesto orgulloso.

"Bueno.. acepto tu invitación, pero yo manejo.." Dije, quitándole las llaves de la mano con un gesto juguetón.

Michael rió, y juntos nos dirigimos al estacionamiento de la escuela. Ya casi no habían carros, puesto que todo mundo se había retirado lo mas pronto posible por el fin de semana. Mientras caminábamos, yo buscaba con la mirada el tan afamado carro, hasta que por fin, detrás de una camioneta, lo vi.

Quede fascinada. Era un hermosísimo Ferrari rojo de dos asientos, convertible, con asientos de cuero y detalles cromados. Corrí hacia el, y con prisa, abrí la puerta, sentándome en el asiento del conductor. Apreté un botón, y la capota comenzó a deslizarse para atrás. Michael, con un ágil salto, se metió al carro sin abrir la puerta.

"¿Te gusta, nena?" Me dijo, volviendo a usar el tono de voz arrogante que tan bien le conocía.

"Si.. .. ¡Esta increíble!" Dije, encendiéndolo. El sonido del motor era soberbio. Era como si un tigre ronroneara. Apreté el acelerador unas cuantas veces, y la bestia gruñía con fuerza en cada ocasión. La sensación de poder que transmitía este carro me volvía loca.

Cambie velocidad, y el carro comenzó a moverse lentamente. Respire profundamente, apretando el volante con mis manos, mientras la adrenalina recorría con fuerza mi cuerpo.

Al acomodarme en el asiento, note que mi falda se había subido un poco, y parte de mi tanga quedo a la vista. Con el rabillo del ojo, vi. que Michael se había dado cuenta de esto, y descaradamente no le quitaba la vista de encima.

Una extraña sensación se apodero de mi. Sentí un latigazo de lujuria recorrer todo mi cuerpo. Mi corazón latía a mil por hora. Yo sabia que debía bajar mi falda, y cerrar las piernas. Pero no pude. No quise. Este juego exhibicionista era demasiado emocionante para dejarlo.

Voltee a ver a Michael, y el trato de desviar la mirada lo mas rápido que pudo. Le cerré un ojo coquetamente, y seguí manejando. No paso ni un segundo cuando ya estaba el nuevamente mirando entre mis piernas. Sonreí con picardía.

Saque el carro del estacionamiento, y mordiéndome los labios, acelere. El Ferrari respondió rugiendo agresivamente, y acelero con brusquedad. Me reí un poco, volteando a ver a Michael, que con algo de miedo, se sujetaba al asiento.

"..¿Había manejado antes un Ferrari, Maestra Alina?" Dijo, sumamente nervioso.

"Si.. uno de mis novios tenia uno, y yo lo manejaba a cada rato..."Dije, deslizando uno de mis dedos coquetamente por mi cabello, que se agitaba con el viento.

Afortunadamente, ese día había poco trafico. La ciudad estaba semi vacía, puesto que todos habían salido de vacaciones, aprovechando una feria en un pueblo vecino. Apreté el volante con fuerza. La calle frente a mi estaba prácticamente desierta. Con mucha seguridad, pise el acelerador, y el carro acelero a 220km/h en apenas unos segundos.

"..N..nena... vamos.. muy rápido..." Dijo Michael, apretando con fuerza las manos contra el tablero. Estaba tan nervioso, que ya ni siquiera miraba mis piernas.

"Tranquilo, Michael.. he manejado antes a esta velocidad..." Dije con mucha seguridad, mientras rebasaba a 2 carros de forma agresiva.

Michael trato de tranquilizarse, y adoptando nuevamente su mascara de "arrogancia", me dijo:

"¿Te gustaría conocer un sitio divertido? Hay un atajo, cerca de la autopista, que lleva a un mirador en la montaña..."

Sonreí un poco, sin mirarlo. Yo sabia perfectamente que ese supuesto mirador, era realmente donde las parejitas de novios iban a tener sexo en sus carros. Pero algo en la forma en la que me lo había dicho, con un intento obvio de parecer "Don Juan", pero a la vez tan torpe, me había enternecido.

Dude mucho antes de saber que contestar. Por un lado, no seria para nada correcto que una maestra fuera descubierta haciendo cosas "inapropiadas" con uno de sus alumnos. En una ciudad tan pequeña como esta, si se descubriera, tendría consecuencias que no quería imaginar.

Pero mi cuerpo opinaba diferente.

Me sentía acalorada. Excitada. Hacia mucho tiempo que no me sentía así, tan... salvaje. Y la emoción por manejar el carro no me ayudaba en nada a calmarme.

La humedad de mi concha era cada vez mas evidente. El mensaje que me indicaban mis instintos era claro. Necesitaba con urgencia una verga. Sentirla penetrándome sin piedad, una y otra vez. Necesitaba sentir un duro miembro en mi boca. Saborear lentamente con la lengua la calida semilla de un hombre.

cerré los ojos por un segundo. Cuando los abrí, ya me había decidido.

".. Claro, me encantaría conocer el Mirador, Michael.." Dije, mientras el ponía una cara de asombro, sin saber que decir.

Quizás supuso que yo le diría que no. Y de esa forma, su ego no sufriría, ya que en teoría, había "hecho el intento". No era algo fácil para ningún alumno cogerse a su maestra, así que si el plan fallaba, no seria algo del todo inesperado.

Pero creo que no había previsto un plan B, en caso de que yo le dijera que si.

Maneje a toda velocidad por la carretera, hasta que encontré una pequeña desviación, que se metía en el bosque. Desacelere, y con cuidado, entramos por una pequeña vereda rural. El Carro avanzaba con dificultad, ya que estos no eran precisamente sus terrenos.

Con los movimientos que daba el carro, note que mi falda se había subido un poco mas. Ahora la parte frontal de mi tanga estaba completamente a la vista. Pero a pesar de esto, Michael miraba nervioso el camino. Seguramente, supuse, no sabe que hacer ahora que su fantasía se le va a hacer realidad. Sonreí con malicia.

Después de unos minutos, llegamos al Mirador. Voltee a ver a todos lados, mientras detenía el carro, tratando de asegurarme que no hubiera nadie cerca. Una vez calmados mis temores, apague el motor. Me acomode de lado en mi asiento, cruzando las piernas, en dirección a Michael, que no se atrevía a mirarme.

"Llegamos, y debo reconocer, esta muy bonito este lugar..." Dije, fingiendo inocencia.

Michael me miro, y trato nuevamente de aparentar gran seguridad, aunque sin mucho éxito, puesto que comenzó a sudar de nervios...

"Traje unas cervezas...nena ¿ Quieres una?" Dijo, y sin darme tiempo a responder, abrió el compartimiento lateral del tablero, y saco de ahí 2 latas de la embriagante bebida.

Deslice mis dedos juguetonamente a lo largo de mi cabello, mientras tomaba una de las cervezas con la mano izquierda. Sonreí y acto seguido le di un largo trago. Michael hizo lo mismo, mirando nuevamente de reojo mis piernas.

Yo sabía que su táctica era "emborracharme". Después de todo, eso estaba escrito con hierro en el manual de todos los hombres. Pero me encantaba darle la impresión de que el llevaba el control de la situación. Ver sus torpes intentos de ser un conquistador me estaba excitando mucho.

Decidí seguirle el juego.

Agarre la cerveza y le di unos tragos mas, hasta que me la acabe.

"Que... delicia..." Dije, riéndome tontamente, actuando como si hubiera bebido por horas.

"Supongo que se siente mejor ahora, ¿Verdad Maestra?" Dijo Michael, sonriendo maliciosamente, creyendo que su plan iba a la perfección.

"S...sip... ¿Tienes otra cerveza?" Dije, arrastrando las palabras a propósito.

Michael saco de la gaveta otra cerveza, y rápidamente me la ofreció. Juguetonamente, le di un trago, pasando mi lengua sensualmente por el borde. Me la tome en segundos, y tire la lata al piso.

"¡Me...siento muy... bieeeeennnnnnn!" Dije, mientras intempestivamente me subía al asiento, arrodillándome sobre el, mirando hacia la parte trasera del carro. Lentamente me incline hacia delante, tratando de agarrar la capota del carro con mis manos. Al hacer esto, mi faldita se movió hacia arriba, y mi culo quedo completamente a la vista de Michael. Lo mire de reojo, y vi. que estaba embelesado mirando el espectáculo que yo le brindaba.

Gracias a mis genes, afortunadamente tenia unas nalgas divinas. Firmes, y redonditas. No son muy grandes pero están perfectamente proporcionadas para mi cuerpo, puesto que soy mas bien esbelta. Por esta razón, aprovechaba cuanta ocasión tuviera de lucirlas, ya sea en bikini, mini faldas.. en fin. Adoraba ver a los hombres desear con tanta hambre esa parte de mi.

".. Uf.. esta capota.. no.. se... quiere mover.." Dije de forma coqueta, mientras hacia inútiles esfuerzos para subirla. Michael no decía nada, solo miraba de forma descarada mis nalgas.

Me quede quieta por unos segundos, arqueando sugestivamente la espalda. Sentí que la brisa del bosque pasaba lujuriosamente entre mis piernas, acariciándolas delicadamente. Mi tanga apretaba como nunca antes mi cuerpo. Era delicioso sentir como con cada movimiento tan delicada prenda frotaba sutilmente mi clítoris, una y otra vez.

"..¿ Me ayudas? Es... que quiero... s...subir la capota...." Dije, usando una voz infantil.

El tardo unos segundos en reaccionar, perdido observando mi delicioso culo.

".. ¡Ah.!.....si, pero... no se activa desde ahí, recuerda...nena..." Respondió, mientras apretaba el botón del tablero que activa la capota. Esta comenzó a desplegarse nuevamente, encerrándonos.

"..Que..bueno eres, Michael... ufff... sabes donde esta cada botón de este.... esta cosa.." Dije, riéndome un poco.

Michael me miraba con miedo, sin saber que hacer en esta situación.

Por fin tenia una chica hermosa y "borracha" en su carro... pero no se atrevía a dar el primer paso. Quizás era porque yo no era una chica cualquiera, sino su Maestra. Y tratar de hacer algo con tu maestra, no es cosa de todos los días. Se requiere valor. Y en este momento, yo podía ver que Michael estaba aterrado.

Decidí esperar un poco a que el diera el primer paso.

"Este... maestra... le.. quisiera pedir algo.. pero..." Trato de decir, pero se sonrojo inmediatamente, y no pudo continuar.

"¿Si, Michael?"

"...pues.. es que.. usted... digo... tu, nena.. eres.. " Michael miraba hacia abajo, sin poder mirarme a los ojos. Note que le temblaban un poco las manos.

"¿ Me vas a decir, o que?" Dije, empujándolo con mi mano de forma juguetona.

"Bueno.. d..dicen mis amigos que.. l..las.. Maestras.. a veces le dan.. sexo oral... a sus...alumnos..." Dijo, apenadísimo.

"...¿Me... estas pidiendo... que... te la mame?" Dije, poniéndome seria.

Michael, al ver esto, se asusto mucho. Su cara lo decía todo. Pensó que su comentario me había parecido ofensivo.

"..n..no, como cree... no, para nada..yo.. yo solo..." Tartamudeo.

"Ah... ¿ Entonces ....no quieres meterme la verga en la boca?" Respondí con seriedad, pero recargándome en el asiento, como si estuviera mareada.

"...s..si, pero... yo... no se.. es..." Volvió a decir Michael, realmente sin tener mucha idea de que como salir del apuro.

"Dímelo.. quiero oírlo en tus palabras.."

"...."

"Michael.. dilo..."

"....." "Michael... estoy esperando.."

"...."

Por fin se animo a hablar. Mirándome a los ojos, se acerco un poco a mi, y con un tono de voz bajo, dijo:

"Maestra...Alina... quiero... meter mi pene en... su boca..." Dijo, apretando nerviosamente sus manos.

"Entonces.. supongo que debo mamártela.." Dije acercándome a el, mientras deslizaba mis dedos alrededor de su nuca, jalándolo hacia mi. Sin darle tiempo a nada... lo bese apasionadamente. Mis labios se unieron a los suyos, y agresivamente los use para abrir su boca de par en par.

Michael respiraba acelerado. Gemí suavemente, y sin darle tiempo a reaccionar, succione su lengua al interior de mi boca, lo mas hondo que pude. El tímidamente trato de retirarla, pero emití un gemido de queja que no le dejo la menor duda de que no debía hacerlo. Mis labios apretaban su lengua como si fuera un pequeño pene, mientras yo usaba la base de mi propia lengua para frotar cadenciosamente al calido cuerpo invasor.

Mi boca hambrienta devoraba agresivamente la lengua de mi tierna victima. Era una batalla muy dispareja. Michael movía su lengua de forma rítmica, de atrás para adelante, como si me estuviera penetrando. Deje escapar unos gemidos de satisfacción, y respondí apretando un poco mas mis labios, para que no la tuviera tan fácil.

Entonces sentí que el colocaba una mano en mi rodilla, pero sin atreverse a ir mas allá. Sonreí coquetamente, mientras rompía el beso, mirándolo a los ojos.

"..Q..que... ¿Hice algo mal, Maestra?" Dijo Michael, mortificado.

Con la cabeza, dije que no. Lentamente, en una actitud felina, me pase al asiento de Michael, sentándome en sus piernas. Coloque mis manos en sus hombros, mientras el se mordía los labios. Con mucha timidez, puso sus manos en mis piernas.

".. No tengas miedo.. yo se lo que quieres... pon tus manos en mis nalgas, y aprieta todo lo que quieras..." Dije, respirando profundamente.

Michael dejo escapar una leve sonrisa, y con mucho cuidado al principio, como si yo estuviera hecha de un cristal que se pudiera romper en cualquier momento, coloco sus manos en mis nalgas. Por un segundo, no las movió. Pero fue agarrando valor, y comenzó a apretarlas, cada vez mas fuerte.

Gemí tiernamente al sentir sus dedos presionando contra mi carne.

Michael cerró los ojos, y apretó la mandíbula. Sus nervios habían casi desaparecido. Con descaro, sus manos apretaban cada una de mis nalgas, y las abrían, jalaban, subían.. una y otra vez. Yo respondía a cada una de sus caricias, moviendo muy suavemente mis caderas, de atrás para adelante.

Súbitamente, mi joven amante hizo algo que me sorprendió. Uno de sus dedos se deslizo debajo de mi tanga, y con torpeza, sin darme tiempo a reaccionar, lo metió dentro de mí.

Cerré los ojos, y abrí la boca, sin emitir sonido alguno.

Que deliciosa sensación. Mi cuerpo temblaba, invadido por el deseo. El sentir aquel cuerpo extraño en mi interior, había despertado instintos que hacia mucho dormían. Respondí moviendo mis caderas un poco mas rápido.

"...Ah....M....Michael.... " Dije, con la voz entrecortada. El no respondió, y comenzó a mover su dedo aun mas rápido, de atrás para adelante, violando mi concha sin piedad. Mis labios respondieron tratando de cerrarse, apretando con fuerza al pequeño invasor, pero era inútil. Nada podría evitar el abuso al que mi intimidad estaba siendo sometida.

"..D..dios..." Alcance a decir, respirando agitadamente. Me sentía en el paraíso. Con cada embestida, mi clítoris reaccionaba en paralelo, acercándome cada vez mas a una explosión orgásmica.

Queriendo darle a mi joven amante un mejor espectáculo, agarre la base de mi blusa café, subiéndola hasta que mis delicados y pequeños pechos quedaron a la vista. No eran muy grandes, pero tenían una forma redondita, con unos pezones pequeños y firmes, apuntando al frente. Con cada movimiento de mis caderas, se mecían rítmicamente, en una cadencia que parecía tener hipnotizado a mi joven victima.

Sin dudar, el abrió la boca, y succiono uno de mis pezones, usando su lengua para rodearlos en círculos. Me mordí los labios coquetamente, e instintivamente me apreté un poco mas contra el. Michael ahora mordía y succionaba mis pechos con voracidad, pasando su lengua por todos lados.

Pero de repente se detuvo, y me dijo al oído:

"Nena.. quiero meter mi.. pene... en tu boca..."

Sin decir palabra, me pase nuevamente al asiento del conductor. Michael me veía con ansiedad, sin perder detalle. Con dificultad, dado lo reducido del espacio, me arrodille en el piso del carro, y con una actitud sensual me incline hacia delante. No me detuve sino hasta que mi cara quedo justo enfrente de su entrepierna.

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