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La Seduccion

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Realmente no se hace cuanto fue, lo único que recuerdo fue el momento. Bueno, eso no es cierto, si se hace cuanto fue, pero no quiero delatarnos.

Mi nombre es Diego y esta es la historia de la primera vez que me cogí a mi putita favorita...

Mi hija.

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En mi trabajo muchas veces trasnocho, en particular cuando estoy gestionando equipos que se encuentran en distintas partes del mundo con horarios opuestos al mío por lo que no es extraño que me encuentre en mi oficina hasta las altas horas de la noche o muy temprano en la madrugada. Esto también implica que mi oficina se encuentra en mi casa.

Pero si continuo con el tema de mi trabajo y casa nunca llegaré a la parte por la cual todos estamos aquí.

Esa noche tenia reuniones programadas con clientes en Hong Kong que estaban programadas a iniciar a las 11:30pm, pero esperar hasta esa hora, pues, es de mucho tiempo libre que ahora debía ocuparlo de una u otra forma.

Siento que aun debo explicar un poco.

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Sí, mi nombre es Diego y sí, estoy casado, llevamos 20 años de estarlo con mi esposa, Andrea. Nos conocimos en la escuela cuando ambos teníamos 14 años. Poco después se convirtió en mi novia. Éramos un par de adolescentes, digamos, aventureros, y nos gustaba experimentar mucho en muchas gamas de la vida. Probamos drogas juntos por primera vez, pero rápidamente aprendimos que no era lo nuestro --con la excepción de un porrito aquí y allá. Perdimos la virginidad el uno con el otro y nuestra cachondez creció de allí. Poco después empezamos a compartir otras experiencias.

Primero invitamos a uno de mis amigos a la cama a compartir un trio que sí, Andrea disfrutó, pero al final no fue lo que esperamos. Mi amigo nos dejó de hablar después de esa experiencia, sintió que Andrea no le enseñó el mismo afecto que me demostró a mí y allí terminó esa historia. Después fue mi turno de fantasía y Andrea contrató a una puta para mi cumpleaños en el que la compartimos. Creo poder decir que esa experiencia sí fue un éxito. No sé si porque la tercera persona involucrada no tenía ninguna conexión sentimental a nosotros o simplemente porque Andrea emanaba de lujuria esa noche. Sin mi conocimiento en el momento aprendí que Andrea grabó nuestro encuentro con la puta llamada Estrella y una semana después me enseño el video. Mientras lo veíamos ella me preguntó, "Te encantó cogértela, ¿verdad?" mientras me hacia una chaqueta en mi cama. "¿A esa puta barata que te compré para tu cumpleaños?" Esto último lo dijo antes de meterse mi verga en la boca.

"Pues tú fuiste la golfa cachonda que la compró para empezar," le dije mientras agarraba un puño de su cabello en mi mano. "Además, no veo que te hayas quejado, nunca te había visto venirte así de fuerte antes." A los 17 años, esa fue la noche que Andrea quedó embarazada "accidentalmente". Lo pongo entre comillas ya que era algo que teníamos semi-planeado. Lo discutimos varias veces y la verdad era la excusa perfecta para casarnos. De ese embarazo nació nuestra hija, Fernanda. Y claro, con el tiempo, nuestras aventuras fueron disminuyendo, especialmente dos años después cuando nació nuestro hijo, Gael.

Hoy en día somos una familia normal con un pasado entre mi esposa y mío que yo describiría como divertido.

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Regresando a la realidad, Esa sería una noche larga y tenía un par de horas que quemar. Mi hija a los 20 años aún vivía con nosotros y estaba en su segundo año de la universidad estudiando moda y diseño. Gael estaba en su último año de la prepa, pero esa noche la pasaba con sus cuates agarrando el pedo, algo que comprendemos, especialmente considerando que empezó varios años después que su madre y yo. Pero sigo distrayéndome.

Como les mencioné antes, las cosas cambian con el tiempo y Andrea y yo parecemos un par de viejos, al menos en personalidad, por lo que nos gusta estar cenando a las 7 de la noche, 8 a más tardar. Esta noche no fue nada diferente y para las 9:30pm Andrea ya estaba en cama quedándose dormida mientras mi hija nos informó que estaría estudiando en su recamara. Yo, por mi parte, ingresé a mi oficina y teniendo ese par de horas que ocupar opté por masturbarme, algo que no me tomaría mucho tiempo y me relajaría antes de la reunión.

Mi rutina es simple, abro mi navegador, abro una ventana privada para no registrar un historial y abro dos pestañas, una con Pornhub y una con Literotica. Empiezo con la lectura de alguna historia cachonda normalmente del genero de Sexo en Grupo, Celebridades (me gusta imaginarme cogiéndome a algunas de las chavas más famosas del mundo), Esposas Afectuosas (se imaginarán por qué) y, y esta es la complicada de explicar, Incesto/Tabú. Evito las historias entre padre e hija y me enfoco más en las de madre e hijo o hermano y hermana. Al terminar la historia, si no me he venido, abro alguno de mis videos favoritos en Pornhub y termino mi auto-placer.

Esta noche sabía que sería una noche tabú.

Solo que algo extraño sucedió, al abrir mi computadora vi que ya tenía mi ventana privada abierta con cada una de las pestañas favoritas en sus sitios designado. Un breve sentimiento de pánico entró en mi tratando de pensar quien pudo haber sido la persona que abrió mi computadora o vio esto, pero rápidamente me pasó cuando mi cerebro justificó que probablemente había sido mi esposa quien conoce de mi rutina.

Una vez recuperada la calma me puse mis audífonos contra el sonido y empecé con mi rutina al sacar mi verga, aun flácida, de mis pantalones. Como mencioné antes, yo sabía que esa noche seria tabú y abrí una historia de una de mis autoras favoritas en el sitio de Literotica, "silkstockingslover". ¿Por qué de mis favoritas? Porque siempre escribe de mis fetiches favoritos, incesto y lencería y, aún más importante, sus historias no son de 50 páginas, románticas y que tardan una eternidad en llegar el objetivo que es coger y venirse.

En poco tiempo la historia me tenía inclinándome hacia atrás en mi sillón y jalándome el pene túrgido por sus palabras. La historia siendo leída consistía en una madre cachonda que en mi mente siempre tiene la apariencia de mi esposa y su hijo virgen que se vuelve dominante al ver lo puta y sedienta que es su madre. Fue en uno de esos momentos, donde la autora describe como la urgida mamá le ruega a su hijo que se venga en ella que dejé de jalarme el pito para relubricar mi mano. Fue en ese momento, en el que bombeaba más crema humectante en mi mano, que sentí el delicado toque de una mano más pequeña envolver mi verga y apretar.

¿Qué chingados? Pensé en el momento, pero no me moví. La pequeña y delicada mano empezó a moverse a lo largo de mi miembro y lo único que logré expresar en el momento fue un largo y excitado gemido y gruñido.

Fueron, entonces, las palabras que siguieron las que cambiaron mi vida por siempre.

"Así es, papito. Tu sigue disfrutando de tu historia mientras tu hijita de chupa tu deliciosa verga." Las palabras que oí, la voz, me hizo voltear hacia abajo y debajo de mi escritorio solo podía ver la hermosa cara y diminuta mano de mi hija sonriéndome y momentos después lamiéndome la cabeza de mi polla. Fue demasiado eso, la historia cachonda y la visión de mi hija me hicieron brincar hacia atrás. Menos mal ella no me tenía agarrado tan firmemente que mi pene se deslizó de su mano y la situación empezó a causar que se desinflara.

"¿Qué reputa madre estás haciendo en mi oficina?" grite y suspire a la vez para no despertar a mi esposa.

"¿No es obvio, papi?" me preguntó incrédula mientras gateaba hacia su libertad debajo del escritorio. "Estaba por meter esa inmensa y deliciosa verga en mi pequeña boquita."

Al terminar lo que dijo terminó de salir de donde estaba y se puso de rodillas.

"Pero... qué... no..."

Tenía puesta lencería, de la más sexy que he visto en mi vida. Un sostén de medias copas que servían únicamente para levantarle los pechos firmes y grandes, como los de su madre, pero no le cubrían sus rosaditos y parados pezones. Mientras mi mirada seguía bajando vi el liguero que tenía puesto que parecía estar conectado a unas medias. Y por encima del liguero --¿encima?-- una tanguita que apenas le cubría el sexo.

Al ver que mi pene estaba completamente flácido, mi pequeña princesa --aun pensaba en ella como mi pequeña princesa—se puso de pie demostrando que llevaba puestos unos sexis tacones de aguja y me dijo, "¿No te gustó lo que te estaba haciendo, papá?"

"No se trata de eso," respondí rápidamente y tratando de cubrir mi desnudez.

"¿Entonces?" me preguntó dando un paso hacia donde estaba.

"¿Entonces? ¿Qué haces en mi oficina?" Sus preguntas incrédulas poco a poco fastidiándome.

Fernanda se llevó un dedo a la boca y lo mordió de manera muy sexy. Su cara, su cuerpo, su actitud recordándome a su mamá en nuestros años más jóvenes.

"Te cuento una historia," me dijo, esta vez dando un paso hacia atrás hasta que su culito toco la orilla de mi escritorio. "Hace como una semana mis clases fueron canceladas, por lo que decidí regresar a casa temprano. Fue un martes si bien recuerdo," comenzó ella con el relato.

"Al entrar a casa vi que tu coche y el de mi mami estaban estacionados en la cochera y, pues, eso se me hizo raro, ya que mi mami normalmente no está aquí a esa hora."

Cuando dijo eso yo ya sabía del día del que me estaba hablando. Mi esposa, Andrea, y yo decidimos quedarnos en casa ese día, no algo raro para mí, pero si fuera de lo ordinario para ella. Llevábamos varios días sin coger y ambos estábamos muy, pero muy calientes. Como les mencioné antes, mi amada esposa conoce de mis kinks y ese día ella quería ser mi "hermana".

"Cuando entré y no los vi en tu oficina ni el comedor ni la cocina naturalmente imaginé que estarían un poco 'ocupados'," dijo. En ese momento levantándose para sentarse sobre mi escritorio. "Dicho y hecho, cuando subí y vi su puerta entre abierta vi como tú, papi, y mi mami COGIAN," dijo con mucho énfasis en la palabra "cogían". "Mi sexy y caliente mamá de rodillas mientras tú le penetrabas su panocha cachonda y mojada por detrás."

Las palabras que estaba usando mi hija, nunca la había oído hablar de esa manera.

"Fue entonces que escuche a mamá gritar, '¡cógeme, hermano, cógeme como la puta que sabes que soy!'" Sus piernas se empezaron a partir podía ver la humedad de su panochita debajo de su tanga.

"Me asusté," dijo en ese momento, "y me excité." Con esa última palabra empezó a sobarse el sexo por encima de su tanga mientras la otra mano, con su dedo húmedo, empezó a acariciar sus pezones. "Pero no podía quedarme allí jugando con mi rica y apretadita panochita sin que se dieran cuenta entonces opté por ir a tu oficina y masturbarme allí." Esa fue otra revelación. Ese día SÍ recuerdo haber dejado mi ventana privada abierta. Y si mi hija entró a mi oficina para terminar lo que empezó cuando me vio a mi esposa y a mi entonces...

"Abrí tu computadora, papi, y a que no adivinas lo que encontré." Estaba por disculparme con mi hija, pero mi verga estaba sintiendo la situación más excitante de lo que pensaba y estaba teniendo una reacción adversa a la que quería en el momento. "Encontré tus historias, papi. Y tus videos. Y, pues, te puedes imaginar lo que hice después, ¿no?"

En efecto me lo podía imaginar ya que era lo mismo que estaba haciendo en ese momento, ingresando primero uno, después dos y finalmente tres dedos de lo que parecía la vagina más apretada que he visto en mi vida. Si esta niña quería jugar su papi le daría con qué jugar.

"Claro que me puedo imaginar," le dije y me descubrí completamente enseñándole como mi pito empezaba a crecer nuevamente. "Me imagino que la PUTA de mi hija se metió esos dedos que tiene allí a su rica panocha imaginándose que era mi verga. ¿Es así la cosa, mijita?"

"Así es, papi," su afirmación ya era un gemido.

"Y pensaste que si a tu papi y mami les gusta jugar a que son hermanos y las historias que viste son 'tabú' que ¿qué mejor que la cosa real?" le pregunté sabiendo la respuesta.

"¡Me conoces tan bien, papito!"

"Muy bien," dije, "si mi hija quiere ser la puta de su papá, así será." Sus ojos se abrieron un poco al oírme decir eso. Una sonrisa le cruzó sus labios y ambos sabíamos lo que pasaría después.

Me acerqué a donde mi hija se encontraba quitándome por completo la ropa y la agarré de la trenza que tenía jalándole la cabeza para atrás. Nunca la detuve de que se siguiera masturbando. Besé a mi hija apasionadamente. Sus manos dejaron de hacer lo que hacían y su mano húmeda con sus jugos alcanzó a agarrar mi verga. Dejó de besarme por un segundo y dijo, "Quiero a este mi nuevo juguete en mi boca, papi. Porfis." Y sin más decir se hincó frente a mí y se tragó mi verga a la primera.

"No es el primer pito que te tragas, ¿verdad, mijita? Con lo bien que me la estas chupando se me hace que eres medio putita."

Al decirle eso dejó de chupármela por un rato y me dijo, "No papi, no es el primero, pero nunca había tenido uno tan sabroso y grande. Mi puchita se está escurriendo pensando en cómo me la vas a estirar." Y continuó con su chupadera.

Esta vez, sin mi pantalla tapando la vista pude ver movimiento en la puerta, allí vi unos ojos. Ojos sexys. Ojos entrecerrados. Los ojos de mi esposa. Ella también se dio cuenta que la vi. Estaba por parar lo que estaba sucediendo cuando vi que su dedo índice subió a sus labios indicándome que no diga nada y abrió la puerta un poco más para enseñarme que estaba usando únicamente una pequeña bata y nada más y que su otra mano estaba partiendo sus labios para sobarse su apretada y deliciosa concha. En su sabiduría decidí hacerle caso a mi esposa.

"Levántate, puta," le dije a mi hija. "Quiero asegurarme que no estés tan floja como lo que me estoy imaginando si tanta verga has tenido." Mi hija se puso de pie, saliva cubriéndole los labios y su maquillaje se empezaba a correr alrededor de sus ojos. La cargué y senté en mi escritorio. Una vez acomodada partí sus rodillas y le arranqué la tanga. Pegó un pequeño grito de emoción y nerviosismo, no creo que haya esperado ese nivel de agresividad. Sin más pensar me agaché y de un largo lamido le saboreé su depilada, apretada y deliciosa vagina.

Sentí como mi hija corría sus dedos a través de mi cabello. "Si, papi, lámeme toda mi conchita. ¡Chúpame el botoncito!" Con cada uno de sus gemidos sus dedos de apretaban más en mi cabello. "¡Si, papi! ¡Más! ¡MÁS!" gritaba. "¡Me voy a venir!" gritó nuevamente mientras sus jugos cubrían mi lengua. Pero antes de que se terminara de venir me detuve, la volteé, poniendo sus palmas sobre mi escritorio y doblándola en la cintura y la penetré por detrás. Sin duda, la concha más apretada que me he cogido en mi vida.

"¡Sí!" gritó nuevamente mientras se venía sobre mi verga.

"Si sigues gritando así, mijita, como puta, tu madre se va a despertar. ¿Qué crees que va a pasar si se entera que su hija es una puta como ella?" le pregunté, en ese momento viendo hacia la puerta mientras mi esposa se chupaba uno de sus pezones y masturbaba frenéticamente.

"¡No me importa, papi! ¡No me importa que esa puta de mi madre me oiga!" gritó. "¡Quiero que escuche como me coges! ¡Quiero que sepa como disfruto de tu inmensa verga! ¡Que su panocha nunca será tan apretada como la mía! ¡Quiero que esa puta nos vea coger!" gritó nuevamente teniendo un segundo orgasmo.

Todo el tiempo, mientras mi hija denigraba a su mamá y la veía a ella parada en la puerta masturbándose, aguantándose sus gemidos. Yo ya sabía a donde iba a llegar esto y ella también.

"Eres la mejor cogida de mi vida, mijita. No sé por qué no había pensado en meterte mi verga antes. Eres una puta completa y ahora eres mía para hacer lo que yo deseo," le gruñí con cada bombeada.

"¡Si papi! ¡Soy tu juguete de cogidas! ¡Haz conmigo lo que quieras! ¡Me cogeré a todos o no me cogeré a nadie, solo sigue dándome tu rica verga!"

Con esas palabras le dije, "¡Me voy a venir, y me quiero venir en tu cara, mi putita!"

Al oír eso ella se desprendió de mi verga y se hincó frente a mi mientras yo me masturbaba sobre ella. "Sí papi, soy tu puta. Vente en mi cara, en mi boca, en mis tetas, en mi panocha... hasta en mi culo si quieres." No aguanté más. Dejé correr mi leche sobre su hermosa cara y vi como cada gota caía dentro de su boca o lengua o tetas. Mi hija, arruinada hermosamente por mi leche. Una verdadera puta para su papi.

En ese momento subí la mirada, mi esposa ya no estaba allí. Pero si sé que una nueva serie de aventuras vendría con esta seducción que planificó mi hija.

Fue entonces que, mientras se limpiaba mi semen de su cara y se lo tragaba como una buena zorrita cachonda, mi hija me dijo, "¿Crees que le gustó el show a mi mami?" Yo solo le pude sonreír de regreso.

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