Una noche oscura...

byPrairiePirate©

Aunque siento cada día lo que hacía esas malditas noches, siempre recuerdo las experiencias con una sonrisa traviesa. Desde entonces me casé con una mujer encantadora, pero por lo tanto que la ama nunca alcanzé soltar las palabras para decirle que la engañaba no solamente una vez, sino varias veces con mujeres de la peor clase.

Empezó con un amigo mío cuando estaba en el ejército... áquel me contó de sus vacaciónes, en las cuales tuvo la oportunidad de coger a una puta en la ciudad. Me sorprendí lo francamente que me contó esos acontecimientos perversos, pero por desgracia dejó la semilla de una idea en mi mente. ¿Cómo se sentiría coger a una puta? ¿Una chiquita de las calles que podría follar por dinero si me diera la gana?

Eso fue hace cinco años. Desde entonces follaba callejueras unas veces por semana, a veces más. Salgo en mi coche cuando se pone el sol, rumbo a los barrios más pobres de la ciudad, en busca de una chiquita desesperada y a la vez linda de la que puedo aprovechar. Suelo tener mucho cuidado, puesto que en mi país la prostitución es ilegal -- sí había problemas con la policía, pero normalmente podía convencerlos que estuviera en un tal barrio a causa de algo normal, como una visita a un amigo, abuelos, o lo que sea. Me aseguro que mi coche no tenga defecto alguno, porque no quiero que la policía tenga una razon válida para detenerme.

Al salir tengo unas cosas conmigo -- dinero, por supuesto, para pagar las chicas quien recojo. Un condón para esquivar las enfermedades que las putas tienen - no me puedo imaginar un destino peor que volver a la casa (y a mi novia) infectado por alguna clase de enfermedad íntima.

Os voy a contar la historia de una de mis putas más memorables, una chica quien recogí hace tres meses, más o menos.

Al conducir por el barrio pobre, como de costumbre, un viernes hace unos meses, di con una chica nueva trabajando al cruce de dos calles oscuras. Al parecer se trataba de una mujercita de 18 años, con pelo negro y piel tan blanca como la nieve que cubriera el suelo. Yo era conocido por la mayoría de las mujeres de este barrio... algunas recogía afin de dejarme chupar o joder, y otras -- las más viejas y feas -- recogía nunca. No valía la pena recoger una chica cuando no la iba a disfrutar. Pero ésta sí valió la pena, así que me di una vuelta y la invité a entrar en mi coche.

Dudó en acercarse a mi coche, lo que me hice pensar que quizás hubiera caído en una trampa de la policía. Abrí la ventana.

"Necesitas que te lleve a alguna parte?" pregunté, temoroso de que estaba una trampa.

"Sí," me dijo ella, obviamente fría, "Quiero que me lleves al aeropuerto."

"Vale," dijo, y abrí la puerta.

En cuanto entró en el coche y cerró la puerta, puse llantas en polvorosa. Por si acaso me miraron la policía. Conducimos en silencio unas manzanas, y la miré de soslayo.

No me equivoqué en mi juicio anterior -- era bella. A veces me sorprende lo mucho que una chica puede cambiar al entrar en mi carro, cuando la luz se ha cambiado. Pero esta vez no fue el caso.

"Eres un agente?" la pregunté.

"No."

"Cómo puedo estar seguro?" Fue juego que jugábamos cada vez que recogía a una puta nueva. La única manera de comprobar que no era un agente fue dejarme ver o (mejor) tocar sus tetas o coño.

"Así." Y desabrochó su camisa para dejarme acceso a sus tetas pequeñas. Las toqué, dándome cuenta de que eran tetas bellas y firmes -- perfectos.

"Que quieres hacer?" me preguntó?

"Depende. Qué haces?"

"Todo... te puedo mamar, chingar, lo que sea. Salvo nunca hago nada en el culo."

"Tienes condón?"

"Por supuesto."

"Entonces quiero que me chupes la verga," dije, desabrochándome los pantalones, "Y quiero que te quites la camisa también, para que vea tus pechos bellos. Veinte dólares?"

Asintió en silencio. Eso le dolió... puede ser que fuera su primera noche en las calles. Hallamos un escondite lejos de donde la recogí, para evitar sorpresas de la policía y de chulos celosos.

Se desnudó el cuerpo, sus tetillas duras en el aire. Me quité los pantalones y bajé mi silla en el coche. Ella se agachó y se echó a chuparme.

Qué maravillosa era su mamada! De repente mi pene se volvió más duro que nunca, y tenía una chica hermosa chupándome le verga. Proseguí con mi diálogo normal....

"Cómo te llamas?"

"Stacey," dijo entre chupadas. Gemí.

"Qué edad tienes, Stacey?"

"18." Esa respuesta me sorprendí. 18? Lo que estaba haciendo fue increíblemente ilegal, pero lo que me sorprendí más fue que al saber su edad me volví aún más caliente. Gemí de nuevo.

La miré con ojos diferentes... no podía creer que la chica hermosa cuyos labios rodearon mi pene tenía apenas 18 años. Cómo llegó aquí? Qué clase de vida obligaría a alguién a salir de noche para ganarse el pan de esta manera?

"Te molesta si te digo palabrotas?" pregunté.

"Me da igual," dijo ella, y siguió mamando.

"Sí... así es... chúpamelo... chúpamelo, puta. Eres mi puta, comprendes....? Quiero que me hagas correr, puta mía. Quiero tirar mi leche en tu boquita chiquita..."

Mientras hablé de esta manera, miraba su culo al otro lado del coche subir y bajar con cada chupada. Ella gemía entre chupadas, intentando hacerme correr lo antes posible para llevar a cabo esta situación incómoda. Ya no lo podía aguantar -- tenía que experimentar este culo, por joven que fuera. "Tal vez me dejes follarte, puta?"

"Tienes más dinero?"

"Veinte más si me subes y me dejas correr en tu coño."

Consideró mi propuesta y asintió. Empezó a quitarse los pantalones y yo disfruté la mirada de esta diosa. Se aseguró de que el condón seguía en mi, se echó encima de mi pene, y, bajando, se dejó penetrar por mi verga dura. "Te ves increíble," gemí, "Cómo llegaste a joder a clientes?"

Me subía y bajaba en ritmo. "Problemas personales, ya sabes. Una madre enferma, hermanos encarcelados, y un novio que me envia cada noche a ganarle dinero." Las sombras de los faroles dibujaban en su pecho increíble, iluminando sus tetillas pequeñas y rojas.

Eché un vistazo abajo a su coño, comiendo y escupiendo mi pene. Su coño calvo me hacía pensar de nuevo a su edad. Dieciseis. Se podía ver las huellas del pelo recién afeitado. Se afeitaba para parecer aún más joven.

"Quiero que me digas palabrotas."

"No tengo la mínima idea qué decir."

"Repite lo que te digo. 'Métemelo. Dame tu pene grande y duro, perverso."

Vacilando, proseguió. "M-m-métemelo. D-dame tu pene grande y duro... perverso."

"Así es..." gemí. "Cuándo fue la última vez que alguién te cogió?"

"Hace dos días. Fue mi novio."

"Por eso estás tan apretada. Tu novio... tiene una verga enorme?"

"Igual como el tuyo."

"Cómo te lo hizo?"

"Desde atrás."

"Te gusta cuando te lo mete de atrás?"

"Sí, me encanta. Me da siempre orgasmos cuando me joden así," gimió. Fue obvio eso no era fingido. Así que le pedí que me dejara cogerla de esa manera.

Cambiamos de posiciónes, y me metí en ella de nuevo, más profunda que nunca.

"Te gusta así?" pregunté, "Te gusta cuando un cliente te coge de atrás?"

"SI!" gritó.

Miré abajo para ver mi verga entrar en su culo divino, gatita mojadísima, como una pompa de carne metiéndolo adentro. Mis manos agarraron sus tetas pendientes, y mi boca estaba a su oreja.

"Quiero que digas algo para mí," susurré.

"Mande...."

"Quiero que me digas 'Viólame. Viólame y córrete en mi culo'. Quiero que me llames perverso, enfermo."

Dudó un instante, pero luego en voz alta lo dijo. "VIOLAME! VIOLAME Y CORRETE EN MI CULO, TU PERVERSO! TE GUSTA VIOLAR A NINAS?"

"De nuevo, mi puta chiquita," y la clavé más y más rápido.

"VIOLAME! VIOLAME Y CORRETE EN MI CULO! COMO PUEDES JODER A UNA NINA DE DIECIOCHO? ME ESTAS ROBANDO LA INOCENCIA!"

Sentí el esperma subir en mis huevos. "De nuevo, mi jovencita dulce..."

Se echó a empujarse contra mi cuerpo, obviamente caliente y a punto de correrse.

"VIOLAME! VIOLAME Y CORRETE EN MI CULO! ERES NADA MAS QUE UN VIOLADOR ENFERMO, INCAPAZ DE ENCONTRAR A CHICAS DE TU EDAD QUE COGER. ACABA EN MI CULO APRETADO, ACABA EN MI CULO DE NINA! ESE CULO QUE TIENE DIECIOCHO MALDITOS ANOS!"

De repente perdí control y me corrí fuertemente profundo en su coño, experimentando onda tras onda de placer estremeciendo mi cuerpo. A la vez la vi sacudiendo de placer mientras su orgasmo tomaba control de su cuerpo adolescente. Salí de su gatita mojada, me arreglé los pantalones, y prendí el auto.

Mientras tanto, observé a ella vestirse. Qué hermosa fue, esa criatura desgraciada que acabé de joder. Dado otra suerte, quizás hubiera podido estar una estudiante sobresaliente, una médica, o una abogada. Pero no, se ha convertido en puta, de la cual probablemente nunca saldría.

"Mi dinero," pidió. Al buscar en mi bolsilla mi billetes de 20$, vi una sola lágrima de su ojo izquierda. Tenía vergüenza de lo que acabó de hacer, y, lo que me sorprendí, yo también lo sentía. Cómo llegó ella a este punto? Cómo que llegué yo aquí, es la mejor pregunta.

La dejé enfrente de la casa que me indicó, y la miré entrar. Allí vi a su chulo, el cual me miró mientras, despacio, me alejaba de la casa. Qué vida chingada que vivo, pensé.

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