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Viaje a la Estrella Cap. 01

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En Gaia, en busca de las raíces del Imperio.

"Estimados lectores. Decidí reeditar este relato inspirado en una novela de Isaac Asimov, y que fuera entregado por capítulos anteriormente, ya que encontré algunas inconsistencias, tanto en su desarrollo como en su estructura, lo que hacía que las acciones de los personajes, tal como las había relatado, aparecieran un tanto fuera de todo contexto, o las acciones transcurrieran a la manera de un caleidoscopio, demasiado rápidas. Espero que esta reedición, que reemplaza el viaje 1, 2, 3 y 4, sea de su agrado. Por supuesto agradeceré sus sugerencias y/o comentarios."

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1. Las razones del viaje


Trevize había hecho una lectura rápida del último informe que su amigo Pelorat le había entregado y dejándolo sobre la mesa, le dijo: "Esto confirma lamentablemente lo que ya me habían anticipado las lecturas anteriores. Estimado amigo, tengo que seguir tras la búsqueda del planeta Tierra". Le dijo Trevize, sentado en la terraza de la habitación que ocupaba desde hacía varios meses desde su arribo a este planeta llamado Gaia. Pelorat lo escuchaba, mientras sorbía un jugo de las extrañas frutas que había descubierto en este planeta.

"No me has dicho exactamente lo que está detrás de este viaje" Dijo a modo de pregunta Pelorat, dejando de lado el vaso de jugo.

Mirando un poco hacia lo lejos, por la larga avenida arbolada que tenían por delante y más que una respuesta, como una introspección, dijo: "Después del largo período que ha tenido sumido en guerra a nuestros planetas durante los últimos diez años, los antropólogos sociales encargados de analizar cuál debía ser la estructura social óptima para los tiempos venideros del Imperio, se dieron cuenta que para ello era necesario investigar cuáles habían sido las motivaciones de los habitantes de los diferentes planetas, que los había llevado a prolongar esas guerras. Para ello, necesitaban buscar en el pasado y específicamente por qué algunos planetas mostraban esa xenofobia respecto del imperio."

"Y en qué podría ayudar en eso si se llegara a encontrar" Pregunto Pelorat

"Se piensa que algo tuvieron que ver las directrices que llevaban los primeros colonizadores espaciales hace 50 mil años atrás, tarea que se cree tuvo su origen en el planeta llamado Tierra. Muchos creen que nunca existió y que se trata de otro mito más de los libros de historia. Sin embargo, existen ciertos registros paleontológicos encontrados en algunos planetas hoy abandonados, y que fueron descubierto de forma casual, que confirman su existencia. Sin embargo, cuando estos asesores trataron de encontrar mayor información acerca de las bases que dieron origen al diseño original de los viajes espaciales, se encontraron con que no existen registros confiables. Lo mismo ocurrió cuando investigaron cuáles habían sido las instrucciones y las políticas que manejaban los primeros colonizadores del sistema solar conocido hace 50 mil años atrás. Las preguntas que trataban de responder era, entre otras: ¿Cuáles fueron los criterios respecto al manejo del gobierno, políticas de salud, tipos de matrimonio, controles de natalidad, y otros, con que fueron delineados esos primeros viajes espaciales? ¿Eran un simple copia de lo que se utilizaba en la Tierra en esos momentos? No lo sabemos. Precisamente esa información desgraciadamente se perdió, cuando la principal biblioteca de Tranctor fue saqueada en las guerras que dieron nacimiento al Imperio. Es por ello que los ingenieros sociales, que están diseñando las nuevas estructuras organizativas del Imperio, creen necesario buscar las claves que podrían encontrarse en el planeta Tierra. Y esa es mi tarea actual."

"¿Por qué tu nunca me comentaste esto antes, especialmente cuando me dijiste que te acompañara a este planeta Gaia?" Preguntó Pelorat.

"Porque para tu trabajo investigativo, no era necesario, al menos así lo entendí cuando iniciamos el viaje" Respondió Travize.

"Si me lo hubieras dicho antes, podría haber enfocado mejor mi investigación en todo este tiempo que llevo revisando registros. De haberlo sabido, te habría informado mucho antes que todo lo que he revisado en la biblioteca de la Universidad Central de Gaia tiene una antigüedad que no supera los 20 mil años."

"Sí. Había ido leyendo algunas de las cosas que me diste, pero confiaba en que pudieras estar equivocado. Tienes razón, debí habértelo comunicado. Ahora que lo has ratificado, no me que queda más que informar y abandonar de inmediato este planeta para continuar con la búsqueda" Le señaló Trevize.

"¿Y cuál sería nuestro próximo destino en este viaje?" Preguntó Pelorat.

"El planeta Comporellon, que es el primero de la ruta de colonización conocida hasta ahora después de Gaia. Espero tener allí mejor suerte respecto de la información que busco." Dijo Trevize, mientras miraba nuevamente con cierta nostalgia de abandonar estas largas avenidas pobladas de frondosos árboles, cuyas ramas formaban un arco verde iluminado por el sol de la mañana. Echaría de menos todo este paisaje con el que se despertaba cada mañana cuando desayunaba en la terraza.

"¿Esperas. Por qué hablas en singular? No lo tomes como una ofensa, Golan, pero tú sabes que yo soy el experto en desentrañar los mitos y leyendas que existen acerca de la Tierra (si es que existe), y sólo yo puedo guiarte en lo que buscas. Deberé acompañarte en tu próximo viaje."

"¿Y abandonar a Bliss? ¡Vamos, hombre, si recién la vienes conociendo y la vas a dejar!" Dijo Trevize sonriendo.

Pelorat se sonrojó ligeramente. "No había pensado en hacer eso, amigo; aunque ella pensaba también pensaba que partiríamos pronto y ..."

Trevize frunció el ceño y no lo dejó terminar. "Entonces, ¿es ella la que trata de librarse de ti, Janov?"

"No, no se trata de eso. Escúchame Golan. Después que hace unos días comentaste tu propósito de continuar el viaje, conversamos largamente con Bliss cuando regresamos a su casa, y ella me manifestó su deseo de venir también." Pelorat lo miró para observar su reacción y continuó: "Yo sé que has mostrado cierta reticencia para aceptar nuestra relación. Incluso he notado cierta antipatía hacia ella. La mostraste desde el primer momento en que te la presenté. No me lo puedes negar, Golan."

"Sí. Es cierto, Janov. Nunca entendí muy bien que tú, con esa seriedad de académico que tienes, te hayas entusiasmado por esta joven estudiante que podría ser tu hija. Y perdóname la franqueza. Pero me atrevo a pensar que ese entusiasmo que manifiestas por ella, aparte de su extraordinaria belleza, puede tener su origen en la normal inestabilidad sicológica que se presenta en las personas cuando pasan cierta edad, o se quedan solas, como es tu caso."

"¡Qué! ¿Piensas que me estoy poniendo senil?" Dijo Pelorat con cierto tono de malestar en su voz al quedarse pegado en las palabras referentes a la edad que había emitido su amigo.

"Perdóname Janov, por hacer referencia a la edad, pero es algo que los sicólogos mencionan y no pude evitar mencionarlo. Sin embargo creo que es más bien lo segundo. Me estoy refiriendo a que un hombre que ha sufrido una separación de una mujer, a la que ha estado unido por más de ¿cuánto, treinta o treinta y cinco años?, como es lo que te ha pasado a ti después que te decidiste acompañarme a este planeta, es lógico que te sientas atraído por la novedad, especialmente de una mujer tan joven como Bliss. Es absolutamente normal."

Con mucha tranquilidad, Pelorat contestó a eso: "Estimado Golan, hay algo que no te he dicho. No he sufrido una separación, como sugieres, fui yo quien dejé a la que era mi mujer. Tan pronto me hablaste de tu viaje, vi una oportunidad de terminar con ese matrimonio, que hacía años languidecía."

"¿Y la dejaste así nomás?" ¨Preguntó Trevize, intrigado de escuchar aquello, ya que su amigo nunca se lo había mencionado.

"Sí. Simplemente la abandoné, por eso es que discrepo de que mi interés por Bliss haya nacido por alguna de las dos causas que mencionas. Nunca he tenido depresión por haber terminado mi relación matrimonial. Al contrario, nunca me he sentido más liberado que cuando salí de Trancton contigo. Por otra parte, respecto de mi edad, al parecer tus largos años de celibato, te han hecho olvidar que se puede conquistar a una mujer de muchas maneras, incluso con mi edad y mis aires de académico como dices tú." Dijo Pelorat.

"Vamos, Janov, estaba tratando de entender tus motivaciones para que hubieras puesto tus ojos en Bliss." Trevize sonrió para sus adentros cuando estuvo a punto de decirle 'que había puesto algo más que los ojos en la muchacha' ya que ahora comprendía las permanentes ojeras que ahora presentaba Pelorat, que no eran precisamente causadas por quedarse leyendo hasta altas horas de la noche, como sabía era su costumbre cuando recién habían llegado a Gaia.

"Pero, bueno, cómo conquisté a Bliss no es el tema de esta conversación, sino que ella me ha dicho que está dispuesta a dejar de lado tu antipatía hacia ella y acompañarme en este viaje y, por supuesto, espera que la aceptes." Terminó diciendo Pelorat, echándose hacia atrás en el sillón, complacido de haber explicado su punto en toda esta conversación.

Trevize lo quedó mirando por unos segundos antes de contestar: "Tú sabes Janov, que la nave no fue diseñada para viajes de placer y menos para acomodar a una pareja en su luna de miel, como sería este caso, ya que tú llevas apenas un mes con Bliss. A ambos les queda mucho camino por recorrer como pareja, y especialmente desde el punto de vista sexual y no dudo que este viaje les vendría de perillas."

Pelorat se sonrojó nuevamente al escuchar eso, y se sintió como un chico pillado masturbándose a solas en su habitación, al preguntarle.

"¿Y a qué te refieres con eso del diseño de la nave?" Preguntó Pelorat.

"A que las cabinas para dormir están contiguas y si bien son bastante amplias, no son para nada insonorizadas. Y por lo mismo la actividad sexual que ustedes realicen, que supongo será frecuente, dada la juventud de Bliss, podría resultar un tanto incómoda, tanto para ustedes como para mí, considerando esas precarias condiciones de privacidad."

"Entiendo tu aprehensión Golan, por lo que tendré el mayor cuidado de no incomodarte, te lo prometo y, en todo caso se lo mencionaré a Bliss".

Trevize lo miró por un momento como para decirle algo. Temía ofender a su amigo si le contaba que además cada cabina, tenía un sistema de grabación de imagen y voz, que registraba todo minuto a minuto de forma automática, cada vez que en las habitaciones se generaban cualquier tipo de actividad. Esa información aparecía en la gran pantalla de monitoreo de navegación que existía en la sala de comandos, lo que permitía revisar cualquier anomalía ocurrida previamente. Era parte del sistema de seguridad de la nave, que permitía saber en cualquier instante, el estado físico de cada uno de los tripulantes y también monitorear cualquier situación anormal que pudiera registrarse en cada compartimiento. Era parte de la rutina que él, como comandante de la nave, debía realizar cada vez que se sentaba frente al panel de control.

'¡Menudo espectáculo diario que tendré que soportar cada día, verlos copular!', pensó. En todo caso, en una nave espacial no podía esperarse ninguna clase de privacidad. Tampoco le quiso hacer ningún comentario respecto de eso de que iba a 'tener cuidado'. A su parecer, no era él quien impondría las condiciones de cómo se gestaría su vida de pareja con Bliss, ya que estaba seguro que si la muchacha era fogosa, lo que a él le parecía así, sería ella la que fijaría esos límites o condiciones.

Claro, Trevize desconocía las verdaderas motivaciones que había en la decisión de Bliss de acompañarlos en este viaje.

****

2. Cuatro meses atrás

"Ahora, deseo que mantengas el ritmo de la respiración profunda, cierres los ojos y eleves tu mirada interior. Después trataras de leer los pensamientos del maestro Blagorr que se encuentra en el edificio de la municipalidad. Él, en esta ocasión, controlará el curso de sus pensamientos, evitando que puedas entrar en su mente." Le dijo el anciano que sentado frente a ella en posición de loto, la guiaba en su entrenamiento diario.

Bliss, sentada en un tatami frente a él, trató de hacer lo que le pedía. Su mente divagó un tanto antes de lograr el nivel de concentración que el ejercicio requería. Pensó en los años de estudio que llevaba y que le permitían leer el pensamiento de cualquiera persona que enfrentaba. Con este ejercicio que le proponía hoy su maestro, se buscaba confirmar que sus poderes se acrecentaban cada día. El edificio municipal quedaba a 100 kilómetros de distancia.

Bliss a los pocos segundos, comenzó a visualizar una serie de imágenes y se dio cuenta que había entrado en la mente del maestro Blagorr y leyó el curso de sus pensamientos. Tomando un lápiz, sin abrir los ojos, escribió algunas notas. Su maestro se levantó se arrodilló al lado de ella y tomando las notas pasó su mano acariciando suavemente la frente de Bliss.

"Puedes cesar el ejercicio, Bliss. Ya es hora de tu clase de sicología."

La muchacha apoyando sus manos en sus rodillas, en un fluido movimiento se levantó flexionando los dedos de sus pies, alisó los pliegues de su vestimenta e inclinándose frente al maestro, se dirigió hacia la salida del salón.

****

"¿Qué te pareció lo que manifestó la profesora de los hermafroditas? Preguntó Bliss mientras sus manos recorrían el rostro de su amiga Gratell que se había quedado esa noche a dormir con ella. Ambas habían estado trabajando en sus tesis que debían preparar para su graduación de éste, su último año en la universidad. Se habían acostado cansadas del largo trabajo realizado durante casi cuatro horas.

"Que me pareció fantástico que existiera la posibilidad de tener sexo así. Me imagino que dos hermafroditas podrán jugar a las cambiaditas" . Dijo Gratell mirando el sonriente rostro de Bliss. Pronto se dio cuenta que en ese momento sentía la misma tensión sexual que veía en su mirada. Deslizó una mano por los homóplatos de Bliss y acarició su espalda, bajando por la curva de su cintura hasta introducir sus dedos en la hendidura que formaban sus nalgas. Recorrió hacia abajo su mano hasta encontrar el pequeño orificio de su ano y bajó más. Sus dedos se mojaron cuando los introdujo entre los labios de su vulva.

Bliss se estremeció de deseo cuando sintió los dedos de Gratell acariciando los bordes de su vulva y abriendo su boca, se apoderó de los labios de ella y comenzó a buscar con su lengua. Pronto su boca remedaba los movimientos que los dedos de Gratell realizaban en la humedad de la hendidura de su vulva, haciendo más insistente la penetración de su lengua, trazando el contorno de sus labios, lamiendo y besándola sin cesar, mostrando cada vez más ansias, a medida de que su amiga buscaba una penetración más profunda con sus dedos.

Bliss comenzó a bajar su cabeza entre los duros pechos de Gratell hasta que logró llegar con su boca al sexo de ella. Gratell tiró de su cintura para subirla hacia ella y pronto tomaron la posición 69 y dieron así mayor libertad a sus bocas ansiosas.

"Hum... hum... hum..." se escuchaba a Bliss mientras lamía. Sus gemidos y sus susurros sonaban vibrantes de placer, pero apagados por tener su boca hundida entre los labios de la vulva de Gratell menos vocal en sus expresiones que su amiga, que también deslizaba sus dedos y su lengua por la cavidad de Bliss, cada vez más húmeda por los líquidos que rezumaban de su interior y por la abundante saliva de su boca.

Era la primera vez que ambas tenían sexo oral entre ambas y aunque habían tenido experiencia con los pocos muchachos que había en la facultad en la que estudiaban, siempre habían manifestado su interés de incursionar en tener sexo entre ellas, práctica que se había hecho habitual entre las estudiantes, que no hacía más que reflejar lo que pasaba afuera. Ambas se confidenciarían después que la explicación hecha por la profesora de la existencia del hermafrodismo, había despertado en ambas el apetito sexual, largamente controlado en ellas.

"¡Ooooohhh, aaaaahhh, aaaahhhh!" Gimieron casi al unísono cuando finalmente con sus cuerpos estremecidos lograron el mutuo orgasmo. Se giraron y se abrazaron. Se quedaron así hasta que el sueño se apoderó de sus cuerpos rendidos, pero satisfechos.

****

A la mañana siguiente mientras desayunaban Gratell le dijo:

"¿Sabes que un académico que llegó a Tranctor dará una serie de conferencias sobre la historia del Imperio?"

"Había escuchado que sólo venía a realizar ciertas investigaciones. ¿Y cuándo comienzan?" Preguntó Bliss.

"Precisamente hoy, dentro de una hora más. Creí que en tu facultad te lo habían comunicado. Por otra parte hacía años que no recibíamos una visita de algún catedrático proveniente de Trancton, generalmente los que vienen son comerciantes". Dijo, mientras olía complacida las volutas de vapor que emanaban de su taza.

Bliss giró su muñeca, en la que apareció un recuadro iluminado en su piel, en el que se destacaban unos números y letras. Frunció el ceño y le dijo: "Creo que me saltaré la clase de sicología social. Te acompañaré para conocerlo".

Poco después, las dos muchachas se levantaron y tomaron el taxi-robot que las había venido a buscar para ir al campus universitario. Tan pronto llegaron se dirigieron hacia la sala de conferencias y pudieron observar una gran cantidad de jóvenes que también seguían la misma ruta.

La enorme sala ya estaba colmada por lo que tuvieron que acomodarse muy arriba. En ese momento hizo su entrada la rectora de la facultad de historia y antropología, seguida de un hombre más bien bajo, de complexión robusta, que parecía tener unos 50 años, pero de facciones muy agradables que sonrió un tanto cohibido cuando ella describió su curriculum. Las presentes, conformadas mayoritariamente de mujeres, rieron cuando el comenzó su conferencia diciendo:

"No crean todo lo que escucharon de mí, ya que obtuve todos esos títulos adulando a mis profesoras. Lo que sí deberán creer, es lo que la historia es capaz de enseñarnos. Pasarán cientos de miles de años más y continuaremos repitiendo los mismos errores de nuestros antepasados. Y sobre eso hablaremos esta mañana, si ustedes me lo permiten."

La conferencia siguió, siempre matizada con aspectos anecdóticos que Pelorat incluyó a lo largo de su conferencia, tendiendo siempre a quitarle la seriedad a algunos temas, y que mantuvieron la atención de todos los presentes, especialmente de Bliss, que observaba atenta a ese hombre. Su timbre profundo de voz, tan distinta a la de los gaianos más bien atiplada, la sintió en su vientre mientras hablaba, produciéndole un cosquilleo sexual que le trajo a su mente el recuerdo de su encuentro con Gratell la noche anterior. Sintió humedecerse sin que pudiera evitarlo. Cuando terminó la conferencia, tuvo que esperar largo rato para acercarse a él, ya que había un gran número de mujeres que lo rodeaban, aparentemente atraídas por su simpatía, para hacerle preguntas.

Cuando finalmente estuvo cerca, Pelorat miró a esa muchacha de piel más bien morena y de una belleza impresionante que lo miraba con rostro interrogante como el resto de las muchachas. De inmediato se sintió halagado que deseara conversar con él y acepto de inmediato cuando ella lo invitó a que conociera los jardines que rodeaban el edificio, sede de la conferencia, no haciendo caso de las miradas de envidia que le dirigieron sus compañeras.

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