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El Profesor de Tenis Cap. 02

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El Profesor de tenis Cap.2

Entrenándose para un épico torneo

*****

Ese día lunes, en el tramo final del viaje hacia la ciudad de Valdivia que le tocó conducir, Julián, pudo mirar la cordillera a su izquierda, que lucía en todo su esplendor, especialmente el imponente volcán nevado que se veía a la distancia. No pudo dejar de rememorar aquellos tiempos en que venía a esquiar con otro amigo a esta zona del país, y había conocido esa muchacha alemana, con la que tuvo un pequeño romance que pareció tener futuro, pero que terminó siendo un fracaso total. Claro, entonces era demasiado joven y no tenía demasiada experiencia con las mujeres. Después, había conocido a muchas. Pero, ¿Cuántas son suficientes para realmente conocerlas? No estaba seguro de la respuesta.

Se sentía como ese personaje de una novela de Chejov que en un momento decía: "Siete mujeres abandoné y siete me dejaron a mí".

"Creo que tendré que mejorar el saque, ¿no es verdad?" Le preguntó su amigo Pepe, sacándolo de sus cavilaciones.

"Sí. Definitivamente. Creo que necesitas tirar la bola más alta, a la manera de los checos".

"Humm, tienes razón. Mira, aquí está el desvío hacia el estadio, ¿o prefieres que vayamos a la hostería primero?

"No, creo que deberíamos ir a ver lo de nuestra inscripción y ver si podemos conseguir cancha para entrenar en la tarde"

"Entonces dobla a la derecha"

Julián se desvió y condujo por un sendero cubierto de álamos enormes a ambos costados del camino, hasta enfrentar el letrero que decía Estadio Municipal de Valdivia. Estacionaron e se dirigieron al edificio principal. Un empleado les señaló la zona en que funcionaban las oficinas encargadas de la administración del torneo. Allí fueron atendidos por una muchacha bastante joven. "Hola, mi nombre es Alicia Holm soy la encargada de la coordinación del torneo. ¿En qué los puedo ayudar?"

"Hola, Alicia. Mi amigo y yo participaremos en el torneo. ¿Podría confirmar nuestra llegada?" dijo Julián pasándole unos tickets, mientras sus ojos en un segundo recorrían rápidamente la figura de la muchacha. Se veía claramente su ascendencia alemana: alta, de cabello rubio casi dorado, ojos verdes, y un rostro de líneas suaves, representaba un poco más de 22 años. La blusa color crema sin mangas, hacían destacar sus hermosos brazos y su busto generoso para ser tan joven. El inventario era perfecto, pensó.

La muchacha tomó ambos tickets de inscripción y tecleo sus números en la computadora y se las devolvió con una sonrisa. "Listo. El señor Ortiz tiene su primer partido clasificatorio mañana martes a las 12 AM, en cuanto a usted Julián, veo que ya está clasificado, parte el domingo a la misma hora. Ustedes son los últimos en inscribirse. Las canchas para el entrenamiento están disponibles a partir de las 14 horas. Que tengan suerte" y estrechó las manos de ambos.

Cuando ella se despidió de Julián, retuvo su mano bastante más de lo conveniente. Lo siguió con la mirada admirando su figura y su andar imponente. Moreno, bastante más alto que su amigo, se veía que era un verdadero atleta. Sin duda tendría que verlo jugar. Había varios en su lista de seleccionados. Se sentía como el gato mirando a la carnicería. O la gata. Se sonrió pensando en cómo le iría en su caza en la noche de la cena de inauguración del torneo.

Antes de salir, Julián miró el cuadro en que aparecía su nombre y vio que ese domingo le tocaría jugar nada menos que con el cabeza de serie número dos. 'Mierda, no se me dará fácil', pensó mientras miraba hacia donde estaba Alicia. La pilló observándolo.

Después regresaron hacia la entrada a la ciudad, para dirigirse a la hostería, en la que Paola se había encargado de hacerlas reservas. La construcción de la hostería parecía una postal sacada de un paisaje rural de Alemania y más aún, teniendo como fondo la cordillera nevada. No cabía duda de que sus dueños habían cuidado mantener ese diseño que les recordaba su ciudad natal.

Estacionaron en la casona principal y allí fueron atendidos por una hermosa mujer madura, obviamente la dueña, quien los atendió con mucha amabilidad. Julián no pudo dejar de admirar los enormes ojos azules de la mujer. Estaban en el proceso de registrarse, cuando hizo su aparición una adolescente que era el vivo retrato de la mujer, rubia, de su misma contextura física, esto es, más bien gruesa pero mucho más alta. La mujer mayor la presentó como su hija Inga. La muchacha les sonrió y los guió hacia una cabaña adyacente al edificio principal, haciéndoles entrega de sendas llaves. Pedro se quedó mirando impresionado el enorme trasero de la muchacha que lucía unos apretados jeans cuando se alejó. Desempacaron y como aún era temprano para la hora de almuerzo, decidieron ir al centro de la ciudad para conocerla y después buscar un buen restaurante.

Cuando se dirigieron al automóvil, no se dieron cuenta que eran motivo de comentarios por parte de Inga y de otra adolescente rubia que los miraban marcharse de la hostería.

****

La muchacha contestó la llamada del celular, mientras observaba a la gente que pasaba frente a la tienda de artesanía en la que trabajaba, que aún no había abierto ya que eran menos de las 10 de la mañana.

"Ali, ¿qué hay de nuevo?" le dijo mientras se sentaba para charlar con su amiga.

"Hola Vero. ¿Cómo estuvo tu fin de semana con tu noviecito, del uno al diez?"

"Un tres"

"Puchas, amiga. Sigues sacrificando felicidad por seguridad. ¿Cuánto llevas con él, un año?"

"Y meses. Y el sábado cuando hicimos el amor, otra vez me dejó colgada. No sé qué hacer para que se dé cuenta" le comentó amargada a su amiga.

"Creo que deberías decírselo directamente, sin evasivas. Y si no, mándalo a la cresta., amiga. " Le contestó.

"Si, lo sé. Pero, tú sabes lo tierno que es.

"Sí, y lo fome que es también. Te apuesto que no sale de la posición misionera" Después de unos minutos más de charla, ambas amigas se despidieron.

***

Pedro y Julián pasearon por la pequeña ciudad. Se veía increíblemente ordenada y limpia. La gente se veía amable y sonriente, no como la gente de la capital, que se las ve caminando apurada como si no hubiera un mañana. Aquí al contrario, se la veía relajada.

Julián vio una tienda de artesanía y le dijo a su amigo: "Acompáñame Pepe, déjame ver si encuentro un cinturón de cuero, que me hace falta"

Entraron a la tienda abigarrada de piezas artesanales y ambos comenzaron a recorrer las vitrinas mirando todo con curiosidad de turista. Julián se había alejado un poco de Pedro para mirar una vitrina con motivos de la zona de la Araucanía, cuando al levantar la vista, se quedó perplejo. Frente a él estaba parada una muchacha alta, de tez blanca, de largo y sedoso pelo negro que le llegaba hasta los hombros, con unos enormes ojos castaño oscuro, que le sonreía como si fueran viejos amigos. Calculó que no tendría más de 24 años, de complexión más bien gruesa, pero muy proporcionada debido a su altura. Usaba una blusa blanca tipo campesina, con una huincha elástica bordada ceñida por todo el contorno, que dejaba sus hombros al descubierto haciendo que se destacara su busto generoso, sobre el cual Julián pegó su mirada. Se imaginó por un segundo bajando ese elástico y metiendo su cara entre sus pechos blancos.

"¿Qué te puedo ofrecer?", le preguntó la muchacha, sin dejar de sonreírle.

Por una fracción de segundo pensó 'dejar que te chupe esos pechos', pero rápidamente elevó sus ojos desde esos enormes pechos donde se habían quedado pegados, para decirle "Busco un cinturón de cuero".

La muchacha le hizo un gesto levantando su mano para que la siguiera hacia una zona al fondo de la tienda. En ese instante Julián la pudo ver de espalda mientras caminaba sinuosa hacia un colgador en donde había un sinnúmero de modelos de cinturones de cuero. La delgada tela de su falda, parecía ser succionada por su trasero espectacular de tal manera, que pudo ver claramente la línea que dividía sus nalgas, las que se movían de arriba abajo al caminar. El espectáculo era tremendamente excitante y Julián no pudo despegar su mirada.

A Julián, siempre le habían excitado los traseros, pero sólo si iban acompañados de muslos gruesos y pantorrillas torneadas. Esos traseros con piernas delgadas, lo dejaban frío. La estrecha cintura de la muchacha, hacía que se destacaran más sus caderas amplias y su enorme trasero. Y ese movimiento de sube y baja de sus nalgas... Era una vista increíble y sintió un calor que inundaba su ingle despertando de inmediato a su dormido compañero, que comenzó a levantar carpa dentro de su delgado pantalón de verano.

Cuando Julián llegó a su lado, a duras penas acomodando su erección, ella se giró con un cinturón en su mano y le dijo: "Veamos cómo te queda este" y sin más, pasó su mano alrededor de su cintura para tomar el extremo y se lo abrochó. "Huumm, creo que no me equivoqué con la medida" y se lo quedó mirando con una sonrisa coqueta. Se había dado cuenta en un segundo, cuando pasaba sus manos por detrás de la cintura de Julián y flexionaba un poco las rodillas al hacerlo, del impresionante bulto que se marcaba un costado de la pierna de su pantalón.

Cuando la acompañó a la caja para emitir la boleta de venta, ella le preguntó: "¿Vienes a la semana valdiviana?"

"No, vengo a un torneo de tenis. No sabía que se celebraba esta semana"

"Si, y comienza esta noche. ¿Te gustaría ver los fuegos artificiales de esta noche?"

"Me encantaría. ¿Y podrías ser mi guía turística, ya que no conozco la ciudad?"

"Claro. Yo salgo a las 7 de la tarde y podrías pasar a buscarme con tu amigo y después les hago un tour por mi ciudad." Contestó muy animada. "Por cierto, me llamo Verónica, Vero para mis amigos"

"Encantado Vero, mi nombre es Julián", le dijo tomando la mano que le extendió la muchacha. Él tiró de ella acercando su rostro hacia él y poder besar su mejilla. Ella, ante ese gesto, sintió que sus piernas se derretían. Julián retuvo su mano por algunos segundos en la suya. Julián la sintió muy cálida y un tanto húmeda.

En ese momento vio a Pedro que los miraba divertido. "Pedro, déjame que te presente a Verónica. Ella se ha ofrecido a ser nuestra guía turística, prometiendo llevarnos a ver los fuegos artificiales de esta noche.

Pedro se acercó y saludo a la muchacha. "Qué excelente encontrar una guía cómo tú. Habría sido una lata caminar con este tipo todo el tiempo para ver la ciudad," le dijo sonriendo, observando con detención a la hermosa muchacha.

Verónica le entregó un paquete con el cinturón, que a Julián no le había gustado para nada; pero realmente poco le importaba, gracias a esa compra, había conocido a esta estupenda muchacha. Los tres se despidieron, quedando de venir a buscarla como habían acordado.

Verónica había quedado fascinada de conocer a Julián. Sus hormonas se habían puesto en alerta máxima, haciéndola recordar de inmediato su frustrante fin de semana. Desde el momento en que entró con Pedro a la tienda, le llamó la atención su altura y el impresionante físico, que sin ser abultado, se veía musculoso. Con su pelo negro, ondulado y su tierna sonrisa, sintió que se derretía. Por un momento, se sintió un tanto atrevida cuando se ofreció a probarle el cinturón. Pero cuando al hacerlo, miró bajo la línea de la cintura y se encontró con la gruesa protuberancia que presionaba la pierna del pantalón, en ese mismo instante sintió que se le humedecían sus bragas, imaginando cómo sería palparlo para ver cuán duro estaba. Ahora se daba cuenta lo mal que había quedado con Germán, su novio, para estar reaccionando así frente al primer hombre que se le ponía al frente. ¡Pero, qué hombre! Esa excitación se mantuvo mientras conversaba con él. Se sentía como una adolescente virgen, aun cuando no lo era; sobretodo torpe, al no darle importancia cuando él le dijo que venía a un torneo de tenis. Debería preguntarle de ello más tarde. Ya habría tiempo. Sólo que la presencia del amigo le preocupaba. Había prometido salir con los dos. ¿Debería llamar a su amiga Alicia? Todo eso pasaba por su mente, mientras los miraba salir de la tienda.

Tan pronto lo hicieron, Verónica tomó su celular y llamó.

"Ali, ¡acabo de conocer a un tipo increíble y vamos a cenar juntos esta noche!" le dijo Verónica, sin siquiera saludarla.

"Hola, amiga. Pero de qué me estás hablando, ¿y qué pasa con Germán?"

"Si, lo sé; pero, él no llega hasta el sábado... ¡Mierda!" Exclamo Verónica, de pronto recordando algo.

"¿Qué pasa, ahora?" Le pregunta su amiga Alicia.

"Es que pensaba ir a verlo jugar el fin de semana" Contestó Verónica.

"Ya veo, tu intento de engañarlo, se va a las pailas. Pero sigue contándome", le dijo riendo su amiga.

"Verás, cuando entró a la tienda me pareció que había conocido al príncipe azul"

"¿Príncipe azul?", le interrumpió Alicia, "Parece que Germán te dejó muy necesitada, amiga" dijo riendo.

"Déjame terminar. Él entró a la tienda, iba acompañado de su amigo, un tipo rubio muy parecido a Germán, y me lo quedé contemplando como si fuera el arcángel Gabriel." Continuó Verónica.

"Vamos, ridícula ahora te pusiste religiosa, ¿tan estupendo es?"

"¡Sí. Es un morenazo increíble!" Y procedió a contarle cómo le había colocado el cinturón y se había percatado de su erección. Su amiga no cesaba de reírse cuando le contó eso.

"¡Ah, ahí va tu verdadero interés, quieres tocarle el pico y me quieres hacer creer que todo el asunto es de lo más romántico!" le dijo Alicia riéndose a carcajadas.

"No tonta, es... bueno, eso también. Tu sabes que Germán es tan compuesto, y...Diablos, me confundes, Alicia"

"Si, amiga, estás confundida. Yo te diría que te lo tires de una y... ¿Sabes cuánto tiempo va a estar en Valdivia?"

"La verdad que no lo sé, probablemente esta noche se lo pregunte.

"Bueno, en todo caso, si es tan espectacular, trata de tener esta noche misma tu luna de miel con él. Bien por ti", le dijo Alicia, que no cesaba de reír.

"¿Tú crees que estaría bien, así, de una?" pregunto Verónica.

"Mira, con hombres así, como tú me lo describes, tiene que ser de una, y si acaban de llegar a la ciudad, es que son vendedores o algo así, por lo que tiene que ser de una. Recuerda comprar condones, una caja de 12 " Le contesto Alicia riéndose a carcajadas.

"Ya, deja de reírte. Estoy segura que si te lo presento se te mojan los calzones."

"Bueno sería, Te puedo sustituir cuando German esté aquí. ¿Qué te parece?" le contestó Alicia.

"Ni en tus sueños. Consíguete algo por ti misma"

"Bueno amiga, fue un gusto. Llámame mañana, quiero detalles, sobre todo de cómo termina el recorrido del tour que les prometiste. Pero que sea de uno en uno. No se te ocurra hacer un trío" le dijo Alicia, muerta de la risa y cortó.

Verónica se quedó recordando cada detalle de esa mañana, hasta que alguien ingresó a la tienda.

Mientras tanto, Alicia se había quedado pensando en lo que le había dicho su amiga. De inmediato se dio cuenta que no podía ser tanta coincidencia. Tenían que ser los tenistas que había conocido esa mañana temprano. '¡Mierda, pero si es el mismo y efectivamente es un morenazo!' pensó. Y claro que estaba de acuerdo con la descripción... Su amiga... ese fin de semana estaría con su novio... Y ella estaría encargada de parte de la cena del sábado... Además es probable que hasta lo vea durante las tardes cuando venga a entrenar... Humm.

****

"¡Hey! Veo que trabajaste rápido" le dijo Pedro mirando lleno de risa a Julián, cuando se alejaron de la tienda.

"Y bueno, se hace lo que se puede. Esta sureña está de mascar"

"Si me di cuenta"

"Ahora, por su supuesto usted, como buen amigo que es, y porque su competencia comienza mañana, se irá como un niño bueno a acostarse temprano".

"¡Desgraciado! No sé si esta noche podré dormirme pronto, sabiendo que vas a juntarte con esa chica tan estupenda. Por ahora vamos a almorzar, antes de que me arrepienta y te eche a perder tu cita."

"¿Harías eso, jetón? Porque soy capaz de acusarte a Paola, si lo haces"

Después de almorzar, regresaron a la posada a reposar una media hora y después tomaron sus bolsos de tenis y se fueron al estadio municipal. Cuando ingresaron Julián se dio cuenta que la muchacha rubia no estaba. Solicitaron cancha y estuvieron practicando intensamente durante dos horas. Hasta que calcularon que era tiempo de ir a buscar a Verónica a la tienda de artesanía. La encontraron justo en el momento en que ella ponía llave al recinto.

Esa tarde pasearon por diferentes lugares que les mostró la muchacha, generándose una grata camaradería entre los tres. Allí Verónica se enteró un poco más respecto del torneo local de tenis en que ambos participaban; y supo además que estarían al menos durante las próximas dos semanas. Iba a decirles que trataría de verlos jugar el fin de semana y se recordó que ese sábado llegaba Germán, como de costumbre, y prefirió callar. En ese momento se dio cuenta de cuán lejos de su mente estaba su prometido. Pronto oscureció y se fueron a cenar. Terminada la cena, Julián le dijo a Verónica que irían a dejar a Pedro a la hostería, explicándole que éste debía levantarse temprano debido a que iniciaba su participación a la mañana siguiente.

"¿Y tú no, Julián?", preguntó preocupada Verónica colocando su mano sobre la de él. Se sintió como una colegiala ansiosa y rápidamente la retiró.

"No. Este fresco comienza el domingo. Yo soy el niño bueno que debe acostarse temprano" Se anticipó Pedro riendo.

Verónica suspiró aliviada. Las cosas no podían darse mejor pensó, mientras se alejaban de la hostería después de dejar a Pedro. Verónica guió a Julián hacia el lugar en que comenzarían los fuegos artificiales con que se daría inicio a la semana valdiviana.

Eran un poco pasadas las 10 y los fuegos no comenzarían antes de las 11:30 de la noche, por lo que Verónica le propuso a Julián un lugar para que estacionara el automóvil y para caminar desde allí hacia el muelle, lugar en que tradicionalmente se reunía la gente para observar los fuegos artificiales que eran encendidos en barcazas alineadas a lo largo de la desembocadura del río. Ella le tomó la mano y lo condujo hasta las barandas del muelle. Allí se instalaron esperando que comenzara el espectáculo. Él se quedó detrás mientras ella le daba los detalles de toda la ceremonia. La gente ya había comenzado a llegar. De pronto ella se abrazó a sí misma dando señales de tener frío. Llevaba una chaquetilla corta sobre la delgada vestimenta con la que él la había visto esa tarde y empezaba a correr una fría y húmeda briza, dada la cercanía del río.

"Vero, déjame que te abrace, o te morirás de frío" dijo Julián rodeando su cintura.

Verónica se estremeció, pero esta vez no de frío, sino al notar los fuertes brazos que la rodearon, al mismo tiempo que los costados de sus pechos se apoyaban en sus antebrazos. Ese calor que había experimentado en la tienda cuando se dio cuenta de la erección de Julián, comenzaba a inundar nuevamente sus caderas, bajaba por su vientre y se centraba en su entrepierna. Su cuerpo de hembra había comenzado a reaccionar de forma inconsciente ante la presencia del macho, de ese macho. Y ahora su espalda parecía convertirse en una gran mano que hurgaba en el cuerpo de Julián. Sentía su torso contra su espalda y la fortaleza de sus brazos que la sostenían y ahora sus nalgas lentamente habían comenzado a apreciar que algo se posaba entre ellas y sin pensarlo las apretó para acoger su evidente erección. En ese instante el muelle se había comenzado a llenar de gente y a rodearlos muy cercanamente, porque habían comenzado a estallar los primeros fuegos de artificio.

De pronto la oscuridad que los rodeaba se llenó de luces y de gritos de la gente que vitoreaba cada estallido de luz. Pero ellos, ahora estaban solos, por lo menos así lo entendían ambos. Lo único que tenía importancia esa noche, era la cercanía de sus cuerpos. Lo único que tenía significado, eran sus caricias, suaves al principio, pero que de pronto cobraron fuerza en el momento en que Verónica giró su cabeza, rodeó su cuello con su brazo y le ofreció sus labios. Su boca se abrió para él, dejando la punta de su lengua al borde de sus labios, para que él la tomara con su boca. Él la besó tentativamente primero, pero pronto su boca se apoderó de la de ella, después de su lengua, mordisqueó sus labios, mientras sentía que ella presionaba sus nalgas más y más contra él, ondulando sus caderas, tentando su erección. Se habían olvidado que había gente rodeándolos estrechamente. Los fuegos de artificio que continuaban brillando a lo alto, iluminando con destellos como flashes, permitiendo que ambos se miraran a intervalos a los ojos. Ella quería girarse de frente hacia él, pero su excitación no se lo permitía. La dureza de su erección pegada a su delgado vestido de verano, era algo que no quería dejar de sentir. Si hubiera sido por ella, en ese instante le habría permitido que bajara sus bragas y la penetrara en esa posición que tanto le agradaba y que a Germán... ¡Mierda, pero qué estoy pensando! Le dolía un poco el cuello por la forzada posición, pero lo siguió besando hambrienta, respirando pesadamente contra su rostro, mientras sentía sus manos subiendo por su vientre hasta apoderarse de sus firmes pechos y apretando sus dedos sobre la tela para tomar sus pezones erguidos de excitación. Gimió contra su boca y lo besó de nuevo, metiendo su lengua repetidamente en la boca de él, señalando con ese gesto, que a partir de ese momento le estaba permitiendo todo.

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