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La Pianista Cap. 05

bylurrea©

Cap. 5

Tentando el futuro incierto

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1

El miércoles, temprano en la mañana, mientras tomaban desayuno, Yuca le dijo a Carol:

"Quiero que investigues el currículum de Pablo".

"¿Y porque razón" Dijo Carol, mirándola intrigada.

Echándose hacia atrás en el sillón, Yuca simplemente le contestó: "Por favor, sólo hazlo"

"Bien. Hablaré con mi amigo de la embajada para ver cuáles son la mejores fuentes de información."

"Bien, ahora anda a vestirte, ya que Iván es muy puntual".

A las 8:30, como había sido lo habitual, Yuca escuchó el timbre del comunicador de la recepción del hotel, que le anunciaba la llegada de Iván, informándole que esperaría para llevarlas al Auditorio del Municipal.

A los pocos minutos, ambas mujeres ingresaron al Mercedes, que partió raudo su viaje.

Yuca, reclinada en el asiento, mientras Carol revisaba en su Tablet los correos del día, pensaba en los últimos acontecimientos. Y estaba inquieta, por el curso demasiado acelerado que parecían haber tomado todas las cosas. Hasta antes de su llegada a este país, su vida transcurría al ritmo que ella decidía imponerle. Porque ella tenía sus objetivos claros; y porque sólo la movía una pasión: el piano. Todo lo demás, era accesorio. Los hombres hasta ahora, los había considerado así, algo de los que incluso podía prescindir. De hecho, hubo ocasiones en que pasaron varios meses, durante las giras, que no le pedía a Carol que le buscara un scort.

¿Sería posible que la vida que había construido de esa manera, pudiera cambiar? Ella irradiaba su arte, como un sol, iluminando todo. Era el epicentro. Lo había sido desde que tenía dos años y siendo hija única, constituyó el centro de todo para sus padres. Y con ese pensamiento, había continuado sus estudios en el extranjero, y su carrera se había ido construyendo y, gracias a su virtuosismo, hasta convertirse en su única realidad y objetivo.

Sin embargo, esa realidad había recibido su primer remezón. La interacción entre ella, Carol y Pablo, en estos últimos días, lo había trastocado todo. Y ese vuelco, aún no lo lograba digerir. En este momento, muchas ideas rondaban por su cabeza. Pero, como buena profesional que era, las dejó que reposaran en segundo plano. En ese instante, aunque habían llegado generando todo un caos existencial, debía concentrar su mente en el ensayo que tenía por delante esa mañana.

La orquesta la esperaba y se puso de pie para aplaudirla tan pronto ingreso al recinto. Yuca agradeció con una venia y una sonrisa, mientras recorría el largo pasillo del enorme recinto, incluyendo a las personas que estaban invitadas para ver su ensayo, hasta que subió al escenario y se juntó con el director, a quien besó en la mejilla. Después fue saludando de mano, a cada uno de los integrantes de la orquesta. Ese era un gesto muy natural en ella y que los músicos agradecieron efusivamente.

Esta vez se ensayaría el concierto N° 3, en un arreglo para piano de Brahms, que sería la segunda pieza del concierto del día sábado. Para esta pieza exclusiva para piano, se suponía que no debía venir la orquesta sinfónica al ensayo, sin embargo, la sala estaba llena de músicos. Cuando terminó, los músicos se pusieron de pie para aplaudirla. El ensayo dejado satisfecho al director y así se lo hizo saber a Yuca, acercándose al piano:

"Estuviste increíble. Espero que tengamos el mismo éxito este sábado" Le dijo oprimiéndole ambas manos y dándole un beso en la mejilla.

Yuca estuvo a punto de decirle '¿Y por qué no podría ser?', pero, su mente nuevamente se pobló de los temas que le preocupaban. Se dio cuenta de lo importante que eran para su estado de ánimo general y sabía que, si no los controlaba a su debido tiempo, podrían convertirse en un factor de distracción, y que pudiera llegar a afectar su actuación, de un modo u otro.

A continuación el director le consultó, cuando ya había cerrado el piano: "¿Ha pensado en una pieza adicional, cuando le pidan un bis?

"Sí. Tengo la intención de tocar el concierto en Fa de Gershwin"

"Ah. Me parece una excelente opción. Nos vemos mañana"

Como había ocurrido en los dos días anteriores, Pablo estaba con Carol entre el público, y cuando terminó el ensayo, se acercaron de inmediato a saludar a Yuca. Ambos la abrazaron, y al momento de hacerlo, Yuca les susurró al oído:

"Necesito urgente una ducha, antes de que salgamos a almorzar".

Pablo, que sintió la humedad de su rostro y los aromas de transpiración, mezclados al perfume tan característico que ella usaba, que emanaban de su cuerpo, le respondió: "Hueles sensual".

Y Yuca, coqueta le dijo: "¿Me ayudarás con la ducha?"

"¿Y el almuerzo, qué?" Preguntó con una sonrisa, Pablo.

Carol, consciente del ambiente de sensualidad que se estaba generando entre ellos, terció en ese momento: "¿Qué tal si almorzamos en el departamento?"

Yuca, tomando la mano de Carol, dijo: "¡Tú siempre tan eficiente, vamos!" y la condujo por el pasillo, hacia la salida donde sabía que Iván los esperaba. Efectivamente, parado al lado del Mercedes estacionado, mantenía la puerta abierta para ellos. Una vez que puso en marcha el automóvil, Iván hizo lo que ya se había acostumbrado hacer: cerró la ventanilla que daba hacia los pasajeros, corriendo la cortinilla para darles total privacidad.

Tan pronto el automóvil inició su marcha, ambas muchachas se acomodaron en el pecho de Pablo, quien las abrazó. Pronto las manos de ambas, se movieron diestras: desabrocharon, desabotonaron, bajaron cierre, extrajeron, mientras él movía su cara de un lado a otro, besando, succionando lenguas, sintiendo las manos de ambas acariciando su torso, casi descamisado. De pronto, Pablo vio cómo sus piernas se cubrían de un manto dorado de cabello: Carol había bajado. Mientras, Yuca tomando su rostro entre sus manos lo besaba y auscultaba las expresiones de su rostro, siguiendo cada temblor, cada rictus de su boca, cada exhalación de su aliento, mientras Carol lo mamaba. Eran esos momentos en que Yuca, como queriendo absorber con su boca, el placer que estaba experimentando Pablo, lo besaba y hurgaba entre sus labios, buscando su lengua para succionarla a su vez. Y volvía a mirarlo, sonriendo cuando lo veía tomar aliento, y nuevamente se apoderaba de su boca: quería sentir con su boca, las exhalaciones de placer de Pablo, mientras Carol succionaba su erección.

De pronto el automóvil detuvo su marcha, lo que obligó al trío a terminar con su juego sexual y acomodar sus ropas. Pablo fue el más complicado, ya que, apenas pudo acomodar su erección en su pantalón, ante las risas de Yuca y Carol.

"¡Alguien está complicado!" Dijo Yuca, cuando salió del automóvil.

Una vez en la suite de Yuca, ésta le dijo a Carol "¿Te encargas del picnic?"

"Por supuesto." Y ésta se dirigió al intercomunicador para llamar al servicio al cuarto.

Mientras, Yuca y Pablo se dirigieron hacia el dormitorio, en donde éste último procedió a desnudarla.

"¿Te gusta verme así, mientras tú estás vestido, no es verdad?" Le dijo ella, totalmente desnuda, rodeando con sus brazos, el cuello de Pablo.

Él, por toda respuesta, la besó, mientras sus manos recorrían las suaves curvas de su espalda, para finalmente apoyarlas en la firmeza de su amplio y duro trasero, haciendo un glissando con sus dedos, entremedio de sus nalgas. Ella le mordió el labio inferior y se desprendió de sus brazos y comenzó a desabotonar su camisa, para seguir con sus pantalones. Una vez que ambos estuvieron desnudos, se dirigieron a la ducha. Allí, Yuca se abrazó a él, mientras éste abría la ducha tibia.

Yuca miró a Pablo, para decirle: "¿Sabes qué está pasando entre todos nosotros?"

"Algo que no creí posible."

"¿Crees que nos amas a ambas, o es sólo sexo?"

"No. Hoy, escuchándote tocar, me di cuenta de cuánto te amo."

"Amas mi arte"

"No, te amo a ti, lo que significas en este momento para mí. No sabes cuántas veces he despertado en las noches, pensando que tocarás este sábado y te irás. La sola idea me enloquece."

"¿Tanto así?"

"Sí. Tanto así."

En ese momento ella rodeó su cuello, alzándose de puntillas al hacerlo, mientras el agua corría por sus caras.

"Dime. Qué significo para ti, en este momento. Sinceramente"

"Todo. Eso significas para mí. No me hago a la idea de que no puedas seguir junto a mí. No sé si tomar una actitud cínica, disfrutando de estos momentos, o deshacerme en el pesar que significa no tenerlas más."

"Bueno. No pensemos más por hoy. Y veamos qué podemos hacer al respecto" Le dijo ella, enigmática y muy dueña de sí. Era una faceta que Pablo desconocía de ella: la fortaleza de su carácter.

"Por de pronto, debo saludar a mi bebé" Dijo, agachándose y tomando su miembro que pendía lacio entre las piernas de Pablo. Esto, algo que desconocía él, nunca lo había hecho con ningún hombre. Y ahora ella se daba cuenta de porqué: se necesita amar al hombre que deseas complacer de esa manera; en tomar su centro y apoderarse de él, palpando su forma, acariciando cada recodo, conociendo cada vena, y probándolo con el centro de tu tacto, tu boca. Se sentía con gran tranquilidad por lo que iba a hacer. Se dejaría guiar por sus instintos.

"Veo que está abandonado" Agregó, mientras lo tomaba y lo pasaba por su mejilla, para después darle besitos en la punta. Pronto comenzó a hincharse en su mano y, mientras el agua tibia corría por sus hombros, Yuca comenzó a tomar su glande en su boca, para succionarlo plenamente, mientras lo sentía crecer y endurecerse más entre sus labios. Con ambas manos, acarició el tronco duro y elástico, mientras su boca recorría y engullía todo lo que podía absorber. Yuca sintió que tocaba casi el fondo de su garganta y su lengua se movió alrededor, tratando de abarcar los costados hasta que, finalmente, quedarse acariciando los bordes de su glande con la punta de su lengua, algo que hizo temblar a Pablo. Infinidad de veces Yuca, tomando por el centro su erección, succionó su cabeza, haciendo chasquear su boca, cada vez que la retiraba, tratando, cada vez que lo hacía, de tomar más de su verga con su boca. Después, lo tomaba de sus nalgas, cada vez que hundía su cara, y su boca se llenaba con su erección, que casi la sofocaba. Después de unos minutos, Yuca sintió las manos de él, que presionando sus hombros, la instaban a alzarse.

"Amor. Necesito sentirme dentro de ti. Ven". Le dijo Pablo.

Ella se alzó, tomándose de sus caderas, y sus tetas abrazaron su erección en su ascenso, y sus pezones rozaron su vientre y su pecho hasta que sintió los cálidos brazos de él, que la envolvieron. Allí se quedó, con su cara apoyada en su pecho, sintiendo que las manos de él, apretaban sus caderas y se apoderaban de sus nalgas. Lo siguiente que sintió, fue que sus fuertes brazos se tensaban y la alzaban tomando firmes los globos de su trasero. Yuca, de inmediato reaccionó, y alzando sus piernas, rodeó con ellas su cintura, y quedó así colgando del cuerpo de Pablo. Pronto sintió, todo el largo de su miembro endurecido, recorriendo la línea de su culo, de arriba abajo, para centrar la punta entre los labios entreabiertos de su vulva, como pidiendo entrada. Yuca se estremeció al sentirlo allí. Bajó su mano y sus delicados dedos rozaron esa cabeza que trataba de penetrar en ella. Esta vez, ella lo tomó firme del tronco, y lo guió entre los labios entreabiertos.

"¡Aaaaah!!! Ooooohhh!!!, Aaaaahhh!!!" fueron sus gemidos combinados, cuando Yuca sintió que la penetraba hasta el fondo, para golpear con su frente el pecho de Pablo, cuando lo sintió que la bajaba, empalándola hasta quedar sujeta en su ingle. Después, sólo se dejó ir, mientras él acunaba su cuerpo, sosteniéndola de sus nalgas, mientras la penetraba una y otro vez. En esa posición, se sentía masivamente penetrada, cuando él la movía de arriba abajo algo; nunca se había sentido así de penetrada y ni en sus mayores fantasías pensó que podía ser culeada de esa manera. Lo miraba fascinada, preguntándose mentalmente, 'cómo es posible que puedas hacerme así el amor', con la boca abierta, tomando aire cuando la alzaba, para exhalar su aliento de a pequeños chorros, cada vez que la bajaba y lo sentía entrando profundo en ella. De pronto su mente entró en otra realidad: pensó que él no podría durar mucho sosteniéndola en esa posición, ya que requería de mucha fuerza para mantener en vilo su cuerpo; sin embargo, lo único que pedía en ese momento era que no se detuviera.

La ducha se llenó del sonido del chapoteo de sus cuerpos, mientras la verga de Pablo la llenaba toda, cada vez que bajaba; las paredes de su vulva se abrían y se apretaban al mismo tiempo, estrujando su carne. El cuerpo de Yuca había comenzado a elevar su temperatura, no producto de la tibia agua que recorría sus cuerpos, sino producto del orgasmo que se estaba construyendo en ella. En ese momento, había tomado el rostro de Pablo, y mantenía su boca pegada a la suya, cuando lo sintió rugir, llenando su boca con ese sonido extraño, y al mismo tiempo sintió que su miembro se tensaba a lo largo de las paredes de su vulva, y pocos segundos después, comenzaba a lanzarle chorro tras chorro, inundándola de semen. Sus piernas, como electrificadas, vibraron alrededor de sus caderas, cuando ella sintió también llegar su propio orgasmo. Yuca, no podía creer la maravilla que constituía ese instante, en que sus cuerpos se encontraron en el ápice de su placer al mismo tiempo. Pablo apoyó la espalda de ella contra el muro cerámico, y dejó que Yuca bajara sus piernas, y siguió golpeando su pubis contra el de ella, la que continuó temblando de placer, sintiendo que su dura e hinchada erección, se deslizaba de abajo hacia arriba, soltando las últimas gotas de semen dentro de su vulva. Ella agradecida, estremecida, recorría con sus manos, sus hombros, su espalda, apretaba su trasero, empujándolo más hacia ella, no queriendo dejar ni un centímetro de su verga, afuera de su vulva.

Yuca supo que todo había terminado por ahora, cuando sintió que sus rodillas ya no la sostenían y el miembro de él, ya lacio, había salido de ella, empujado por los músculos de sus vagina.

"My pussy is ungreatful. ¡But not me!" Le dijo Yuca, besándolo dulcemente primero, y ansiosamente después.

Terminaron de ducharse y cuando entraron desnudos al dormitorio, Carol estaba tendida en la cama.

"Si se van a quedar así, tendré que desnudarme también" Dijo sonriendo, llevando su mano al bretel de su vestido. Yuca se acercó y colocando una rodilla en la cama, la abrazó, mientras le susurraba al oído: "Gracias, Carol". Después, quedando de rodillas frente a ella, le dijo: "Te pasaré los calzones rosados que uso para dormir. ¿Te parece? Ya que esta es la tenida oficial para este momento. ¿No te parece, Pablo?" Éste, que terminaba de secarse, contestó: "Creo que sí, sin embargo, tendré que vestirme después, ya que tengo varios asuntos que atender en la oficina. Hoy llevan las pruebas de afiches del concierto y necesito verlos". En ese momento Carol se levantó de la cama, se paró junto a él, colgándose de su cuello, diciendo melosa: "Pero, eso podría hacerlo tu asistente. Esta tarde, quiero que te quedes con nosotras". Pablo, tirando hacia un lado la toalla, desnudo, la abrazó. "Tienes razón". Y Ella, tomando su rostro, lo besó ansiosamente, sintiendo que el deseo por él, se incrementaba a pasos agigantados. Yuca, los miraba desde la cómoda, sosteniendo unos pequeños calzoncitos rosados.

"Querida Carol, el postre te lo comes después. Aquí están tus calzones"

Carol, desprendiéndose de los brazos de Pablo, se acercó quitándoselos con un dedo. "Tienes razón. Pero, ah! Lo haré después, ya que debo recibir lo que encargué para nuestro picnic." Y se dirigió hacia el living, haciéndolo a tiempo, ya que sintió el timbre de la puerta. Abrió, y dos camareros entraron con sendas mesas rodantes, con viandas tapadas, y una cubeta con hielo, donde podía verse reposando una botella de champagne. Después que dejaron todo en el centro del living, entre los dos enormes sofás, Carol los acompañó a la puerta, les dio una generosa propina, para después cerrar la puerta, y después corrió hacia el dormitorio, en donde esperaban Yuca, vestida sólo con unos calzoncitos y Pablo en sus boxers.

Por unos segundos, Carol se los quedó mirando en el umbral. Contempló el hermoso cuerpo semidesnudo de Yuca, recostado sobre el pecho de Pablo, quien acariciaba con toda su mano, uno de sus pesados pechos, mientras sus dedos jugaban con el pezón. 'Diablos', pensó. 'Tienen mucho tiempo adelantado', En ese momento Yuca le hizo una señal con el dedo, para que se acercara. Cuando se sentó junto a ellos en la cama, Yuca se incorporó y comenzó a desnudarla. Minutos después, Carol lucía como ellos, cubierta sólo con el calzoncito rosado.

"Vamos", les dijo Carol, "Tendremos tiempo para esto" Agregó, cuando sintió que las manos de Pablo, habían comenzado a acariciar unos de sus pechos. Y tomando las manos de ambos, los guió hacia el living.

"¡Qué fantástico!" Dijo Yuca, cuando vio el despliegue de platos en las mesas. Había ensaladas de todo tipo, pollo trozado con champiñones, y un par de docena de ostras y langostinos. Pablo se encargó de servir el champagne y cuando todos tuvieron sus copas, hizo un brindis. Fue Yuca, la que lanzó la frase, que por unos segundos, dejó en silencio a Carol y a Pablo, antes de que pudieran reaccionar: "Por nosotros tres, por siempre. Salud". "Salud." Respondieron.

Los tres se acomodaron en un mismo sillón, con Pablo al medio. Y comenzó una orgía de comida. Yuca fue la primera en ofrecerle a Pablo una ostra y cuando este se la echó a la boca, ella se acercó y le succionó los labios, sorbiendo los jugos desde su boca. Y cuando ella se echó una a la boca, fue Carol, la que tomando sus dedos, los lamió uno a uno. Cuando terminaron con las ostras, siguieron con los langostinos, los que untaban en las diferencias salsas, y se los ofrecían unos a otros. Y cuando lo hacían, el que lo hacía, lo colocaba entre sus dientes, para que el invitado lo cogiera con su boca. Eso daba lugar para nuevos besos lamidos y risas entre ellos. El juego continuó colocando trozos de apio, zanahoria o brócoli, en la boca de uno y otro, para después besarse y probar los labios de uno y otro. Infinidad de veces, Pablo vio cómo o Yuca o Carol, buscaban entre las ensaladas, para colocarlas en la boca, para terminar besándose. Para Pablo era una orgía visual, verlas con sus hermosos pechos girando frente a él. Carol y Yuca se turnaban para sentarse en su falda, muertas de risa, y ofrecer a la otra alguna de las verduras, cubiertas de alguna de las salsas que profusamente adornaban las mesas rodantes. Los pequeños calzones de seda de Carol y Yuca, cuando se sentaban en su falda, y que apenas cubrían sus traseros, estaban lentamente generando tal excitación en Pablo, que pronto lucía una enorme erección, que no pasó inadvertida en las muchachas, que insistían en sentarse una y otra vez en su falda, moviendo de un lado a otro sus traseros, cada vez que lo intentaban, para sentir su dureza.

Pronto, dándose cuenta del estado de excitación de Carol, que se había colocado, no sentada, sino a horcajadas sobre Pablo, Yuca, decidió dejarlos solos y se dirigió al dormitorio. Tan pronto lo hizo, Carol Levantó un tanto sus caderas, momento que aprovechó Pablo, para bajarse totalmente el boxer, dejando su erección al aire, que rápidamente tomó Carol, y corriendo hacia un lado, la tela de su calzón, la apunto a la entrada de su vulva.

"Ooooohhhh, Aaaaahhhhh!" Gimió, cuando las anchas caderas de Carol bajando inexorablemente, y posaron sus nalgas sobre los muslos de Pablo, quedando finalmente empalada totalmente con su hinchada verga. Y lentamente al principio, para acostumbrarse a su grosor, comenzó a ondular sus caderas, con movimientos de adelante hacia atrás. Con sus manos colocadas en el respaldo del sillón, Carol se meció frente a él, con ojos brillantes, apuntándolo con sus pechos que mostraban sus pezones erguidos de pasión. Carol sonrió cuando él comenzó a acariciarlos suavemente, gozando cada segundo, que sus dedos apretaban sus pezones endurecidos, mientras ella continuaba su movimiento, que permitía a cada arremetida, llenar de pico las paredes de su vulva, estrujando su duro miembro duro entre ellas. En otros momentos, él tomaba su rostro para besarlo, y se estremecía al hacerlo, cuando abajo, sentía que su verga continuaba siendo acariciada por la suave carne de la vulva de Carol. Eran los momentos en que deseaba acelerar el movimiento, estrujarlas entre sus brazos, para penetrarla profundo, conseguir ese final tan buscado, pero, se daba cuenta, que había que alargar al máximo este momento, dejando que Carol encontrara su punto de despegue. Y Carol, tan consciente como él, de que debía eternizar este momento tan breve de encuentro íntimo, mantenía el ritmo cadencioso de sus caderas. Sin embargo, Carol se daba cuenta también, que había quedado demasiado excitada, cuando los dejó ir a la ducha, imaginándose como si hubiera estado allí, de cómo habría ese encuentro. Esta relación entre ellos, hacía que se mantuvieran en un estado latente de excitación, al imaginarse lo que los otros estaban haciendo, y esto se traducía en lo que este momento comenzó a sentir: su orgasmo se construía demasiado rápido y era algo que no podía evitar, al menos por ahora.

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