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GV1016 Ch. 06

byvlades©

Mi cuerpo se siente flotar entre cortos fragmentos de sueños. En casi todos ellos busco con devoción los pies descalzo de mi dueña. Siempre estoy apunto de besarlos pero ella los aparta. Pronto noto el cálido tacto de su piel sobre mi vientre. ¿Parte de mis sueños?...

- Ey!

Su voz energética me alerta.

- Ey! perezoso!

Abro con dificultad los ojos... No es un sueño!. Harumi está sentada sobre el pie de la cama con sus dos pies apoyados en mi barriga.

- ¿No te da vergüenza?. Que tenga tu dueña que despertarte... ¿Que te has creído, esclavo?

- Perdón, Ama Harumi. Me he quedado dormido...

Contesto a la misma velocidad que me incorporo con mis codos y rodillas al suelo para besar el suelo cerca de sus lindos pies desnudos.

Mi erección es completa, totalmente condicionado por mis sueños. Sueños fragmentados en diferentes etapas que he vivido. La única diferencia es que la protagonista siempre era mi nueva dueña. Es como si hubiera estado siempre con migo en Tasarte. Y es que desde que he pasado mi tiempo allí, no hago mas que soñar con ello. Siempre con la misma tónica de mi desconsuelo por eyacular ante tantas burlas de miles damas que han abusado de mi.

Harumi se había levantado mucho antes de despertarme de esa manera. Con el rabillo del ojo compruebo que va desnuda con tan solo una toalla cubriendo desde sus pechos hasta medio muslo. Su pelo lo lleva suelto y mojado. Está claro que acababa de venir de darse una ducha. ¿Que hora será?, no lo se. El caso que en mi mas profundo sueño no había notado que se levantara a darse una ducha por la mañana. Entonces recuerdo que mi dueña se está preparando para marcharse a su oficina. A lo que me pregunto... ¿Me quedaré solo en el apartamento?.

Harumi como otras veces me deja sin adorar sus pies y se levanta bruscamente hasta un perchero sobre un pedestal cargado de un traje gris de oficinista.

- Ve a mi vestidor y trae me los zapatos de ayer.

Dice al mismo tiempo que tira su toalla sobre la cama.

Con un vistazo rápido a su desnudo y precioso culo gateo como un perseguido hasta su vestidor. Allí está sus elegantes zapatos que ayer me volvieron loco. Al ver lo limpio y reluciente que están, no dudo en darle un repaso con mi lengua en las punteras. Me recreo un rato, pero solo un rato a no ser que mi dueña se moleste. Entonces los recojo en mis manos y ando de rodillas hasta ella...

- Aquí tienes Ama harumi.

- Buen chico!

Harumi está delante mía en unas diminutas bragas, y mientras se pone un sujetador negro como su tanga, me dice:

- Ya sabes que tengo que salir. Espero que hoy seas un buen chico y...

En ese momento mira encogiendo las cejas mi erección...

- Uy!, Seguro que cuando me vaya te vas matar a pajas en mi apartamento!

- No, Ama Harumi... Eso ni pensarlo.

- Eso no te lo crees ni tu. ¿Lo estás desando, verdad?.

Bajo aún mas la cabeza de vergüenza.

- Dime, ¿Quieres desahogarte?.

- No, sin su permiso Ama Harumi.

Adorno una repuesta para decir que si y a su vez mostrar mi respeto ante mi dueña.

En ese momento mi dueña ya se había puesto una falda gris y una blusa negra con lineas plateadas. Se dirige a su cómoda y coge una cadena plateada. Luego avanza a mi espalda y...

- Junta las manos a la espalda para ponerte la traba en los brazaletes.

Dice agachándose a mi altura.

Las junto y no tardo en notar el clic en mis muñecas. Harumi me pone entre las argollas salientes una traba para maniatarme. Luego la cadena sobrante la engancha en mi collar con la suficiente altura para elevar mis manos mas arriba de mi cintura.

- Perfecto, con esto evitamos que te toques como un cerdo. A mi no me importa que tengas tus desahogos, lo que pasa que no lo permito a mis espaldas. Si quieres correrte me pides permiso. Que yo si tengo humor y me apetece, me encargo de ello. Prefiero maniatarte antes que ponerte esos estúpidos dispositivos de castidad. Me gusta que mis esclavos se muestren excitados con esa cosita saliente tan divertido.

Dice soltando una risa al final.

- Antes de irme te voy a dejar dos cuencos con galletas y agua en la cocina. Puedes moverte libremente por el apartamento, y si quieres ir al baño lo haces. Ya sabes como hacerlo... Lo que limpiarte, ya me encargaré yo al medio día.

Dice Harumi al mismo tiempo que se pone una chaqueta gris. Luego anda hasta la cocina y yo la sigo en mis rodillas.

- A las 9:30 va a venir la chica de la limpieza. Ella tiene su llave, y cuando entre te vas a mi vestidor y permanecerás allí hasta que termine su trabajo. No te preocupes por ella, ya está acostumbrada a ver esclavos.

Harumi deja un cuenco de bolas de galletas y otro de agua en el suelo de la cocina. Mira su reloj...

- Vamos al salón.

La sigo algo desconcertado por todo y ella se sienta en su sofá.

- Ponte de pié!

Con la dificultad que supone estar maniatado me pongo de pie ante ella. Mi erección apuntando hacia su bello rostro palpita y una gota cae al suelo. Entonces ella alarga su mano para sopesar mis bolas...

- Buf! Está muy cargado. Aprovechando que la limpiadora va venir, será mejor que lo eches todo aquí, porque si vas dejando gotas por el apartamento le vas a dar mucho trabajo a Azucena.

Sus dedos ahora recorre mi glande casi morado al mismo tiempo que tapona la salida del pre eyaculamiento.

- Tu cara es un poema! Anda, date la vuelta.

Obedezco y me doy la vuelta.

- Ahora, baja la cabeza lo mas que puedas y separa las piernas.

Confundido me inclino de mi cintura lo mas que puedo y separo las piernas para que mis pesados testículos queden a la vista tras mi culo.

La emoción me invade derepente en el momento que sus suaves dedos juguetea con mis bolas como si de una delicada inspección se tratara. La sensación es evidente cuando el sonido de mi gemido interrumpe un momento de silencio. Entonces ella atrapa mi miembro casi pegado a mi ingle y lo lleva hacia ella pasándolo entre las piernas hacia afuera. Tal como me vio en la tienda de esclavos.

- Te voy a ordeñar. ¿Crees que lanzarás toda tu carga en un momento y no me cansaré?

Dice sosteniendo el miembro con una mano mientras se inclina un poco para coger un cenicero de la mesilla del salón.

- Si, Ama Harumi.

Respondo casi gimiendo.

La sensación cálida de la piel suave de su manos envolviendo mi miembro casi me hace perder el conocimiento. Es extraño!, he estado acostumbrado a ser manipulado de mis genitales por muchas damas, y sin embargo ella es capaz de lanzarme una descarga de sensaciones que me llevan al límite. Casi que sin la necesidad de bombeo soy capaz de derramar toda mi carga entre esa mano que tanto poder emite sobre mi.

- Pues vamos!, Ni te recrees, porque ahora mismo me tengo que ir.

Dice a la vez que bombea el falo suavemente.

Hay un aire desinteresado en ella en el momento que mira el reloj. Luego reanuda la marcha de bombeo sin gastar mucha energía. Allí sentada en el borde de su sofá con una mano ordeñando y la otra sosteniendo el cenicero no muestra ningún obstáculo de incomodidad. Mas bien soy yo que con las piernas amplias tengo que flexionar mas las rodillas para estar a su altura.

Poco a poco empiezo a sentir como me tiembla las piernas. La sensación es mas fuerte que mi sentido común, e incluso pierdo la orientación. ¿Son así los efectos de una droga fuerte?. Oh Dios!. Si lanzo mi orgasmo entre sus suaves dedos, seguro que caigo de frente contra el suelo.

Harumi suelta un quejido de desaprobación por mis temblores y luego endulza su carácter, ahora mas compresiva, al comprobar que me es inevitable mantener la compostura. Entonces suelta el cenicero dejándolo sobre la mesita del salón y atiende mis pelotas.

- Zuush!

Como si de un animal ordeñara, mi dueña susurra con dulzura mi "agonía". Una mano bombea sin apenas apretar, y la otra juguetea entre sus dedos mis testículos que apenas se pueden contraer debido al apretado aro. Derepente suelto un gemido sonoro del que no pude contener a pesar de posibles represalias. Harumi tira de mi pene hacia abajo de tal manera que tuve que flexionar mas las rodillas. Luego en diagonal me lo dirige hasta la mesita del salón justamente sobre el cenicero. Ni siquiera pretende cogerlo. Ella dirige mi glande contra el frío cristal del cenicero, y en un momento que estoy apunto de caer de lado, ahogo otro gemido para lo que está apunto de llegar. Lo evidente pronto es un hecho y mi autocontrol es inútil en el momento que suelto una gran carga de semen contra el ahuecado cenicero.

- Buen chico!. Has conseguido que tu dueña no se canse de ordeñarte. Muy bien, muy bien, así....

En un gran esfuerzo para mantener el equilibrio y no caer, desahogué todo deseo por eyacular entre esas suaves manos que ahora acarician premiando mi actitud en devoción. Casi que en cuclillas y con la incomodidad que supone estar maniatado cierro los ojos al comprobar que abiertos lo veo todo borroso. Podría perder el conocimiento, y en un momento que estoy apunto de caer de frente, Harumi se aferra en mi pene para mantenerme el equilibrio. Y lo consigue...

- Tranquilo!

Susurra dulcemente mi dueña al comprobar que me muerdo los labios temblando entre sudores.

- ¿Contento?

Me dice en el momento que suelta mi pene y yo no puedo evitar caer de rodillas al suelo.

Ella suelta una risa y espera a que yo recobre mi compostura. Así que siguiendo en mis rodillas me doy la vuelta, miro el cenicero cargado de semen hasta incluso por fuera en la misma madera de la mesa, luego miro sus zapatos juntos, sus piernas juntas y sus dos manos sucias de mi semen apoyadas desde sus muñecas sobre las rodillas, y le digo avergonzado...

- Si Ama Harumi, le estoy muy agradecido.

- Esta bien, ahora espero que te comportes mientras estés solo. ¿No rozarás tu colita por los muebles, verdad?

- No, Ama Harumi. Yo la esperaré inmóvil en su vestidor hasta que llegues.

- Vamos a ver... Espero que te portes. Al esclavo Tobi lo he tenido que castigar varias veces por que he visto semen entre los cojines y una vez supongo que habrá metido su colita entre mis zapatos, y el muy hediondo me los empapó de semen. Nunca le puse dispositivos de castidad como hacen mis amigas, pero el castigo fue inolvidable, y ahora ni se le ocurre hacerlo. ¿Tu no serás igual?

- No Ama Harumi, le juro que nunca haré nada que le disguste.

- Muy bien...

Responde mirando su reloj...

- Me tengo que ir, te dejaré maniatado, y ahora límpiame las manos.

Entiendo rápido su orden, y demostrando mi adiestramiento de Tasarte me lanzo a lamer sus dedos y la palma de sus manos con mucha devoción. Y cuando estoy casi terminado con la tarea, ella se levanta y coge el cenicero y se lo lleva hasta la cocina. Yo la sigo gateando. Entonces ella mete el cenicero en el fregadero y abre el grifo para lavar el objeto y el resto de sus manos.

- Ya te puedes ir a mi vestidor. Si quieres recostarte en el suelo, puedes hacerlo.

Me dice justamente cuando coge su bolso y las llaves.

Desobedecí su orden por unos segundos para antes besar el suelo a escasos centímetros de sus elegantes zapatos y luego me voy con algo de pena por la despedida. Entonces oigo cerrar la puerta.

Continuará....

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