La Dama de Hielo

bysimply_gabriela©

Revise mi reloj, y vi que ya casi era la hora de salida en la oficina. Bostece pesadamente, y en medio del más absoluto aburrimiento seguí terminando los últimos reportes de finanzas de la compañía.

"Ojala se pase el tiempo rápido... " Dije casi durmiéndome.

Llevaba ya 3 años trabajando para Walter Verti y Asociados, la más poderosa corporación inmobiliaria de México, y apenas hace un mes me habían ascendido a contador general asociado. Y claro, eso implicaba una mejor "categoría", y por ende una mejor oficina.

Y mejor que la actual no la podría pedir, ya que me la habían dado en el Pent-house del edificio, junto a los ejecutivos más poderosos de la empresa.

Claro, a mis 35 años yo era un tipo sencillo que era feliz al irse a comer unos tacos a la calle. Pero de repente tuve que coexistir con los trajes Armani, relojes Rolex, carros Mercedes Benz, millones de dólares, etc.... y pues, básicamente me sentí como un intruso en el Olimpo.

Si, sin duda este era el paraíso de los Dioses. Aunque...

....si de dioses hablamos, no había nadie como ella....

La Dama de Hielo.

Se llamaba Bari, y era la única hija del dueño de la empresa. Y le hacía honor a su apodo, porque era fría e implacable.

A sus 29 años había ayudado a su padre a forjar su imperio, y en el ambiente tenia la fama de ser capaz de destruir familias e ilusiones con tal de lograr un buen negocio.

Y por si fuera poco, nunca sonreía.

NUNCA.

A pesar de eso, era imposible odiarla.

En el momento en esos ojos verdes felinos te miraban el tiempo se detenía. Su rostro de niña perfectamente bien diseñado, flanqueado por su dorada y larga cabellera, no hacían más que aumentar el dolor de estar tan cerca de la perfección y no poder tocarla.

Y su cuerpo era aun más impactante.

La Dama de Hielo era alta, pero con perfectas curvas por todos lados. Y las portaba con la elegancia que solo poseen las que se saben superiores al mundo.

Si, sin duda.. una belleza sobrenatural.

Perdido en mis meditaciones estaba, cuando entonces oí un ligero alboroto afuera de mi oficina. Quise levantarme a ver qué sucedía, pero entonces la puerta se abrió de golpe y entró ella con una actitud de no muchos amigos.

Por un segundo me quede embelesado admirando su espectacular cuerpo, apenas cubierto por un elegante conjunto de saquito negro y minifalda del mismo color.

Pero entonces ella me interrumpió tirándome unos papeles a la cara...

"¡González! ¡Eres un estúpido! ¿Volviste a cambiar las fechas de las operaciones de Junio?" Reclamo con enojo.

"E..este, señorita Bari, yo.." Dije mientras me agachaba a recoger los papeles."Creo que no, deben de estar bien esas fechas, yo mismo las revise.."

La Dama de Hielo se me quedo viendo con total seriedad durante unos segundos, hasta que de repente esbozo una muy ligera sonrisa. Casi imperceptible.

"Pues.. sí, creo que tienes razón. Las fechas están bien."

Y con eso se dio media vuelta y se fue sin decir más.

Suspire con amargura.

Con este ya eran 15 incidentes en apenas mi primera semana aquí.

Si, la Diosa era perfecta en su físico, pero su carácter era terrible.

Y creo que le gustaba atormentarme, porque era normal que entrara así a mi oficina a gritarme por nada, o que me hiciera ir por documentos inútiles hasta el primer piso. O que me llamara a su oficina solo para mandarme a comprarle un café...

¡Al Starbucks que está a 5 cuadras!

Como si yo fuera su chico de los mandados...

¿Pero cómo decirle que no a esos ojos verdes?

Me senté pesadamente frente a mi escritorio, respirando profundamente. Al menos hoy tendría una alegría. Vi el portarretratos junto a mi monitor, con la imagen de mi esposa y mis hija de 3 años. Las amaba muchísimo a las dos, y por ellas era capaz de soportar todos los malos tratos que fueran.

Y hoy era el cumpleaños de mi niña, y nada anhelaba mas en el mundo que estar con ella abrazándola.

De repente se volvió a abrir de golpe la puerta, y Bari entro a toda prisa hasta donde yo me encontraba.

"González, necesito los reportes de Julio, YA"

"P.pero, señorita Bari, yo ya me estaba a punto de irme a la casa..."

Los ojos de la Dama de Hielo no mostraron ningún signo de compadecerse.

"¿Tu crees que a mí me importa tu vida, González? Prepárame esos reportes.."

"Señorita Bari, por favor, tengo el cumpleaños de mi hija, y..."

"En una hora los espero.." Dijo secamente, y con eso volvió a salir de mi oficina sin darme tiempo a contestar.

Me quede apretando los puños con furia, tratando de contenerme. ¿Cómo era posible? Era el cumpleaños de mi hija y ni así se había apiadado.

"¡Maldita vieja!" Dije lanzando unos lápices a la pared. Las manos me temblaban de la rabia, y me tomo como 15 minutos contenerme. "Ya, debo calmarme.. ya... a ver, si hago rápidamente el reporte podre salir aun a tiempo."

Le hable a mi esposa, explicándole la situación mientras al fondo del auricular oía los gritos de todos los invitados a la fiesta. Cuando colgué, me puse a trabajar lo más rápidamente posible en el reporte.

Pero paso una hora. Dos. Tres.

Cuatro....

Hasta que a las 11pm logre terminar.

"Por fin, puta madre..." Dije exasperado, dejándome caer sobre el teclado. Entonces imprimí los reportes y cuando los tuve en un folder salí de mi oficina. Y rápidamente vi que todo el Pent-house ahora estaba oscuro, con miles de cubículos vacios por todos lados. Todo mundo ya se había ido a su casa, y no pude evitar sentir envidia por ellos.

Entonces camine con prisa hacia la oficina de Bari y al llegar ni siquiera toque la puerta. Simplemente entré y ahí estaba ella, escribiendo unas cosas en su computadora como si nada.

Coloque el reporte en el escritorio mientras esperaba alguna reacción de su parte, hasta que después de algunos segundos se puso a revisarlo. Pero al ver su expresión supe que las cosas no iban tan bien..

"¿Pero... González, no pusiste los rendimientos de Enero?" Dijo irritada.

"Mira, Bari... -Me detuve en seco, ya a ella nadie la podía tutear- Perdón, señorita Bari.. usted no me indico que necesitaría esos rendimientos, por lo que..."

"Por Dios, González, es usted un estúpido de lo peor... era evidente que esos rendimientos tenían que estar ahí."

"Señorita Bari, no creo que los insultos.." Trate de defenderme.

Y por primera vez en mi vida la vi sonreír. Pero no era un gesto inocente, sino uno que reflejaba la maldad más absoluta.

La Dama de Hielo era como una niña diabólica, que se divertía de lo lindo al hacer sufrir a su pobre mascota. Y lo peor de todo fue que..

..Me quede perdido en su mirada. Era sin dudas lo más hermoso que había visto en mi vida.

"¿Te afectan los insultos, González? Pobrecito, pero tu estupidez me puede costar mañana 5 millones de dólares, así que ve y arregla ese reporte de inmediato."

Apreté los puños sintiendo nuevamente la sangre hirviendo entre mis venas. Y no me pude contener.

"Señorita Bari, es usted... un asco de persona. ¿Me oyó bien? ¡Esto no se le hace a la gente!"

"¡Ah! ¿O sea que me culpa de su idiotez, González? --Dijo levantándose de su asiento inmediatamente- Si usted tuviera la inteligencia para llenar correctamente esos reportes, no estaría aquí trabajando tan tarde.."

"¡Pero es que usted.. perdón, que TU me estas pidiendo puras pendejadas!"

Y entonces patee una silla, perdiendo el control.

La Dama de Hielo ni se inmuto. Sonrió como solo ella sabía hacerlo y dijo:

"¿Ah sí? ¿Realmente estas tan molesto, González?"

Y de nuevo esos ojos verdes encantadores, que como si fueran hipnóticos me atraparon por un segundo. Pero mi furia era mayor, y casi a gritos le respondí:

"¡Si, maldita sea! ¡Trabajar contigo es la peor experiencia de mi vida!"

Bari caminó alrededor de su escritorio hasta que se quedo parada frente a mí, apenas a medio metro. Y al tenerla tan cerca vi que su belleza era casi insoportable. Simplemente, los ojos me dolían al verla. Entonces vi que puso una expresión de arrogancia de nuevo...

"Mira contadorcito, vamos dejando esto en claro. Cuando mi padre se entere que..."

"¡Ya cállate, maldita sea ...!" La interrumpí agresivamente.

Y ella se calló inmediatamente, lo cual me sorprendió. Después de uno o dos segundos incómodos, finalmente dijo:

"¿Quieres callarme, González?"

"¡Sí! Oírte ya me tiene..."

"Méteme el pito en la boca.. " Dijo con total seriedad.

Me quede helado.

"¿P.perdon?" Dije sintiendo como mi corazón latía como si hubiera corrido un maratón.

"Lo que oíste, González.. méteme el pito en la BOCA. ¿O que no tienes los huevos para hacerlo?" Dijo con una ligera sonrisita arrogante.

Volver a oír eso fue como un balde de agua fría...

Mi cuerpo paso de la furia a la calentura INSTANTANEAMENTE.

Pero los remordimientos me estaban torturando. Por muy tentadora que sea la oferta, por muy EXQUISITA, DELICIOSA Y HERMOSA que estuviera Bari...

No podía hacerle esto a mi esposa. Ni a mi hija. No podría perdonármelo si cedía ante la tentación.

"Se que.. quizás me arrepienta toda la vida, Bari. Pero tendré que decir que NO a tu oferta." Dije visiblemente contrariado, y acto seguido di la vuelta para marcharme.

Me sentía el mas estúpido del mundo, el tipo al que le regalan un Ferrari y dice que no. Y estaba casi seguro que algún día me arrepentiría de esto.

Pero había tomado una decisión.

"P.pero...¿¡Te atreves a rechazarme?!" Dijo ella con la voz temblándole del coraje. "¿¡Pero que te has creído, estúpido?! ¡Esta es la más grande oferta de tu maldita vida!"

Y la Dama de Hielo no se iba a quedar tan tranquila. De repente sentí como una taza de café se impactaba en mi espalda, causándome muchísimo dolor.

"¡Espera...!" Dije retorciéndome ante el impacto. Y no tuve tiempo para más, porque Bari se me pego a la espalda y comenzó a rasguñarme el pecho y cuello.

"¡Idiota, eres un idiota miserable, te voy a hundir maldito!" Me decía ella con total furia, y yo mientras tanto apenas si lograba agarrarle un poco las manos. Pero apenas lo hacía Bari trataba de patearme, y por en menos de un segundo ya estaba yo con moretones en todas partes y el pelo despeinado.

"¡Cálmate, maldita sea...!" Le decía yo con agresividad, mientras ella se retorcía entre mis brazos y trataba de liberarse para seguirme pegando. Forcejee con ella durante varios segundos, pero al sentir su espectacular cuerpo moviendo así junto al mío, mi resistencia fue debilitándose. Simplemente, la tentación era terrible.

Y algo debió haber notado ella, porque de repente se detuvo y con un gesto infantil me dio un beso en la mejilla.

Me quede helado de nuevo.

¿Qué le pasa a esta vieja?

Y de repente otro beso, ahora en la frente. Y luego en la nariz. Luego en la barbilla. Finalmente...

En la boca.

Sus labios se apretaron contra los míos, y sin poder contenerme la bese como desesperado. Mi lengua entro sin piedad en su boca, y fue la sensación más sublime de mi vida. Mi respiración se acelero al máximo, y entonces baje las manos y le apreté las nalgas, y casi me vengo ahí mismo. Nunca un pobre mortal había apretado glúteos tan firmes y perfectos.

"A..así te gusta, ¿No, pendeja?" Le dije entre besos.

"E..estúpido, maldito sirviente...." Dijo ella arañándome la espalda, sacándome un grito de dolor.

Y ya no pude más. El sentir sus uñas en mi carne fue la gota que derramo el vaso. El animal que hay en mí por fin despertó, y le di una cachetada tremenda...

¡Slap!

Y antes de que Bari pudiera reaccionar la agarre del pelo y de la forma más humillante la empine contra su escritorio. Ella pataleaba ferozmente y quería levantarse, pero mi fuerza era muy superior y la contuve sin problemas.

"¡Idiota, déjame ir, estúpido..!" Decía con rabia, tratando como desesperada de darse la vuelta.

Pero ya no me importaba nada. Al ver su exquisita silueta contra el escritorio, solo pensé en una cosa. Quería venganza, pero de la más dulce...

Haría pagar a esta perra.

Y de un jalón le subí agresivamente la falda, dejando el más perfecto culo de la historia frente a mis ojos. Dos poderosas nalgas se paraban desafiantes ante mí, firmes y redonditas, con una curvatura como si hubieran sido esculpidas por Dios en persona. Y eso mas su diminuta cintura y sus torneadas piernas hicieron que mi erección se elevara al máximo.

Sin duda, era una Diosa.

Y ahora solo quedaba su pequeña tanguita negra entre el paraíso y yo, y se la arranque de golpe.

"D..déjame, estúpido..." Dijo ella con la respiración entrecortada, sudando copiosamente. Sus forcejeos eran mucho más débiles ahora, y supe que se estaba cansando. No le hice caso y entonces me saque la verga del pantalón. Era un arma temible, larga y venosa, y al ver a Bari tan indefensa no pude contenerme más. Sujete la gruesa cabeza morada con una mano y la fui frotando entre sus nalgas, de arriba hacia abajo.

"A..ah..." Gimió muy suavemente.

La haría pagar, de eso estaba seguro. Con la única lubricación de mi punta, mi gruesa verga se apretó contra su delicado ano y lo venció contundentemente, entrando en su cuerpo centímetro a centímetro.

"AAAAAAAAAAy...E..espera, es..estúpido, d..duele.." Dijo ella retorciéndose bajo mi cuerpo. Su espalda se arqueaba de una forma felina, y sus piernas pataleaban ligeramente. Pero ni así me compadecí, y mi miembro siguió entrando en su culo hasta que mi cuerpo pego contra sus nalgas.

La había poseído por completo. La Dama de Hielo ahora estaba temblando, con los ojos cerrados. Pude ver una delicada lagrima en sus mejillas, y sin mucha sutileza le dije al oído:

"¿Así te gusta, pendeja?"

Y con apenas un ligero movimiento de su cabeza me indico que sí.

Mi sangre estaba hirviendo, tenía que montarla YA. La agarre del pelo agresivamente y la obligue a ver al frente, y entonces comencé a mover mis caderas de una forma brutal, descomunal, casi sádica. En cuestión de segundos sus poderosas nalgas estaban recibiendo un tremendo castigo, rebotando violentamente contra mi cuerpo mientras la montaba como animal en celo.

Le jale de nuevo del cabello, sacándole un quejidito de dolor y le dije al oído:

"¿Ya no soy tan estúpido, Bari? Te estoy montando como la perra que eres.."

"E.eres..un e..estúpido, G..González.." Respondió desafiante, pero entonces sentí como paraba las nalgas y sonreí con malicia.

Se estaba rindiendo...

Los sonidos en la oficina eran crudos, húmedos y sexuales, mientras la Dama de Hielo recibía una culeada épica. Ahora se apretaba y movía debajo de mi sensualmente, agarrándose con dificultad al pesado escritorio de madera mientras mi verga le seguía taladrando el culo de una forma bestial. Y yo le respiraba en el cuello, mordiéndoselo en ocasiones mientras le decía cosas sucias al oído.

Pero aun así Bari mantenía una total elegancia, y apenas leves e imperceptibles gemidos se le escapaban muy de vez en cuando.

Pero más que lo que no decía, era lo que hacía lo que la delataba. Con ligeros movimientos sus caderas se movían al mismo ritmo que las mías, y pude ver que en ocasiones pasaba la lengua por sus labios con una actitud totalmente lujuriosa.

Y sus nalgas siempre se levantaban después de cada empujón, como si pidieran mas. Y cuando lo hacía y se la enterraba hasta el fondo ella respondía a eso. Se le escapaban algunos gemidos más fuertes que los anteriores.

"Pídeme la leche en el culo, pendeja.." Le dije al oído con la voz entrecortada, sudando a mares.

"N..no..." Dijo tratando de forcejear ligeramente, pero con una cachetada se quedo quieta.

¡Slap...!

"Dilo, maldita sea..."

"N..no, e..estúpido..." Dijo de nuevo en voz baja, tratando de luchar ligeramente. Pero a pesar de sus palabras sabia que los apretones que me daba su ano no eran fruto de la casualidad. Le volví a jalar el cabello, un poco más fuerte que antes.

"¡Pídemelo, estúpida!"

Y por fin acepto su derrota.

"D..dame...tu...l.leche.." Dijo débilmente.

"¿Por donde la quieres?"

"E..en...el culo..."

No había arrogancia en su voz ya. Era una mujer vencida, sometida.... Que aceptaba su realidad.

Y me vine de una manera brutal. Era imposible no hacerlo así, con semejante culo succionándome la verga. Me apreté violentamente contra ella, aprisionándola contra el escritorio con todo mi peso mientras mi pito comenzaba a llenarle las tripas de semen.

"AAAhhhh...P.puta madre..." Dije con angustia, mordiéndola del cuello. Bari solo dio un ligero brinquito, pero se mantuvo en silencio.

El semen salía de mi verga en cantidades industriales, y durante varios segundos no me pude ni mover. Su firme s y poderosas nalgas seguían apretándome con una fuerza descomunal, comiéndose su lechita mientras ella dejaba escapar de nuevo un suave gemido.

Finalmente el placer se detuvo, y sin darle tiempo a nada me levante detrás de ella y mi verga abandono su culo. Su ano se quedo abierto durante algunos segundos, y con excitación pude ver que un delicado hilito se semen había quedado colgando fuera de él..

Pero la Dama de Hielo no se movió. Se quedo ahí, contra el escritorio, respirando agitada. Y de de confesar que era la visión más hermosa de mi vida.

Pero entonces me acorde de sus malos tratos, y agarre el reporte y se lo tire bruscamente en la espalda.

"Y ahí tienes tu maldito reporte, estúpida..." Dije enojadísimo mientras miles de hojas volaban por la habitación y se quedaban tiradas por todas partes.

Entonces con mucha dificultad Bari se bajo la faldita y se levanto torpemente, tratando de limpiarse en lo posible el saquito. Pero aunque intentaba mantener la elegancia, cuando trato de caminar hacia su silla las piernas le fallaron un poquito y casi se cae.

Mi primera reacción fue sujetarla, y al volver a sentirla entre mis brazos mi erección volvió a crecer de inmediato. Simplemente, esta mujer era irresistible. Y ahora, al sentirla tan vulnerable que no podía ni caminar por la brutal cogida que le acababa de poner...

Derretía la voluntad de cualquiera. Se veía tan indefensa...

"¿Estás bien?" Le pregunte mientras la ayudaba a sentarse en su lugar, y al hacerlo dejo escapar un ligero quejido.

"Au... " Dijo apenas. "S.si, estoy bien, g..gracias.." Y bajó la mirada, raro en ella.

"Bueno.. me tengo que ir.. esta el cumpleaños de mi hija, ¿Ok?"

La Dama de Hielo no dijo nada. Solo asintió ligeramente con la cabeza.

Y entonces me fui. Y durante todo el camino a casa...

....No pude dejar de pensar en ella.

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